The strongest warrior of humanity - Capítulo 62
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- Capítulo 62 - 62 Capitulo62- El Último Asalto
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62: Capitulo62- El Último Asalto 62: Capitulo62- El Último Asalto Ambos caminaban con una determinación feroz, como si el destino entero pesara sobre sus hombros.
—Ya sabes lo que hay que hacer, Miguel.
—Lo tendré en cuenta, Karen.
Salimos disparados, convertidos en relámpagos humanos.
Nuestras espadas chocaron contra el aire con un estruendo desgarrador, y el campo de batalla tembló bajo nuestros pies.
Pero de pronto, Lucifer lanzó un golpe brutal que me mandó volando hacia atrás, como si me hubiera arrojado un puñetazo de un millón de megatones.
Caí de pie, escupí sangre y sonreí.
No me iba a detener.
Giré sobre mi eje como un torbellino, mi espada cortando el aire con rugidos metálicos.
A mi lado, Karen se movía a una velocidad supersónica, su silueta era un destello entre las ruinas.
El lugar era un infierno: columnas de fuego, escombros flotando, el cielo agrietado como un espejo roto.
Aparecí detrás de Lucifer y lancé una estocada.
Pero ese bastardo la esquivó con una elegancia casi sobrenatural.
Nuestros ojos se cruzaron, y en ese instante, supe que estábamos ante algo que no pertenecía a este mundo.
Retrocedí.
El aire olía a ozono, y sentí una presencia: el alma de mi hermano.
Susurros etéreos parecían gritarme desde alguna parte de la nada.
“No te rindas.” Mi corazón latía como un tambor de guerra.
Debía seguir adelante.
Sabía que mi hermano regresaría.
Confiaba en él más que en cualquier fuerza del universo.
Miguel me miró, sus ojos hablaban el idioma de la estrategia.
Asentí.
Elevé mi espada y la lancé al cielo.
El mundo se oscureció.
Las nubes giraron violentamente, y un rugido de energía divina llenó la atmósfera.
Invocación: Magia Sagrada — Tornados de Fuego.
El cielo ardió.
Remolinos ígneos descendieron como demonios danzantes.
El fuego devoró el aire, los rayos partieron las montañas, y el suelo se quebró como cristal bajo la furia del cosmos.
El ataque impactó contra Lucifer con la fuerza de una catástrofe celestial.
El humo y las cenizas cubrieron el campo, la luz desapareció.
Cuando la bruma se disipó, una figura permanecía arrodillada entre las ruinas.
Lucifer.
Su mirada… era un vacío sin fondo.
Había funcionado.
Pero Miguel no se detuvo.
Dio un paso adelante, decidido a terminarlo.
Y justo entonces… la sonrisa de Lucifer apareció.
—Fallaste.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Del suelo surgieron tentáculos oscuros, grotescos, serpenteando hasta atrapar mis piernas y brazos.
—¿Qué pasa, Miguel?
—Lucifer sonrió con una malicia que cortaba el alma—.
¿Pensaste que podrías derrumbarme?
¿Creíste eso?
Qué patético.
Miguel se debatía entre las sombras, jadeando de dolor.
Yo lo observaba, mi corazón latiendo con furia.
—Hazlo, Karen… —me dijo con voz débil, casi quebrada.
—¿Estás seguro de esto?
—le respondí, temblando—.
No hay vuelta atrás.
—No hay alternativa —dijo, y sonrió, incluso con sangre en los labios.
Apreté mi espada.
Mis manos temblaban, pero mi espíritu era una tempestad.
Canalicé todo mi maná, todo mi dolor, todo mi amor por los que había perdido.
Miguel gritó mientras Lucifer lo torturaba, pero su mirada nunca se apartó de la mía.
“Termina esto”, decía sin palabras.
Y entonces, el poder brotó de mí como un sol naciente.
Una luz divina me envolvió, mis ojos se abrieron con un resplandor estelar.
—¡Meteoros de Estrellas!
El cielo se rasgó.
Una lluvia de fuego descendió sobre Lucifer, incontables astros cayendo como juicios divinos.
El impacto fue catastrófico: explosiones, viento, luz cegadora.
Lucifer gritó, su cuerpo desgarrado.
Sangre negra salpicó el suelo.
Su brazo fue cortado, y por primera vez, el miedo cruzó su rostro.
—¿Qué pasa, Lucifer?
—dije acercándome, mi voz llena de hielo—.
¿Dónde quedó tu arrogancia?
Ya no eres una amenaza.
Lucifer retrocedió.
Su respiración era irregular.
—Maldita humana… ¿voy a perder aquí?
No… esto no puede estar pasando.
Pero de pronto, algo cambió en su expresión.
Una sonrisa.
Una sonrisa que heló mi alma.
—Oh… esto es magnífico.
No sabía que este chico escondía algo tan… especial.
Miguel y yo nos miramos, horrorizados.
—¿Qué… qué demonios?
Lucifer empezó a reír, una risa que retumbó en la tierra.
Y frente a nuestros ojos, se regeneró completamente.
Caí de rodillas.
Mis esperanzas se desmoronaron.
Miguel intentó levantarse, pero Lucifer ya estaba detrás de él.
Un solo golpe.
¡BOOM!
Miguel salió disparado contra una pared rocosa, destrozándola por completo.
Yo grité su nombre.
Me lancé al ataque, conjurando hechizos, fuego, viento, relámpagos.
Lucifer esquivaba todo, jugando conmigo como un gato con su presa.
Mis tornados ardientes se disiparon con un simple gesto de su mano.
Y entonces, lo vi.
Lucifer estaba completamente regenerado.
Emanaba un poder ilimitado.
—Karen Tanaka Sánchez —dijo con voz profunda—.
Eres un obstáculo.
Un error que debo borrar.
No permitiré que sigas viva.
Quiero ver el rostro de tu hermano cuando encuentre tus restos.
Eso… será mi victoria.
Antes de que pudiera reaccionar, apareció frente a mí.
Una patada.
El mundo giró.
¡WHAM!
Salí disparada cientos de metros, chocando contra el suelo, mi cuerpo hecho trizas.
Apareció otra vez, golpeándome con una fuerza monstruosa.
Cada impacto era una explosión.
Mis huesos crujían.
Mi sangre manchaba la tierra.
No podía moverme.
Ni siquiera gritar.
“Debo… levantarme…” Pero el dolor era insoportable.
Lucifer me observó con deleite.
—Oh, no te duermas todavía.
Esto apenas comienza.
Me voy a divertir contigo hasta que dejes de gritar.
Sus palabras eran cuchillas.
Mis lágrimas cayeron, no por miedo, sino por desesperación.
Pensé en todo lo que perdería.
Mis amigos.
Mis padres.
Mi sobrina… aquella pequeña que llamó “papá” a mi hermano con una sonrisa que valía mil soles.
Quería vivir… quería verla crecer.
Pero el destino tenía otros planes.
—¿Alguna última palabra?
—dijo Lucifer, alzando su espada sobre mí.
No podía responder.
Solo pude pensar en él… Mi hermano.
“Regresará.” “Lo sé.” Una lágrima rodó por mi mejilla.
No quiero morir, hermano.
Lucifer levantó la espada.
El filo brilló como una sentencia divina.
Pero el golpe… nunca llegó.
La espada se detuvo a medio camino.
El aire se congeló.
Una energía diferente llenó el lugar.
Karen abrió lentamente los ojos.
Y entonces lo sintió.
Una presencia familiar.
Una lágrima escapó de su ojo izquierdo mientras una sonrisa temblorosa se dibujaba en su rostro.
—Sabía… que regresarías, querido hermano.
El viento se detuvo.
El mundo contuvo el aliento.
Karen… Continuará.
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