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The strongest warrior of humanity - Capítulo 31

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  4. Capítulo 31 - 31 capitulo 31 - El Bosque de los Espíritus
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31: capitulo 31 – El Bosque de los Espíritus 31: capitulo 31 – El Bosque de los Espíritus La noche había caído.

El bosque de los espíritus brillaba con una luz suave, mística.

Los árboles resplandecían con tonos azulados y las hojas parecían flotar en el aire.

Era hermoso, sereno… un lugar que parecía alejar el dolor.

Caminaba sola, dejando que el viento rozara mi rostro.

Por un momento sentí paz.

Pero mis pensamientos regresaban una y otra vez a todo lo que había pasado.

Eran cosas que no podíamos ver, pero que pesaban en el alma.

Un crujido.

Me detuve.

Giré la cabeza con cautela, afinando el oído.

Alguien estaba ahí.

Avancé despacio, ocultándome entre los arbustos.

Las sombras bailaban entre la luz de las luciérnagas, y entonces lo vi.

Carlos estaba tirado en el suelo.

Lloraba.

Su voz se quebraba en la oscuridad: —¿De qué sirve que yo sobreviva si no puedo ni siquiera proteger lo que tenía que proteger?

Mis labios temblaron.

No quería oír esas palabras.

Dolían demasiado.

Me quedé inmóvil, observándolo desde mi escondite, sintiendo cómo su tristeza se mezclaba con la mía.

Sin darme cuenta, pisé una rama seca.

El sonido quebró el silencio.

Carlos levantó la cabeza.

—¿Quién anda ahí?

Tragué saliva.

Salí lentamente de entre los arbustos, caminando hacia él.

Cuando llegué, me senté a su lado.

Las estrellas brillaban sobre nosotros, reflejándose en sus ojos llenos de lágrimas.

Lo miré con preocupación.

Quería abrazarlo, decirle que todo estaría bien… Pero ni siquiera yo podía creerlo.

Él y yo éramos iguales.

Ambos lo habíamos perdido todo.

Todo lo que más amábamos.

Y aun así, debíamos seguir.

Porque si no luchábamos, este mundo terminaría reducido a cenizas.

Respiré hondo y hablé con voz suave: —¿Todo bien, Carlos?

No te veo muy animado como antes.

Pensé que estarías más tranquilo aquí, en el bosque de los espíritus.

Carlos permaneció en silencio.

Bajé la mirada y continué: —Sé lo mucho que has sufrido.

Pero no podemos salvar a todos… solo hacer lo que podamos.

Las cosas no siempre salen como uno quiere.

Debes mantenerte firme, sonriente, como antes.

No dejes que tus emociones te hundan.

Tienes que levantarte… y demostrarles de qué estás hecho.

Mi voz tembló, pero seguí.

—Las personas que se han ido siguen aquí —puse una mano sobre mi pecho—.

En nuestros corazones.

No estás derrotado, Carlos.

Aún podemos proteger este mundo.

Solo confía en ti mismo… porque tú eres increíblemente fuerte.

Bueno… —esbocé una leve sonrisa—, aunque claro, no tanto como yo.

Soy la más fuerte, ¿recuerdas?

Carlos sonrió levemente.

—Gracias por darme ánimos y esperanza —dijo—, pero las cosas no serán tan fáciles.

—Tienes razón —respondí—.

En esta vida nada lo es… pero, ¿qué más da?

Levanté mi mano y acaricié su mejilla.

Mis dedos rozaron su piel con suavidad.

—Todo estará bien.

Carlos alzó la vista.

Una sonrisa verdadera se formó en su rostro.

Se puso de pie y extendió su mano hacia mí.

La tomé, dejando que me ayudara a levantarme.

Por un instante, todo pareció calmarse.

Solo el murmullo del bosque nos envolvía.

Pero entonces, el viento cambió.

Un sonido lejano, un movimiento entre los árboles.

Carlos frunció el ceño.

—¿Se acerca alguien?

Mis ojos se entrecerraron.

—¿Cómo diablos nos encontraron?

Ambos dejamos de sonreír.

Y sin decir nada, comenzamos a correr.

Las sombras del bosque se alargaban a nuestro paso, los espíritus se desvanecían al sentir la energía que nos seguía.

—¡Shiro, qué está pasando!

¿Cómo nos encontraron?

—preguntó Carlos, su voz llena de tensión.

—No lo sé —le respondí sin detenerme—.

Pero debemos huir lo más lejos posible.

El suelo tembló detrás de nosotros.

Una voz resonó en la oscuridad, seguida de un rugido ensordecedor.

Magia de Rango 8: Dragón de Fuego.

Una inmensa criatura de llamas emergió del aire, su cuerpo hecho de fuego puro.

El calor era insoportable.

El maná se desbordaba, envolviéndonos por completo.

—¿Qué es esto?

—preguntó Carlos, nervioso.

—No lo sé —contesté—, pero es hora de ponernos en guardia.

Un rayo de luz descendió desde el cielo, destrozando parte del bosque.

Las llamas se extendieron como una ola.

Los árboles ardían.

El suelo se fracturaba.

Varios hechizos fueron lanzados al mismo tiempo, convergiendo sobre nosotros.

Sentí la presión mágica cerrar el espacio a nuestro alrededor.

—¡Barrera de Agua!

—grité, activando el hechizo.

El agua giró a mi alrededor formando un escudo líquido.

Pero algo se movió a mi espalda.

Una presencia.

—¡Atrás!

—me giré, bloqueando justo a tiempo un ataque sorpresa.

La energía impactó de lleno, haciéndome retroceder varios metros.

El suelo se rompió bajo mis pies.

Miré a mi alrededor, buscando a Carlos.

Pero no lo vi.

Mi respiración se aceleró.

El fuego crepitaba.

El bosque rugía.

—¡Mierda!

—grité con desesperación.

Había perdido de vista a Carlos.

Continuará…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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