The strongest warrior of humanity - Capítulo 199
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Capítulo 199: Capitulo 199 que hace ese maldito aquí
Alicia se quedó mirando el desastre con el diario apretado contra su pecho, mientras el vapor púrpura de la droga seguía marchitando todo a su paso. Una pequeña sonrisa nerviosa se dibujó en su rostro, dándose cuenta de que tal vez su entrada dramática había sido un poco… exagerada.
—”¡UPS! Creo que la regué, ¿verdad?”, soltó Alicia, rascándose la nuca con una mano mientras la otra sostenía el preciado tesoro de su madre.
—”¡Mira lo que hiciste, idiota!”, gritó Hiro, saliendo de su escondite con una cara de pánico absoluto. Sus ojos saltaban de los contenedores rotos a los mercenarios inconscientes. “Parece que vamos a terminar muertos antes de que acabe el día”.
David, manteniendo la calma en medio del caos, intervino con voz firme pero con una chispa de nostalgia en su mirada al ver la actitud de la chica.
—”No digas eso, niño”, dijo David, observando cómo el gas empezaba a atraer sombras inquietantes desde la espesura. “Por ahora debemos evacuar a los demás. Háganlo rápido mientras yo le aviso a una persona de confianza”.
Alicia, recuperando su energía animada a pesar de que el mundo parecía estarse acabando a su alrededor, ladeó la cabeza con curiosidad.
—”¿A quién vas a traer?”, preguntó ella con una sonrisa muy animada, casi juguetona.
David la miró fijamente. Esa mezcla de peligro inminente y alegría genuina le dio un vuelco al corazón.
—”¿Es una pregunta o me estás interrogando?”, respondió David con una media sonrisa.
—”Mmm, veamos… ¡sería ambas cosas!”, exclamó Alicia, soltando una risita que rompió por completo la tensión del momento.
David suspiró, pero sus ojos delataban un pensamiento profundo. “Vaya, esta mocosa es demasiado sonriente… me recuerda tanto a una cierta persona”, pensó él mientras se daba la vuelta para enviar una señal mágica. “Me recuerda un poco a Melissa”.
La Amenaza en las Sombras
Mientras Hiro empezaba a empujar a Alicia hacia el camino seguro, el suelo empezó a vibrar. El gas de la droga no solo estaba marchitando las plantas; estaba siendo absorbido por los cadáveres de los mercenarios y los animales pequeños del bosque, cuyos cuerpos empezaron a retorcerse de forma grotesca.
—”¡Muévanse ya!”, ordenó David. “Si ese gas llega a los pulmones de algo más grande, no habrá sonrisa que nos salve”.
La tensión del ambiente pareció disiparse por un segundo, reemplazada por una melancolía pesada que rodeó a David y a Alicia. El gas púrpura seguía reptando por el suelo, pero las palabras que flotaban entre ellos eran mucho más punzantes.
—”Hablas como si te fueras a morir, idiota”, soltó Alicia, tratando de recuperar su tono animado aunque su mirada la traicionaba. “Pero tienes razón, lo importante es evacuar a todos. Solo dime algo… ¿cómo sabes mi nombre?”.
David dejó escapar un suspiro cargado de años de recuerdos.
—”Es una buena pregunta, niña. Te conozco porque me recuerdas a esa mujer… una gran noble que ayudaba a todos, incluso regalaba lo que tenía a los necesitados. Tu madre era Jimena, ¿no es así? La espadachín más talentosa de tu ciudad natal”. David bajó la vista un momento. “Lamento lo que tuviste que pasar hace años, pero ahora debo buscar a la única persona que puede ayudarnos con esto”.
Alicia lo detuvo antes de que diera un paso más, su voz volviéndose seria por primera vez.
—”Espera… ¿qué sabes sobre Carlos Tanaka?”.
—”Es amable y fuerte. No lo subestimes”, respondió David sin dudar. “Algún día lo conocerás; ese día llegará cuando ellos estén de regreso. Pero dime… ¿dónde está tu padre?”.
La Herida Abierta
El rostro de Alicia se ensombreció. Apretó el diario de su madre contra su pecho como si fuera un escudo.
—”No sé nada sobre él… tal vez también haya muerto. El Reino Imperial traicionó a mis padres. Me siento dolida, David. Mi padre fue quien más sufrió… mi madre me reveló la verdad de niña. Mis propios abuelos la traicionaron. ¿Sabes cómo me sentí? Al saber que soy fuerte, solo me convertí en una herramienta”.
David se giró por completo, sus ojos mostrando una firmeza absoluta que detuvo los pensamientos oscuros de Alicia.
—”No diga esas cosas, señorita Alicia. Usted sobrevivió porque sus padres dieron su vida por usted. Tu padre debe ser alguien valiente y fuerte, al igual que tu madre”.
Se acercó un paso, bajando el tono de voz:
—”Pero debes saber una cosa: hay alguien como tú. Alguien que pasó por lo mismo… perdió a su padre hace tiempo y cambió de repente. No sé la razón de esa niña, pero lo que puedo decirte es que tú y ella son iguales”.
El Silencio del Bosque
Hiro, que observaba la escena con nerviosismo, señaló hacia los árboles. Las sombras ya no solo se movían; estaban empezando a tomar forma, atraídas por la vulnerabilidad emocional y el rastro de la droga.
—”¡David, Alicia! No es momento para una reunión familiar”, interrumpió Hiro. “Esas cosas están aquí”.
David asintió, dándole una última mirada a Alicia antes de prepararse para partir.
—”Mantén ese diario a salvo. Es la prueba de que no eres una herramienta, sino el legado de un amor que el Reino Imperial no pudo destruir. Iré por ayuda. Hiro, saca a Alicia de aquí… ahora”.
La atmósfera, ya de por sí asfixiante por el vapor púrpura, se volvió cortante. Una presión de maná tan pura y afilada como el hielo filtró el lugar, deteniendo incluso a los monstruos que empezaban a emerger.
Desde las sombras del bosque, tres figuras caminaron hacia el centro del desastre con una confianza que solo poseen los que están en la cima de la cadena alimenticia. Al frente, un chico de cabello azul, alto y de complexión atlética, observaba las carretas destruidas con una mirada gélida y analítica.
—”Supongo que esto es por la droga”, comentó el chico de cabello azul, su voz resonando con una calma inquietante. “Debí haberme dado cuenta antes de esto… ¿o qué opinas, Freya?”.
A su lado, una mujer de presencia imponente soltó un suspiro de fastidio, ajustándose el guantelete.
—”Mmm, no digas tonterías, Shirou”, respondió Freya, cruzándose de brazos. “Después de esto solo estamos investigando. Pero la pregunta real es… ¿por qué tú estás aquí, Natsuki?”.
La Furia de la Princesa
Entre ellos, una joven de porte real y mirada encendida dio un paso al frente. Natsuki, la princesa del Reino, no parecía intimidada ni por el gas venenoso ni por la presencia de sus acompañantes. Su atención estaba fija en Shirou, y sus palabras salieron cargadas de un resentimiento que había estado guardando.
—”¡Oye, oye! Recuerda que yo soy la princesa y este es mi Reino”, exclamó Natsuki, señalando el desastre. “Si hay algo que hacer, debo ayudar a investigar este incidente. Y esto no me está gustando nada… porque la verdad, estoy enojada contigo, Shirou”.
Natsuki se plantó frente al chico de cabello azul, obligándolo a sostenerle la mirada.
—”¿Por qué diablos dejaste ir a Carlos? ¡Dímelo! ¿Por qué lo dejaste ir? Responde mi pregunta ahora mismo”.
Tensión en el Triunvirato
Alicia y David, que estaban a punto de retirarse, se quedaron inmóviles. La mención del nombre de Carlos hizo que Alicia apretara el diario de su madre con más fuerza. David, por su parte, reconoció de inmediato a Shirou y Freya; sabía que su presencia significaba que el asunto de la droga había escalado a un nivel geopolítico peligroso.
Shirou permaneció en silencio unos segundos, mirando de reojo a Alicia y luego a Natsuki.
—”Carlos Tanaka no es alguien a quien se le ‘deja ir’, Natsuki”, respondió Shirou con una voz desprovista de emoción. “Él se mueve por su propia voluntad. Pero si tanto te preocupa, deberías fijarte en lo que tenemos frente a nosotros. Este cargamento no iba solo al palacio… iba a ser la semilla de algo mucho peor”.
La atmósfera, ya cargada por el denso vapor púrpura de la droga, se volvió asfixiante bajo el peso de la tensión entre los tres nobles. Shirou, con la mirada perdida y una rigidez que delataba un agotamiento extremo, apenas podía sostenerse en pie, mientras Natsuki lo presionaba con una mezcla de furia y angustia.
—”La verdad es que yo lo dejé ir, Natsu”, intervino Freya, colocándose entre ambos. “Shirou no tiene nada que ver en esto. Además, él está muy mal… desde que lo encontré se nota que ha pasado demasiado tiempo sin descansar”.
Freya se inclinó hacia la princesa, bajando la voz hasta convertirla en un susurro gélido que solo ella pudo escuchar:
—”Cuida muy bien tus espaldas… porque Kimberly está tramando algo. Hicieron un trato por un favor que Carlos le debía a ella, y no sabemos qué precio puso esa mujer”.
El Interrogatorio de Natsuki
Natsuki sintió un escalofrío, pero su preocupación por Shirou era más fuerte. Lo tomó por el hombro, obligándolo a mirarla.
—”¡Estamos en una crisis, Natsuki! ¡Más que nada quiero saber qué fue exactamente lo que ocurrió!”, exclamó ella, pero de pronto su voz tembló al notar algo extraño. “Tu cabello… está cambiando de color. ¿Qué está pasando? ¡Dímelo! Quiero saber qué te pasó”.
Shirou la apartó bruscamente, sus ojos reflejando una frialdad que ocultaba un dolor profundo. El tono azul de su cabello se desvanecía en las puntas, tornándose de un gris ceniza antinatural.
—”No es nada”, cortó Shirou con voz ronca. “Por favor, deja de estarme interrogando. Esto no te incumbe para nada… De igual manera, cállate mejor si no quieres que…”
La Intervención de David
Antes de que la amenaza de Shirou pudiera concretarse o Natsuki perdiera los estribos, una figura se interpuso entre ellos. David extendió sus manos con las palmas abiertas, deteniendo el flujo de hostilidad con una calma exasperante.
—”¡A ver, a ver! ¿Qué pasó aquí?”, exclamó David, mirando a la princesa con una sonrisa ladeada. “¿Princesa, qué son esas formas de hablar? Ahora entiendo perfectamente por qué Carlos está muy enamorado de ti…”.
El silencio que siguió fue sepulcral. Natsuki se quedó con la palabra en la boca, su rostro pasando de la palidez de la preocupación a un rojo carmesí que rivalizaba con el resplandor de las gemas imperiales.
El ambiente se congeló ante la revelación de Natsuki. La princesa, ignorando por un momento su propio sonrojo, se irguió con la dignidad que solo su linaje le otorgaba, clavando su mirada en el hombre que acababa de interrumpirlos.
—”Tú debes ser David, ¿verdad?”, dijo Natsuki, su voz recuperando la firmeza real. “Carlos me habló de ti y de tus compañeros… gracias por cuidar de él aquel día en que todo cambió. Pero ahora no es momento de hablar de sus sentimientos”.
Natsuki desvió la vista hacia el bosque, donde las sombras parecían susurrar conspiraciones.
—”Tengo que hablar con mi padre sobre la situación de mi prometido”, sentenció con una mezcla de orgullo y angustia. “Él siempre rechaza la ayuda de los demás; por eso quiero que no se vea involucrado en el festival del año, y mucho menos en la guerra. No permitiré que lo sigan usando”.
El Desafío de Alicia
El silencio que siguió fue roto no por David, sino por una voz cargada de una indignación que nadie esperaba. Alicia dio un paso al frente, con el ceño fruncido y los nudillos blancos de tanto apretar el diario de su madre.
—”Espera un segundo… ¿quién eres tú para decidir sobre él?”, espetó Alicia, encarando a la princesa sin un ápice de temor.
Natsuki parpadeó, sorprendida por la audacia de la joven.
—”No tienes por qué decidir por él”, continuó Alicia, su voz vibrando con una verdad dolorosa. “Si él no quiere ayuda de nadie, es porque no quiere ver cómo los que confían en él mueren frente a sus ojos. Conozco esa mirada… la mirada de alguien que decide cargar con todo solo porque siente que nadie más puede ver lo que él ve”.
Alicia señaló hacia donde Shirou intentaba recuperar el aliento, conectando el dolor de todos los presentes.
—”Solo él decide qué es lo que hará ahora. No somos quiénes para impedírselo, ni siquiera tú, ‘princesa'”.
Tensión en el Claro
David guardó silencio, observando el duelo de voluntades entre la heredera al trono y la hija de la legendaria Jimena. Freya, por su parte, soltó un suspiro largo, dándose cuenta de que Alicia había dado en el clavo: el aislamiento de Carlos no era arrogancia, era un mecanismo de defensa contra el trauma.
—”Vaya…”, murmuró David, mirando a Alicia con una chispa de respeto. “Parece que la pequeña tiene mucha más percepción que todos nosotros juntos”.
La mirada de Natsuki se clavó en Alicia, pasando de la sorpresa a una chispa de indignación real. Nadie, absolutamente nadie en el Reino, se atrevía a cuestionar sus motivos de esa manera, y mucho menos una desconocida que parecía saber leer el alma de Carlos mejor que ella misma.
—”¿Que quién soy?”, repitió Natsuki, dando un paso al frente y dejando que su aura de princesa se expandiera, aunque sus ojos traicionaban una pizca de duda. “Soy la persona que ha estado a su lado cuando el mundo le dio la espalda. Soy quien tiene que recoger los pedazos cada vez que decide ser un ‘mártir’ solitario”.
Natsuki apretó los puños, su voz temblando ligeramente no de miedo, sino de una frustración acumulada por meses de ver a Carlos alejarse hacia el peligro.
—”Dices que no queremos ver morir a los que amamos… ¡¿Y qué hay de nosotros?!”, exclamó Natsuki, señalando a Shirou y luego a sí misma. “¿Acaso él cree que dejarlo morir solo nos hará sentir mejor? No es heroísmo, Alicia… es egoísmo oculto tras una espada”.
El Silencio de Shirou
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Shirou, que hasta ahora había intentado mantenerse al margen de la disputa, soltó una risa seca y carente de humor. El color ceniza de su cabello pareció estabilizarse por un segundo, como si la verdad de Alicia hubiera golpeado un nervio.
—”La niña tiene razón, Natsu”, intervino Shirou, aunque sus ojos seguían fijos en el suelo. “Carlos no rechaza la ayuda porque se crea superior. La rechaza porque tiene miedo de nosotros. Tiene miedo de que, si nos deja entrar en su mundo, terminemos como los que están enterrados bajo la nieve de la frontera”.
La Tensión de David
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David observaba el intercambio, cruzado de brazos. Sabía que Alicia había tocado una fibra sensible que ni la diplomacia ni las órdenes reales habían logrado alcanzar.
—”Parece que el ambiente se puso pesado”, dijo David, tratando de suavizar el golpe, aunque su mirada hacia Alicia era de pura aprobación. “Princesa, Alicia ha visto lo que muchos nobles ignoran: el peso de la soledad de un guerrero. Quizás, en lugar de decidir por él, deberías empezar por entender por qué siente que tiene que cargar el mundo sobre sus hombros”.
Natsuki guardó silencio, mordiéndose el labio inferior. La mención de la guerra y el festival del año parecía ahora una preocupación pequeña frente a la muralla emocional que Carlos había levantado.
El aire se volvió gélido, pero no por el vapor púrpura que emanaba de los restos del cargamento, sino por el vacío que pareció abrirse en el pecho de Shirou. Sus ojos, que apenas hace un segundo luchaban contra el agotamiento, se dilataron al enfocar una silueta que caminaba con parsimonia en la lejanía, recortada contra el horizonte deformado por el gas.
—”Qué mierda hace ese maldito de Kronos aquí…”, susurró Shirou, y su voz sonó como el crujir de cristales rotos.
El pánico racional empezó a desplazar al cansancio. Si Kronos estaba allí, la escala del problema ya no era una simple red de contrabando; ese hombre tenía más influencia que cualquier rey. Si él estaba detrás de esto, las naciones enteras estaban en peligro de caer como fichas de dominó.
El Peso del Secreto y la Venganza
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Shirou apretó los dientes, sintiendo la mirada de Freya sobre él. Recordó los regaños de ella, su actitud agresiva y grosera que, con el tiempo, se había transformado en algo distinto. Cada vez que él la miraba fijo, el rostro de Freya se encendía en un rojo que ella intentaba ocultar con más rudeza.
Pero el afecto de Freya era un campo de minas. Shirou recordó la advertencia de su hermana: “Si Freya supiera nuestros orígenes, todo estaría acabado”. Los reinos no verían en ellos a aliados, sino a presas. Los cazarían sin descanso, sumándolos a la lista de los suyos que ya habían caído desde que el Dios Nocturno masacró a su familia.
Ese dolor sordo nunca se iría. Todo el entrenamiento, cada gota de sudor y sangre de su hermana, tenía un solo propósito: vengar la muerte de su amiga Queen.
La Amenaza Prohibida
—”Es la droga del Dios Demonio de la Destrucción…”, murmuró Shirou para sí mismo, dándose cuenta de la magnitud del desastre. “Es demasiado peligrosa para estar en manos de alguien como Kronos”.
Natsuki y Alicia, que seguían enfrascadas en su discusión, notaron el cambio súbito en la energía de Shirou. Él ya no estaba escuchando; estaba cazando con la mirada.
—”¡Shirou! ¿Qué estás mirando?”, exclamó Natsuki, sintiendo el escalofrío que emanaba de su compañero.
Shirou no respondió de inmediato. El color ceniza de su cabello vibró violentamente mientras la presencia de Kronos se sentía cada vez más pesada.
Pero mira quién tenemos aquí si es Shirou ha pasado meses desde que te di mi advertencia tu y kratos creen que podrán salirse de mi ? Ustedes son más que una porquería.. de igual todo solo tengo un objetivo mi querido hermano Carlos..
Que es lo que estás buscando realmente Kronos? Tanto daño quieres hacer a los demás. Una sonrisa aterrador salió de su rostro mientras su voz se rompía de la risa retorcida ay ay eres alguien bastante agradable Shirou pero…
Dentro de la mente de la figura que caminaba a lo lejos, se libraba una batalla más destructiva que cualquier guerra física. El espacio mental era un vacío oscuro donde las voces rebotaban con una violencia ensordecedora.
El verdadero Kronos, o lo que quedaba de su esencia humana, gritaba desde las profundidades de su propia conciencia, luchando por retomar el control de sus extremidades.
—”¡Detente! ¡No le hagas daño a los amigos de mi hermano!”, rugía el alma de Kronos, proyectando una imagen de desesperación. “¡Déjalo en paz! ¿Por qué mi hermano tiene que pagar por algo que jamás hizo? ¿Por qué tú, maldito monstruo, quieres acabar con él?”.
La Respuesta del Parásito
Una carcajada inhumana, cargada de una malicia que no pertenecía a este mundo, resonó en el vacío. La entidad que ahora ocupaba el cuerpo de Kronos se retorció, mostrando una hilera de dientes metafóricos que goteaban desprecio.
—”Eres alguien molesto…”, siseó la voz del usurpador. “No sé cómo es que tu alma sigue atrapada en este cuerpo que ya no es tuyo, maldito humano. Desde que fuiste torturado por mi señor Lucifer, no eres más que una simple herramienta”.
La entidad proyectó visiones de pesadilla: el frío de las mazmorras infernales y el brillo de las cadenas.
—”Al igual que tu hermano Dani, que también murió frente a tus ojos… ¿Qué pena, verdad? ¡HAAAAAAAAAHAHAHAHAHAHA!”. La risa maníaca vibró en los huesos de Shiro, quien a lo lejos parecía sentir la distorsión del aura de su enemigo. “¡Alguien como tú no merece ser humano! Recuerdo cómo sufriste… ¡Qué pena me das!”.
La Realidad se Fragmenta
Afuera, en el mundo físico, el cuerpo de Kronos se detuvo en seco. Su cabeza se inclinó en un ángulo antinatural y un aura negra, mezclada con el vapor púrpura de la Droga de la Destrucción, comenzó a emanar de sus poros.
Shiro, observando desde la distancia, sintió un escalofrío que le recorrió la espina dorsal. Sus ojos captaron el momento exacto en que la humanidad de su oponente fue aplastada por la sombra de Lucifer.
—”Esa risa…”, murmuró Shirou, sus dedos crispándose sobre el mango de su arma. “No es Kronos. Es algo que salió directamente del foso”.
Freya, al notar que Shirou empezaba a emanar una energía ceniza similar a la de la silueta lejana, lo tomó del brazo con fuerza.
—”¡Reacciona, idiota!”, gritó ella, su rostro rojo de pura angustia. “Tu cabello… se está volviendo blanco por completo. ¡Si sigues resonando con ese monstruo, vas a perderte tú también!”.
La oscuridad en la mente de Kronos se volvió un torbellino de crueldad pura. La entidad que habitaba sus restos soltó una carcajada que goteaba veneno, disfrutando de cada grieta en el alma del humano.
—”¿O acaso lo olvidaste?”, siseó el parásito con una sonrisa que no era humana. “Cuando visitamos nuestra casa te lo dejé muy claro: si intentabas interferir, mataría a esa mujer que tanto deseas proteger… su nombre era Charlotte, ¿verdad? Es alguien hermosa, hay que admitirlo. ¿Qué pasaría si…?”
El Quiebre de un Hermano
—”¡Detente ya!”, el grito de Kronos no fue físico, fue un desgarro en el tejido de su propia existencia.
Se quebró por dentro. El dolor de la tortura de Lucifer no era nada comparado con la agonía de ver su vida convertida en una herramienta de destrucción. Las lágrimas de sangre espiritual empezaron a manchar su visión interna. Si tan solo no hubiera aceptado esa misión… si tan solo no hubiera muerto aquel día, nada de esto estaría pasando.
Pero entre el dolor, un pensamiento se aferró a la luz: Carlos. Su hermano menor. El único rincón de su alma que el monstruo aún no había podido corromper por completo.
—”Ojalá algún día, Carlos… llegues a leer la carta que dejé en mi habitación”, susurró la esencia de Kronos, luchando contra las cadenas de sombra. “Es la única forma de que sepas la verdad. Que yo jamás quise convertirme en esto…”.
Sus recuerdos volaron hacia el pasado, hacia el día en que Carlos nació. Recordó el rostro de su madre, iluminado por una felicidad que no había visto en años.
—”Para mi madre, significas todo. Esa felicidad que tú mismo le diste al llegar… alguien que me hizo feliz solo por verla sonreír a ella. Porque le recuerdas a esa persona que jamás pudo salvarla”.
El Eco en el Mundo Real
Afuera, el cuerpo de Kronos se sacudió violentamente. Un destello de energía dorada luchó por un milisegundo contra el aura negra de la Droga de la Destrucción.
Shiro, a lo lejos, sintió la fluctuación. Sus ojos captaron el momento en que la presencia de Kronos se volvió humana por un instante antes de ser aplastada de nuevo por la sombra de Lucifer.
—”Esa energía…”, murmuró Shirou, apretando los dientes. “No es maldad pura. Hay alguien gritando ahí dentro”.
Natsuki, al escuchar el nombre de Carlos mencionado en el viento como un susurro trágico, sintió que el corazón se le encogía. Miró a David, buscando una explicación que su rango de princesa no podía darle.
—”David… algo está pasando con ese hombre. No es solo un enemigo. Siento que… que Carlos tiene algo que ver con ese dolor”.
La atmósfera se volvió densa, como si el mismo aire pesara toneladas. Las piezas del rompecabezas que David y Natsuki intentaban armar comenzaron a encajar de la forma más trágica posible.
—”David… ese chico de ahí”, dijo Natsuki, bajando la mirada mientras un temblor recorría sus manos. “Es Kronos, el hermano mayor de Carlos”.
David se quedó petrificado. El nombre resonó en su mente como un eco de un informe militar que nunca debió haber sido archivado. Sus ojos se entrecerraron, buscando en sus recuerdos de veterano aquella fatídica operación de la que pocos se atrevían a hablar.
La Calamidad de Dani y Kronos
—”Espera un segundo…”, murmuró David, su voz volviéndose inusualmente grave. “Ese nombre… él es quien fue a esa misión hace algunos años con su hermano Dani”.
David apretó el puño, recordando los fragmentos de la historia que se filtraron en las tabernas de soldados y los pasillos del alto mando.
—”Por lo que tengo entendido, hubo una calamidad bastante aterradora en esa misión. Fue un carnicería; casi nadie regresó. Pero ellos dos…”, David hizo una pausa, mirando la silueta deformada de Kronos a lo lejos, “…ellos dos regresaron con vida como si nada. Muchos de los mejores guerreros murieron en esa batalla, pero los hermanos regresaron intactos. O eso creíamos”.
La Verdad Oculta
David miró a Natsuki con una chispa de comprensión dolorosa.
—”Ahora lo entiendo. No regresaron ‘como si nada’. Algo los siguió desde ese lugar. Lo que estamos viendo ahora no es a Kronos regresando de una misión, es la deuda de esa supervivencia cobrándose finalmente”.
Shirou, que escuchaba la conversación mientras contenía su propia transformación, sintió una rabia fría. Sabía que si Dani había muerto después de esa “supervivencia milagrosa” y Kronos estaba ahora poseído por una sombra de Lucifer, la misión original no fue una victoria, sino una trampa.
Alicia, abrazando el diario de su madre, intervino con voz suave:
—”Mi madre escribió sobre esa misión… decía que ‘el precio de volver del abismo no se paga con oro, sino con el alma del que queda atrás’. Si Dani murió frente a Kronos, quizás esa fue la moneda de cambio”.
La mirada de Shirou se volvió profunda, casi irreal, mientras el tono ceniza de su cabello vibraba con una intensidad mística. Ignoró por un momento la silueta de Kronos en el horizonte y se centró en la princesa, cuya confusión empezaba a transformarse en miedo.
—”Como sea, aún no saquemos conclusiones hasta saber la verdad de todo esto”, sentenció Shirou, clavando sus ojos en los de ella. “Oye, mocosa… te voy a revelar algo directamente en tu mente. No grites”.
El Vínculo Mental: Academia Ryouou Clannad
Natsuki sintió un tirón violento en su consciencia. De repente, el campo de batalla desapareció, reemplazado por los pasillos de piedra blanca y los jardines de cerezos mágicos de la Academia de Magia Ryouou Clannad.
Vio a un Shirou más joven, con el cabello azul brillante y uniforme escolar, caminando junto a un chico de mirada noble pero cansada: Josué.
—”Shirou, pase lo que pase, nadie debe saber de su origen”, decía la voz de Josué en el recuerdo, cargada de una premonición amarga. “Sé que yo moriré de vejez, pero Hina… ella vivirá mil años sola. Quiero pedirte algo: si yo llegara a faltar, no dejes que esté sola. Por favor, cuida de ella. Tú y tu hermana son las únicas personas que pueden apoyarla”.
Natsuki vio la escena cambiar. Vio a Josué defendiendo a Hina de seis acosadores de segundo año, mientras Shirou terminaba con el líder en un duelo desigual. Recordó la sonrisa amistosa de Shirou en aquel entonces.
—”No digas eso, Josué”, respondió el Shirou del recuerdo. “Tú eres fuerte. Salvaste a Hina… aunque no es justo que yo me hiciera un 1 contra 6 mientras tú solo ibas contra uno. Pero para eso están los buenos amigos. Es verdad que Hina la está pasando horrible tras la muerte de Sara… no logro entender por qué esa idiota tomó esa decisión de dejarnos”.
El Regreso a la Realidad
El mundo físico golpeó a Natsuki de vuelta. Estaba jadeando, con los ojos muy abiertos, procesando la carga de esos mil años de soledad que pesaban sobre Hina y el sacrificio de Josué.
—”Quiero que guardes este secreto, Natsuki”, siseó Shirou, cuya voz ahora sonaba real y presente. “Es por el bien de tu prometido y de su suegra. Es algo por lo que Josué me mataría. Recuerdo todo lo que me dijo ese día, antes de que yo desapareciera junto con mi hermana y con Mikoto, la Diosa de la Guerra”.
David, al ver la expresión transfigurada de la princesa, dio un paso al frente, sospechando que Shirou acababa de compartir información prohibida.
—”¿Qué viste, Natsuki?”, preguntó David en un susurro.
Natsuki miró a Shirou, luego a la silueta de Kronos, y finalmente a Alicia. El rompecabezas de Carlos, la muerte de Sara y el origen de Hina formaban una red de tragedias que superaba cualquier conflicto político.
—”Vi… el inicio de una promesa que no ha terminado de cumplirse”, respondió Natsuki, apretando los dientes para no llorar. “Shirou… ¿por qué nos ocultaron que Hina es la que más ha sufrido.
La tensión en el claro del bosque alcanzó un punto de ruptura. Las revelaciones de Shirou sobre el pasado de Hina y la sombra de Josué dejaron a Natsuki tambaleándose, con el corazón oprimido por una duda que no la dejaba en paz.
—”No logro entender eso…”, murmuró Natsuki, con la mirada perdida. “Aunque ella es amable y juguetona, y a veces seria… en el fondo ocultaba algo turbio. ¿Tendría sentido que yo… llegara a ser como ella?”.
Natsuki apretó los puños, recordando las noches de insomnio de su propia familia.
—”Tengo algo en mente… esto me está afectando desde que mi hija Yue no puede dormir. Siempre gritaba entre sueños: ‘¡No, papá, no! No le hagan daño, déjenlo…'”.
El recuerdo del sueño de Yue, donde una figura misteriosa mataba a Carlos de la manera más cruel, cobró una relevancia aterradora mientras las sombras de la Droga de la Destrucción comenzaban a materializarse en formas grotescas y hambrientas.
El Estallido de Shirou
Shirou, cuya paciencia se había agotado junto con su energía vital, giró la cabeza hacia donde estaba Kronos, pero el lugar estaba vacío. El heraldo de Lucifer se había desvanecido en el aire, dejando tras de sí solo un rastro de azufre y desesperación.
—”¡Maldita sea!”, rugió Shirou con una rabia contenida que hizo vibrar el suelo.
Sin esperar un segundo más, su aura de espada estalló en un resplandor ceniza. Se movió a una velocidad que desafiaba la percepción humana, convirtiéndose en un borrón de acero y muerte.
—”¡Técnica de Edge of Ancestral Length!”, gritó mientras cortaba el aire. “¡Solo mueran, malditas escorias!”.
Los monstruos que rodeaban el cargamento fueron desintegrados en un instante, reducidos a polvo por la técnica ancestral de Shirou.
La Llegada del Sol Eterno
David se puso en guardia, sintiendo un cambio masivo en la presión atmosférica.
—”David, ve y búscalo a él ahora mismo…”, ordenó Natsuki desesperada.
—”Creo que ya no será necesario…”, respondió David, bajando su arma con un suspiro de alivio y respeto. “Porque él ya está aquí”.
El mundo tembló. El bosque, que hasta hace un momento parecía devorar toda esperanza, sintió el verdadero miedo. Una presencia nivel amenaza superior a cualquier “sol eterno” descendió sobre el lugar.
Carlos apareció entre los vapores púrpuras. Su mirada era contenida, pesada, cargada con el cansancio de mil batallas y una preocupación que no lograba disimular.
—”Ah…”, suspiró Carlos, observando la carnicería que Shirou acababa de provocar. “Parece que esto no es normal para mí, ¿verdad? Ver estas cosas… no es normal”.
Se pasó una mano por el rostro, tratando de procesar el caos.
—”Me pregunto qué eran esas cosas. Desde que salvé a Emanuel de las manos de ese Dios de mierda, me alegra que haya sobrevivido… pero lo que me preocupa es Eime”.
Carlos miró hacia el horizonte, pensando en la frialdad de Emilia.
—”Tenía que hablar con Emilia. Sé cómo es ella, fría y cruel cuando se lo propone. Nunca imaginé que estuviera tan enfadada conmigo por lo del liderazgo. Me siento agotado… ver cómo Yuki y ella se matan… solo espero que Emilia no haga sentir mal a Eime. Ya ha pasado por suficiente”.
El Reencuentro
Natsuki corrió hacia él, olvidando por un momento su rango y sus celos, pero se detuvo a pocos pasos al ver la profundidad del agotamiento en los ojos de su prometido. El silencio cayó sobre el grupo, mientras el eco de la carta de Kronos y el sueño de Yue flotaban en el aire como una sentencia pendiente.
Carlos apretó los dientes, y por un instante, sus ojos reflejaron un destello que no pertenecía a este mundo. El aire a su alrededor comenzó a vibrar con una presión gravitatoria que hizo que los restos del gas púrpura se disiparan por la pura fuerza de su voluntad.
—”Mil vueltas…”, murmuró Carlos, cerrando el puño con fuerza. “Estas cosas deben estar relacionadas con la droga del Dios Demonio. Por lo que me dijo Mael aquel día en nuestra charla, no creí que lo que planean los Abismales estuviera tan fuera de control”.
Miró de reojo a David y luego a Shirou, quien aún jadeaba tras usar su técnica ancestral. La mención de los Siete Asmales de la Calamidad hizo que un silencio sepulcral cayera sobre el grupo. Eran nombres que la mayoría solo pronunciaba en sus pesadillas, entidades que, de moverse, significarían el fin de las eras.
—”Aún no se han movido”, continuó Carlos, su voz volviéndose una sentencia gélida. “Pero ahora eso no me importa. Mi prioridad es detener a estas criaturas ahora mismo. No permitiré que este lugar se convierta en otro campo de sacrificios”.
El Despertar de la Amenaza
A medida que Carlos hablaba, la tierra bajo sus pies comenzó a agrietarse. A diferencia de la técnica veloz de Shirou, la presencia de Carlos era como una montaña cayendo sobre el bosque. Las criaturas que quedaban, seres amorfos nacidos de la corrupción de la droga, retrocedieron por puro instinto de supervivencia, algo que no deberían poseer.
Natsuki dio un paso al frente, queriendo tocar su brazo, pero la intensidad del aura de Carlos la detuvo.
—”¡Carlos, espera!”, exclamó ella. “Kronos estuvo aquí. Él… algo le pasó. Mencionó una carta, mencionó a Charlotte… ¡tienes que saberlo antes de lanzarte al combate!”.
Carlos se detuvo en seco. El nombre de su hermano y el de Charlotte actuaron como un ancla que lo devolvió a la realidad por un segundo, pero sus ojos se clavaron en el bosque, donde los rugidos de las criaturas abismales se hacían más fuertes.
—”Si Kronos está involucrado en esto por culpa de los Abismales…”, dijo Carlos sin girarse, “entonces con más razón tengo que terminar con esto rápido.
La atmósfera se volvió gélida, no por el vapor de la droga, sino por el aura de puro resentimiento que comenzó a emanar de Carlos. Sus ojos se oscurecieron, perdiéndose en un abismo de recuerdos que habían permanecido sellados bajo capas de hierro y voluntad.
—”¿A qué se refiere con la carta?”, murmuró Carlos para sí mismo, aunque su voz cargaba un peso que hizo que Natsuki retrocediera un paso. “Si Kronos está involucrado, tendría que investigar… pero de todos modos lo odio por lo que me hizo hace 32 años”.
El nombre de los traidores salió de sus labios como una maldición antigua.
—”Jamás olvido la traición que me hicieron. Charlotte y Kratos no tienen nada que ver en esto… pero el resto terminará pagando el precio”.
El Desafío al Cielo
Carlos alzó la mirada hacia el cielo encapotado, como si pudiera ver a través de las dimensiones hasta encontrar la figura que orquestaba su miseria desde las sombras. Su voz subió de tono, cargada de una furia que hizo temblar las hojas de los árboles.
—”¡Gabriel!”, rugió Carlos, y la presión espiritual fue tal que los monstruos cercanos simplemente se desintegraron. “¿Qué diablos quieres? ¿Qué es lo que realmente buscas de mí? ¿Destruirme por completo? ¡Si es así, ven y hazlo tú mismo, maldito cobarde!”.
El Silencio de los Testigos
David y Shirou intercambiaron una mirada de alarma. Conocían la fuerza de Carlos, pero este nivel de odio dirigido hacia entidades como Gabriel y los restos de su pasado era algo que rozaba la locura.
Natsuki, con el corazón en la garganta, intentó acercarse a pesar del peligro.
—”¡Carlos, escúchame! No dejes que ese odio te ciegue ahora. Kronos… él no parecía ser él mismo. Estaba sufriendo. Mencionó a tu madre, mencionó que tú eras su única luz”.
Alicia, observando desde la protección de David, apretó el diario.
—”Ese nombre, Gabriel…”, susurró ella. “Aparece en las últimas páginas del diario de mi madre. Ella lo llamaba ‘El Arquitecto del Dolor'”.
El Estallido de la Batalla
Carlos no parecía escuchar. Su mano derecha se envolvió en una energía negra y dorada, la marca de un poder que desafiaba tanto a los Dioses como a los Demonios.
—”Si quieren guerra, les daré un infierno que ni Lucifer podrá contener”, sentenció Carlos, fijando su vista en el punto donde la presencia de Kronos se había sentido por última vez.
La atmósfera se comprimió hasta volverse sólida. El sonido del bosque, los rugidos de las criaturas y hasta el viento se detuvieron en seco. Un silencio sepulcral, cargado de una malicia ancestral, barrió el lugar cuando la figura descendió del cielo como una mancha de tinta en un lienzo blanco.
Gabriel, el Abismal más poderoso de todos los tiempos, finalmente había hecho su aparición.
La presión de su aura no era física, era espiritual; un peso que aplastaba la voluntad. Natsuki, Alicia e incluso David cayeron de rodillas, con los pulmones ardiendo, incapaces de sostenerse ante la magnitud de esa presencia. Solo Shirou, apoyado en su espada y con el cabello casi blanco por el esfuerzo, logró evitar tocar el suelo, aunque sus piernas temblaban violentamente.
—”Vaya, vaya… pero mira qué tenemos aquí”, la voz de Gabriel era suave, melodiosa y, por lo mismo, profundamente aterradora. “Ha pasado mucho que no nos vemos, Carlos Tanaka… ¿o debería llamarte Demonio Nocturno?”.
El Encuentro de Dos Abismos
Gabriel caminaba con una tranquilidad exasperante, con las manos en los bolsillos y una sonrisa que no llegaba a sus ojos, los cuales brillaban con un vacío absoluto. Cada paso que daba hacia Carlos agrietaba la realidad a su alrededor.
Carlos permaneció inmóvil, su rostro era una máscara de piedra, pero sus ojos ardían con el odio acumulado de treinta y dos años. La energía negra y dorada en su mano derecha pulsaba al ritmo de su corazón, creando micro-explosiones de estática que chocaban contra el aura de Gabriel.
—”Has envejecido un poco, Carlos, pero ese olor a tragedia sigue siendo el mismo”, continuó Gabriel, deteniéndose a pocos metros, sosteniéndole la mirada de forma desafiante. “Dime… ¿todavía sueñas con los gritos de esa noche? ¿Todavía sientes el sabor de la traición en cada respiro?”.
La Tensión de los Testigos
David, desde el suelo, intentó invocar su poder, pero la mera cercanía de Gabriel anulaba cualquier flujo de maná.
—”Es… es él”, susurró David con los dientes apretados. “El Arquitecto del Dolor… Carlos, ¡no lo escuches!”.
Natsuki, con la vista nublada por la presión, solo podía mirar la espalda de su prometido. Sabía que si Carlos cedía ante la provocación, el choque entre ellos dos borraría el reino entero del mapa.
—”Gabriel…”, la voz de Carlos finalmente rompió el silencio, baja y cargada de una amenaza que hizo que incluso la sonrisa del Abismal flaqueara por un milisegundo. “¿Viniste a terminar lo que empezaste hace tres décadas, o solo viniste a morir?”.
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