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The strongest warrior of humanity - Capítulo 64

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  4. Capítulo 64 - 64 Capitulo64 — tenemos una oportunidad
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64: Capitulo64 — tenemos una oportunidad 64: Capitulo64 — tenemos una oportunidad Punto de vista de Gojo Akinori El aire vibraba con un estruendo lejano.

El suelo temblaba como si el mismo mundo respirara con dificultad.

A lo lejos, los gritos y explosiones teñían el horizonte de luz carmesí.

Veo que las cosas no están yendo bien, Shiro.

Lucifer está acabando con ellos.

Mi voz se pierde entre el rugido del viento.

Shiro no responde.

Está inmóvil, concentrada en su maná, una corriente azulada que fluye en espiral desde sus manos.

Su mirada arde con una calma peligrosa.

—No te preocupes por eso, Gojo —murmura sin levantar la vista—.

Sé que aún hay tiempo.

Solo dame unos minutos, ¿sí?

—Está bien, Shiro… —respondo con un suspiro.

Mis heridas ya sanaron, pero el cansancio sigue ahí, ardiendo en mis músculos—.

No sabía que ella fuera tan buena curando… aunque el problema no es ese, sino que todos están malheridos.

El viento ruge.

La energía a nuestro alrededor se distorsiona.

Siento que el tiempo se nos agota.

Debo encontrar una forma de detenerlo.

Tiene que haber una manera… algo que nos dé ventaja.

—Listo, niña chillona —dice Shiro con una sonrisa burlona, rompiendo el silencio.

—Oye, deja tus bromas, esto es serio —le gruño.

Ella se encoge de hombros.

—Vamos, Gojo.

No me engañas.

Solo quieres lucirte ante Lucifer.

—Bueno… eso no te lo puedo negar —sonrío—.

Ya sabes, soy el más fuerte.

Y tengo que demostrarle a esa rata roba cunas quién manda.

Shiro revira los ojos.

Yo apenas puedo evitar reírme.

Entre el caos, incluso eso nos mantiene cuerdos.

Miguel y Karen siguen peleando a lo lejos.

Sus auras chocan con el resplandor oscuro de Lucifer.

Natsu, Mio, Hiko y Mei… cayeron.

Mi hermano está gravemente herido, pero sé que no es tan imbécil como para morir aquí.

—Tienes razón, Gojo, pero ¿qué hay de Lucía, Melissa y Freya?

—pregunto con el ceño fruncido.

Shiro suspira.

—Siguen con vida… apenas.

Pero están mal.

Muy mal.

El aire se espesa.

Un trueno corta el cielo.

—Bueno, ya es hora de movernos —digo al fin.

—Ni que lo digas, bella durmiente.

—Una sonrisa se dibuja en sus labios; no puedo evitar responder con otra.

—Primero lánzame a mí —digo.

—¡Primero a mí!

—protesta Shiro, chasqueando la lengua—.

Está bien, pero no me culpes por lo que voy a hacer.

Antes de que pueda responder, Shiro me toma del brazo y me impulsa con fuerza brutal.

El aire se parte.

Giramos en una ráfaga de luz, descendiendo directo hacia la escena donde Lucifer alza su brazo sobre Karen.

El golpe impacta con un rugido ensordecedor.

Lucifer sale despedido, estrellándose contra los escombros.

aterrizo junto a Karen, mi respiración agitada.

—¿Estás bien, Karen?

—pregunto.

Su mirada perdida y el temblor en sus manos lo dicen todo.

No puede hablar.

Ese monstruo casi la destruye.

Lucifer emerge de entre el polvo, su risa resonando como un eco maldito.

—Maldición… aún quedan más insectos a los que debo pisotear.

—¿Oh?

¿A poco vas a pisotearme?

—le grito, alzando el rostro—.

Vamos, gata roba cunas, inténtalo.

Sus ojos se encienden de ira.

—¿Qué fue lo que dijiste?

—Te dije “gata roba cunas”.

¿O quieres que te lo repita en otro idioma?

Lucifer sonríe con locura.

—Este mocoso se cree valiente… —Su rostro se deforma, oscuro, siniestro—.

¿Piensas enfrentarme tú solo?

Su energía se eleva.

El suelo tiembla bajo sus pies.

Yo también sonrío.

Sí, es peligroso.

Y eso lo hace más divertido.

No pienso dejar que un abismal toque a los míos.

Entonces su expresión cambia.

—Sabes… yo no vine a pelear solo.

—El cielo se oscurece; los truenos retumban, desgarrando las nubes.

Un haz de luz rompe la tormenta.

Shiro cae desde el cielo, rodeada de relámpagos.

Su entrada sacude todo el campo de batalla.

—Vaya, hasta con entrada y todo, Shiro —bromeo, con una media sonrisa.

—Es mi estilo, animal inútil —responde con soberbia—.

No es mi culpa que tú no tengas el tuyo.

Dijiste que me lanzaras, y lo hiciste.

No vengas con reclamos, papito.

Lucifer frunce el ceño.

¿Estos dos se llevan tan mal o es que están locos?

piensa.

—No me queda mucho tiempo —ruge Lucifer, su energía oscura expandiéndose—.

Ese mocoso está tratando de despertar, pero no lo logrará.

Supongo que puedo divertirme un poco antes de matarlos.

Da un paso adelante.

Su sombra nos envuelve.

Nosotros nos preparamos.

El suelo se agrieta bajo nuestros pies.

Los tres quedamos frente a frente.

El viento silba.

La batalla está por comenzar.

—Esto será divertido —digo, con una sonrisa de victoria.

Shiro y yo nos lanzamos contra Lucifer; nuestras miradas se cruzaron como dos filos listos para matarse.

El aire se quebró por la presión de nuestras auras.

Shiro fue la primera en moverse: su espada cortó el vacío con una velocidad brutal, cada golpe vibraba como un trueno contenido, una ráfaga de acero que buscaba destrozar al enemigo.

Pero yo no me quedé atrás.

En un parpadeo, el mundo se detuvo.

El tiempo se congeló a mi alrededor mientras mi cuerpo se movía con calma; bastó un paso para que mi puño chocara contra Lucifer con una fuerza capaz de fracturar el espacio.

La onda expansiva rugió, destrozando el suelo bajo nosotros.

Lucifer sonrió.

No retrocedió.

Contraatacó de inmediato, liberando un estallido de energía oscura que nos obligó a saltar hacia atrás.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro.

Estaba disfrutando cada segundo.

El corazón me latía con furia, un tambor que alimentaba mi deseo de luchar contra alguien que realmente valiera la pena.

Shiro me lanzó una mirada fría, llena de desprecio.

«¿Este idiota piensa lucirse?

Si él lo hace… yo también puedo.» Su sonrisa se torció; la hoja de su espada comenzó a brillar con destellos azulados.

—Técnica: Destellos Nocturnos.

El aire se llenó de luces fugaces que giraron en espirales, impactando contra Lucifer.

Pero él las detuvo sin esfuerzo, levantando una mano.

La magia se retorció a su alrededor.

Del suelo brotaron púas rojas que se mezclaron con energía ancestral.

Un rugido oscuro se expandió, formando un vacío que absorbía la luz: un agujero negro, pulsante, vivo.

—¡Gojo, cuidado!

¡Esquiva eso!

—gritó Shiro.

—¿Qué diablos dices, Shiro?

¿Eso es…?

Maldición, no tengo otra opción.

Por un instante, el silencio se apoderó de mí.

«Si su ataque me alcanza, moriré… pero si hago lo mismo…» Una sonrisa cruzó mi rostro.

El equilibrio de mi poder se rompió.

El infinito se abrió ante mí.

El agujero negro se detuvo en seco; el espacio tembló, el tiempo se partió.

En un parpadeo desaparecí de su vista y reaparecí detrás de Lucifer, mi puño envuelto en luz pura.

El impacto fue brutal.

Lucifer salió disparado, atravesando el aire como una sombra rota.

Shiro me miró, sorprendida.

Su espada aún temblaba por la energía del golpe.

«¿Ese tipo… hay algo que no haga bien?» pensó, mientras una leve sonrisa aparecía en su rostro.

El silencio fue breve.

El suelo ardía, las grietas brillaban, y el siguiente asalto apenas comenzaba.

Continuará.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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