The strongest warrior of humanity - Capítulo 63
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 63 - 63 Capitulo63-El Legado de Henry
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
63: Capitulo63-El Legado de Henry 63: Capitulo63-El Legado de Henry Interior – Ruinas bajo un cielo roto.
Luz crepuscular filtrándose entre grietas.
Henry estaba de pie, con la mirada perdida, el rostro manchado de polvo y sangre.
Su voz, quebrada pero firme, resonaba en el silencio.
—¡Carlos, escúchame bien!
Hay cosas que nunca, pero NUNCA logré decirle a mi hija…
No tenía idea de que todo terminaría así.
¡Pero sabes qué, Carlos!
Tuve una revelación explosiva cuando me enfrenté al caballero oscuro…
Su respiración era pesada.
Cada palabra cargaba el peso de mil batallas.
—Había cosas que jamás debieron ocurrir.
Cuando te vi perder el control de tu poder… no podía creer lo que estaba presenciando.
Pero tú, solo tú, estabas ahí.
Nos protegiste como un verdadero héroe… diste tu vida por nosotros cuando gritaste que huyéramos.
Pero yo, en mi locura, no lo hice.
Henry cerró los ojos, conteniendo la rabia y el arrepentimiento.
—¿Sabes por qué?
Porque no podía quedarme de brazos cruzados mientras un joven tan valiente como tú se sacrificaba.
Sentí orgullo… pero al final, comprendí que debía entregar mi vida para que tú y los demás pudieran seguir adelante.
Y lo sé… sé que cargas con una culpa inmensa, por no sentirte lo bastante fuerte para protegerlos.
Su voz se quebró un instante.
—Créeme, lo entiendo mejor de lo que crees.
Yo también pasé por eso.
Perdí amigos, maestros…
¡incluso a mi esposa, que estuvo a punto de morir por culpa de esos malditos del reino vecino!
El aire se volvió pesado.
Henry apretó los dientes, sus ojos reflejaban la sombra de un pasado insoportable.
—Nunca olvidaré ese día…
Estaba destruido.
No podía ver morir a la mujer que amaba.
Ella fue lo más hermoso que la vida me regaló.
El amor que compartimos fue tan poderoso que ni la muerte podría separarnos.
Silencio.
La luz parpadeó entre los muros agrietados.
Carlos, sentado en la penumbra, sostenía su espada.
Una voz, tenue y profunda, comenzó a resonar en su mente… la voz de Henry.
—Sé que lo que vives ahora es doloroso… cruel.
Pero no te rindas, ¿me oyes?
Tú puedes superar cualquier obstáculo.
Ellos están peleando por ti, Carlos.
Quieren que su compañero regrese.
Carlos cerró los ojos.
Su respiración se agitó.
En su mente, destellos: rostros de sus amigos… fuego… sangre… gritos.
El eco de una batalla que seguía latiendo en su corazón.
—Tus amigos arriesgan su vida para traerte de vuelta.
No estás solo, muchacho.
Tal vez lo estuviste… pero aún tienes algo por lo que luchar.
Déjame darte un último consejo… La voz se tornó grave, serena.
—En este mundo hay personas amables… buenas, como nosotros.
Pero dime, ¿de qué sirve ser amable con todos?
Carlos apretó los puños.
El eco de la voz de Henry se confundía con el rugido del viento.
—La vida es cruel, Carlos.
Hay corrupción en todos los reinos.
Y no podremos cambiarlo… pero tú sí lo harás.
Porque confío en ti.
Carlos levantó la cabeza.
Sus ojos se endurecieron; una llama azulada parpadeó en su interior.
—¿Cómo diablos fui poseído por el demonio abismal?
¿En qué momento pasó?
Henry bajó la mirada.
—No lo sé con certeza… pero algo me dice que hay un infiltrado en la academia.
—¿Un infiltrado…?
Eso es imposible —murmuró Carlos—.
Hay demasiada seguridad.
—Y, aun así, algo ocurrió.
Intentaré ayudarte, pero si no logro mantener mi conciencia…
—Henry… —Es posible que no lo logres, Carlos.
Pero hay una sola manera: una lucha mental.
Carlos se estremeció.
—¿Una lucha mental?
¿Eso es siquiera posible?
—Por supuesto que sí —replicó Henry—.
No hallé otra forma… pero tú puedes hacerlo.
Carlos miró sus manos temblorosas.
La marca oscura ascendía por su piel, devorándolo.
—No sé si pueda… —Sí puedes.
No dudes de ti, muchacho.
Es hora de dar tu primer paso.
Supera esta barrera que te consume.
Mira hacia el futuro.
Deja que fluya, a tu manera.
El aire vibró.
Una luz cálida emergió del pecho de Henry.
Su figura comenzó a desvanecerse, transformándose en partículas doradas.
—Mi tiempo se acaba, Carlos…
—¿Nos volveremos a ver?
—preguntó él, con voz temblorosa.
Henry sonrió, con esa serenidad que solo dejan los héroes.
—No puedo garantizarlo… Pero si logras regresar, dile a mi hija… y a mi amada esposa… que las amo con toda mi alma.
Carlos bajó la cabeza, las lágrimas resbalando por su rostro.
—Henry… —No llores, muchacho.
Me alegra haberte conocido.
Ve allá afuera y demuéstrales al mundo… de qué estás hecho.
Henry dio una palmada firme sobre su hombro.
Luego, se desvaneció por completo, dejando tras de sí una lluvia de luz dorada.
Silencio.
Carlos quedó solo en la oscuridad.
Empuñó su espada.
Cerró los ojos.
Y dio un paso al frente.
– Salón en ruinas, luces crepitando.
Karen, arrodillada entre los escombros, levantó la vista.
Una lágrima rodó por su mejilla.
—Sabía que regresarías, hermano… —Karen… Un rugido oscuro sacudió el aire.
Lucifer apareció, envuelto en sombras densas, su voz retumbaba como un trueno.
—¡Maldita sea!
¿Cómo es que recuperaste la conciencia?
—Devuélveme mi cuerpo, Lucifer —gruñó Carlos—.
¡No voy a dejar que le pongas una mano encima a mi hermana!
Lucifer sonrió, con una malicia gélida.
—¿Crees que te lo daré, humano estúpido?
¿Qué estás…?
De pronto, la oscuridad lo envolvió.
Carlos perdió el control de su cuerpo, sumergiéndose otra vez en el vacío.
Maldición… no puedo dejar que este demonio la mate… Karen cerró los ojos.
El aire se congeló.
Y entonces… ¡BOOM!
Una explosión de luz púrpura atravesó a Lucifer, lanzándolo contra el muro.
Karen, aturdida, abrió los ojos.
Todo era borroso, pero aquella voz… —¿Te encuentras bien, Karen?
Su corazón se detuvo un instante.
—Esa voz… Gojo Akinori.
El amigo de Carlos había llegado… para salvarla del destino más oscuro.
Continuará…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com