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The strongest warrior of humanity - Capítulo 200

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Capítulo 200: Capitulo 200 finalmente has saliste de tu escondite

La oscuridad en la mente de Kronos se volvió un torbellino de crueldad pura. La entidad que habitaba sus restos soltó una carcajada que goteaba veneno, disfrutando de cada grieta en el alma del humano.

—”¿O acaso lo olvidaste?”, siseó el parásito con una sonrisa que no era humana. “Cuando visitamos nuestra casa te lo dejé muy claro: si intentabas interferir, mataría a esa mujer que tanto deseas proteger… su nombre era Charlotte, ¿verdad? Es alguien hermosa, hay que admitirlo. ¿Qué pasaría si…?”

El Quiebre de un Hermano

—”¡Detente ya!”, el grito de Kronos no fue físico, fue un desgarro en el tejido de su propia existencia.

Se quebró por dentro. El dolor de la tortura de Lucifer no era nada comparado con la agonía de ver su vida convertida en una herramienta de destrucción. Las lágrimas de sangre espiritual empezaron a manchar su visión interna. Si tan solo no hubiera aceptado esa misión… si tan solo no hubiera muerto aquel día, nada de esto estaría pasando.

Pero entre el dolor, un pensamiento se aferró a la luz: Carlos. Su hermano menor. El único rincón de su alma que el monstruo aún no había podido corromper por completo.

—”Ojalá algún día, Carlos… llegues a leer la carta que dejé en mi habitación”, susurró la esencia de Kronos, luchando contra las cadenas de sombra. “Es la única forma de que sepas la verdad. Que yo jamás quise convertirme en esto…”.

Sus recuerdos volaron hacia el pasado, hacia el día en que Carlos nació. Recordó el rostro de su madre, iluminado por una felicidad que no había visto en años.

—”Para mi madre, significas todo. Esa felicidad que tú mismo le diste al llegar… alguien que me hizo feliz solo por verla sonreír a ella. Porque le recuerdas a esa persona que jamás pudo salvarla”.

El Eco en el Mundo Real

Afuera, el cuerpo de Kronos se sacudió violentamente. Un destello de energía dorada luchó por un milisegundo contra el aura negra de la Droga de la Destrucción.

Shiro, a lo lejos, sintió la fluctuación. Sus ojos captaron el momento en que la presencia de Kronos se volvió humana por un instante antes de ser aplastada de nuevo por la sombra de Lucifer.

—”Esa energía…”, murmuró Shirou, apretando los dientes. “No es maldad pura. Hay alguien gritando ahí dentro”.

Natsuki, al escuchar el nombre de Carlos mencionado en el viento como un susurro trágico, sintió que el corazón se le encogía. Miró a David, buscando una explicación que su rango de princesa no podía darle.

—”David… algo está pasando con ese hombre. No es solo un enemigo. Siento que… que Carlos tiene algo que ver con ese dolor”.

La atmósfera se volvió densa, como si el mismo aire pesara toneladas. Las piezas del rompecabezas que David y Natsuki intentaban armar comenzaron a encajar de la forma más trágica posible.

—”David… ese chico de ahí”, dijo Natsuki, bajando la mirada mientras un temblor recorría sus manos. “Es Kronos, el hermano mayor de Carlos”.

David se quedó petrificado. El nombre resonó en su mente como un eco de un informe militar que nunca debió haber sido archivado. Sus ojos se entrecerraron, buscando en sus recuerdos de veterano aquella fatídica operación de la que pocos se atrevían a hablar.

La Calamidad de Dani y Kronos

—”Espera un segundo…”, murmuró David, su voz volviéndose inusualmente grave. “Ese nombre… él es quien fue a esa misión hace algunos años con su hermano Dani”.

David apretó el puño, recordando los fragmentos de la historia que se filtraron en las tabernas de soldados y los pasillos del alto mando.

—”Por lo que tengo entendido, hubo una calamidad bastante aterradora en esa misión. Fue un carnicería; casi nadie regresó. Pero ellos dos…”, David hizo una pausa, mirando la silueta deformada de Kronos a lo lejos, “…ellos dos regresaron con vida como si nada. Muchos de los mejores guerreros murieron en esa batalla, pero los hermanos regresaron intactos. O eso creíamos”.

La Verdad Oculta

David miró a Natsuki con una chispa de comprensión dolorosa.

—”Ahora lo entiendo. No regresaron ‘como si nada’. Algo los siguió desde ese lugar. Lo que estamos viendo ahora no es a Kronos regresando de una misión, es la deuda de esa supervivencia cobrándose finalmente”.

Shirou, que escuchaba la conversación mientras contenía su propia transformación, sintió una rabia fría. Sabía que si Dani había muerto después de esa “supervivencia milagrosa” y Kronos estaba ahora poseído por una sombra de Lucifer, la misión original no fue una victoria, sino una trampa.

Alicia, abrazando el diario de su madre, intervino con voz suave:

—”Mi madre escribió sobre esa misión… decía que ‘el precio de volver del abismo no se paga con oro, sino con el alma del que queda atrás’. Si Dani murió frente a Kronos, quizás esa fue la moneda de cambio”.

La mirada de Shirou se volvió profunda, casi irreal, mientras el tono ceniza de su cabello vibraba con una intensidad mística. Ignoró por un momento la silueta de Kronos en el horizonte y se centró en la princesa, cuya confusión empezaba a transformarse en miedo.

—”Como sea, aún no saquemos conclusiones hasta saber la verdad de todo esto”, sentenció Shirou, clavando sus ojos en los de ella. “Oye, mocosa… te voy a revelar algo directamente en tu mente. No grites”.

El Vínculo Mental: Academia Ryouou Clannad

Natsuki sintió un tirón violento en su consciencia. De repente, el campo de batalla desapareció, reemplazado por los pasillos de piedra blanca y los jardines de cerezos mágicos de la Academia de Magia Ryouou Clannad.

Vio a un Shirou más joven, con el cabello azul brillante y uniforme escolar, caminando junto a un chico de mirada noble pero cansada: Josué.

—”Shirou, pase lo que pase, nadie debe saber de su origen”, decía la voz de Josué en el recuerdo, cargada de una premonición amarga. “Sé que yo moriré de vejez, pero Hina… ella vivirá mil años sola. Quiero pedirte algo: si yo llegara a faltar, no dejes que esté sola. Por favor, cuida de ella. Tú y tu hermana son las únicas personas que pueden apoyarla”.

Natsuki vio la escena cambiar. Vio a Josué defendiendo a Hina de seis acosadores de segundo año, mientras Shirou terminaba con el líder en un duelo desigual. Recordó la sonrisa amistosa de Shirou en aquel entonces.

—”No digas eso, Josué”, respondió el Shirou del recuerdo. “Tú eres fuerte. Salvaste a Hina… aunque no es justo que yo me hiciera un 1 contra 6 mientras tú solo ibas contra uno. Pero para eso están los buenos amigos. Es verdad que Hina la está pasando horrible tras la muerte de Sara… no logro entender por qué esa idiota tomó esa decisión de dejarnos”.

El Regreso a la Realidad

El mundo físico golpeó a Natsuki de vuelta. Estaba jadeando, con los ojos muy abiertos, procesando la carga de esos mil años de soledad que pesaban sobre Hina y el sacrificio de Josué.

—”Quiero que guardes este secreto, Natsuki”, siseó Shirou, cuya voz ahora sonaba real y presente. “Es por el bien de tu prometido y de su suegra. Es algo por lo que Josué me mataría. Recuerdo todo lo que me dijo ese día, antes de que yo desapareciera junto con mi hermana y con Mikoto, la Diosa de la Guerra”.

David, al ver la expresión transfigurada de la princesa, dio un paso al frente, sospechando que Shirou acababa de compartir información prohibida.

—”¿Qué viste, Natsuki?”, preguntó David en un susurro.

Natsuki miró a Shirou, luego a la silueta de Kronos, y finalmente a Alicia. El rompecabezas de Carlos, la muerte de Sara y el origen de Hina formaban una red de tragedias que superaba cualquier conflicto político.

—”Vi… el inicio de una promesa que no ha terminado de cumplirse”, respondió Natsuki, apretando los dientes para no llorar. “Shirou… ¿por qué nos ocultaron que Hina es la que más ha sufrido.

La tensión en el claro del bosque alcanzó un punto de ruptura. Las revelaciones de Shirou sobre el pasado de Hina y la sombra de Josué dejaron a Natsuki tambaleándose, con el corazón oprimido por una duda que no la dejaba en paz.

—”No logro entender eso…”, murmuró Natsuki, con la mirada perdida. “Aunque ella es amable y juguetona, y a veces seria… en el fondo ocultaba algo turbio. ¿Tendría sentido que yo… llegara a ser como ella?”.

Natsuki apretó los puños, recordando las noches de insomnio de su propia familia.

—”Tengo algo en mente… esto me está afectando desde que mi hija Yue no puede dormir. Siempre gritaba entre sueños: ‘¡No, papá, no! No le hagan daño, déjenlo…'”.

El recuerdo del sueño de Yue, donde una figura misteriosa mataba a Carlos de la manera más cruel, cobró una relevancia aterradora mientras las sombras de la Droga de la Destrucción comenzaban a materializarse en formas grotescas y hambrientas.

El Estallido de Shirou

Shirou, cuya paciencia se había agotado junto con su energía vital, giró la cabeza hacia donde estaba Kronos, pero el lugar estaba vacío. El heraldo de Lucifer se había desvanecido en el aire, dejando tras de sí solo un rastro de azufre y desesperación.

—”¡Maldita sea!”, rugió Shirou con una rabia contenida que hizo vibrar el suelo.

Sin esperar un segundo más, su aura de espada estalló en un resplandor ceniza. Se movió a una velocidad que desafiaba la percepción humana, convirtiéndose en un borrón de acero y muerte.

—”¡Técnica de Edge of Ancestral Length!”, gritó mientras cortaba el aire. “¡Solo mueran, malditas escorias!”.

Los monstruos que rodeaban el cargamento fueron desintegrados en un instante, reducidos a polvo por la técnica ancestral de Shirou.

La Llegada del Sol Eterno

David se puso en guardia, sintiendo un cambio masivo en la presión atmosférica.

—”David, ve y búscalo a él ahora mismo…”, ordenó Natsuki desesperada.

—”Creo que ya no será necesario…”, respondió David, bajando su arma con un suspiro de alivio y respeto. “Porque él ya está aquí”.

El mundo tembló. El bosque, que hasta hace un momento parecía devorar toda esperanza, sintió el verdadero miedo. Una presencia nivel amenaza superior a cualquier “sol eterno” descendió sobre el lugar.

Carlos apareció entre los vapores púrpuras. Su mirada era contenida, pesada, cargada con el cansancio de mil batallas y una preocupación que no lograba disimular.

—”Ah…”, suspiró Carlos, observando la carnicería que Shirou acababa de provocar. “Parece que esto no es normal para mí, ¿verdad? Ver estas cosas… no es normal”.

Se pasó una mano por el rostro, tratando de procesar el caos.

—”Me pregunto qué eran esas cosas. Desde que salvé a Emanuel de las manos de ese Dios de mierda, me alegra que haya sobrevivido… pero lo que me preocupa es Eime”.

Carlos miró hacia el horizonte, pensando en la frialdad de Emilia.

—”Tenía que hablar con Emilia. Sé cómo es ella, fría y cruel cuando se lo propone. Nunca imaginé que estuviera tan enfadada conmigo por lo del liderazgo. Me siento agotado… ver cómo Yuki y ella se matan… solo espero que Emilia no haga sentir mal a Eime. Ya ha pasado por suficiente”.

El Reencuentro

Natsuki corrió hacia él, olvidando por un momento su rango y sus celos, pero se detuvo a pocos pasos al ver la profundidad del agotamiento en los ojos de su prometido. El silencio cayó sobre el grupo, mientras el eco de la carta de Kronos y el sueño de Yue flotaban en el aire como una sentencia pendiente.

Carlos apretó los dientes, y por un instante, sus ojos reflejaron un destello que no pertenecía a este mundo. El aire a su alrededor comenzó a vibrar con una presión gravitatoria que hizo que los restos del gas púrpura se disiparan por la pura fuerza de su voluntad.

—”Mil vueltas…”, murmuró Carlos, cerrando el puño con fuerza. “Estas cosas deben estar relacionadas con la droga del Dios Demonio. Por lo que me dijo Mael aquel día en nuestra charla, no creí que lo que planean los Abismales estuviera tan fuera de control”.

Miró de reojo a David y luego a Shirou, quien aún jadeaba tras usar su técnica ancestral. La mención de los Siete Asmales de la Calamidad hizo que un silencio sepulcral cayera sobre el grupo. Eran nombres que la mayoría solo pronunciaba en sus pesadillas, entidades que, de moverse, significarían el fin de las eras.

—”Aún no se han movido”, continuó Carlos, su voz volviéndose una sentencia gélida. “Pero ahora eso no me importa. Mi prioridad es detener a estas criaturas ahora mismo. No permitiré que este lugar se convierta en otro campo de sacrificios”.

El Despertar de la Amenaza

A medida que Carlos hablaba, la tierra bajo sus pies comenzó a agrietarse. A diferencia de la técnica veloz de Shirou, la presencia de Carlos era como una montaña cayendo sobre el bosque. Las criaturas que quedaban, seres amorfos nacidos de la corrupción de la droga, retrocedieron por puro instinto de supervivencia, algo que no deberían poseer.

Natsuki dio un paso al frente, queriendo tocar su brazo, pero la intensidad del aura de Carlos la detuvo.

—”¡Carlos, espera!”, exclamó ella. “Kronos estuvo aquí. Él… algo le pasó. Mencionó una carta, mencionó a Charlotte… ¡tienes que saberlo antes de lanzarte al combate!”.

Carlos se detuvo en seco. El nombre de su hermano y el de Charlotte actuaron como un ancla que lo devolvió a la realidad por un segundo, pero sus ojos se clavaron en el bosque, donde los rugidos de las criaturas abismales se hacían más fuertes.

—”Si Kronos está involucrado en esto por culpa de los Abismales…”, dijo Carlos sin girarse, “entonces con más razón tengo que terminar con esto rápido.

La atmósfera se volvió gélida, no por el vapor de la droga, sino por el aura de puro resentimiento que comenzó a emanar de Carlos. Sus ojos se oscurecieron, perdiéndose en un abismo de recuerdos que habían permanecido sellados bajo capas de hierro y voluntad.

—”¿A qué se refiere con la carta?”, murmuró Carlos para sí mismo, aunque su voz cargaba un peso que hizo que Natsuki retrocediera un paso. “Si Kronos está involucrado, tendría que investigar… pero de todos modos lo odio por lo que me hizo hace 32 años”.

El nombre de los traidores salió de sus labios como una maldición antigua.

—”Jamás olvido la traición que me hicieron. Charlotte y Kratos no tienen nada que ver en esto… pero el resto terminará pagando el precio”.

El Desafío al Cielo

Carlos alzó la mirada hacia el cielo encapotado, como si pudiera ver a través de las dimensiones hasta encontrar la figura que orquestaba su miseria desde las sombras. Su voz subió de tono, cargada de una furia que hizo temblar las hojas de los árboles.

—”¡Gabriel!”, rugió Carlos, y la presión espiritual fue tal que los monstruos cercanos simplemente se desintegraron. “¿Qué diablos quieres? ¿Qué es lo que realmente buscas de mí? ¿Destruirme por completo? ¡Si es así, ven y hazlo tú mismo, maldito cobarde!”.

El Silencio de los Testigos

David y Shirou intercambiaron una mirada de alarma. Conocían la fuerza de Carlos, pero este nivel de odio dirigido hacia entidades como Gabriel y los restos de su pasado era algo que rozaba la locura.

Natsuki, con el corazón en la garganta, intentó acercarse a pesar del peligro.

—”¡Carlos, escúchame! No dejes que ese odio te ciegue ahora. Kronos… él no parecía ser él mismo. Estaba sufriendo. Mencionó a tu madre, mencionó que tú eras su única luz”.

Alicia, observando desde la protección de David, apretó el diario.

—”Ese nombre, Gabriel…”, susurró ella. “Aparece en las últimas páginas del diario de mi madre. Ella lo llamaba ‘El Arquitecto del Dolor'”.

El Estallido de la Batalla

Carlos no parecía escuchar. Su mano derecha se envolvió en una energía negra y dorada, la marca de un poder que desafiaba tanto a los Dioses como a los Demonios.

—”Si quieren guerra, les daré un infierno que ni Lucifer podrá contener”, sentenció Carlos, fijando su vista en el punto donde la presencia de Kronos se había sentido por última vez.

La atmósfera se comprimió hasta volverse sólida. El sonido del bosque, los rugidos de las criaturas y hasta el viento se detuvieron en seco. Un silencio sepulcral, cargado de una malicia ancestral, barrió el lugar cuando la figura descendió del cielo como una mancha de tinta en un lienzo blanco.

Gabriel, el Abismal más poderoso de todos los tiempos, finalmente había hecho su aparición.

La presión de su aura no era física, era espiritual; un peso que aplastaba la voluntad. Natsuki, Alicia e incluso David cayeron de rodillas, con los pulmones ardiendo, incapaces de sostenerse ante la magnitud de esa presencia. Solo Shirou, apoyado en su espada y con el cabello casi blanco por el esfuerzo, logró evitar tocar el suelo, aunque sus piernas temblaban violentamente.

—”Vaya, vaya… pero mira qué tenemos aquí”, la voz de Gabriel era suave, melodiosa y, por lo mismo, profundamente aterradora. “Ha pasado mucho que no nos vemos, Carlos Tanaka… ¿o debería llamarte Demonio Nocturno?”.

El Encuentro de Dos Abismos

Gabriel caminaba con una tranquilidad exasperante, con las manos en los bolsillos y una sonrisa que no llegaba a sus ojos, los cuales brillaban con un vacío absoluto. Cada paso que daba hacia Carlos agrietaba la realidad a su alrededor.

Carlos permaneció inmóvil, su rostro era una máscara de piedra, pero sus ojos ardían con el odio acumulado de treinta y dos años. La energía negra y dorada en su mano derecha pulsaba al ritmo de su corazón, creando micro-explosiones de estática que chocaban contra el aura de Gabriel.

—”Has envejecido un poco, Carlos, pero ese olor a tragedia sigue siendo el mismo”, continuó Gabriel, deteniéndose a pocos metros, sosteniéndole la mirada de forma desafiante. “Dime… ¿todavía sueñas con los gritos de esa noche? ¿Todavía sientes el sabor de la traición en cada respiro?”.

La Tensión de los Testigos

David, desde el suelo, intentó invocar su poder, pero la mera cercanía de Gabriel anulaba cualquier flujo de maná.

—”Es… es él”, susurró David con los dientes apretados. “El Arquitecto del Dolor… Carlos, ¡no lo escuches!”.

Natsuki, con la vista nublada por la presión, solo podía mirar la espalda de su prometido. Sabía que si Carlos cedía ante la provocación, el choque entre ellos dos borraría el reino entero del mapa.

—”Gabriel…”, la voz de Carlos finalmente rompió el silencio, baja y cargada de una amenaza que hizo que incluso la sonrisa del Abismal flaqueara por un milisegundo. “¿Viniste a terminar lo que empezaste hace tres décadas, o solo viniste a morir?”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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