The strongest warrior of humanity - Capítulo 65
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65: capitulo 65 todo es un caos 65: capitulo 65 todo es un caos Shiro y Gojo vs.
Lucifer Shiro y Gojo se movieron a una velocidad descomunal, atacándolo al mismo tiempo, lanzándolo por los aires con una explosión que sacudió el suelo.
Antes de que el polvo se asentara, Shiro apareció detrás de él, su silueta recortada por la oscuridad.
Su presencia era inquietante, casi demoníaca, como una sombra viva que respiraba poder.
Lucifer quedó paralizado por un instante.
—Esa mujer…
—murmuró con un tono cargado de rabia y miedo contenido.
Los relámpagos estallaron sobre ellos como si el cielo entero rugiera ante Shiro.
Su mirada no era solo una amenaza: era un juicio.
Una sentencia silenciosa.
Retrocedí unos pasos, tratando de medir la distancia, pero Gojo me observaba desde abajo, con una calma que helaba la sangre.
—¿A dónde crees que vas?
—dijo, su voz fría, casi sin emoción.
Cerró los ojos.
El aire se distorsionó.
El Infinito se activó, formando una barrera invisible donde escapar no era opción.
El espacio mismo parecía plegarse ante su poder.
Lucifer frunció el ceño.
Una sonrisa torcida se curvó en sus labios.
Su risa reverberó por todo el campo, una carcajada seca que hacía vibrar el aire.
Pero algo cambió en Shiro y en mí.
Un peso invisible cayó sobre el lugar.
—¿Qué mierda está pasando?
—murmuré, sintiendo cómo la presión me cortaba la respiración.
El cuerpo de Lucifer comenzó a retorcerse, su energía desbordándose.
—Bien… ya fue suficiente calentamiento por hoy —gruñó con voz gutural—.
Espero que esta vez me den una buena pelea.
Desapareció.
En un abrir y cerrar de ojos, apareció frente a mí.
Su puño me atravesó el aire y se hundió en mi estómago con una fuerza brutal.
El golpe me lanzó volando, reventando la tierra y destrozando los árboles al caer.
El cielo cambió de color.
La atmósfera se volvió sofocante.
El suelo se agrietó, y muros oscuros se alzaron a nuestro alrededor.
Reino Temporal Abismal del Mal.
Había transformado todo el campo en su dominio.
Shiro apretó los dientes; su rabia era un fuego que chispeaba en sus ojos.
—Maldición… —susurró con furia contenida—.
Maldito Lucifer.
Si dejo que haga otro movimiento… —¿Dijiste algo, humana?
—su voz resonó a su espalda.
Shiro apenas alcanzó a girar cuando el golpe la impactó con una fuerza devastadora.
El suelo se rompió bajo sus pies, lanzando fragmentos de piedra en todas direcciones.
Gojo se levantó lentamente.
La sangre resbalaba por sus brazos, dejando un rastro oscuro sobre la piel.
Su respiración era pesada, pero su mirada había cambiado: fría, enfocada, peligrosa.
Algo en su interior se estaba desatando.
Sin pensarlo, corrió con todo lo que tenía, desatando una ráfaga de golpes que empujó a Lucifer cada vez más lejos.
El aire silbaba con cada impacto.
Y, entre el caos, una sonrisa salvaje apareció en su rostro.
Esa sensación de adrenalina pura, de romper los límites, lo consumía por completo.
—¿Qué es esto…?
—rugió, jadeando—.
Mis emociones… están destruyendo toda lógica.
El campo era un infierno.
Los demás yacían inconscientes, fuera de combate.
Solo dos figuras se mantenían en pie: Shiro Shimizu y Gojo Akinori.
Ambos temblaban.
No de miedo, sino de tensión absoluta.
Ya no sabían si seguían luchando por razón o por instinto.
Lucifer los observó desde la distancia.
Por primera vez, su rostro mostraba algo distinto: incomodidad.
—Increíble… —murmuró—.
¿Estos humanos… realmente me están haciendo frente?
Los tres estaban al límite.
Sus cuerpos heridos.
Sus almas, ardiendo como fuego puro.
Shiro avanzó lentamente.
—Ya basta —susurró.
El poder estalló dentro de ella.
Una luz azul iluminó el cielo, arrancando un rugido del viento.
Su cabello se tornó de un azul oscuro, su mirada cambió: fría, afilada, llena de una determinación que dolía mirar.
Lucifer la observó, y por un segundo, su respiración se cortó.
—¿Estoy… temblando de miedo ante esta tipa?
—pensó, con incredulidad.
Gojo la miró, maravillado.
—¿Qué demonios…?
¿Esa es realmente Shiro?
—sonrió—.
Ya veo… así que ese es tu verdadero poder.
El aire vibró entre ambos.
Un usuario del Infinito.
Una portadora del poder nocturno.
Dos fuerzas opuestas, sincronizadas por el mismo deseo: destruir al mal ante ellos.
Sabían lo que ocurriría si cruzaban el límite.
Y aun así, lo hicieron.
Sus cuerpos desaparecieron en el aire.
Lucifer apenas alcanzó a girar cuando los golpes comenzaron.
Ataques imposibles de seguir, veloces, precisos, implacables.
Cada impacto era un trueno, cada esquive una sombra fugaz.
La batalla se convirtió en algo más que una pelea.
Era una danza salvaje entre vida y muerte.
Una tormenta de poder puro donde solo el instinto decidía quién respiraría el siguiente segundo.
El viento soplaba con fuerza entre los escombros.
Shiro se volvió hacia Gojo, su voz tembló entre la tensión del aire.
—Oye, Gojo…
¿crees que podamos salvar a Carlos?
—preguntó con una sonrisa triste.
Gojo la observó en silencio.
Shiro apretó el puño.
—Sé que hay una forma, pero…
¿sabes por qué tuvimos que usar nuestros verdaderos poderes?
Cada vez que enfrentamos a Lucifer, él se hace más fuerte.
—Solo nos queda una opción, Shiro.
Gojo la miró fijamente; sabía lo que ella planeaba.
—Estás loca —respondió con dureza—.
No voy a permitir que hagas eso.
Shiro bajó la mirada.
Los recuerdos cruzaron su mente, la sombra de Hina reflejada en su tristeza.
—¿De verdad tenemos que matarlo?
—murmuró.
Sus labios temblaron; un suspiro escapó de su pecho.
—Solo…
solo tenemos que detenerlo.
Su rostro se endureció, su mirada se volvió feroz.
—No voy a dejar que muera.
Cambiaré su destino.
Una lágrima cayó.
—Todos merecen ser salvados.
No puedo abandonar a alguien que se ha vuelto parte de mí.
Carlos…
es lo único que me mantiene viva.
Es importante para mí, Gojo.
Y tú lo sabes.
Gojo la observó en silencio.
No había palabras que pudieran consolarla.
—Perder a alguien valioso, ¿eh?
—susurró al fin.
Una leve sonrisa cruzó su rostro.
—Eres una llorona, Shiro.
Pero está bien.
No lo mataré.
Lo haré por ti.
Sé que no podrías vivir en un mundo sin él.
Shiro levantó la vista, sorprendida.
—Todos somos humanos, Shiro.
A veces nos equivocamos entre lo que está bien y lo que está mal.
Gojo se apartó unos pasos, mirando el horizonte cubierto de ceniza.
—En la academia Ryouou Clannad nunca tuvimos mucho tiempo…
pero algunas cosas no se pueden entender, ni el porqué ni el cómo.
—Carlos —dijo Shiro con voz firme—, alguien en la academia te quiere muerto.
Cuando logremos salvarte, buscaré al culpable…
y lo mataré yo mismo.
Gojo asintió lentamente.
—Hay que traerlo de vuelta.
Su mirada se ablandó.
—Es nuestro amigo.
Siempre estuvo con nosotros…
y quiero conocerlo más.
Respiró hondo.
El aire vibró.
Gojo concentró su mana; la energía a su alrededor se volvió densa, ardiente.
—Magia prohibida: Púrpura Destructora.
Seis esferas púrpuras emergieron del vacío, girando lentamente.
Shiro dio un paso atrás.
—¿Qué harás con eso, Gojo?
—Lo que un verdadero amigo debe hacer.
Lo venceré…
sin importar las consecuencias.
La atmósfera cambió.
La mirada de Gojo se tornó sombría.
—Será mejor que te alejes —dijo.
El aire se quebró; su cuerpo desapareció en un instante.
Lucifer apenas pudo reaccionar cuando una espada de energía lo atravesó, seguida de una avalancha de esferas púrpuras que arrasaron todo a su paso.
El cielo se estremeció.
Cada choque liberaba destellos de luz que pintaban el firmamento en tonos violáceos.
Los ataques no cesaban.
La tierra temblaba bajo sus pies.
Dentro del cuerpo corrompido, Carlos abrió los ojos.
Podía sentirlos…
Gojo y Shiro estaban luchando por él.
Pero sabía que ya era hora de actuar.
Caminó a través de la oscuridad interior, su voz resonó en el vacío.
—Oye, Lucifer.
Es hora de que te enfrentes a mí.
Si no…
moriremos los dos.
Una silueta emergió entre las sombras, sonriendo con arrogancia.
—¿En serio serías capaz de expulsarme?
—Por supuesto.
¿Nunca has conocido el verdadero miedo?
La oscuridad tembló.
Lucifer frunció el ceño; algo cambió en el ambiente.
—Esto no puede ser…
ese poder…
El aura de Carlos se volvió nocturna, profunda, infinita.
Lucifer retrocedió.
—Imposible… el dios nocturno desapareció hace mil años… ¿cómo es que tú…?
Carlos levantó la cabeza.
—Ya sabes quién soy.
Y no me interesa ocultarlo más.
Una sonrisa helada curvó sus labios.
—Ahora tengo claro quién es mi enemigo.
—Vamos, Carlos, no seas tan arrogante.
—¿Arrogante yo?
—respondió con calma—.
Será mejor que dejes este cuerpo.
Es una advertencia.
Lucifer soltó una carcajada vacía.
—¿Acaso me amenazas?
—Sí.
Y si tienes miedo, es porque sabes que vas a perder… ante un simple humano.
Lucifer rugió, furioso.
Su energía se desbordó como fuego negro.
El poder de ambos chocó, generando una onda expansiva que fracturó el espacio.
En la superficie, Gojo y Lucifer seguían luchando sin tregua.
—¡Te dije que te vencería!
—rugió Gojo.
Su cuerpo se rodeó de un resplandor azul.
—Espacio-tiempo… Flechas de luz del tiempo.
Lanzó una lluvia de proyectiles que atravesó el aire como relámpagos.
Lucifer los esquivó, pero bajó la guardia un segundo… el suficiente.
Shiro apareció, su espada brillando con energía lunar.
El impacto combinado de ambos destrozó el cuerpo del demonio, arrancándole un rugido ensordecedor.
—¡No puedo regenerarme!
—gritó Lucifer—.
¿Qué me hiciste…?
Dentro de su mente, una voz resonó.
—Te lo dije.
No voy a dejar que hagas lo que quieras con mi cuerpo, escoria.
—¡Carlos!
—bramó Lucifer, desesperado.
Gojo aprovechó el instante.
—Golpe de Dios del Tiempo.
El ataque final lo envolvió todo.
Shiro cargó al mismo tiempo, su espada envuelta en destellos nocturnos.
La explosión borró el rugido del demonio.
Lucifer fue reducido a polvo.
Miguel abrió los ojos.
El suelo estaba destruido, el aire ardía.
A su lado, Karen temblaba, pálida.
—Todos están perdidos… —murmuró Miguel—.
Pero esos dos… están ganando contra un demonio.
Su mirada se endureció.
Desenvainó su espada, una luz dorada recorrió el filo.
—Supongo que es hora de ayudar.
En un destello, desapareció en una ráfaga de luz, avanzando hacia la batalla.
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