The strongest warrior of humanity - Capítulo 196
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Capítulo 196: Capitulo 196 que hace ella en ese reino?
El Reino Temporal se desvanece ante mis ojos, dejando solo el rastro de una melancolía que el tiempo no puede borrar. Observo a Emanuel desde este plano de luces pálidas, donde el dolor físico ya no existe, pero el peso de verlo romperse una y otra vez me parte el alma de una manera que ni la muerte puede silenciar.
El Lamento de un Alma en Espera
Mis manos, ahora hechas de hilos de luz, tiemblan al intentar rozar su rostro. Él no puede verme, pero yo estoy aquí, envuelta en el humo de una batalla que no parece tener fin.
—”Emanuel… mi caballero, mi único y verdadero amor”, susurro, mientras una lágrima etérea se desliza por mi mejilla. “Veo tus manos manchadas de sangre y tu corazón envuelto en sombras, y me duele saber que te has convertido en alguien que nunca quisiste ser por mi ausencia. Te esfuerzas tanto por encontrar una paz que tú mismo te niegas, cargando culpas que no te pertenecen”.
Aún guardo la esperanza de que encuentres esa carta, Emanuel. En ella está la verdad que tus padres y los míos ocultaron bajo un manto de traiciones. Yo fui ciega, amor mío; no vi el veneno que mi propia sangre destilaba hasta que fue demasiado tarde. Adán Solar no solo me arrebató la vida y nos quitó a nuestra hija; él plantó la semilla de la duda en tu alma para que te destruyeras desde adentro.
El Recuerdo de la Herida Abierta
Cierro los ojos y regreso a ese momento en la academia. Éramos tan jóvenes, tan llenos de vida. Me cautivaste con esos detalles, con esa caballerosidad que te hacía destacar entre todos. Nuestra graduación fue el inicio de lo que creímos sería nuestra eternidad. Pero el destino tenía preparada una crueldad que ningún ser humano debería soportar.
Aún puedo ver la escena de aquella casa, el lugar donde debí conocer a tus padres y celebrar nuestra unión. El olor a hierro me golpeó antes de entrar, y el desastre me heló la sangre. Te encontré allí, de rodillas, llorando con un descaro que me desgarró el pecho.
—”Vi cómo tus ojos se perdían en el horror…”, murmuro, recordando sus cuerpos colgados, sus rostros desfigurados por una tortura que buscaba romperte a ti, no a ellos. “Esa cicatriz que se formó en tu espíritu aquel día es una marca que ningún hechizo ni victoria podrá sanar del todo. Pero quiero que sepas algo, mi vida: a pesar de todo, te elegiría una y mil veces más”.
Una Sonrisa en la Eternidad
Prefiero esta eternidad de espera, habiendo vivido esos momentos de felicidad inquebrantable a tu lado, que una vida larga y vacía sin haber conocido tu amor. Sé que no mataste a aquel joven en el lago del Reino Platinos del Amanecer; sé que tu esencia sigue ahí, luchando contra la oscuridad que te impusieron. Solo querías protegernos, incluso cuando ya nos habías perdido.
Con una sonrisa cálida y llena de una ternura infinita, me quedo aquí, en el límite de tu visión. Soy la mujer que te espera al final de la jornada, la que sabe que, bajo esa armadura de odio y poder, sigue latiendo el corazón del hombre detallista que me dio una hija y una vida que valió la pena defender.
—”Encuéntrame en tus sueños, Emanuel. Encuentra la carta. Pero sobre todo… encuentra el perdón para ti mismo”.
El velo de los recuerdos se vuelve más denso, cargado con el olor a metal y el miedo frío que precede a la tragedia. Jimena observa la escena de su propia caída, reviviendo el momento exacto en que la traición se materializó frente a sus ojos.
La Cobardía de un Rey
—”Adán Solar… ojalá te pudras en lo más profundo del infierno”, sisea Jimena desde el éter, con una voz que vibra con una furia divina. “Toda esta sangre, todo este dolor, solo porque un ‘plebeyo’ te humilló demostrando que su corazón era más noble que tu corona. Fuiste tan cobarde que no pudiste enfrentarlo a él; tuviste que destruir todo lo que amaba para sentirte poderoso”.
Ella recuerda el asco que sintió al descubrir que sus propios padres no eran más que mercenarios de su propia hija, sobornados por las monedas de oro de un rey herido en su orgullo.
El Callejón del Destino
La imagen se aclara. Años atrás, en un rincón que debería haber sido seguro, el sonido de las botas metálicas contra el suelo de piedra anunció el fin.
—”¡Mamá! ¿Qué está pasando? ¿Por qué ellos nos apuntan con sus espadas?”, la voz pequeña de Alicia corta el aire como un cuchillo.
Jimena siente de nuevo el impulso de protegerla, de ocultarla tras sus faldas. Siente la mano pequeña de su hija aferrada a su vestido con una fuerza desesperada.
—”No te preocupes, Alicia… todo estará bien. Esto tiene que ser un error”, susurró Jimena en aquel entonces, aunque su corazón golpeaba su pecho como un tambor de guerra.
Sus ojos buscaron una salida entre el círculo de soldados, pero solo encontró los rostros impasibles de hombres que habían vendido su honor por Adán Solar. Detrás de ellos, la sombra de la traición familiar se sentía como una soga apretándose en su cuello. Ella sabía que Emanuel no llegaría a tiempo. Sabía que esta trampa no era para capturarla, sino para borrar la luz de la vida de su esposo.
El Sacrificio Silencioso
Jimena, en el presente, mira a Emanuel luchando contra el Dios Nocturno.
—”Esa fue la última mentira que le dije a nuestra hija, Emanuel. ‘Todo estará bien’. Y desde entonces, he cargado con ese peso. Pero ahora que sé que Adán fue quien orquestó cada tragedia, desde la muerte de tus padres hasta mi asesinato… mi amor se transforma en una llama que quiero que tú uses”.
La presencia de Jimena empieza a brillar con una intensidad rojiza, reflejando su indignación. En el campo de batalla, una energía cálida pero violenta comienza a rodear a Emanuel, como si el espíritu de su esposa estuviera infundiéndole la verdad a través del aura.
El eco del alma de Jimena se expande por el Reino Temporal, alejándose por un instante de la violencia de la batalla para enfocarse en la única luz que aún brilla en su memoria: Alicia.
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Una Oración en el Vacío
Jimena cierra los ojos, dejando que la imagen de su hija —la última vez que la vio, pequeña y aterrorizada— inunde su ser.
—”Lograste escapar, pequeña mía… pero ¿a qué costo?”, susurra Jimena, y su voz parece una caricia de viento sobre el campo de batalla. “Sé que eres fuerte. Llevas mi sangre, la sangre de una caballera que nunca se rindió, y la voluntad inquebrantable de tu padre. 19 años… ya no eres la niña que protegí entre mis brazos. Eres una mujer, y sé que el mundo ha sido duro contigo, pero no pierdas la esperanza. Él te encontrará, o tú lo encontrarás a él”.
Un Mensaje para el Desconocido
De repente, la mirada etérea de Jimena se desvía. No busca a Emanuel, ni a Emperor. Su percepción se clava en una presencia que aún no comprende del todo, pero que siente como un eje central en este caos: Carlos Tanaka Sánchez.
—”Carlos…”, pronuncia su nombre con una mezcla de respeto y súplica. “No sé quién eres, ni qué hilos del destino te trajeron a este lugar de sombras. Pero si algún día nos vemos en el mundo de los muertos, en el reino de los caídos o en el rincón más profundo de un sueño… te pido un favor que mi esposo, consumido por su dolor, quizá no pueda cumplir ahora”.
Jimena junta sus manos de luz, como si rezara ante una deidad que no es la que está frente a ellos.
—”Si la encuentras… si alguna vez te cruzas con una joven de 19 años que lleva el peso de un pasado roto en sus ojos… cuídala. Ella es el último rastro de la felicidad que una vez tuvimos. No sé a dónde la llevó el viento después de aquel día sangriento, pero sé que sigue viva. Lo siento en mi esencia”.
El Destino se Entrelaza
Jimena mira de nuevo hacia la batalla. La mención de Carlos parece crear un puente invisible entre el pasado de ella y el futuro de él. La revelación de que Alicia podría estar en algún lugar del mundo, ahora con 19 años, cambia el propósito de todo. Ya no es solo una lucha por venganza; es una carrera por la redención y el reencuentro.
El Dios Nocturno ríe, sintiendo la distracción en el ambiente, pero Emperor no se detiene.
El destino tiene un sentido del humor retorcido y cruel. Mientras en el Reino Temporal la sangre de dioses y monstruos se derrama, en el Reino Platinos del Amanecer, la última pieza del rompecabezas camina bajo el sol, ignorando que es el centro de una tormenta que está por estallar.
La Heredera del Dolor: Alicia
Alicia suspira, ajustando el equipo de aventurera que lleva con una elegancia natural que delata su linaje de caballeros. Es alta, de una belleza que intimida, y su rostro es un mapa vivo de la historia de sus padres: el cabello negro azabache de Jimena y esos ojos hipnóticos, una mezcla heterocromática de morado y verde que parecen ver más allá de lo evidente.
—”Parece que vivir como aventurera no está mal… ¿A quién engaño?”, dice haciendo un puchero que rompe por un momento su aura de guerrera. “Me ha ido fatal. Sigo esperando, sigo buscando… pero este reino me da una paz que no termino de aceptar”.
Se detiene frente a una fuente, mirando su reflejo. No ha olvidado el frío del acero ni los gritos de aquel día. Los rumores de un Caballero Oscuro que pasó por esas tierras hace años la atormentan; sabe que es él, sabe que su padre se convirtió en una sombra, pero el rastro siempre se enfría antes de alcanzarlo.
El Objetivo: La Sangre de los Tanaka
—”¡Oh, vamos, Alicia! Nos asignaron una misión…”, interrumpe Hiro, acercándose con prisa.
—”Sí, sí, ya lo sé, Hiro. Entiendo tu desesperación, así que tranquis, ¿sí?”, responde ella con una frialdad juguetona. “Tengo que averiguar más sobre ese tal Carlos”.
Hiro se detiene, su expresión volviéndose seria.
—”¿Te refieres al hijo de una de las 12 grandes familias? Su padre es el más peligroso de las tres grandes, Josué Tanaka. Escuché que se enfrentó a un Abismal él solo en el desierto y lo aniquiló. Dicen que era un General del Abismo… aunque los rumores son extraños. Algunos dicen que dos mujeres misteriosas hicieron el trabajo sucio y que luego apareció alguien mucho más fuerte”.
Alicia aprieta el puño. En su mente, el nombre de Carlos Tanaka Sánchez no es solo un objetivo para un duelo; es el hilo que la conecta con el mundo de las altas esferas, el lugar donde se esconden los secretos de la desaparición de su padre y la muerte de su madre.
—”Si es tan fuerte como dicen, él sabrá algo”, murmura Alicia, y sus ojos morados y verdes brillan con una determinación que haría temblar al mismo Adán Solar. “Quiero desafiarlo. Quiero ver si la sangre de los Tanaka es tan legendaria como cuentan… o si solo es otra mentira de este mundo podrido”.
En el Reino Temporal:
Mientras tanto, a kilómetros de distancia y en otra dimensión, el Dios Nocturno siente un escalofrío. La “venganza bañada en sangre” de la que hablaba Jimena ya no es solo una profecía; ha tomado forma en una joven que está a punto de colisionar con el heredero de Josué.
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