Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The strongest warrior of humanity - Capítulo 51

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 51 - 51 capitulo 51 un logró seguro
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

51: capitulo 51 un logró seguro 51: capitulo 51 un logró seguro Capítulo – El punto de vista de Carlos Tanaka Sánchez Al pensarlo, tenía dudas sobre las enseñanzas de William.

Lo analicé con más calma, pero algo andaba mal.

Me concentré para controlar y fluir mi maná al mismo tiempo.

Una figura se mostraba frente a mí, pero no se veía bien.

El desconocido me observaba con una sonrisa.

—Tarde o temprano nos volveremos a ver, sensei —dijo.

Al escuchar esa voz misteriosa, abrí los ojos.

No sabía quién era esa persona, no logré distinguir su rostro.

Algo no andaba bien en mí.

—¿Me acaba de llamar sensei?

—¿Acaso hay algo que yo no he descubierto?

¿O será que aún no he recuperado todos mis recuerdos?

Me alteré de preocupación; no sabía exactamente qué estaba pasando.

El profesor William miraba a Carlos, alterado.

—Carlos está teniendo problemas con su control del maná… su apellido es Tanaka Sánchez, ¿cierto?

Hijo de Hina Sánchez y Josué Tanaka… ya veo.

Igual que su madre, le cuesta dominar su magia y controlarla.

Me dirigí hacia él, preocupado.

Su reacción no era normal, algo lo estaba atormentando.

—¿Tienes algún problema con la práctica, Carlos?

—preguntó William con tono amable.

—No… bueno, sí —suspiré—.

Hay cosas que no entiendo, y no se trata de sus enseñanzas, sino de mis propios problemas.

—Ya veo.

No te preocupes, Carlos.

Yo te ayudaré con eso.

—¿Y cómo piensa ayudarme?

—Eso es lo de menos.

Tú confía en mí —respondió William riendo.

—Está bien, sensei.

Después de todo, usted es quien me está ayudando.

William puso sus manos sobre mi espalda mientras yo me concentraba… y entonces algo ocurrió.

Pude verlo: tan brillante, tan puro.

Mi maná era refrescante, como la calidez de un dragón azul del mar de las estrellas.

Todos sintieron aquella energía.

Melissa miraba con admiración.

—Es increíble… su maná es hermoso y cálido.

Mi corazón se siente tranquilo al sentirlo —susurró.

—¿Será que él podría ayudarme con mi problema?

—pensó, tratando de ocultar su tristeza tras una sonrisa.

La observé.

Melissa sonreía, pero estaba destrozada por dentro.

Sentí un nudo en el pecho.

Su padre, Henry… lo recordaba.

Un buen amigo, y la promesa que le hice: ayudarla a ser fuerte.

Hay cosas que aún no se han resuelto.

Tarde o temprano lo sabrá.

Tal vez me odie, tal vez me culpe… pero debo ayudarla.

William observaba mi maná, intrigado.

—Esto es nuevo… No pensé que su problema fuera la concentración.

Parece resuelto, pero noto algo: su poder aumenta a medida que pasa el tiempo.

—Puedo estar seguro de algo —murmuró—: algún día, Carlos será alguien mucho más poderoso.

Sin embargo, algo le preocupaba.

—Bueno, ya sabré qué pasará luego.

Por hoy, la clase ha terminado.

—Bien, chicos, hasta aquí por hoy.

Mañana haremos una prueba de magia.

—Ya pueden retirarse —anunció William.

La clase terminó.

Todos se marchaban, pero Melissa permanecía sentada, mirando por la ventana.

Me acerqué.

—¿Todo bien, Melissa?

No te veo de buen humor.

—Ah, hola Carlos… te diste cuenta, ¿verdad?

—Así es.

Hace un momento te noté… ¿de verdad estás bien?

Melissa se mordió el labio; las lágrimas cayeron por su rostro.

Bajó la mirada.

No podía dejar que siguiera sufriendo.

La abracé con fuerza.

—Todo va a estar bien, no tienes por qué cargar con tanto dolor.

Henry… tu hija te extraña.

No debiste sacrificarte por nosotros.

Si tan solo tú y los demás se hubieran ido… ella no estaría sufriendo así.

Para ella fuiste su héroe, su ejemplo.

Por eso querías que yo fuera su sensei, ¿no?

—Melissa, lamento mucho lo de tu padre… de verdad, lo siento.

No podía soportar verla sufrir así.

Me disculpé con ella, aunque no tenía culpa alguna.

Pero me di cuenta de algo: Melissa tenía un corazón puro, igual que su padre.

Su muerte la marcó… pero algún día, ella misma será capaz de derrotar ese dolor.

—¿Por qué te disculpas conmigo?

Tú no hiciste nada malo —dijo con una débil sonrisa.

Quise decirle la verdad, pero no era el momento.

Primero debo ser su amigo.

La miré con ternura, acariciando su mejilla.

Se sonrojó.

—No es nada… solo estaba preocupado por ti.

—Gracias por animarme, Carlos.

Pero tengo miedo… miedo de perder a alguien más en mi vida.

—A veces no podemos salvarlos a todos, Melissa.

Pero sí podemos proteger a los nuestros.

—¿En serio?

¿Cómo puedo hacerlo?

—preguntó con emoción.

—Tienes que volverte fuerte, y yo te ayudaré a mejorar tus habilidades.

—¿De verdad?

—Por supuesto.

Siempre cumplo mi palabra.

Melissa sonrió, aliviada.

De pronto recordé algo.

—¡Maldición!

Tenía que encontrarme con María.

—Ve, Carlos, tienes cosas importantes que hacer.

—¿Estás segura?

—¡Claro que sí, tonto!

—Está bien.

Nos vemos en la próxima clase.

—¡Nos vemos, Carlos!

Salí corriendo del salón.

Ayer, María me había dicho que me enseñaría todo sobre la magia y las academias.

Llegué a la biblioteca; ella me esperaba, observando los estantes.

—Oh, Carlos, ya estás aquí —dijo con una sonrisa.

—Sí, acabo de llegar —reí, algo nervioso.

—No te pongas así.

Si nos ven, pensarán que estamos saliendo —bromeó.

—¿Entonces por qué te sonrojas, María?

—¡Eso… no es nada!

Ven, busquemos unos asientos para hablar de lo que dijimos ayer.

Mientras caminábamos, me miró con curiosidad.

—Carlos, ¿puedo preguntarte algo sobre ti?

—Claro, lo que quieras.

—Tu personalidad me intriga.

Eres serio, de pocos amigos, pero amable con todos.

No todos los hombres son así… la mayoría son mentirosos o infieles.

—Vaya… —reí, algo incómodo— no sabía que pensaras eso.

—Tú eres distinto —continuó—.

Cada vez que te veo, me siento inquieta.

Quiero conocerte mejor.

—Así que por eso querías saber más de mí… —Exacto —respondió con una sonrisa traviesa.

Esta mujer da miedo… susurré.

—¿Eh?

¿Dijiste algo?

—No, nada, todo está en tu imaginación.

—¿Ah, sí?

Tal vez oí mal.

Suspiré.

Si se daba cuenta, me golpearía sin dudarlo.

—Cambiando de tema —dije—, quería preguntarte sobre el uso de la magia y cuáles son las más importantes.

—Cierto —respondió—.

Hay mucho que investigar.

Vamos por unos libros, así lo entenderás mejor.

—Buena idea.

Yo iré por ellos.

—Y yo también buscaré algo.

Mientras revisaba, encontré un libro extraño.

Su título me dejó pensando: “El camino de un guerrero solitario.” Tal vez me sea útil en el futuro.

Lo leeré luego.

De pronto, una voz desconocida resonó en mi mente: —¡No debes leer ese libro!

—¡Si lo haces, te arrepentirás!

Me quedé helado.

—¿Quién eres?

—pregunté, pero la voz desapareció.

—Maldición… la perdí.

Bueno, lo leeré de todas formas.

No creo que un libro me mate… ¿o sí?

—¿Pasa algo, Carlos?

—preguntó María, notando mi distracción.

—Escuché una voz… pero desapareció.

—¿Una voz?

—repitió, pensativa—.

Es la primera vez que oigo algo así aquí.

Qué raro que te pase a ti.

—Bueno, ¿ya encontraste los libros?

—Ah, cierto —reí nervioso—.

¡Lo olvidé!

—¿De verdad lo olvidaste… o quieres conocer mi lado malvado?

—dijo con una sonrisa peligrosa.

—Solo era una broma, María.

Aquí están los libros.

—Bien.

Leamos y luego te explicaré cómo usarlos adecuadamente.

—Perfecto.

Leímos por un rato.

Encontré algo que llamó mi atención: Magia antigua.

Había secciones sobre magia de sombras, magia de vampiros, elfos y enanos.

Los hechizos vampíricos eran fascinantes: Devorador de sangre.

Invocación escarlata.

Manipulador de sangres.

Bombas de sangre.

Reino temporal.

El “Reino temporal” me intrigó.

Su poder consumía mucho maná, pero dentro de él no existían limitaciones: se podía crear, construir… incluso moldear ilusiones.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro.

Esto me servirá.

Es perfecto.

Cerré el libro con firmeza.

—Ya encontré lo que buscaba, María.

Es hora de irnos.

—Tienes razón —dijo ella—.

Me iré primero.

¿Y tú?

—Iré a mi siguiente clase.

—Nos vemos mañana, entonces.

—Hasta mañana, Sempai —respondí con una sonrisa.

Continuará..

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo