The strongest warrior of humanity - Capítulo 53
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 53 - 53 capitulo 53 La prueba definitiva
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
53: capitulo 53 La prueba definitiva 53: capitulo 53 La prueba definitiva Capítulo — Después de la enfermería Había salido de la enfermería.
Carlos estaba sentado en una banca.
Lo miré por unos segundos, aparté la mirada y le hablé.
—¿Me esperaste?
—Por supuesto.
No podría dejarte aquí sola, Melissa.
Me alegra que estés bien.
¿Qué te dijo la doctora?
—Solo me hizo unas preguntas, luego dijo que necesitaba una muestra de mi sangre para sus investigaciones.
—¿Crees que sea algo bueno?
—preguntó Melissa con voz decaída.
—No tienes por qué preocuparte, Melissa.
Todo va a salir bien.
Confía en la doctora, seguro encontrará una solución.
—Está bien, se lo confiaré.
Por cierto, Carlos… ¿podrías acompañarme después de clases a un lugar?
—Por supuesto, dime dónde será.
—Más tarde te lo diré —respondió Melissa con una mirada fría.
—¿Ah?
—pensé—.
¿Qué le pasa?
Hace un momento me hablaba con amabilidad y ahora está distante.
Ambos salimos de la enfermería y nos dirigimos hacia la clase con el profesor William.
Ayer había dicho que hoy hablaríamos sobre cómo va nuestro entrenamiento.
—Por cierto, Carlos —dijo Melissa con curiosidad—, quiero que me respondas algo, si no te molesta.
—Claro, dime.
—¿Por qué odias tanto a tu hermano mayor?
—¿A qué viene eso?
—pregunté confundido.
—Solo quiero saber por qué lo odias tanto.
Carlos no respondió.
El silencio se volvió incómodo.
Melissa sintió que había cruzado una línea.
—Es un tema del que no puedo hablar, Melissa.
Confiar en los demás no es fácil para mí.
—Ya veo… —murmuró ella decepcionada—.
Pensé que confiabas en mí.
—Claro que confío en ti, pero… no puedo hacerlo aún.
Todo tiene su momento.
Algún día te lo contaré.
—Bueno, ya llegamos a clase —dijo Carlos—.
—¿De verdad estás bien?
Te noto pálida.
—Sí, solo fue eso… —respondió con una sonrisa débil.
Pero dentro de su mente, Melissa recordaba lo que había visto: “Todo el mundo ardía.
El cielo estaba cubierto de fuego… No entendía lo que pasaba, solo veía el fin.
Frente a mí había una figura, pero su rostro estaba borroso, imposible de reconocer.” —¿En qué piensas tanto?
—preguntó Carlos curioso.
—Nada… solo pensaba en qué haré después —respondió con una sonrisa fingida—.
Como dijiste, no debo dejar que lo negativo me afecte.
Así que entremos ya, que parecemos idiotas parados aquí afuera.
Carlos se rió.
—¿Desde cuándo eres comediante?
En fin, entremos.
Al entrar a clase noté algo extraño.
Lucia me estaba esperando.
—Vaya, vaya… hasta que por fin llegas —dijo con una sonrisa desafiante.
—¿Qué haces aquí, Lucia?
—¿No es obvio?
Ayer te declaré la guerra.
Además, te burlaste de mí.
—Eso tiene una explicación, Lucia.
Fue un malentendido.
Lucia rió con tono siniestro.
—¿Malentendido?
No me hagas reír, estúpido.
Vi perfectamente cómo te reías de mí.
—¿Podrías dejar de llamarlo estúpido?
—intervino Melissa con voz fría.
—¿Y tú quién eres?
—Soy tu compañera de clase, Melissa.
—Ah, la del top diez en los exámenes, ¿verdad?
—Así es —respondí con orgullo.
—Interesante… Muy interesante.
Bueno, te dejaré pasar solo por hoy, Carlos.
Pero la próxima no será tan bonito lo que te espera.
—¿Tienes que estar bromeando?
—Yo no bromeo.
—Lucia, deja de estar peleando —interrumpió una voz a lo lejos.
Una chica de cabello naranja corto y ojos amarillos entró al aula.
—Arle, no te metas —gruñó Lucia—, tengo que demostrar quién manda.
—¿Qué dijiste?
—Arle frunció el ceño, furiosa.
—Yo… yo… yo… —balbuceó Lucia.
Arle suspiró y le dio un golpe en la cabeza.
—Perdón por los problemas que causa esta idiota —dijo con calma.
—¿Era necesario golpearme?
—Te lo merecías.
¿Verdad que estuvo buena mi actuación de mamá regañona, Carlos?
Carlos rió.
—Sí, estuvo buena.
—Soy simpática, ¿verdad?
Me alegra que seas amigo de Lucia —dijo Arlette sonriendo—.
Mucho gusto, me llamo Arlette.
Soy su amiga de la infancia.
—Ya veo.
Mucho gusto, me llamo… —No hace falta, sé quién eres.
Además, eres amigo de Gojo-san, ¿cierto?
—Sí, soy su amigo.
Me sorprende que hables de él justo ahora.
Carlos notó cómo Arlette se sonrojaba.
Lucia también lo vio.
Ambos dijeron al mismo tiempo: —Es obvio que está enamorada de él.
—Ya que eres su amigo —dijo Arlette nerviosa—, podrías darme algunos consejos sobre lo que le gusta… —Oye Arlette, no empieces —dijo Lucia—, vas a dejar traumado a este tipo.
—¡Cierra la boca o quemo tus libros favoritos!
—¿Qué dijiste?
¡Eso sí que no!
¡Podrás golpearme, pero mis libros no los toques!
Carlos suspiró.
—Esto se va a poner feo… por favor, que un ángel caiga del cielo y nos salve de este desastre.
En ese instante, Gojo entró al salón.
—¿Hicieron una fiesta sin mí?
—preguntó con una sonrisa.
—¡No, claro que no!
—dijo Carlos aliviado—.
Gracias, Diosito, por enviarlo.
Arlette se quedó paralizada.
—Está aquí… —susurró sonrojada.
—Así que estabas con Lucia y Melissa —dijo Gojo intrigado—.
¿Y tú quién eres?
—Yo… yo… yo… —Ella es Arlette, mi amiga de la infancia —intervino Lucia—.
Es tímida, pero te caerá bien.
—Ah, ya veo.
Mucho gusto, Arlette.
Espero colaborar contigo en el futuro.
—S-sí, lo mismo digo, Gojo-san —respondió nerviosa.
Melissa observaba todo, pensativo.
“No dejo de pensar en lo que está pasando… ese lugar en llamas, esa sensación de pérdida… como si algo dentro de mí muriera.” Mientras los demás hablaban, él permanecía en silencio, apoyando la cabeza en la mano.
“Esto no puede ser coincidencia,” pensó.
“Pero bueno, el sensei William aún no llega.” —¿Llegará tarde?
—preguntó Melissa.
—Tal vez se tardó en el baño —bromeó Gojo.
Lucia se rió.
—Estoy aburrida.
—Oye, tú eres Melissa, ¿no?
—preguntó Lucia.
—Sí, ¿ocurre algo?
—respondí con una sonrisa.
—¿Por qué siempre sonríes?
Eres demasiado alegre.
—Tal vez soy así desde niña.
No sé qué cara poner, pero siempre debo mantenerme positiva.
—Si de verdad supieras más sobre mí… podríamos ser buenas amigas.
—¿Y si lo fuéramos?
¿Cambiaría algo?
—pregunté.
—Tal vez.
Pero aún no puedo ser tu amiga.
Tengo cosas que lograr.
—¿Por qué odias a Carlos?
—solté sin pensarlo.
—¿Crees que lo odio?
No, solo lo envidio un poco.
Me molesta que siempre sea mejor en todo.
—Entonces… ¿lo admiras?
—Sí.
Lo he observado.
Se esfuerza mucho.
Yo tengo más talento, pero él sabe usar su esfuerzo.
Eso lo respeto.
Lucia suspiró.
—Carlos podría ser más fuerte que yo… o tal vez no.
Pero cuando llegue el momento, nos enfrentaremos.
Hay otras escuelas más poderosas, así que debo entrenar.
Para eso, necesito que Carlos me ayude a mejorar mis técnicas.
—Si él me entrena, podré superarme.
Melissa la miró pensativa.
“Tiene razón… pero algo en mí se inquieta.
No sé si es intuición o miedo.” —Entonces, ¿dejamos que Carlos nos ayude?
—preguntó, tomando la mano de Lucia.
—¿Ayudarnos?
—Claro, además dijiste que viene un evento.
Carlos puede ser clave.
—Mmm… no creo que quiera ayudarnos.
—¿Y si lo retamos a un duelo después de clases?
—dijo Lucia entusiasmada.
—¿Dos contra uno?
—Exacto.
—No sé si reír o felicitarte… pero luego no estés llorando como una tonta.
—¡Eres insoportable, Melissa!
—Ya te acostumbrarás —respondió ella riendo.
—Das miedo, ¿sabías?
—Es la primera vez que alguien me dice eso.
—¿Y si fueras una amenaza?
¿Te mataría?
—¿Qué?
Apenas nos conocemos.
—Tenía curiosidad, nada más.
—Será para otra ocasión —interrumpió Carlos—.
Regresen a sus asientos, el profesor ya llegó.
El profesor William entró al aula.
—Buen día, jóvenes.
¿Han estado practicando su control de maná?
Todos los alumnos se prepararon.
Sus energías mágicas comenzaron a sentirse en el aire.
—¿Qué día es hoy?
—preguntó el profesor distraído.
—Es martes, profesor —respondió Miguel.
—Ah, gracias.
A veces olvido los días —rió William—.
En fin, chicos, prepárense.
Veamos qué tan listos están.
Fin del capítulo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com