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The strongest warrior of humanity - Capítulo 67

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  4. Capítulo 67 - 67 capitulo 67 La voluntad
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67: capitulo 67 La voluntad 67: capitulo 67 La voluntad Lucifer estaba completamente herido.

Su cuerpo apenas se sostenía; las grietas en su piel ardían con un brillo carmesí.

Sus heridas no se regeneraban.

El poder de esos chicos lo había superado… y, por primera vez, el rey del abismo sentía miedo.

Pero algo más se movía.

A lo lejos, Natsu levantaba las manos, reuniendo un torrente de energía que hacía vibrar el aire.

Sus ojos brillaban con determinación.

—Nombre de la magia de fuego: Llamas Ardientes de la Luz del Amanecer.

El suelo se agrietó.

Un círculo mágico resplandeciente emergió bajo sus pies.

Una columna de fuego celestial se alzó hasta el cielo, bañando todo en un resplandor dorado.

Mientras tanto, Mio avanzaba a su lado.

Sobre su hombro rugía un dragón que Carlos le había regalado: Yui.

—Aliento de Dragón de Mil Destellos del Mar.

El rugido de Yui estremeció el campo de batalla.

Un torrente de energía azulada se fusionó con las llamas de Natsu, creando una tormenta de fuego y agua que se retorcía como un sol desbordado.

Lucifer levantó la mirada, jadeando.

—¿Qué… qué es este poder?

Pero el aire cambió.

Una nueva voz se elevó entre los relámpagos y el fuego.

—Las llamas son mi fuente, la luz es la que me da vida y esperanza.

Freya avanzaba entre el caos, su cuerpo envuelto en un aura dorada.

—Yo entregaré lo más valioso que tengo: mi fuerza de voluntad.

Yo, Freya Kwog Mae, ofrezco mi vida, mi honor y mi valor como ser humano.

Entrego mi existencia… invoco al Devorador de Almas Gemelas.

El cielo se rasgó.

De la invocación emergió una criatura gigantesca.

Sus garras eran tan afiladas que cortaban el viento su cuerpo, cubierto de marcas arcanas, se alzaba como un titán ancestral.

La luz lo envolvió.

Su forma cambió.

Frente a ellos apareció una figura humanoide cabello rubio, ojos negros como la noche, una sonrisa tan serena como perturbadora.

El ser se inclinó con elegancia.

—¿Usted me ha llamado, Lady Freya?

—Por supuesto —respondió ella, alzando la voz con firmeza—.

Soy tu Lady, y te ordeno que detengas al demonio abismal, Lucifer.

—Como desee, mi señora.

—Una sonrisa divina se curvó en su rostro—.

Yo soy lancelot, caballero de la gloria… y este será el fin del abismo.

El aire tembló.

Lucifer alzó la vista, furioso.

Y en ese instante, la batalla se tiñó de luz y oscuridad… el amanecer y el infierno chocando en un mismo grito.

Muy bien… así que a eso quieren jugar.

—¿Héroes?

—La voz de Lucifer resonó como un trueno—.

Entonces vengan a mí, ¡todos ustedes!

Su mirada penetrante hizo temblar el aire.

Una presión infernal cubrió el campo de batalla.

—Yo soy su señor todopoderoso, el rey de todos los mundos, soberano de los inframundos.

Yo, Lucifer, rey de los demonios, uno de los catorce abismales más fuertes de todos los tiempos.

¡Vengan a mí!

Lucifer levantó los brazos, y el suelo se desgarró.

De las sombras emergieron miles de criaturas: demonios, bestias de pesadilla, soldados del abismo con ojos ardientes.

Una horda infernal se extendía hasta donde la vista alcanzaba.

Pero antes de que pudieran dar un paso, lancelot —el caballero invocado por Freya— avanzó con el cabello ondeando como fuego dorado.

Su lanza se movió a una velocidad imposible, destrozando legiones enteras sin esfuerzo.

Cada golpe era una tormenta; cada paso, una masacre.

El suelo se tiñó de rojo.

Una batalla sangrienta había comenzado.

Gojo y los demás no se quedaron atrás.

Shiro, Natsu, Mio, Freya, todos atacaron al unísono, desatando un poder que hacía vibrar la tierra.

Pero incluso con todo su poder, Lucifer sonreía.

Una sonrisa desafiante, fría… llena de arrogancia.

—La victoria es nuestra —susurró, con los ojos ardiendo de orgullo.

— Punto de vista de Karen Tanaka Sánchez …¿A dónde estoy?

Todo está oscuro.

No hay sonido, ni vida.

Solo vacío.

Una figura apareció frente a mí.

Su silueta brillaba con un resplandor blanco, y su voz resonó con firmeza.

—Ha pasado tiempo, Karen.

Mis ojos se abrieron con asombro.

—¿Tú… eres…?

—El Dios de la Espada.

Te lo advertí, ¿no?

Nunca te confíes demasiado.

Ignoraste mis palabras… y casi mueres por ello.

Karen bajó la mirada, suspirando.

—Lo sé… pero fui salvada.

Por mi hermano… y por Gojo.

—Lo sé —dijo él con una sonrisa leve—.

Me alegra que hayan llegado a tiempo.

Si no… ya no estarías aquí.

Un silencio se extendió entre ambos.

El Dios de la Espada la observó fijamente.

—Dime, Karen… ¿quieres que te preste una parte de mi poder?

Solo lo suficiente para que puedas levantarte una vez más.

Pero escucha: debes usar el Separador de Almas.

Karen abrió los ojos de golpe.

—¡Cierto!

Lo había olvidado… —Ten cuidado —añadió el dios con tono grave—.

No puedo darte todo mi poder.

Si lo hiciera, tu cuerpo no lo resistiría.

Podrías morir al intentarlo.

Solo cuando seas más fuerte… podrás cargar con todo.

Karen asintió lentamente.

—Está bien… Dios de la Espada.

Una explosión de luz envolvió el vacío.

El brillo se extendió hasta los cielos del mundo real.

Karen volvió a abrir los ojos.

Su cuerpo temblaba, agotado por el dolor y las pérdidas.

Pero se levantó, paso a paso.

Su respiración era profunda, firme, imparable.

Ante ella, flotaba una espada, envuelta en un resplandor plateado.

El Separador de Almas.

Karen la tomó con decisión.

El aire se estremeció.

Su mirada, ahora fría y decidida, se clavó hacia el horizonte.

Con un movimiento lento, bajó su espada, y el cielo mismo pareció contener el aliento.

La oscuridad tembló.

Había regresado.

Karen Tanaka Sánchez… había vuelto a la guerra.

Por un lado, Carlos y la marioneta de Lucifer libraban una batalla a muerte.

Ninguno se contenía.

Sus movimientos eran salvajes, sobrehumanos; dos monstruos desatando su poder sin compasión.

Cada choque de sus ataques hacía temblar el aire, una fuerza tan brutal que el mismo suelo se resquebrajaba.

Carlos avanzaba lentamente, su mirada ardía con una determinación fría y penetrante.

Un aura oscura lo envolvía, densa, casi viva.

Él y la marioneta de Lucifer estaban más allá del límite humano.

—No dejaré que hagas lo que quieras, Lucifer.

—Voy a detenerte aquí y ahora.

Lucifer soltó una carcajada profunda.

—Eso quiero ver, niño insolente.

De todos modos, ya cumplí con mi papel.

Nada de lo que hagas tendrá sentido.

Carlos alzó la cabeza, mostrando una sonrisa desafiante.

—Tal vez tengas razón… Pero yo no me voy a rendir.

Seguiré caminando sin mirar atrás.

Por un instante, recordó aquellas palabras que Henry le había dicho antes de despedirse: > “Muchacho… ve allá afuera y demuéstrales al mundo, y a tus enemigos, de qué estás hecho.” Carlos apretó los puños.

—Debo demostrar que soy Carlos Tanaka Sánchez.

El ser que algún día traerá paz al mundo.

Porque tengo un legado que cumplir.

La marioneta rió, una carcajada distorsionada, como el eco de un demonio.

—¿De verdad crees eso?

No me hagas reír.

¿Alguien como tú podrá cambiar el destino?

No digas estupideces… No puedes cambiar nada, aunque lo intentes.

Eres solo un simple niño.

Carlos bajó la mirada por un momento… luego sonrió.

—Tienes razón.

Soy un simple niño… Pero un niño que aspira a ser lo que quiera ser.

Y ni tú, ni nadie, cambiará eso.

Sus ojos se iluminaron con una intensidad feroz.

—Yo soy un Tanaka Sánchez.

Y no voy a dejar que nadie me derrumbe.

No dejaré que nadie me haga caer.

Porque siempre encuentro la manera de levantarme, una y otra vez.

Por ellos… Por las personas que alguna vez confiaron sus sueños en mí.

Por todos los guerreros que cayeron en la guerra, por sus sacrificios, su valor, su esperanza… No dejaré que sean olvidados.

Sus muertes no serán en vano.

El viento rugió.

Carlos alzó su espada, y su aura estalló como un huracán de luz y sombras.

La batalla apenas comenzaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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