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The strongest warrior of humanity - Capítulo 33

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  4. Capítulo 33 - 33 capitulo 33 - El sello y la traición
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33: capitulo 33 – El sello y la traición 33: capitulo 33 – El sello y la traición Shiro había quedado atrapada dentro de la explosión.

—¡Mierda!

—gritó entre el humo y las llamas.

El calor quemaba el aire a su alrededor.

El suelo temblaba.

Pero Shiro no podía rendirse, no ante alguien más débil que ella.

Apretó los dientes y concentró todo su maná, reuniendo lo poco que quedaba dentro de su cuerpo.

Usó magia de fuego, creando una flecha ardiente, una llama azul oscura que iluminaba el cielo.

Apuntó directo hacia donde estaba Gabriel.

La flecha silbó como un rayo.

Impactó de lleno en su pecho, atravesándolo.

El fuego se expandió detrás de él, pero Gabriel seguía en pie, tambaleante, su mirada clavada en ella.

—No sé cómo hiciste para sobrevivir… —dijo Shiro con una sonrisa desafiante—.

Pero no pienso perder contra ti.

Se lanzó hacia él, su espada envuelta en aura.

—Técnica de la espada: Devorador de mundos.

Gabriel la miraba con admiración y miedo.

—Es difícil de creer —dijo con voz quebrada—, que con ese ataque me hayas cortado la mitad del cuerpo.

Eres alguien a quien nadie podría vencer…

—Lo sé —respondió Shiro con frialdad—.

Nadie me ha derrotado en mil años.

¿De verdad crees que tú podrías hacerlo?

Gabriel sonrió débilmente.

—No lo sé con certeza… pero te diré algo: no importa cuánto corras, ese chico será asesinado.

Shiro lo miró fijamente.

—¿Qué dijiste?

—preguntó con tono helado, apoyando su espada en su cuello.

El filo hizo un leve corte.

—Es tal como dije —rió Gabriel con una mueca—.

Morirá… asesinado por ellos.

—¿Qué quieres decir con “ellos”?

¡Espera!

No me digas que…

Una sonrisa siniestra se dibujó en el rostro de Gabriel.

—Es correcto… su propio hermano lo matará.

—¡¿Qué?!

El corazón de Shiro se paralizó.

No podía perder tiempo.

Intentó teletransportarse de inmediato hacia donde estaba Gabriel, pero de pronto su cuerpo no respondió.

El aire a su alrededor se volvió pesado.

—¿Qué demonios estás haciendo, Gabriel?

—gritó furiosa.

Gabriel extendió las manos, una luz oscura envolvió la habitación.

—¿No es obvio?

—dijo con calma—.

No dejaré que te vayas.

Tú, Shiro, serás sellada aquí y ahora.

—¡Maldito!

—rugió ella, intentando moverse, pero era inútil.

Su magia… su poder… todo había sido sellado.

Una mirada desgarradora cruzó su rostro.

—No… esto no puede ser… Los recuerdos comenzaron a invadir su mente: Carlos.

Sus sonrisas, sus batallas, sus promesas.

Todo se desmoronaba frente a sus ojos.

—Supongo… que esto era lo que querían.

Y lo consiguieron… —susurró con una sonrisa triste—.

Lo siento mucho, Carlos…

Shiro fue sellada.

Sellada para la eternidad.

El regreso de la oscuridad Carlos abrió los ojos en un lugar desconocido.

—¿Qué es este sitio…?

—murmuró.

El suelo estaba cubierto de polvo negro.

Las paredes, hechas de piedra oscura, parecían vivas.

El aire… denso, sofocante.

—Esto…

se me hace familiar…

¿No es la mansión del Dios Demonio?

—susurró.

Empujó la puerta principal.

El chirrido retumbó en el vacío.

Dentro, solo oscuridad.

Y entonces… risas.

Risas que venían de todas partes.

—¿Quién eres?

—preguntó, empuñando su espada.

Una voz familiar respondió desde las sombras.

—¿Oh, vamos, querido hermano… acaso no me darás la bienvenida?

De entre la oscuridad apareció Kronos, su hermano mayor.

Su presencia era abrumadora, su sonrisa fría.

—¿Por qué estás aquí, Kronos?

¿Qué significa esto?

Kronos se encogió de hombros.

—Lo hago por el bien de todos.

—¿De qué diablos hablas?

Pero antes de que pudiera avanzar, otras figuras surgieron detrás de él.

Kratos.

Charlotte.

Drako.

Oscar.

Ascan.

Todos estaban ahí.

Sus antiguos aliados.

—No puede ser… —susurró Carlos, incrédulo—.

Ustedes… Kratos habló con voz grave.

—Esto era inevitable.

Eres una amenaza demasiado grande.

Charlotte sonrió con tristeza.

—Y Shiro… también fue sellada.

Todo salió tal como planeamos.

Carlos apretó los puños.

—¡Traidores!

¡Confié en ustedes!

¿Mi amistad no significó nada?

Kronos lo miró con frialdad.

—Fue un error, hermano.

Y ahora… ha llegado el final.

Carlos levantó su espada, temblando de ira.

—No.

No me rendiré.

No dejaré que se salgan con la suya.

Se lanzó a toda velocidad, apareciendo detrás de Kronos.

Le propinó un golpe, pero Kratos atacó por la espalda.

Carlos lo esquivó, solo para recibir de lleno el destello sagrado de Charlotte.

Una explosión blanca lo envolvió.

Su cuerpo cayó de rodillas, sangrando.

—¡Maldita sea…!

—murmuró, intentando levantarse.

Detrás de él, Drako, Oscar y Ascan desataron una tormenta de magia combinada.

El impacto lo arrojó contra el suelo.

Casi no podía moverse.

Pero aún así, no se rindió.

—¡Dios del Rayo!

¡Corte Dimensional!

—rugió.

Su espada cortó el aire.

El suelo tembló.

Una explosión destruyó por completo la mansión del Dios Demonio.

Carlos avanzó, espada en mano, directo hacia ellos.

Pero… antes de alcanzarlos, algo lo detuvo.

Una barrera oscura lo envolvió.

Su poder desapareció.

Su magia se desvaneció.

Incluso su poder nocturno se extinguió.

Gabriel apareció frente a él, intacto.

—¿Sorprendido de verme con vida?

Carlos cayó de rodillas.

Los rostros de sus antiguos camaradas lo observaban con frialdad.

—Juro… —dijo con voz quebrada—.

Que algún día… los haré pagar.

Kronos se acercó lentamente, espada en mano.

—Lo dudo, hermano.

Es hora de que te despidas de este mundo.

El filo descendió.

Corte limpio.

La ejecución fue realizada.

Silencio.

El regreso Una luz blanca.

Un suspiro.

Carlos abrió los ojos.

—¿Dónde… estoy?

—Me alegra que te hayas despertado, Carlos —dijo una voz familiar.

Era Natsuki.

Ella sonreía, aliviada.

—¿Qué… qué me pasó?

—Cuando estábamos en el restaurante te desmayaste —explicó—.

Tal vez te sentías mal.

No pienses demasiado en eso.

Carlos respiró hondo.

—Ahora que lo mencionas… lo recuerdo.

Iba a irme… y después… Natsuki colocó sus manos sobre sus mejillas.

—Me alegra mucho que estés bien —dijo con una sonrisa cálida.

Carlos bajó la mirada, avergonzado.

—Lamento haberte preocupado…

—No tienes por qué —dijo ella suavemente—.

Ah, por cierto, Mío dijo que tenía sueño, así que nos quedamos en su casa.

Está dormida en su habitación.

—¿Espera qué?

¿Estamos en casa de Mío?

Natsuki rió.

—¿No es obvio, tonto?

Carlos sonrió con cansancio.

—Supongo que sí… —Bueno —dijo ella acercándose a la puerta—, también me iré a dormir.

Que tengas una hermosa noche… amor mío.

La puerta se cerró.

El silencio volvió.

Carlos se recostó mirando el techo.

—Supongo que muchas cosas están por venir… —susurró.

Continuará…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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