The strongest warrior of humanity - Capítulo 44
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44: capitulo 44 directo hacia la academia 44: capitulo 44 directo hacia la academia Atardecer y silencio El sol comenzaba a ocultarse cuando llegué a casa, un poco más tarde de lo habitual.
El cielo se teñía de naranja y las sombras se alargaban en el suelo.
Subí a mi habitación con el cuerpo cansado y la mente llena de pensamientos.
“Hoy ocurrieron demasiadas cosas…” —murmuré.
Primero, el huevo del dragón.
Su madre había sido asesinada… de la forma más cruel imaginable.
Pero… ¿cómo pudo morir de esa manera?
Las dudas me revolvían la cabeza, pero lo que más me inquietaba era lo que estaba por venir.
Suspiré.
—Bueno… sea lo que haya pasado, tengo que averiguarlo.
Mañana me marcho, y hay cosas más importantes por hacer.
Me dejé caer sobre la cama, cerrando los ojos.
El cansancio me venció.
Amanecer y visita inesperada No sabía qué hora era cuando desperté.
La luz del amanecer apenas rozaba las cortinas.
—Parece que es temprano… ¿no?
—murmuré, medio dormido.
De pronto, alguien tocó la puerta.
Me levanté y abrí.
Era mi hermana menor, Karen.
—¡Holi!
Buenos días, hermano.
¿Cómo dormiste?
—Pues… bien, eso creo.
Karen me miró con una sonrisa traviesa.
—Mmm… no me engañas.
No dormiste bien.
¿Así piensas ir a la academia?
—Sí, sí, ya lo sé, hermana.
No tienes por qué recordármelo.
Igual iba a darme una ducha.
Karen quedó pensativa, mirando al vacío.
—¿Se puede saber qué estás pensando ahora?
—Ah… pues… Preferí no seguir escuchando.
Seguro estaba imaginando cosas raras.
—Si me disculpas, voy a darme un baño.
Puedes esperarme en la sala si quieres.
—Está bien, hermano.
¡Pero no tardes!
Karen se alejó con una sonrisa.
La vi irse, y por un momento, todo volvió a la calma.
El nacimiento “Bien, supongo que debo hacer algo antes de que—” Un crujido me interrumpió.
El cascarón se había roto.
—No puede ser… ¿nació?
Miré alrededor.
Nada.
Pero al volver la vista hacia mi cama, la vi: una pequeña criatura jugando con mi sábana.
Me acerqué.
La levanté con cuidado.
Era una niña… con una cola de dragón.
—¿Una… semi-humana?
La niña sonrió.
—¡Papá!
—gritó, abalanzándose sobre mí.
Me quedé helado.
¿Papá?
¿De verdad creía que yo era su padre?
Mi corazón se encogió.
No podía decirle la verdad sobre su madre.
—Supongo que… tendré que fingir serlo —susurré—.
No quiero verla sufrir.
Le sonreí.
—Por supuesto que soy tu padre.
Sus ojos brillaron con una luz pura.
Se parecía a mí más de lo que esperaba.
—Debo protegerla —pensé—, sin importar lo que sea.
—Te llamarás Yue.
¿Qué te parece?
—¿Yue…?
—repitió ella, con una sonrisa radiante.
Era perfecta.
—Bien, Yue.
Papá tiene que darse un baño.
No me tardo, ¿sí?
La pequeña asintió, bostezando, y se quedó dormida entre las sábanas.
Karen y la revelación Después de bañarme y vestirme, regresé a la habitación.
Pero la escena que encontré me dejó paralizado.
Karen estaba allí… cargando a Yue entre sus brazos.
—¡Papá, ya llegaste!
—dijo Yue con una sonrisa inocente.
“¡Mierda!
¿Qué le voy a decir a Karen ahora?” —Hermano… —Karen me miró con una expresión seria—.
Mírame a los ojos.
—Este… —Tendrás muchas explicaciones que darme, hermano mayor.
Le conté todo.
Cómo encontré el huevo.
Cómo el dragón había muerto.
Cómo Yue nació.
Karen suspiró.
—Todo eso tiene sentido… pero podrías haberme contado.
—Si te conozco, lo habrías dicho a todo el mundo.
—¿Crees que yo haría eso?
—Te conozco, hermana.
Eres muy chismosa.
Karen frunció el ceño.
—Parece que quieres que te dé una paliza, ¿verdad?
—No, gracias, así estoy bien.
Solo… guarda el secreto.
—Está bien.
La niña es adorable, se parece a ti cuando eras pequeño.
Me sonrojé.
—Ejem… no importa eso.
—¿Y qué harás con ella?
Hoy nos vamos de casa, ¿recuerdas?
—Cierto.
La llevaré conmigo.
Karen sonrió.
—Perfecto.
Eres su padre, hazte responsable.
—¿Desde cuándo le dices sobrina?
—Desde que la vi.
Me encariñé al instante.
No pude evitar reír.
—Está bien.
Prepara todo, tenemos que despedirnos de nuestros padres.
El juicio de la madre Mi madre nos esperaba en la sala, tomando té.
—Carlos —dijo, con voz suave pero firme—.
¿Podrías explicarme por qué hay una semi-dragona en mi casa?
Tragué saliva.
—Bueno, madre, verás… Le conté todo, desde el bosque prohibido hasta el huevo.
—¿El dragón de la felicidad?
—repitió, impresionada—.
Eso no puede ser.
Era el más poderoso.
¿Cómo pudo morir?
—Eso mismo me pregunto, madre.
Pero no podía abandonarla.
Ella asintió lentamente, con el rostro preocupado.
—Todo esto es… un misterio.
—Madre… quería pedirte algo.
¿Puedo quedarme con Yue?
—¿Yue?
¿Le pusiste nombre?
—Sí, me ve como su padre.
—¡Espera, qué!
—exclamó, casi derramando el té.
—Sé que es una gran responsabilidad, pero… pensaba llevarla a la academia conmigo.
—Si crees poder hacerlo, adelante.
Pero tendrás que hablar con tu padre.
Conversación con Hina —Madre… una pregunta más.
¿Crees que mi poder es demasiado fuerte?
Su mirada cambió.
Se volvió grave.
—Eres fuerte, hijo.
Solo que aún no sabes cómo usar tu poder.
No te desanimes.
Yo… también fallé una vez.
Sus ojos se nublaron de tristeza.
—Dejé que el odio me consumiera.
No quiero que pases por lo mismo.
Protégete, y protege a quienes amas.
Sus palabras me golpearon.
No podía contarle la verdad sobre mi vida anterior.
—Tengo que cambiar el rumbo de la historia —pensé—.
Cueste lo que cueste.
—Bien —dijo ella con una sonrisa cálida—.
Vamos, tu padre nos espera.
El patriarca En la entrada estaban Abrán y Karen, esperándonos.
—¡Vaya, llegas tarde, hermano!
—rió Karen.
—Ya vas a empezar con tus bromas… —Vamos, no seas tan serio —agregó Abrán, divertido.
Entramos juntos al despacho.
El patriarca, mi padre Josué, nos esperaba sentado, con una mirada imponente.
—Me alegra verlos, hijos míos —dijo con voz grave—.
Felicitaciones por su ingreso a la academia.
Les esperan desafíos, metas y pruebas.
Confíen en ustedes mismos… y superen lo que yo alguna vez fui.
Mi madre lo miró, sorprendida.
—Vaya, no sabía que podías ser tan cariñoso, Josué.
—¿A qué viene eso, Hina?
—Nada, solo quería ver tu cara —rió ella.
Josué suspiró.
—En fin… tengo algo para ustedes.
Le entregó a Abrán un objeto misterioso.
—Lo sabrás cuando estés en peligro —dijo con seriedad.
Luego miró a Karen.
—Y para ti, esta espada.
La mandé fabricar especialmente.
Karen la sostuvo con asombro.
—Es hermosa… y tan afilada… —No se te ocurra probarla conmigo —le advertí.
—¿Miedo, hermano?
—rió ella.
—No empieces.
Mi madre intervino.
—¡Karen, respeta a tu hermano!
Karen bufó, guardando la espada.
Entonces, mi padre se volvió hacia mí.
—Carlos.
No tuvimos mucho tiempo juntos, pero quiero que lo recuerdes: no te rindas.
Tengo grandes expectativas en ti.
—No te fallaré, padre.
Te demostraré que puedo proteger a todos.
Josué sonrió apenas, su mirada sombría e intensa.
—Eso espero, hijo mío.
— Rumbo al destino Subimos al carruaje.
Yue se acurrucó en mis brazos.
—Papá, ¿a dónde vamos?
—A la academia, pequeña.
Pronto lo entenderás.
El carruaje avanzó entre caminos y árboles.
Afuera, el mundo parecía en calma… pero dentro de mí, algo ardía.
“¿Qué quiso decir mi padre con eso?
¿Se avecina una guerra?” Miré el horizonte, decidido.
“Si es así… entonces dependerá de mí cambiarlo.” El viento sopló.
El viaje apenas comenzaba.
Continuará.
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