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The strongest warrior of humanity - Capítulo 23

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  4. Capítulo 23 - 23 Capítulo23 - La Última Batalla Sara vs
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23: Capítulo23 – La Última Batalla: Sara vs.

Astaroth 23: Capítulo23 – La Última Batalla: Sara vs.

Astaroth El aire se estremecía.

Fragmentos de piedra y fuego flotaban en medio de un cielo teñido de rojo.

Sara, empapada en sudor y sangre, sostenía su lanza con ambas manos.

Frente a ella, el demonio Astaroth rugía con una voz que hacía temblar los cimientos del mundo.

—¡Muere, humano insignificante!

—gritó el demonio, lanzando una llamarada negra que cortó el aire.

Sara dio un paso al frente, y en un destello de relámpago desapareció.

El trueno resonó.

Un segundo después, su lanza se hundió en el abdomen de Astaroth.

—¡Ahhh!

—El demonio rugió, su cuerpo sacudido por la descarga eléctrica que lo atravesó.

La presión mágica del demonio se elevó de golpe, empujando a Sara hacia atrás.

Ella apenas logró mantener el equilibrio.

—No pienso rendirme… no mientras el mundo siga en tus manos.

Astaroth comenzó a transformarse.

De su frente emergieron cuernos enormes y afilados, su piel se cubrió de marcas negras brillantes, y sus ojos se volvieron pozos de fuego.

—Hahaha…

—rió con una sonrisa de locura—.

¿Y ahora, qué harás, pequeña humana?

Sara alzó su mirada, desafiante.

—Te enseñaré lo que una simple humana puede hacer.

Extendió su brazo y conjuró una tormenta de energía.

Miles de púas moradas surgieron a su alrededor, cayendo como lluvia sobre el demonio.

Una explosión ensordecedora estremeció el valle.

Cuando el humo se disipó, Astaroth seguía en pie, tambaleándose, pero con una sonrisa cruel.

—¿Eso fue todo?

—No… —Sara respiró profundo—.

Apenas estoy empezando.

Un aura luminosa la envolvió.

Dejó caer su lanza al suelo y alzó su espada.

Ambas armas comenzaron a flotar, fusionándose entre destellos de energía dorada.

El viento rugió a su alrededor.

—Nunca he intentado esto antes… —murmuró—.

Pero es ahora o nunca.

De la fusión nació una nueva hoja, hermosa y aterradora, bañada en un brillo carmesí.

Sara la observó con asombro y una sonrisa infantil.

—Te llamaré… Kogarasumaru.

Levantó el arma.

—Veamos qué tan poderosa eres.

Desapareció en un destello.

Un solo golpe bastó para que Astaroth cayera de rodillas.

—¿Qué… qué demonios eres tú?

—Solo una humana —respondió ella—.

Pero una que no teme a la oscuridad.

Astaroth se levantó con furia.

—¡Maldita seas!

¡Te destrozaré!

Ambos se lanzaron el uno contra el otro.

Relámpagos y fuego chocaban en el aire.

La tierra se partía bajo sus pies.

Sara giraba su espada con elegancia, cortando los ataques demoníacos con movimientos precisos.

Astaroth gruñó, retrocediendo.

Pero Sara no se detuvo.

Cerró los ojos.

Su respiración se volvió lenta, profunda.

Una energía roja comenzó a brotar desde el suelo, tiñendo el ambiente con un fulgor carmesí.

—¡Ojos de Sangre!

—susurró.

El mundo cambió.

El cielo se volvió rojo, la luna sangrienta iluminó un océano de sangre.

Astaroth miró a su alrededor, confundido y aterrorizado.

—¿Qué… qué es este lugar?

Sara apareció frente a él, su mirada resplandeciendo como dos lunas rojas.

—Este es mi dominio.

La Luna de Sangre.

—¡Imposible!

¡Nadie puede crear un campo como este!

—Entonces serás el primero en comprobarlo.

Ambos se impulsaron hacia adelante, cruzando espadas, lanzas y llamas en una danza mortal.

Los destellos de relámpago y los rugidos de poder llenaban el aire.

Cada golpe retumbaba como un trueno.

Hasta que, finalmente, Sara reunió toda su energía.

Su espada brilló con una luz blanca.

—¡Ataque final… Depredador!

Astaroth respondió, levantando su brazo.

—¡Destello destructivo!

Ambos ataques chocaron.

El cielo se partió.

Una onda expansiva barrió todo a su alrededor.

Cuando el resplandor se desvaneció, Astaroth estaba arrodillado, el cuerpo destrozado.

—Maldición… ¿ser derrotado por una simple humana…?

—gruñó con odio—.

¡Lo pagarás!

¡Algún día volveré… y te destruiré!

Su cuerpo comenzó a desintegrarse, convertido en polvo bajo la luz de la luna.

Sara bajó su espada, jadeando.

—Eso… fue por todos los que perdiste.

Se quedó en silencio.

El amanecer empezaba a asomar entre las nubes.

El dominio desapareció, dejando solo ruinas y silencio.

Sara miró al horizonte.

—Supongo que… todo terminó.

Sabía que no podía regresar aún.

Debía permanecer oculta, al menos un tiempo.

Un portal se abrió frente a ella.

Antes de cruzarlo, miró hacia atrás y sonrió.

—Un nuevo héroe acaba de nacer… y los estaré observando, chicos.

Entró al portal, y la luz la envolvió.

El regreso de Hina Tres días después, en la Academia, Hina despertó de un largo sueño.

A su alrededor, sus amigos la miraban con lágrimas y sonrisas.

Shiro la abrazó con fuerza.

—¡Hina!

¡Por fin!

—Lo siento por preocuparlos… —respondió débilmente.

Pero su mirada buscó algo más.

—¿Dónde está… Sara?

El silencio se apoderó del cuarto.

Josué se acercó y le entregó una daga ensangrentada.

—Solo encontramos esto… Las lágrimas rodaron por el rostro de Hina.

—Sara… lo siento.

No fui lo suficientemente fuerte… Pasaron los días, y el reino celebró su victoria.

Las dos heroínas, Hina y Sara, fueron reconocidas por salvar al Rey y al pueblo.

Aunque una de ellas… jamás regresó.

Con el tiempo, Hina y Josué se casaron.

Los años pasaron, pero el recuerdo de Sara nunca se borró.

Una noche, mirando la luna, Hina sonrió.

—Sé que nos observas… ¿verdad, Sara?

Josué la abrazó por detrás.

—Ella estaría orgullosa de ti.

—Sí… mañana será un nuevo día.

La luna brilló con un leve resplandor carmesí, como si alguien, en algún lugar, sonriera también.

Continuará…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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