The strongest warrior of humanity - Capítulo 43
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43: capitulo 43 El precio del sacrificio 43: capitulo 43 El precio del sacrificio Pasaron los días tras la partida de Henry.
Todo ocurrió tan rápido… Nos dio una oportunidad de escapar, pero ¿a qué costo?
No hice nada.
Si tan solo hubiera sido lo suficientemente fuerte… podría haber evitado su muerte.
Pero fallé.
Ahora, con todo esto… ¿qué se supone que haga?
El peso de la culpa me ahogaba.
Tal vez debía caminar un poco, despejar mi mente.
Aún tenía algo por hacer.
El bosque prohibido Las horas pasaron mientras me internaba en el bosque prohibido.
Buscaba la espada sangrienta, y el aire estaba quieto, pesado.
El día seguía claro, pero el silencio era antinatural.
No había monstruos, ni señales de vida.
Todo a mi alrededor parecía muerto.
No sentía magia.
Era como si todo rastro de ella hubiera desaparecido.
Canalicé mi mana, uní mis manos para iniciar la búsqueda… pero encontré algo distinto.
Un huevo.
Me quedé inmóvil.
No era lo que buscaba, pero… estaba ahí.
Intrigado, avancé más profundo en el bosque.
Los árboles resplandecían suavemente, como si guardaran un secreto antiguo.
Sus hojas brillaban con una luz trascendente.
Aquella visión me dio una extraña paz, una calma que hacía tiempo no sentía.
Entonces lo vi.
Un dragón.
Dormía, o al menos eso creí.
Pero al acercarme, vi la sangre en sus escamas.
Mi pecho se contrajo.
Estaba muerto.
—Así que ese fue tu final… Dragón de la Felicidad —susurré—.
¿Cómo pudiste morir así?
Bajé la mirada, desconsolado.
Pero el huevo… el huevo seguía intacto.
¿Qué debía hacer?
¿Llevarlo conmigo?
Criar un dragón… ¿podría hacerlo?
Mis manos temblaban, pero una sonrisa brotó entre la tristeza.
—No soy de los que abandonan a los suyos —me dije—.
Ya lo decidí.
Me lo llevaré.
Con cuidado, envolví el huevo en mi chamarra y lo sostuve entre los brazos.
Mientras caminaba, encontré la espada que buscaba.
La espada sangrienta.
Por fuera, sonreía al haber hallado ambas cosas.
Pero por dentro, seguía dolido… por no haber sido más fuerte.
Aun así, sabía que ese era solo el comienzo.
Las puertas del destino se abrían frente a mí, mostrando caminos que aún no comprendía.
El héroe caído Dos días antes, los caballeros sobrevivientes habían sido convocados en el reino.
Uno no regresó.
Henry.
Su sacrificio nos salvó a todos.
Le rindieron homenaje en el altar.
Su cuerpo jamás fue hallado, pero su espada sí.
Me acerqué a la foto que lo mostraba con su eterna sonrisa.
—Henry… lograste darnos tiempo.
Te convertiste en un héroe, no solo para el reino, sino para tu familia.
Su esposa lloraba sin consuelo.
Su hija… no la vi.
Quizás ya supo la verdad.
—Ojalá no haga algo imprudente —susurré—.
Prometo que haré todo lo posible para que sea tan fuerte como tú… o más.
Una leve sonrisa se formó en mis labios.
La espada sellada Regresando al bosque, mis pasos me llevaron hacia un claro donde la espada sangrienta reposaba.
Estaba encadenada con cadenas doradas, como si una deidad la hubiera sellado.
Dejé el huevo con cuidado en el suelo.
Me acerqué… pero al intentar tocarla, choqué contra una barrera invisible.
El aire vibró.
Un campo mágico la protegía.
—Vaya, esto será un problema… —murmuré.
Pensé rápido.
¿Romperlo con un golpe?
No… sería un error.
¿Y si uso mi poder nocturno?
Coloqué mi mano sobre el escudo.
Dejé fluir la oscuridad dentro de mí, canalizando el poder nocturno hasta que el hechizo se deshizo como humo.
—Al fin… —respiré con alivio—.
Bien, es hora de tomar la espada e irme antes de que algo más ocurra.
La empuñé.
Brillaba intensamente.
Pero en un instante, la luz se apagó.
—¿Qué pasa?
¿Necesita… mi sangre?
No dudé.
Mordí mi dedo y dejé caer una gota sobre la hoja.
La espada reaccionó al instante.
Una onda de mana estalló en el aire, sacudiendo el bosque.
Era hermosa.
Su tono carmesí se mezcló con mi sangre, viva, poderosa.
—Veamos qué puedes hacer… Ejecuté un Corte de Sangre.
El filo surcó el aire y un árbol se partió en dos.
Luego otro… y otro más.
Los cortes se multiplicaron, imposibles de rastrear.
—Interesante —sonreí—.
Puedo usar múltiples cortes sin que sean detectados.
La espada vibraba en mi mano, como si compartiera mi emoción.
El regreso Guardé la espada.
Recogí el huevo.
El bosque seguía en silencio mientras caminaba hacia la salida.
Las hojas susurraban bajo el viento.
A pesar de todo, sonreí.
Mañana comenzaría mi ingreso a la academia.
Y aunque el pasado aún pesaba… algo dentro de mí ardía con nueva determinación.
Esto será interesante.
Continuará…
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