The strongest warrior of humanity - Capítulo 22
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22: capitulo 22 – Choque final: Sara vs.
Astaroth 22: capitulo 22 – Choque final: Sara vs.
Astaroth —¡Yo seré quien acabe contigo!
—grité con rabia contenida.
Astaroth me miró, desconcertado.
—¿Acaso te golpeaste la cabeza?
¿Tú…
derrotarme?
—su voz rezumaba incredulidad.
No esperó mi respuesta.
Corrí como un relámpago y le propiné un golpe en el rostro que lo lanzó por los aires seis metros, estrellándolo contra la roca del bosque.
La montaña tembló.
Él escupió tierra y miró alrededor, atónito.
—¡Esto no tiene sentido!
—farfulló—.
¿Cómo te hiciste tan fuerte en segundos?
Desaparecí de su vista y reaparecí a su lado, cortando la muñeca de su espada con un tajo seco.
Astaroth gimió de dolor.
—Eres demasiado lento —dije—.
¿No lo oíste?
Te lo dije: eres lento.
El demonio no tardó en reaccionar: blandió la Espada Mata-Inmortales.
Chocamos acero contra acero.
Sus llamas trascendentes rugieron en cada impacto; algunas las esquivé por milímetros, otras las detuve con la guarda.
Sin detenerme, tiré de mi arco y desaté una lluvia de flechas que cruzó el aire y mordió su carne.
Su furia se hizo visible.
Respiraba con dificultad.
—¿Qué clase de abominación eres?
—gruñó, irritado—.
¡No puede ser…!
Mi voz no vaciló.
Le hablé de lo que había sido, de por qué no me rendía: la gente que perdí, la necesidad de proteger.
Él respondió con desprecio: —No me importa tu patética vida.
Acepta que los débiles mueren.
¡Así es la existencia!
Apreté los dientes hasta que dolieron mis mandíbulas.
La rabia me subió por los brazos como un incendio.
—¡Cállate, maldito demonio!
—escupí.
Su sonrisa se torció en una mueca.
—No importa lo que hagas, lo que conoces desaparecerá frente a tus ojos.
—Sus palabras eran veneno puro.
Me reí.
Cortante.
—¿De qué te ríes?
¿De verdad crees eso?
—levanté la espada, la noche se partía bajo mi energía—.
Estás equivocado.
Activé Corte de Caos.
Relámpagos brotaron de la hoja; la energía se quebró en miles de cuchillas eléctricas que danzaron en el aire.
Me moví a una velocidad que dolía verlo: cortes tras cortes, una sinfonía de luz.
Uno de ellos le abrió una herida profunda en la mejilla.
Astaroth no pudo bloquearlo a tiempo.
Sin perder un latido, cambié de arma: la espada se transformó, o más bien, la combiné con una lanza que apareció en mis manos, blanca, pura, irradiando luz.
La Lanza de la Destrucción brillaba con una belleza terrible.
Sonreí, casi juguetona.
—¿Qué nombre le pondré?
—murmuré para mí antes de lanzarme.
Me abalancé, moviéndome inhumanamente, esquivando sus contragolpes con saltos imposibles; nuestras armas se encontraron en un choque que retumbó como trueno.
Astaroth empleó espinas demoniacas que emergían del suelo, buscando detenerme, pero yo me levanté, giré y tracé una silueta en el aire con la lanza.
Nuestras armas tronaron al chocar; él gruñó.
—¡Cállate, maldita humana!
—bramó—.
No eres rival para mí.
Tu derrota es inminente.
Su arrogancia fue su entrega.
Elevó un rayo oscuro y lanzó Rayo de Destrucción con la lanza; la energía impactó con fuerza, y la presión nos sacudió.
Con un movimiento medido, hice que la punta de mi lanza se cargara y la hundí con furia: la explosión cortó la carne y el acero.
Un brazo de Astaroth cayó al suelo, clavado entre rocas humeantes.
Su mirada perdió estabilidad.
No podía aceptarlo.
—¡Te dije que no eras rival!
—rugió sin creer lo que veía—.
¡¿Qué clase de poder es este?!
Lo vi vacilar.
Detrás de su furia había algo más: una sombra que crecía, un aura púrpura que olía a destrucción.
Sentí, por primera vez, el verdadero miedo de un humano: el abismo asomándose al alma de otro.
Comprendí que aquel mundo de ruinas que imaginé no era una invención mía: era la posibilidad de su naturaleza.
No dudé.
Aparecí frente a él y hundí la lanza directo en su abdomen; la sangre manó caliente.
Astaroth jadeó, sorprendido.
—¡Mierda…!
—fue su último rugido antes de que la tierra estallara bajo nosotros.
El impacto resonó en todo el bosque.
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