The strongest warrior of humanity - Capítulo 50
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- Capítulo 50 - 50 capitulo 50 El encuentro con Shirou y la clase de magia
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50: capitulo 50 El encuentro con Shirou y la clase de magia 50: capitulo 50 El encuentro con Shirou y la clase de magia Shirou había venido hacia nosotros para conocerme, pero me di cuenta de algo: mi hermana y él estaban juntos.
Me quedé pensando por un momento, intentando entender de qué se trataba.
Por unos segundos miré hacia otro lado.
Allí estaba la señorita Freya-sama, observándome con una mirada fría, como si estuviera molesta conmigo.
No le di importancia.
—¿Sucede algo?
—preguntó Shirou con una sonrisa simpática.
—No es nada… solo estaba pensando en algo —respondí.
—¿Y de qué se trata?
—preguntó curioso.
—Es algo privado, Shirou.
¡No seas chismoso!
—En fin, ¿podrías decirme por qué estabas tan cerca de mi hermana?
—Ah, bueno… eso tiene una explicación, Carlos.
En verdad, ella es mi compañera de habitación.
A decir verdad, no sabía que era tu hermana menor.
Pero iba acompañada con una niña… pensé que también era nuestra compañera, pero resultó ser tu…
Me acerqué rápido a Shirou y puse mi mano sobre su boca.
—¡Oye, no digas eso en voz alta!
—le susurré al oído.
Los demás nos miraron confundidos.
—¿Dijiste algo, Shirou?
—No… no dije nada —respondió él nervioso.
—¿Estás seguro?
Porque escuché que dijiste algo, pero no oí bien.
Suspiré en voz baja.
Me alegro de que no hayan escuchado lo que dijo este idiota.
Golpeé a Shirou en la nuca.
—Deberías tener más cuidado, Shirou.
—¿De verdad era necesario golpearme en la cabeza?
—No tenía otra manera de responderte.
Además… ya debes saberlo: esa niña es mi hija —le susurré.
—Lo sé.
En verdad me sorprendió cuando la vi.
Aunque, a decir verdad, se parece mucho a ti… y eso que es una semi-humana.
—¿Mi hermana te contó todo?
—pregunté nervioso.
—Sí, me lo dijo todo.
Y entiendo que la hayan traído aquí, pero sabes que eso es un gran problema.
En esta escuela no se puede traer niños.
—Pero hay una forma de que no se den cuenta.
Ella es mitad humana y mitad dragón.
Puede transformarse para que no la detecten.
Puedes poner pretextos a los profesores sin problema.
No entiendo por qué Shirou me está ayudando con esto… —Puedo preguntarte algo, si no te molesta —dije con cautela.
—Claro, dime.
—¿Por qué me estás ayudando?
—Tengo mis propias razones, Carlos.
Hay algo que quiero hablar contigo… pero ahora no es el momento.
Si quieres, puedes venir más tarde y ver a tu hija.
Pensé por un momento.
No sé qué busca Shirou de mí… pero al menos puedo ver a Yue por las tardes.
Saber que está en buenas manos, con él y mi hermana, me tranquiliza.
Pensaba que podría estar en peligro, pero veo que no hay necesidad de preocuparme.
Si no llego a tiempo a mis primeras clases… ahí sí debo preocuparme.
—Me tengo que ir, Shirou.
Nos vemos más tarde.
—Está bien, viejo amigo —respondió con una sonrisa bondadosa.
Caminé rápido hacia el aula.
Llegué justo a tiempo.
El profesor aún no había llegado.
Si no mal recuerdo, esta clase se llamaba Control de Magia.
Todos mis compañeros me miraban.
Algunas chicas parecían emocionadas de verme; tal vez sabían quién era.
Supongo que eso ya es normal para mí.
Por otro lado, los chicos me miraban con desprecio.
No entendía por qué.
Encontré una butaca libre al final, junto a la ventana.
Me senté ahí.
Desde ese lugar podía ver los árboles y todo el patio.
A mi lado estaba Lucía, la chica popular de la academia.
Me sorprendió verla en esta clase.
Aunque… no se la veía muy contenta.
Más adelante estaban Natsu y Gojo, en la segunda y tercera fila.
Debe estar molesta Natsu.
Y Gojo… solo me hace caras tontas.
—En fin —murmuré—, solo voy a prestar atención.
Aunque… el profesor ya se tardó mucho, ¿no?
Miré por la ventana unos segundos.
Afuera, varios practicaban magia.
Y ahí estaba María, sentada bajo un árbol, leyendo un libro con una sonrisa encantadora.
De pronto me vio y me saludó.
Le devolví el saludo.
Me hizo unas señas.
Decía que nos viéramos después de clases.
Le respondí con gestos que sí.
El profesor llegó finalmente.
—¡Buenos días, alumnos!
Perdón por el retraso, jejeje —dijo.
—Mi nombre es William, y hoy les enseñaré cómo controlar su maná y canalizarlo correctamente.
Muchos se preguntarán cómo hacerlo.
Es sencillo… y a la vez, complicado.
El profesor William explicaba con calma, pero algo llamó su atención.
Se trataba de Melissa, que también estaba en mi clase.
Guardó silencio por un momento.
—Bien, chicos, es hora de que practiquen.
Yo los estaré ayudando.
Antes de eso, dio una breve explicación: —El maná es una fuente de magia.
Pero no es la única.
Lo que nadie nota es que puede manifestarse de diferentes maneras.
—Necesitaré un voluntario —anunció.
Nadie levantó la mano.
Estaba a punto de hacerlo, cuando alguien se adelantó.
Era Lucía.
—Oh vaya —murmuró el profesor—, no esperaba que la chica con el primer lugar de la academia se ofreciera.
Todos comenzaron a murmurar, pero el silencio volvió cuando Lucía caminó al frente.
Era como si el tiempo se detuviera.
Nadie lo notaba, excepto el profesor y yo.
Esta alumna tiene algo que no entiendo… pensó William.
Su talento es increíble.
Pero no esperaba que pudiera alterar el equilibrio solo con caminar.
Parece que en esta generación hay personas con un gran potencial… me recuerda a cierta persona que desapareció hace años.
—Bien —continuó—, presten atención.
Lo que verán será lo que practicarán después.
—Lucía, ¿qué tipo de magia usas actualmente?
—preguntó William.
—Domino cualquier tipo de magia.
Pero usted preguntó sobre el maná y sus tipos, ¿no es así?
Puedo enseñarles dos por el momento.
Todos se quedaron en silencio.
El profesor no lo podía creer.
¿Dos tipos de maná?
En mis tiempos tardábamos diez años en descubrir eso… —Bien —dijo William—, ¿cuáles son esos dos tipos?
—El primero es el maná normal, el flujo natural de nuestra magia.
El segundo es el liberador de magia, conocido como descontrol de maná.
Muchos no saben si es bueno o malo, pero es útil contra oponentes poderosos.
—Por ejemplo —continuó—, si enfrentamos a un demonio superior o inferior, debemos entender su uso y potencial.
—No todos pueden usar maná —agregó—, depende de quién lo manifieste.
—El tercero es conocido como infinito.
—¿Infinito?
—murmuró William.
—Sí.
Solo unos pocos poseen esa cantidad de poder.
Entonces, una voz interrumpió.
—Perdón… pero por lo que veo, no estás del todo informada.
Esa voz…
Gojo se levantó de su asiento y caminó hacia el frente.
—Yo soy el usuario del maná infinito.
Fui el primero en manifestarlo hace años.
Pero no vengo a hablar de eso… sino del peligro que conlleva.
Su sonrisa era arrogante, pero su tono, seguro.
Lucía lo miró irritada.
Maldito Gojo… ¿por qué me metes en problemas?
pensé.
Suspiré.
No tienes remedio… te pareces a Shirou, otro idiota.
El profesor comprendió el alcance de lo que decía Gojo.
—Además —continuó él con una sonrisa—, tal vez no soy el único que lo posee.
Lucía frunció el ceño.
Su mirada era fuego.
Y sin pronunciar conjuro alguno, invocó una ráfaga ardiente.
El golpe lanzó a Gojo hacia mí.
Lucía me miró con frialdad.
“La próxima controla bien a tu amigo, si no quieres que te golpeen a ti.” Suspiré.
¿Por qué todo me pasa a mí?
¿Ahora vendrán los de tercero a molestarme también?
—Lucía —dijo William con firmeza—, eso no estuvo bien.
—Pero profesor, él empezó.
Se burló de mí… y eso no lo soporto.
Me reí en voz baja.
Tan fría… y a la vez tan adorable cuando se enoja.
—¿Te parece gracioso, Carlos?
—preguntó ella, furiosa.
—¿Qué?
¡Demonios!
Nuestras miradas se cruzaron.
—Te voy a destruir en los próximos días —dijo con una sonrisa siniestra—.
Espero que estés preparado.
Cuando te vea tirado en el suelo, me reiré sin parar.
William se levantó.
—Ya fue suficiente.
Por ahora, concéntrense en manifestar su poder.
Se sentó en el suelo, cruzó los brazos y cerró los ojos.
Su respiración se volvió profunda.
Una luz dorada emanó de su cuerpo.
Su maná brillaba con tanta intensidad que todos temblaron.
Era impresionante.
Pensé: Si hago lo mismo que el profesor, ¿podré resolver mi problema?
Pero sabía que no sería tan fácil.
Controlar y canalizar mi magia llevaría años de entrenamiento.
Mi poder nocturno se volvía más agresivo cada día.
Si no aprendía a dominarlo, podría lastimar a alguien de verdad.
Suspiré.
Con esta clase ya entendí lo que debo hacer.
Continuará…
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