The strongest warrior of humanity - Capítulo 52
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 52 - 52 capitulo 52 un momento complicado
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
52: capitulo 52 un momento complicado 52: capitulo 52 un momento complicado Punto de vista de Melissa Ogawa Hoy no me sentía nada bien.
Estaba deprimida, aunque trataba de seguir adelante.
Pero no logré soportar todo el dolor desde que mi padre murió.
Quedé en shock cuando mi madre me dio la noticia de su muerte.
No supe cómo reaccionar.
Quería saber cómo había muerto.
Solo escuché que fue en combate… que peleó contra un enemigo poderoso, dando su vida para salvar a los demás.
Semanas después ingresé a la Academia Ryouou Clannad.
No estaba de buen humor, pero ya era normal para mí.
Entonces, un alboroto llamó mi atención.
A unos metros de donde estaba, dos personas —un chico y una chica— peleaban.
Al principio pensé que solo querían llamar la atención… pero me equivoqué.
Esto se estaba saliendo de control.
Observé el incidente con cautela.
Ese chico… Carlos.
Su mirada, sus movimientos… había algo en él que me recordaba a mi padre.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza al verlo luchar.
Su postura, su poder mágico… brillaban con intensidad.
Solo lo observé unos segundos, pero ya era demasiado tarde.
Ambos, Carlos y la chica —Shiro—, desataron sus técnicas de espada al mismo tiempo.
La explosión los envolvió en polvo.
Cuando el humo se disipó, ambos yacían en el suelo.
Un empate.
Suspiré aliviada.
Por suerte, nadie salió herido… salvo ellos.
Pero ese día me sentía muy mal, emocionalmente rota.
Decidí salir a caminar para despejarme.
Levanté la vista al cielo.
Las nubes formaban una silueta de estrellas.
No sabía qué quería decirme ese signo, así que lo ignoré.
Seguí caminando hasta mi habitación.
Estaba agotada.
No había hecho nada en todo el día, pero me sentía vacía.
Desde hace años, mi alegría se había ido junto con mi padre.
Pensé en todo lo que había pasado: lo duro que fue estudiar, entrenar, y lo frustrante que era no tener talento con la espada.
Aunque había quedado entre los diez mejores del examen, eso no me consolaba.
Tal vez debería hacer amigos… pensé.
Pero mis ojos se cerraron.
Me quedé dormida toda la noche.
Al día siguiente, decidí que intentaría cambiar.
“Hoy haré amigos,” me dije.
“Hoy será un gran día.” Me di un baño, me vestí y salí rumbo a clases.
En el pasillo escuché voces: Gojo y Shiro estaban discutiendo otra vez.
Esos dos siempre se la pasaban peleando.
Aunque, al verlos, parecían llevarse bien.
—Buenos días, Melissa —dijeron los dos al verme.
—Buenos días, chicos —respondí sonriendo—.
¿Carlos no está con ustedes?
—¿Hablas del chico de cabello negro y ojos azules?
—dijo Gojo—.
Se fue hace un rato a entrenar afuera.
—¿Entrenando a estas horas?
—pregunté, sorprendida—.
¡Pero si hoy tenemos clases!
—Sí, eso pensábamos también —bufó Shiro.
—¿Otra vez vas a empezar?
—replicó Gojo, rodando los ojos.
Shiro suspiró.
—Mira, Melissa.
Si quieres hablar con él, probablemente esté en la sala de entrenamiento… o por ahí cerca.
—Ya veo —respondí con una sonrisa falsa—.
Gracias, iré a buscarlo.
—Espera —me detuvo Shiro—.
¿De verdad estás bien?
Su mirada mostraba preocupación, pero no quise causar problemas.
—No te preocupes, Shiro.
Estoy bien.
Nos vemos en clase.
Salí corriendo.
Carlos fue la única persona que me vio llorar ayer después de clases.
Aún me dolía todo por dentro.
Busqué por toda la academia hasta que finalmente lo encontré.
Estaba sentado, concentrado.
Su energía mágica… había aumentado.
¿En solo un día?
—Increíble… —susurré—.
Carlos logró algo que nadie más ha hecho todavía.
Su poder ha crecido… y sigue subiendo.
Suspiré en voz baja.
Me quedé mirándolo un momento, pero cuando parpadeé, ya no estaba.
Lo había perdido de vista.
—Buenos días, señorita Melissa —dijo una voz detrás de mí—.
¿Me estabas espiando?
—¿Eh?
¡No, no es lo que piensas!
—me puse nerviosa—.
Solo vine a hablar de lo de ayer.
Carlos frunció el ceño.
—¿Lo de ayer?
¿Te refieres a cuando te encontré llorando?
—Sí… eso.
—Tranquila, Melissa.
No le diré a nadie.
Sé lo que sientes.
No podría hacerte algo así.
Guardé silencio.
—Bueno —continuó—, hay algo que sí quiero contarte.
El motivo por el que entreno tan temprano… por qué quiero mejorar más rápido.
Todos tenemos un objetivo, tanto tú como yo.
Tú quieres ser fuerte.
Yo quiero convertirme en el guerrero más poderoso de la humanidad.
Tal vez nadie lo haya logrado antes, pero ese es mi propósito.
Se rió, aliviando la tensión.
—Me esfuerzo porque creo que todo esfuerzo, tarde o temprano, da fruto.
—Ya veo —le dije—.
Entonces ese es tu sueño.
—Exacto.
Si queremos alcanzar nuestras metas, tenemos que darlo todo.
Hasta el final.
Me quedé en silencio unos segundos.
—¿Y si fracasamos?
—pregunté, bajando la mirada.
Carlos me miró serio.
—Buena pregunta.
Si eso pasa… nos levantamos otra vez.
Está bien llorar, está bien estar sola.
Pero nunca debemos rendirnos.
Debemos seguir luchando hasta encontrar la respuesta.
—¿La respuesta a qué?
—A nuestro propósito.
A lo que somos.
—¿Nuestra existencia…?
—repetí asombrada.
—Sí.
Todo lo que ocurra en los próximos meses estará lleno de tragedias… Y hablando de tragedias —añadió Carlos, con voz tensa—, sal de ahí.
Sé que estás escondido.
De entre las sombras apareció un chico alto, con mirada fría.
—Vaya, vaya… mi querido hermano menor.
Cuánto has crecido, Carlos.
Carlos se tensó.
—¿Qué haces aquí, Kronos?
—¿No puedo saludar a mi hermanito?
—respondió con una sonrisa retorcida.
El ambiente se volvió pesado.
No sabía qué hacer.
“¿Le digo a Carlos que se calme?
¿Y si también se enoja conmigo?” Mordí mi labio, temblando.
—Bueno —dijo Kronos con burla—, parece que estás ocupado.
Hablaremos otro día.
Me despido, hermanito.
Espero grandes cosas de ti.
Carlos apretó los puños, furioso, pero no lo atacó.
Solo se mordió el labio, conteniéndose.
Me sentí aliviada de que no pasara nada… pero su mirada me dejó preocupada.
Había algo oscuro entre ellos.
—¿Estás bien?
—pregunté, acercándome.
—Sí, Melissa.
No quería que vieras eso.
Lo siento.
—No tienes que disculparte —dije en voz baja—.
Solo quiero que estés bien.
Recordé las palabras de mi madre: “No te metas en asuntos que no te corresponden.” Pero algo en mí comenzó a fallar.
Mi cuerpo temblaba.
—¿Melissa?
¿Qué te pasa?
—preguntó Carlos alarmado.
—Aléjate de mí, por favor… —grité, desesperada.
Caí al suelo.
Tosí… y escupí sangre.
—¿Qué… qué me está pasando?
¿Estoy enferma?
Carlos corrió hacia mí.
—¡Melissa!
—¡No me toques!
Puedo hacerlo sola… —¡Estás muy mal, deja de comportarte como una niña!
—dijo nervioso.
—Lo siento, pero te llevaré a la enfermería.
Me tomó en brazos.
Sentí mi rostro arder de vergüenza.
—Carlos… —susurré, sonrojada.
Llegamos a la enfermería.
—¿Hay alguien aquí?
—gritó Carlos.
No entendía por qué se preocupaba tanto por mí.
Nunca me había pasado algo así.
Una voz respondió desde dentro.
—Buenos días… perdón, no estaba prestando atención.
¿Esta es la estudiante?
—Sí, doctora —contestó Carlos—.
Estábamos en la sala de entrenamiento cuando de pronto se puso muy mal.
Tosió sangre.
La doctora se quedó impactada.
—Hiciste bien en traerla.
Estos casos no son comunes.
Lo que padece tu compañera no es normal.
¿Puedo examinarla?
—Por supuesto, doctora —dijo Carlos, saliendo del cuarto.
La doctora me observó con seriedad.
—Melissa… hace tiempo tuve otro estudiante con los mismos síntomas.
No supimos qué lo causaba.
Meses después… murió.
Mi cuerpo se paralizó.
—Lamento no haber encontrado la causa —continuó—.
Pero lo tuyo parece idéntico.
¿Has comido bien últimamente?
¿Has hecho algo fuera de lo normal?
—No… no lo sé.
Solo me ocurrió esta mañana —dije temblando.
—Ya veo —respondió con tono grave—.
Te haré unos estudios.
Necesito una muestra de sangre.
Pronto sabremos qué te está pasando.
—Está bien… gracias por atenderme.
—No es nada —respondió la doctora con una leve sonrisa—.
Ya puedes retirarte por hoy.
Continuará…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com