The strongest warrior of humanity - Capítulo 61
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61: capitulo 61 una batalla sin fin 61: capitulo 61 una batalla sin fin —Del otro lado, Miguel quedó completamente atónito, como si hubiera visto un fantasma.
Lucifer, ese cabrón, había detenido su ataque.
Se miraron fijamente, como dos guerreros en un duelo ancestral.
En un abrir y cerrar de ojos, ¡pum!
Desaparecieron.
Un rayo de luz atravesó el cielo con furia, como si el mismo sol hubiera estallado.
—Veo que tienes algo valioso, mocoso.
Dices que quieres salvarlo, pero ¿cómo diablos piensas hacerlo?
Si ya no está aquí, solo tomé su cuerpo prestado para mis planes.
¿De verdad crees que alguien como tú puede entenderlo?
—¿Por qué hacemos esto?
—se burló Lucifer—.
Es lo más simple del mundo: no nos importa la vida humana.
Solo queremos que sufran, y de la forma más brutal posible.
—¿Qué emoción hay si nadie suplica por su vida?
—prosiguió—.
Todos deben padecer.
Eso es algo que tus problemas insignificantes no alcanzan a comprender.
—¡Cállate!
—Miguel perdió la paciencia, y su furia resonó como una amenaza.
Miguel, exhausto de tanto hablar, notó a lo lejos a Karen.
La vio sostener la espada de su hermano con una mirada fría, fija en Lucifer.
—Deja el cuerpo de mi hermano, o no me conteneré —dijo Karen, con voz cortante.
En un parpadeo desapareció y reapareció detrás de Lucifer: la velocidad hizo temblar el aire.
Su espada brilló con un aura dorada que cegó por un instante.
Sus ojos ardían con determinación.
Con solo verla, Miguel supo que no podría enfrentarse a ella.
Karen desató un ataque: Poder Sagrado.
Un rayo de luz celestial cayó sobre Lucifer, iluminando todo y generando una onda que arrasó con lo que tocó.
Lucifer fue lanzado contra un árbol; el entorno quedó hecho cenizas.
—¿Qué fue eso?
—murmuraron algunos, asombrados—.
Mira a la chica que lo golpeó.
—Esa energía… —dijeron otros—.
Es impresionante.
Lucifer, sorprendido, se mordió el labio.
—Eres la hija del Santo de la Espada —dijo—.
Además, posees la bendición divina.
—Ahora todo tiene sentido.
—La revelación cayó como un hecho innegable.
—Sobreviviste —dijo Karen con frialdad—, pero ya no inspiras miedo.
—Cállate.
Tener a tu Dios no te salva de la arrogancia, respondió Lucifer.
—Desde cuándo los demonios hacen reclamaciones.
Devuélveme a mi hermano.
—Karen, no te confíes demasiado —advirtió una voz distante.
—¿Dios de la Espada?
—preguntó alguien incrédulo—.
¿Por qué lo mencionas?
—Debes saber que enfrentas a uno de los demonios más poderosos que ha existido —dijo el ser—.
Él ya debe haber sentido mi presencia.
—¿Es posible, Dios de la Espada?
—preguntó Karen, temblando entre duda y confianza.
—Así es.
No subestimen a ese tipo.
Debes aprender a controlar tu poder.
—Recuerda lo que pasó hace cuatro años cuando tu hermano y yo luchamos en la sala de entrenamiento.
No ataques sin pensar.
Si anticipas sus movimientos, puedes sobrevivir.
—Mientras él controle a Carlos, no podemos hacer nada.
Y mucho menos matarlo ahora.
—Tienes razón.
Pero si la situación se complica, no tendremos otra opción que terminar con su vida —dijo la voz con desgana.
—Debemos encontrar una forma de salvarlo —murmuró Karen, angustiada.
—Si quieres salvarlo, hay un camino —dijo el Dios de la Espada—.
Debes encontrar la Espada Separadora de Almas.
Es la única solución.
Solo puede usarse una vez.
Si fallas, el golpe debe ser certero: en el pecho superior.
—¿Tendremos más oportunidades?
—preguntó ella, esperanzada.
—Sí —respondió el Dios—.
Y no lo elijo solo por ser su hermana.
Hay algo en ti que valoro, algo que no sabría explicar del todo.
Quiero que seas la heroína, la próxima Diosa de la Espada.
No sé cuánto tiempo más estaré aquí.
—¿Vas a irte?
—preguntó Karen, con el rostro blanqueándose.
—No saquemos conclusiones —dijo—.
Pronto dejaré de existir, al igual que el reino de los dioses.
Mi amigo, el rey de los héroes, ha desaparecido siglos atrás.
Su espada permanece, pero él ya no la empuña.
Encontré rastros de sangre cuando lo busqué.
No había nadie en el mundo celestial; parece que fue asesinado por quien busca desestabilizarlo todo.
—No cometas el error que yo cometí —advirtió—.
Hace mil años estalló una guerra titánica.
Un humano, convertido en dios, se lanzó a la batalla contra todo un ejército.
Fue una masacre.
Mis amigos cayeron, mis hermanos de lucha murieron.
Nos enfrentamos en combate eterno; mil años de lucha.
Fui derrotado por aquel que se volvió la criatura más peligrosa que este mundo haya conocido.
Ni siquiera tú podrías soñar con vencerlo.
—No te lo digo para asustarte, sino para advertirte: prepárate.
La posibilidad de que ese monstruo regrese es real.
Si te elegí no fue por tu padre, sino porque posees un poder que podría rivalizar con el suyo.
Tu hermano mayor y el menor también tienen algo especial.
Pero no te confíes: existen seres más aterradores que ese tipo.
No sabemos si saldremos vivos.
Si te lo cuento es para que entiendas que el futuro puede ser más oscuro de lo que imaginas.
Prepárate.
En aquel tumulto, decidí ser más fuerte que mi hermano.
Sí: más fuerte que él.
Y eso es decir mucho.
—Me alegra verte tan relajada —dijo alguien molesto—, ¿me estás insultando?
¡Cuidado con tus palabras, Karen!
—Es hora de atacar, y rápido —exclamaron.
La batalla recobró furia.
Lucifer esquivó ataques con elegancia letal, como si danzara sobre hielo.
Respondió con su técnica: La Técnica de la Espada Abisal — Golpe del Dragón de la Muerte.
Mis ataques chocaron con los suyos en una explosión que estremeció el cielo.
Karen avanzó con una determinación brutal.
Intercambios de golpes, bloqueos y retrocesos en una danza mortal coreografiada por el destino.
—¿Esto no tiene fin?
—resoplé—.
Es fuerte, pero no me rendiré.
Haría cualquier cosa por salvar a mi hermano.
Entonces, Karen despertó una nueva transformación.
Una luz inmensa surgió de ella, un faro en la tormenta.
Sus ojos brillaron con filo cortante; su maná desbordó como un río desatado.
—¿Qué demonios es esto?
—preguntaron, asombrados.
—Has despertado un poder monumental —dijo alguien—.
Tal vez por tu hermano.
—¿Estás lista para usarlo no solo para salvarlo, sino para todos los que claman por un héroe?
—preguntó la voz alentadora.
—Tengo mis dudas —respondió Karen—, pero por mi hermano lo haré.
Estoy dispuesta a sacrificarlo todo para protegerlo.
Una sonrisa tensa asomó en su rostro.
Lucifer la miró con desdén, seguro de su victoria —sin saber que había cometido el peor error de su vida.
De pronto, ¡bum!
Miguel irrumpió en escena como un héroe improvisado para apoyar a Karen.
—¡Vaya!
Te ves diferente, ¿qué te pasó, Karen?
—exclamó Miguel, boquiabierto.
—No te impresiones, Miguel —replicó ella con sorna—.
Estoy aquí para pelear, no para salir con chicos.
Mi hermano es un maniático sobreprotector, y si alguien quiere salir conmigo, que le pida permiso a él primero.
Miguel, confundido, se enrojeció.
—¿Qué demonios?
—balbuceó—.
—No importa —dijo Karen riendo—.
Nuestra prioridad es ganar.
—¿Cómo están los demás?
—preguntó Karen, preocupada.
—Cayeron en manos de ese monstruo —respondió Miguel con seriedad—.
Siguen vivos, pero heridos.
Es un desastre.
—Entonces, ¡ponte en guardia!
—ordenó ella.
Ambos avanzaron en pose épica, como si el mundo ralentizara su latido; a su alrededor, una aura brillante.
Lucifer también avanzó, su sonrisa malévola ondeando en el viento.
La tensión cortaba el aire.
La batalla se avecinaba.
La noche contuvo la respiración.
Continuará.
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