The strongest warrior of humanity - Capítulo 2
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2: capitulo 2 un nuevo día 2: capitulo 2 un nuevo día La pregunta que me he estado haciendo es simple, pero inquietante: estoy en una época donde no existen los carros ni nada parecido.
Un mundo vacío, sin tecnología, sin ruido.
Es como si la humanidad nunca hubiera llegado a crear nada.
Supongo que esto es algo imposible de imaginar…
ahora que lo pienso.
Soy apenas un bebé.
Solo tengo un año.
Desde que llegué a este mundo no sé absolutamente nada, pero haré todo lo que pueda por conocerlo.
Hina Sánchez, mi madre, una mujer noble.
Según entiendo, mis padres pertenecen a una familia de alta sociedad, muy conocidos por el talento de mi padre.
Josué Tanaka, el Santo de la Espada.
Mi madre solía contarme cómo se conocieron.
Un cuento de hadas, decía.
Al principio me intrigó, escuchando cada palabra sobre cómo se enamoró de mi padre.
Aunque, en realidad, él siempre fue un hombre serio.
Supongo que yo también lo fui…
en mi vida anterior.
Cuando llegamos a nuestra casa, una mansión enorme con un jardín hermoso, como sacado de un anime de otro mundo, sentí una calma extraña.
Al cruzar las puertas, vi rostros desconocidos: los sirvientes.
-Bienvenidos, mi señor Josué Tanaka y señora Hina Sánchez.
-Gracias por la bienvenida -respondió mi padre con su voz firme-.
Los reuní para anunciarles que mi hijo ha nacido.
Su nombre será Carlos Tanaka Sánchez.
Los sirvientes quedaron en silencio.
Luego, se acercaron con curiosidad, mirándome con asombro.
-Qué hermoso niño, mi señor…
¿será que tenga talento?
Mi padre lo fulminó con la mirada.
-¿Qué dijiste?
-P-perdón, mi señor.
Solo quería saber si el joven heredaría su talento.
Los observé con una mirada altiva, aunque era solo un niño.
Deja que pasen los años, pensé.
Ya verás, viejo loco.
Mi padre me miró con severidad.
-Sé que mi hijo me superará.
Cuando llegue el momento, él será la cabeza de la familia.
Cabeza de familia.
Aquellas palabras me golpearon.
¿Acaso tengo hermanos?
-Pero, señor, los demás herederos…
-Lo sé -interrumpió mi padre-.
Mis otros hijos seguirán su propio camino, pero sé que este niño cumplirá mi deseo: ser el más fuerte de todos los tiempos.
Pasaron los años.
Cuatro, para ser exactos.
Llegó el día de mi prueba de talento.
Entré a una habitación donde reposaban espadas, dagas, y artefactos.
Mis ojos se posaron en una espada de filo azul y negro.
La sostuve.
Sentí su energía vibrar en mis manos.
Me dirigí a la sala de entrenamiento.
Vacía.
Silenciosa.
Me senté en el suelo, cerré los ojos y respiré profundo.
Debía encontrar mi camino.
El aire comenzó a temblar.
El flujo de maná se arremolinó a mi alrededor.
Un poder dormido despertó.
El poder nocturno.
Mi aura, azul oscura, se expandió con violencia.
El suelo tembló.
Las paredes vibraron.
Mi familia corrió hacia la sala.
Mis hermanos quedaron paralizados.
-¿A los cuatro años…?
-murmuró uno, incrédulo.
Mi hermana Karen, la más pequeña, me miró sonriendo.
-Lo hiciste bien, hermano.
Mi madre corrió hacia mí, lágrimas en los ojos.
-¿Estás bien, hijo?
No estás lastimado, ¿verdad?
Le devolví una sonrisa tranquila.
-Estoy bien, madre.
Ella suspiró, aliviada.
-No me vuelvas a asustar así -dijo, regañándome, aunque sonreía.
Por primera vez en mi vida, sentí algo cálido.
Amor verdadero.
Mis padres se preocupaban por mí.
Debo hacerme fuerte para protegerlos, pensé.
Incluso si debo enfrentar a un dios.
Porque yo soy Carlos Tanaka Sánchez, el más fuerte de mis cinco hermanos.
Y este…
es solo el comienzo de mi camino como espadachín.
Semanas después, mi padre contrató una maestra para instruirme en el arte de la espada.
-Desde hoy -dijo con solemnidad- aprenderás el uso de la esgrima.
Asentí, nervioso, pero decidido.
-Haré lo que mi patriarca ordene.
-¿Y mis hermanos también recibirán entrenamiento?
-pregunté.
-Así es.
Cada uno tendrá su maestro.
-Ya veo -dije, retirándome.
Cerré la puerta tras de mí, soltando un suspiro.
Creí que moriría…
ese hombre es aterrador.
¿Qué habrá pasado en su pasado?
En la biblioteca busqué respuestas sobre mi poder, pero nada.
Ningún registro.
Entonces…
lo descubriré por mí mismo.
Entrené durante horas, concentrando mi maná hasta el límite.
Sentí mi conciencia hundirse en lo más profundo de mi ser…
Y allí lo vi.
Sombras.
Voces.
Un eco antiguo.
Descubrí la verdad: no era el único con poder nocturno.
Mi madre…
pertenecía al Clan Nocturno, una familia desaparecida hace siglos.
Su poder era tan peligroso que su existencia fue borrada de la historia.
Si alguien descubría su legado, la humanidad entera correría peligro.
Tal vez mi padre sabe más…
pensé.
Me levanté, decidido.
Era momento de probar mis habilidades.
Cerré los ojos, imaginando un combate real.
Mi cuerpo se movió solo, con velocidad invisible.
Un clon mío apareció frente a mí.
Nuestras espadas chocaron con fuerza divina.
Mi clon era rápido…
pero yo, más fuerte.
De pronto, una sensación oscura me envolvió.
Una sed de sangre.
Frente a mí apareció una figura…
Yo mismo, pero adulto.
Herido.
Exhausto.
-¿Quién eres?
-pregunté.
-Aún no lo comprendes…
pero lo harás.
-Su voz era grave, rota-.
Hazte fuerte, antes de que sea tarde.
Imágenes fugaces pasaron por mi mente: batallas, fuego, ruinas.
Mi vida anterior.
-Así que morí en mi mundo original…
-susurré-.
No dejaré que eso se repita.
Mi otro yo sonrió y desapareció.
Volví al combate.
-Dios del Rayo.
Una descarga atravesó mi espada.
Me moví detrás del clon, golpeando con fuerza letal.
El impacto destruyó el lugar.
Cuando abrí los ojos, todo estaba en ruinas.
-Maldita sea…
me pasé un poco.
La puerta se abrió de golpe.
Una mujer entró.
Su presencia heló el aire.
-Vaya -dijo con una sonrisa-, no sabía que los niños de hoy fueran tan fuertes.
Tu padre tenía razón.
Eres Carlos, ¿no?
-Así es -respondí, mirándola fijamente-.
¿Y tú quién eres?
-Disculpa mis modales -dijo inclinándose-.
Soy Angélica Sawa Tokariwore, general de tu padre.
Me llaman la Princesa de Hielo.
Su mirada era tan fría como su título.
-Supongo que ese apodo te queda bien -dije con una mueca.
Ella soltó una risa breve.
-Ese niño de cuatro años…
y ya hizo todo esto él solo.
Josué, parece que estás creando un monstruo.
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