The strongest warrior of humanity - Capítulo 20
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 20 - 20 capitulo 20 - La Batalla de las Promesas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
20: capitulo 20 – “La Batalla de las Promesas” 20: capitulo 20 – “La Batalla de las Promesas” —¡Ha pasado mucho tiempo desde que no nos vemos, Hina!
Sara había llegado al campo de batalla sosteniendo sus dos dagas en sus brazos, mirándome con una sonrisa en el rostro.
—¡Lamento la demora, niña bonita!
—Uy, uy, uy… ¿Qué te pasó, Hina?
¿Por qué estás así?
Le respondí que no era nada.
—Por favor, no te hagas la ciega… acéptalo, te dieron una paliza.
—¡Te dije que te callaras!
—le di un rápido golpe en la nuca.
—¿Oye, por qué hiciste eso?
—Porque tú te estabas burlando de mí, ¡idiota!
—Ah… ¿acaso estás buscando una pelea, niña bonita?
—¡Te dije que no me llamaras así!
—le respondí, avergonzada—.
Pero lo más importante es que estés sana y a salvo.
Ahora no hay tiempo para charlar, tengo un asunto que atender… con ese demonio.
—¿Dijiste que se llamaba Astaroth, verdad?
—Sí.
¿Acaso lo conoces?
No mucho… solo escuché que fue el causante de la desgracia del Reino del Sol, y que también robó las reliquias sagradas de uno de los dioses.
Solo sé eso.
Hina, será mejor que te alejes de aquí lo más rápido posible.
Sara me miró seriamente.
El suelo tembló por un segundo.
Astaroth emergió de entre los escombros, gritando: —¿¡Qué carajos acaba de pasar!?
Pero en el momento en que iba a moverme, una voz resonó.
—¡Esa humana de ahí fue la que me golpeó!
—Veo que sigues ileso después de mi ataque, ¿verdad?
—respondí con frialdad—.
Maldita humana arrogante —gruñó él.
Me puse en guardia, moviéndome a gran velocidad.
Nuestras miradas se cruzaron una vez más.
Luchamos sin descanso, manteniendo una gran distancia, hasta que Astaroth apareció detrás de mí, intentando atacarme por la espalda.
Me di cuenta a tiempo, agachándome y esquivando su golpe.
Una onda de oscuridad atravesó las rocas cercanas.
Bloqueé su ataque, pero algo andaba mal: cada vez que lo hería, él se curaba rápidamente.
—Parece que esto será complicado… Hina observó a Sara, que tenía problemas, y decidió unirse a la batalla.
—Dos contra uno, ¿eh?
—rió Astaroth—.
Qué bonito… las amigas se unen con el poder de la amistad.
—¡Prepárate para la batalla, Hina!
—¡Entendido!
Nos movimos a una gran velocidad, apareciendo detrás de Astaroth.
Pero en el momento en que lo atacamos, unas llamas moradas cubrieron el espacio, obligándonos a retroceder.
Seguimos moviéndonos, buscando una apertura.
Usé mi arco de flechas de acero, mientras Hina invocaba magia de viento oscuro.
Ambos ataques cayeron sobre Astaroth, provocando una fuerte explosión que derrumbó parte del castillo.
Canalicé mi maná, sintonizado con el hielo que rodeaba mis brazos, y conjuré la Espada de Oscuridad: —¡Golpe glaciar, llamas de oscuridad!
Las llamas llegaron hasta Astaroth, congelando sus piernas mientras su cuerpo ardía sin piedad.
—No imaginé que esto llegaría tan lejos… —gruñó él—.
Han luchado bien, las felicito… pero no es suficiente.
Nos miró con decepción, como si nuestros ataques no fueran dignos de su atención.
El castillo comenzaba a colapsar.
—Sara, tenemos que salir de aquí, ¡el castillo no va a resistir!
—¿Entonces qué quieres que hagamos?
—A unos kilómetros hay un bosque.
Si no salimos ahora, quedaremos atrapadas.
—¡Bien, hay que huir!
Sara y yo salimos a gran velocidad, pero Astaroth nos perseguía.
—¿A dónde diablos van ustedes dos?
—Hina, ¿cuánto falta para llegar al bosque?
—Unos cinco minutos.
—Perfecto.
Una vez ahí, te encargarás de él mientras preparo la emboscada.
—¡Entendido!
Sara se alejó.
De pronto, una hoja afilada atravesó los árboles, impactándome.
Contraataqué con Magia de Fuego de Rango 7: Fuego Ardiente.
Una onda abrasadora cubrió todo el terreno; las llamas parecían el mismo infierno.
Astaroth gritó de dolor; sus heridas no sanaban.
—¿Qué clase de magia es esta…?
—rugió.
Sus ojos me miraron con una expresión retorcida, y sentí su presencia: la muerte.
No podía moverme.
Pero recordé mi misión, y salí corriendo hacia el bosque.
Llegué justo a tiempo.
Usé mi Espada Estocada de Luz Oscura, lanzando una onda que Astaroth bloqueó al instante.
Seguí atacando, pero cada vez estaba más cerca.
Estaba a punto de atravesar mis ojos cuando un campo de oscuridad lo atrapó.
—¡El plan de Sara funcionó!
—¿Qué…?
¿Qué es esto?
—Astaroth intentó moverse—.
¡No puedo sentir nada!
Sara había sellado con éxito su hechizo.
—Es ahora o nunca —dijo, moviéndose a una velocidad sobrehumana.
Atacó con sus dagas una y otra vez, invisible ante los ojos del demonio.
Pero Astaroth cerró los ojos por un momento, concentrándose.
Cuando intenté atacar, detuvo mi espada con una sonrisa.
—Debo reconocerlo… eres fuerte.
Una ráfaga de viento destruyó el campo de oscuridad.
Salí volando, cayendo al suelo mientras espinas demoníacas atravesaban mi cuerpo.
No podía moverme.
Hina observó con horror cómo su amiga estaba gravemente herida, la sangre goteando por su piel.
Astaroth avanzaba lentamente, sonriendo con crueldad.
Agarró la cabeza de Sara, intentando matarla.
—¡No, detente!
—grité con todas mis fuerzas—.
¡No lo hagas!
Un rayo de luz nocturna iluminó el cielo.
Astaroth y Sara miraron hacia mí.
—¿Hina…?
Caminé lentamente hacia ellos.
Mi cabello se tornó azul oscuro, mis ojos resplandecían como el cielo nocturno.
Mis rasgos… eran iguales a los de Shiro.
—Hace dos años, Hina —recordé su voz—, nuestro poder no es sobrenatural, sino un don otorgado por un dios.
El Poder Nocturno… —¿Has oído hablar del Dios Nocturno que derrotó a un ejército entero?
—preguntó Shiro.
—¿Te refieres a él?
—Sí.
Si llegas a encontrártelo, aléjate lo más rápido posible.
Ese poder… puede consumirte.
—No lo entendía en ese momento —pensé—, pero prometí que no dejaría que el poder me controlara.
Sin embargo, no pude cumplir mi promesa.
Aparecí detrás de Astaroth, golpeándolo con fuerza.
Sara observó, incrédula.
—¿Hina… realmente eres tú?
No respondí.
Solo ataqué.
Nuestras espadas se cruzaron en un torbellino de luz y oscuridad.
—¿Estoy perdiendo… contra una simple humana?
¡Imposible!
Sara, al no poder ver con claridad, habló mediante telepatía.
—Josué… ven rápido.
Hina está… Josué comprendió de inmediato y corrió hacia nosotros.
Mientras tanto, Astaroth temblaba de miedo.
Sus ataques eran inútiles: Hina se regeneraba al instante.
—Ya veo… —gruñó—.
Así que tu tiempo se acaba.
Su cuerpo cambió.
Alas negras brotaron de su espalda: un arcángel caído.
—No dejaré que vivas —dijo.
Mi poder alcanzó su límite.
—¡Mierda…!
—murmuré.
Astaroth se movía a una velocidad imposible, golpeándome una y otra vez.
Usé Campo de Hielo, pero él sonrió.
—¿Crees que eso funcionará?
Un rugido resonó.
—¿Un… dragón de hielo?
—¡Aliento del Dragón Glaciar!
La explosión fue brutal, pero Astaroth salió ileso.
Me atacó por la espalda, lanzándome al suelo.
Escupí sangre.
Estaba inmóvil.
Pero cuando Astaroth se acercó, Sara apareció, empujándolo lejos.
—¡No dejaré que mueras aquí, Hina!
—¿Por qué haces esto, Sara?
¿Por qué me salvas?
—¿Acaso no es obvio?
—sonrió—.
Porque somos amigas.
Su calidez me hizo recordar todo: los entrenamientos, las risas, el puente donde juramos nuestros sueños.
—¿Qué planeas hacer en el futuro?
—me había preguntado.
—Convertirme en una de los 10 legendarios héroes.
—Es un sueño difícil… pero tienes todo mi apoyo.
Recordarlo me dolió.
—Creo que es momento de despedirnos —dijo Sara.
Josué llegó, cargándome en sus brazos.
—¡No, Sara!
¡No me hagas esto!
—Llévatela, Josué.
Yo me encargaré.
—¿Y tú?
—No te preocupes.
Si sobrevivo… cómprame un pastel de chocolate.
—Te lo prometo.
Sara sonrió y caminó hacia el frente, decidida.
Su mirada no mostraba miedo alguno.
Astaroth la observó, impresionado.
—Esa humana… de verdad es alguien de admirar.
—¿En qué piensas, demonio?
—preguntó Sara con frialdad.
—Nada que te importe, humana inferior.
Ambos se movieron al mismo tiempo.
Pero mientras luchaba, Sara recordó todo lo vivido.
Sus fuerzas se desvanecían.
Cayó al suelo.
—¿Qué pasa?
¿Ya no puedes levantarte?
—Astaroth sonrió—.
Qué patética eres… Hina fue capaz de herirme, pero tú no eres más que basura.
Tenía razón.
No era lo suficientemente fuerte.
Mis pensamientos se nublaron.
Me hundí en un lago oscuro.
Allí vi a una mujer idéntica a mí: alta, de cabello morado, mirada madura.
—¿Quién eres?
—pregunté.
—Soy tú… tu yo del futuro.
La que lo perdió todo.
—¿Y qué quieres de mí?
—Advertirte.
Morirás aquí y ahora.
Una sonrisa se formó en mis labios.
—Entonces moriré intentándolo.
Mi yo del futuro me miró con ternura.
—Eres fuerte, Sara.
No escuches lo que digan.
Seguiste luchando porque tú lo quisiste.
—¿Pero qué debo hacer?
No tengo fuerzas… —Lo sé —dijo—.
Pero aún así… ¿no quieres intentarlo una vez más?
—Sí… si realmente quiero convertirme en una de los 10 Legendarios Héroes… Continuará.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com