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The strongest warrior of humanity - Capítulo 216

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Capítulo 216: capitulo 216 Sara nos quiere explotar

—Mi hermano me envió aquí justo cuando estabas teniendo problemas con tu padre —dijo ella, observando las ruinas con una seriedad impropia de su edad—. Pero dime algo, Miguel… ¿por qué tu padre es tan agresivo con ustedes? Es la primera vez que veo algo así de cruel. Lamento mucho lo que has tenido que pasar durante estos años; en verdad lo lamento por ambos. ¿Por qué nunca nos dijiste nada? ¿Acaso no confías en mi padre o en mi hermano?

Quería hablar, quería decirle todo y soltar ese nudo que llevaba años atado en mi garganta, pero mi madre me tomó del hombro con suavidad.

—Está bien, Miguel. Yo hablaré por ti —dijo ella, dando un paso al frente.

—La razón por la cual mi hijo no podía decirles nada a ustedes es por el miedo de que nadie lo ayudara —continuó mi madre, con la voz temblorosa pero honesta—. Yo también tenía mucho miedo de que en la academia mi hijo sufriera. Cuando pasó aquello de la academia, cuando Lucifer tomó el control del cuerpo de tu hermano… supe lo que él intentó hacer por Carlos. No creí que mi hijo tuviera un amigo que se preocupara tanto por él. Si no fuera por el apoyo de ustedes, él jamás habría despertado su poder. Han estado para él cuando era mi deber estar a su lado como su madre… En verdad, yo no merezco ser su madre.

Ella bajó la mirada, hundiéndose en una profunda depresión, dejando que el peso de la culpa la doblara. Pero entonces, la hermana de Carlos le tomó la mano con una fuerza sorprendente, obligándola a sentir su presencia.

—No diga eso, señora. Usted vale más que cualquiera —le respondió con firmeza—. Tenía miedo de que su esposo le hiciera algo si desobedecía, y una mujer no debería sentir ese terror ante personas como él. Estaba tan asustada que abandonó a su hijo cuando más la necesitaba… pero sabe algo, yo no puedo juzgarla. Mi madre me enseñó que tengo que respetar a los demás y entiendo su punto. No es debilidad, es el instinto de supervivencia en un infierno.

La hermana de Carlos miró entonces a Miguel, y luego de nuevo a su madre, con una determinación que recordaba demasiado a la de su hermano mayor.

—Pero ese infierno se acaba hoy. Mi casa es su casa, y dudo mucho que Misael Sasai sea tan estúpido como para intentar poner un pie en territorio de los Tanaka. Vamos, la noche aún es larga y tienen una cita que preparar para mañana.

—¿Espera, cómo sabes sobre mi…? —balbuceé, sintiendo cómo el frío de la pelea era reemplazado por un calor súbito que me subía a la cara.

—¡Ups! sjsjs es que un pajarito me dijo que tendrías tu primera cita… —respondió ella con una risita traviesa, disfrutando de mi reacción.

Me puse tan rojo como un tomate, sintiendo que la temperatura de mis mejillas podía derretir la nieve.

—¿Te lo dijo ella? —pregunté casi en un susurro, queriendo que la tierra me tragara.

—Por supuesto, me lo dijo hace rato. Bueno, me dijo más cosas… parece que conquistaste su corazón. Eres tan guapo que ella no pudo resistirse… —continuó, dándome un codazo juguetón.

—¡Oye, oye! ¡Ya basta! No digas cosas cursis en frente de mi madre… —protesté, cubriéndome la cara con las manos, aunque era imposible ocultar mi vergüenza.

En medio de todo el caos, de los escombros y de la sangre que aún manchaba mi ropa, escuché un sonido que no había oído en años: mi madre soltó una pequeña y genuina sonrisa.

—Has crecido mucho, hijo… —me dijo, mirándome con una ternura que me desarmó por completo. Me acarició la mejilla con cuidado, ignorando el desastre a nuestro alrededor—. Me alegro de que te esté yendo bien en la academia… Me siento muy orgullosa de ti, Miguel.

—Madre… —fue lo único que pude decir.

Sentir su orgullo después de haber sido llamado “error” y “basura” por mi padre durante toda la vida fue la medicina más potente para mis heridas. Ya no importaba que la mansión estuviera en ruinas o que mi padre me odiara. Tenía a mi madre a salvo, tenía amigos que movían cielo y tierra por mí, y tenía una razón para despertar mañana.

—Bueno, basta de sentimentalismos por ahora —interrumpió la hermana de Carlos, retomando su tono decidido—. Tenemos que movernos antes de que al “señor gruñón” se le ocurra salir otra vez. Miguel, ayuda a tu madre. Los llevaré a un lugar donde el único estruendo que escucharán será el de los ronquidos de mi padre después de cenar.

Caminamos hacia la salida de la propiedad Sasai. Al cruzar el umbral, sentí como si una cadena invisible se rompiera por fin. No era el final del camino, pues el Festival del Año acechaba en el horizonte, pero esta noche, por primera vez, Miguel Sasai no dormiría como una víctima, sino como un hombre libre.

Punto de vista de Natsuki Yoshida

El viento soplaba con fuerza en aquel lugar, agitando mi cabello mientras sostenía con fuerza el colgante que Carlos me había regalado. Había pasado un mes, treinta días de silencio, de mirar hacia el horizonte esperando ver su silueta regresar de esa batalla que lo cambió todo.

Me sorprendió ver a esa mujer. Su presencia imponía un respeto ancestral; tenía los rasgos tan perfectos y una mirada tan eterna que, por un segundo, creí que la estatua de la academia había cobrado vida para custodiar el descanso de mi novio.

—¿Quiénes son ustedes? ¿Qué están haciendo en este lugar? —preguntó ella.

Su voz no era solo fría; era como el hielo que se quiebra bajo el peso de una montaña. Me estremecí, pero no retrocedí. Sentía a mi lado la presencia de **Lucía**, la fuerza de **Gojo** y la elegancia de **Arlette**. Incluso **Freya**, **Milin**, **Merlín** y **Abraham** estaban allí, formando un frente unido de amistad y esperanza que me dio el valor que me faltaban

Inspiré hondo, llenando mis pulmones de ese aire sagrado, y di un paso al frente. No iba a permitir que me intimidara, no cuando estaba tan cerca de él.

—¡Yo… yo…! ¡Mi nombre es Natsuki y soy la prometida de mi esposo! —lo grité a los cuatro vientos, dejando que mi voz resonara por todo el valle.

El silencio que siguió fue absoluto. **Gojo** soltó una risita nerviosa por lo bajo, seguramente pensando que mi declaración había sido demasiado ruidosa, y pude sentir cómo **Lucía** me miraba con una mezcla de orgullo y preocupación.

Sara no se movió. Sus ojos recorrieron a cada uno de nosotros, deteniéndose especialmente en mí. Parecía estar evaluando si mis palabras eran solo el grito desesperado de una chica enamorada o si realmente tenía la fuerza necesaria para estar al lado del hombre que yacía dentro del sello.

—Prometida… —repitió Sara, y por un microsegundo, su mirada fría pareció suavizarse, como si recordara algo de un pasado muy lejano—. Así que tú eres la razón por la cual su alma se niega a rendirse por completo a la oscuridad del sello.

Sentí un nudo en la garganta. Mis amigos se acercaron un poco más a mí, mostrándole a la guardiana que no estábamos allí por curiosidad, sino por lealtad. Estábamos allí por Carlos. Y yo, especialmente, estaba allí para recordarle al mundo que él todavía tenía un hogar al cual volver.

Ah por cierto mi nombre es Sara un gusto..

Mis ojos se abrieron como platos y sentí que la mandíbula se me caía al suelo. El aire pareció congelarse a mi alrededor mientras el nombre resonaba en mis oídos una y otra vez.

—¿¡Quéééééééééééééé!!!? —el grito salió de mi garganta al unísono con el de Lucía y los demás.

Incluso Gojo, que siempre tiene una respuesta para todo, se quedó mudo con la boca abierta. Arlette y Freya se miraron entre sí, pálidas, como si acabaran de ver a un fantasma.

—¡Eso es imposible! —exclamé, dando un paso hacia atrás mientras señalaba la estatua que todos conocíamos en la academia—. Sara Miyamoto… ¡tú eres la fundadora! ¡La heroína de las leyendas! ¡Se supone que viviste hace cientos de años!

Miré de nuevo a la mujer. Su rostro, su porte, esa elegancia letal… todo encajaba con las historias, pero tenerla frente a frente era otra cosa. Si ella era quien decía ser, entonces la persona que estaba cuidando el sello de Carlos no era una simple guardiana, sino una leyenda viviente

.

—Jeje, veo que eres la mujer que siempre molestaba a Carlos, es bueno saberlo… —añadió ella con una pizca de ironía que me hizo arder la cara de nuevo.

—… Espera, ¿cómo sabes eso? —pregunté, pasando del shock a la confusión total—. ¿Cómo puedes saber cómo me llevaba yo con él si has estado… bueno, “históricamente ausente”?

Sara esbozó una sonrisa enigmática, una que escondía más secretos de los que mis libros de historia podrían contar.

—Digamos que estar vinculada a este sello me permite ver y sentir más de lo que imaginas, Natsuki —respondió ella, cruzando los brazos—. He visto sus recuerdos, sus miedos… y sí, he visto cuánto lo sacabas de quicio.

Me quedé helada. Si ella había estado viendo los recuerdos de Carlos dentro del sello, significaba que conocía cada momento cursi, cada pelea tonta y cada promesa que nos hicimos.

—Entonces… —Lucía dio un paso al frente, recuperando la compostura— si tú eres la verdadera Sara… ¿por qué estás aquí? ¿Y qué es lo que realmente planeas hacer

Me quedé de piedra. Mis ojos iban de Sara a Lucia, y luego de vuelta a Sara, procesando lo que acababa de soltar con tanta naturalidad. ¡El cerebro me iba a explotar!

—¿¡Qué!? —solté, parpadeando repetidamente—. ¿¡Cómo que cientos de años!? ¡Pero si en todos los libros de historia de la academia sales como una figura mítica! ¡La fundadora legendaria! ¡La gente te reza como si fueras una deidad antigua!

Sara se encogió de hombros con una elegancia que me daba una envidia rabiosa, mientras Lucia y Gojo intercambiaban miradas de “no entiendo nada”.

—De dónde sacaron eso… —dijo ella soltando una risita que sonaba demasiado juvenil para ser una leyenda—. En realidad tengo la misma edad que Hina, tengo 32 años. Además, soy la más joven, al igual que ella somos las más atractivas de todo el mundo.

Me quedé helada al sentir la presión en el aire. La atmósfera alrededor de Sara empezó a vibrar, volviéndose pesada, casi irrespirable. Era como si la gravedad misma estuviera intentando ponernos de rodillas.

—Como sea, les seré clara, niños… —dijo ella, recuperando la compostura—. En estos momentos estamos en un gran problema. Mi regreso fue lo que provocó un golpe de estado.

Vi cómo, por un segundo, sus mejillas se teñían de un rojo intenso y evitaba nuestra mirada.

—Me puse nerviosa… tan nerviosa que me puse roja tras el regaño que recibí de Hina hace un mes —confesó, y luego añadió en un susurro casi inaudible—: Aunque, a decir verdad, lo disfruté bastante… emmm, bueno, eso es algo extraño para mí. Extrañaba demasiado a Hina. Lo más posible es que Luis y Noelle me den una paliza también cuando me vean.

No podía creerlo. ¡La legendaria Sara Miyamoto estaba hablando de recibir una paliza de sus amigos como si fuera una adolescente traviesa! Pero entonces, su rostro volvió a esa seriedad cortante que me daba escalofríos.

—Ejem, como les decía… sé que están preocupados por Carlos, pero en estos momentos no puedo dejar que toquen el sello.

Gojo Akinori, que hasta ahora había estado analizando el flujo de energía con sus ojos entrecerrados, dio un paso al frente.

—Ya veo… —dijo Gojo con voz grave—. Ya sé a lo que te refieres. Si lo tocamos, nos absorberá, ¿no es así? ¿Y nos quedaríamos atrapados para siempre?

—Así es —respondió Sara con firmeza, clavando su vista en él—. Veo que, para ser hijo de Rafael, eres inteligente.

—¿Conoces a mi padre? —preguntó Gojo, visiblemente sorprendido.

—Por supuesto —dijo ella mientras soltaba una carcajada que sonaba un tanto inestable.

En ese momento, el suelo bajo nuestros pies empezó a agrietarse. El aura de Sara se expandió de golpe, volviéndose tan masiva que sentí que mis pulmones se cerraban. Era una fuerza bruta, antigua y salvaje que parecía no tener fin.

—¡Sara! ¡Detente! —grité, tratando de mantenerme en pie mientras veía cómo Milin y Freya se tambaleaban—. ¡Vas a aplastarnos a todos con tu aura y ni siquiera te estás dando cuenta!

—Ahhh, ¡lo siento mucho, chicos! —exclamó Sara, sacudiendo las manos mientras el aura se disipaba de golpe, dejando que el aire volviera a nuestros pulmones—. Estaba tratando de contener a alguien… no diré nombres, pero es un dolor de cabeza constante.

—Oye, Natsuki, no te desesperes tanto por entrar ahí —intervino Lucía, poniéndome una mano en el hombro para calmar mi ansiedad—. Ya nos dijo Sara que no tenemos permitido el paso, y no queremos terminar todos sellados por accidente.

—Lo sé —respondí, apretando los puños mientras sentía las lágrimas picar en mis ojos—. Pero no puedo dejarlo ahí solo… además, su hija lo extraña. El silencio en casa es insoportable sin sus tonterías.

—Todos extrañamos a ese idiota —dijo Gojo con una sonrisa picada, cruzándose de brazos y mirando a Sara con renovada curiosidad—. Bien, ya que tenemos aquí a la “Heroína de la Esperanza”, ¿qué les parece si escuchamos lo que ha estado haciendo durante estos años? Porque, para tener 32 años, parece que has vivido más que todos nosotros juntos.

Sara soltó un suspiro largo, mirando hacia el cielo como si estuviera leyendo las nubes.

—¿Quieren saber la verdad? —preguntó, y por un momento su mirada se volvió profunda, perdiendo ese tono juguetón—. He estado en un lugar donde el tiempo no corre como aquí. Mientras ustedes crecían, yo estaba librando una batalla en las sombras para que este mundo no se desmoronara antes de tiempo. Pero claro, explicarles cómo terminé siendo una “estatua” en su academia mientras seguía cumpliendo años es una historia bastante larga y, sinceramente, un poco vergonzosa.

Se sentó en una roca cercana, haciendo un gesto para que nos acomodáramos a su alrededor.

—Si de verdad quieren saber cómo llegué a conocer a Rafael, por qué Hina me regaña como si fuera mi hermana mayor y qué tiene que ver Carlos en todo este desorden… presten atención. Porque el golpe de estado que mencioné es solo el principio de algo mucho más grande.

Sara soltó una carcajada traviesa antes de recuperar la compostura, mirando a Gojo con una mezcla de burla y honestidad brutal.

—Bueno, primer punto, Gojo… primero que nada, preséntame a tu madre. ¡Ok, no! —soltó entre risas, agitando la mano—. Fuera de bromas, ya en serio, voy a hablar claro: tu padre es el más débil que conozco. Perdón, pero tenía que ser honesta; Hina era mucho mejor candidata para ese puesto de liderazgo. Rafael tiene suerte de que yo sea paciente.

Gojo abrió la boca para protestar, pero la mirada de Sara cambió de nuevo, volviéndose profunda y pesada.

—Y por otra parte —continuó con voz gélida—, mi existencia fue lo que lo marcó todo durante estos años. A todos y cada uno de ustedes los tenía bajo vigilancia. Sé lo que ocurrió en la academia, lo sé todo… pero lo de Carlos es un caso bastante difícil de explicar.

Se acercó un paso más al grupo, haciendo que todos prestaran atención absoluta.

—Ya sabrán pronto de dónde provienen realmente Hina, Shiro, su hermano Shirou y, por último, Carlos. Son personas que nacieron con **Poder Nocturno**. Ustedes fueron testigos de lo que fue capaz el Dios Nocturno, y lo que les contó el Héroe de las Sombras sobre lo ocurrido hace mil años está ligado directamente a los **10 Legendarios Héroes**. Carlos conoce muy bien a los Abismales; por eso estaba interesada en él. Él podría ser la solución definitiva en este conflicto.

Natsuki apretó el pecho, sintiendo que el aire se volvía más denso. La mención de los Abismales siempre traía una sombra de terror.

—Y por último, hay algo más que quiero decirles —sentenció Sara, mirando a cada uno a los ojos—. Deben estar demasiado preparados para lo que viene en el futuro. Hay identidades que son bastante peligrosas, seres que se mueven entre los pliegues de la realidad y que ni siquiera ustedes, en su estado actual, podrían hacerles frente.

—¿Incluso con mi fuerza? —preguntó Gojo, esta vez sin rastro de arrogancia.

—Incluso tú, Gojo —respondió Sara con firmeza—. No estamos hablando de simples enemigos; estamos hablando de entidades que han esperado mil años para que el sello de Carlos sea la llave de su regreso. Si quieren estar a su lado cuando despierte, tienen que dejar de ser “estudiantes” y empezar a ser leyendas.

Natsuki miró el sello una última vez, jurando en silencio que no sería una carga. La era de la paz se estaba terminando, y la “Heroína de la Esperanza” acababa de declarar el inicio de la guerra.

—¡Lo siento, pero me rehúso a aceptar eso! —exclamó Gojo, cruzándose de brazos con un gesto de orgullo herido—. ¿Mi padre el más débil? ¡Eso es pasarse de la raya incluso para una leyenda!

—Oye, inútil, deja de estar de pendejo —le soltó Lucía de golpe, dándole un pequeño empujón—. Si lo que dice Sara es verdad, entonces hay cosas mucho más importantes que tu orgullo familiar.

Lucía dio un paso al frente, clavando su mirada en Sara con una intensidad que demostraba que no había estado perdiendo el tiempo este último mes.

—Dime algo, Sara… ¿sabes algo sobre los **Gigantes**?

Sara arqueó una ceja, visiblemente impresionada por la pregunta.

—Veo que has investigado bien, ¿verdad? —comentó Sara con una sonrisa de medio lado.

—Por supuesto —respondió Lucía, inflándose de orgullo—. Yo soy la más talentosa de todos los que están aquí, además de que soy una princesa. Tengo acceso a archivos que estos ni en sueños podrían ver.

—Uy, sí, claro… pero una “princesa” no debería hablar de esa forma tan vulgar, ¿no crees? —se burló Gojo, soltando una carcajada loca que resonó por todo el lugar—. ¡”Deja de estar de pendejo”! ¡Qué elegancia, su alteza!

—¡Cállate, Gojo! —le gritó Lucía, aunque sus mejillas se tiñeron de un ligero rojo—. Sara, no me ignores. Si los Gigantes están involucrados en esto y tienen que ver con los Abismales, entonces la situación es mucho más grave de lo que imaginamos. Carlos no solo está conteniendo al Dios Nocturno, está en medio de una guerra de escalas que no comprendemos.

Sara dejó de reír y su rostro volvió a esa seriedad de “32 años” que tanto pesaba.

—Los Gigantes no son solo mitos, Lucía. Son los pilares que sostenían el viejo mundo, y si están despertando, es porque sienten que el Rey ha vuelto. O en este caso, que el candidato a Rey está encerrado en ese sello.

—¿Dijiste Rey, no? Es demasiado confuso… ¿Pero qué tiene que ver realmente ese título y el sello con Carlos? —murmuró Merlín, ajustándose las gafas mientras intentaba conectar las piezas de un rompecabezas que parecía no tener fin.

Sara suspiró, mirando las inscripciones del sello que palpitaban con una luz tenue y rítmica, casi como un corazón latiendo en la oscuridad.

—Ese detalle te lo podría dar —respondió Sara, girándose hacia el grupo con una mirada cargada de exigencia—, pero ahora lo importante no son los títulos, sino que sean conscientes de lo que va a ocurrir. ¡Entrenen! Porque el Festival del Año se acerca, y la alianza que hizo Carlos con las grandes razas se hará presente. Todos vendrán a participar en esto.

Se cruzó de brazos, dejando que su aura de mando se sintiera de nuevo, aunque esta vez sin la intención de aplastarlos.

—Carlos hizo un trabajo agotador para asegurar esos lazos y mantener el equilibrio entre los dioses, los dragones y las demás razas. No quiero que lo decepcionen echando a perder todo el esfuerzo que él mismo tuvo que hacer solo. Si cuando el sello se abra ustedes no son lo suficientemente fuertes para defender esa alianza, habrán fallado como sus compañeros.

Natsuki sintió un escalofrío de determinación. El festival ya no era solo una competencia escolar o un evento diplomático; era el escenario donde debían demostrar que eran dignos de estar al lado de Carlos.

—Él confió en nosotros —dijo Natsuki con voz firme, mirando a Gojo, Lucía y los demás—. No vamos a dejar que su esfuerzo sea en vano. Si el mundo entero va a estar mirando, les enseñaremos quiénes son los amigos del “Rey”.

Sara asintió levemente, satisfecha con la chispa que veía en sus ojos.

—Más les vale. Porque en ese festival,no solo se pondrán a prueba sus habilidades, sino el destino de esta nueva era que Carlos empezó a escribir con su sacrificio. ¡Ahora andando! Tienen mucho que hacer y muy poco tiempo para lograrlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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