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The strongest warrior of humanity - Capítulo 69

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  4. Capítulo 69 - 69 capitulo 69 la derrota del abismo
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69: capitulo 69 la derrota del abismo 69: capitulo 69 la derrota del abismo Bueno, es hora de moverme hacia ellos.

No planeo dejar que hagan todo solos.

Aunque tengo mis dudas sobre este accidente… solo nos quedará como un recuerdo, una experiencia contra alguien aún más peligroso.

Algo me dice que esto será lo más oscuro que llegará a ocurrir.

Cada paso que daba hacía que el aire se volviera más pesado, como si el mundo mismo supiera lo que estaba por venir.

En fin, debo apresurarme o, de lo contrario… —una sonrisa se dibujó en mi rostro, tan ligera como peligrosa—.

Tal vez, cuando todo esto acabe, ya sabré qué hacer con él.

Lucía corrió hacia ellos.

Relámpagos surgían de su cuerpo, estallando en el suelo y marcando su camino.

El ambiente vibraba con cada descarga, y sus ojos brillaban de una forma hermosa… pero también intimidante, como si escondieran una decisión que podría cambiarlo todo.

El aire temblaba.

El silencio antes del caos se volvió insoportable.

Karen había llegado hasta Lucifer.

Una mirada penetrante se dibujó en su rostro, tan fría que cortaba el aire.

Miguel, a su lado, tenía los ojos envueltos en una expresión que intimidaría a cualquiera que se atreviera a enfrentarlo.

—Debo pensar en muchas cosas… pero esta es la última oportunidad que tenemos.

Cuento contigo, Karen… Una ráfaga de luz me envolvió mientras me lanzaba hacia Lucifer con toda mi fuerza.

El impacto retumbó por todo el campo.

Levanté mi pie para asestar un golpe, pero él lo bloqueó con facilidad, como si fuera un simple reflejo.

Karen blandió su espada y descargó varios ataques.

Logró golpearlo, pero al intentar presionarlo más, Lucifer bloqueó con muchísima más facilidad… aunque lo que él no sabía era… Shiro llegó de golpe, lista para atacar sin dudar.

Gojo apareció detrás de Lucifer, su mano brillando mientras detenía el espacio-tiempo por un instante.

Lucía entró detrás de ellos, y su resplandor de relámpagos iluminó toda la zona, convirtiendo la tierra rota en un campo de luz y sombras.

Apareció frente a él, desafiante.

—Te lo dije, Lucifer.

No importa cuáles sean tus objetivos.

Aunque lo hayas logrado… esto también es una derrota —dijo Lucía, su voz temblando de poder—.

Al principio no sabíamos cómo salvarlo… pero ahora él me dejó algo claro.

Una sonrisa malévola se abrió paso en su rostro.

—Él aún sigue peleando dentro de tu control.

Prepárate, Lucifer… porque este será el cierre entre tú y él.

Lucifer levantó la mirada.

Una expresión extraña, casi desafortunada, cruzó su rostro… pero luego rió.

Esa risa.

Esa risa que hacía temblar hasta las sombras.

Lucía no bajó la vista.

Sus ojos brillaban con una sed de sangre tan intensa que incluso el aire alrededor se tensó, como si el mundo contuviera la respiración.

Golpeé a Lucifer con mi espada Rayo de Oscuridad.

Una gran ráfaga de viento estalló alrededor nuestro, levantando escombros y sacudiendo el suelo.

Shiro aprovechó la apertura y atacó de inmediato, invocando una lluvia de espadas de hielo nocturnas que cayeron como un aguacero mortal sobre él.

—Esto se acaba aquí —dije, mirando a Karen.

Con solo cruzar miradas, entendió exactamente lo que quería decir—.

Usa tu espada… apunta a su corazón.

No te preocupes, él no morirá.

Te estamos dejando el camino para que logres asestar el golpe final.

—Está bien, Shiro… haré lo que tenga que hacer.

Karen apretó su espada con fuerza.

—Hermano… esto será doloroso, pero puedo verte.

Tú también estás luchando… Lucifer trataba de defenderse, pero no podía detener los ataques de esas dos mujeres.

Su expresión lo decía todo: frustración pura.

—De verdad… sus ataques son muy molestos… —gruñó, irritado.

Una nueva ráfaga resonó por todo alrededor.

Y entonces, sin que él lo notara, Miguel ya estaba detrás de él.

En el mismo instante, Gojo apareció a su lado.

Ambos lo golpearon al mismo tiempo, enviándolo a volar varios kilómetros, provocando una onda destructiva que partió el terreno en líneas irregulares.

ADENTRO DE LA MENTE DE CARLOS —Ríndete, Lucifer.

Vas a perder aquí.

La mirada de Carlos era puro desprecio.

Pero debajo de esa dureza… algo más pesaba en su alma.

Las cosas pronto acabarán… pero ¿por qué siento esta carga en mis hombros?

Todo el peso cae sobre mí.

Tal vez yo sea el problema… tal vez todo esto fue causado por mí.

Debo seguir cargando con esto.

Lo hago por ellos.

Tal vez no logré cambiar nada… tal vez solo me usaron para sus planes… pero si esto es lo único que puedo hacer… estoy dispuesto a aceptar el dolor.

Las llamas del infierno comenzaron a brotar a su alrededor.

El suelo se partió bajo sus pies, el aire se torció, y su sombra se alargó como si intentara devorarlo todo.

Lucifer observó aquello, sorprendido por primera vez.

—No… no puede ser… esto tiene que ser una broma… esas llamas… Sus ojos se abrieron con terror.

—Las Llamas del Infierno… las mismas de las que Carlos no logró salir con vida aquella vez… Esas llamas no lo quemaban.

Lo abrazaban.

Lo reclamaban.

Carlos, rodeado de ellas, no gritaba.

No temblaba.

Se estaba convirtiendo en lo que siempre temió.

El verdadero infierno.

—¿Por qué me miras así, Lucifer?

¿Es la primera vez que sientes miedo hacia mí?

No tienes por qué sorprenderte… yo viví un infierno del que ni siquiera yo pude salir.

Quedé atrapado sin un lugar al cual correr.

Pero ¿sabes…?

Suspiré tranquilo.

Las cosas por las que tuve que pasar son algo que tú ni nadie podrá comprender.

Y si incluso ustedes vuelven a atacar la academia… Una mirada amenazante se dibujó en mi rostro.

Esos ojos… eran la soledad que me arrebató todo.

—Aunque todo se repita de nuevo… seguiré caminando hacia adelante —dije, con la voz temblando de fuerza—.

Soportaré esta carga.

Sus sonrisas… sus lágrimas… los recuerdos.

Jamás olvido lo que todos tuvieron que vivir.

Pero ya es hora… Hora de dar este paso.

De convertirme en lo que soy.

En lo que alguna vez todos soñamos ser: algo en la vida.

En lo más allá, Sara sonrió.

—Nada mal, niño —susurró—.

Demuéstrales quién eres en realidad.

No importa si intentan acabar con tu vida… tú eres el verdadero ser que mi yo del futuro jamás pudo ser.

Ella murió en una guerra que no pudo ganar… y no es la única.

Hay otros mundos… destruidos por ellos.

Sara cerró los ojos, su voz se volvió un eco que atravesaba el vacío.

—Pero sé que tú, algún día… te enfrentarás a esa amenaza.

Y cuando llegue ese momento… todo lo que anhelas podría ser arrebatado.

No dejo de pensar en lo que los demás tuvieron que vivir… ¿no lo crees, Noelle?

¿Y tú, Luis?

Tal vez tengas razón.

Cuántas luchas… cuántas personas han sido aniquiladas.

De verdad… esto me aterra más de lo que quiero admitir.

—Tienes razón, Luis —dijo Noelle, con la voz temblando un poco—.

Pero debemos tener en cuenta lo que está pasando ahora.

Es algo terrible para nosotros.

¿De qué sirve que hayamos sobrevivido a todo eso…?

Suspiré.

Cada uno de nosotros ha perdido cosas valiosas.

—Pero tú, Sara… —continuó Noelle—.

Lograste algo que nosotros no.

No solo derrotaste a Astaroth… también a todos ellos.

Cuando nuestros mundos fueron destruidos… tú nos salvaste de ese cruel destino.

—Es verdad lo que dices —respondí—.

Pero lo que mi yo… no logró proteger su mundo.

Todo fue un infierno.

Lo que vi… esas llamas, todo manchado de sangre.

No dejo de pensar en ello.

Y siempre me pregunto… si fallamos, ¿estamos todos condenados a morir ante esa amenaza?

Una voz desconocida intervino, entrando lentamente en la conversación.

—Tienes un buen punto —dijo alguien que acababa de llegar—.

Pero no deben dudar de sus miedos.

Hay que afrontarlos.

Sé que están asustados tras ver morir a cada uno de nosotros.

Por suerte… logramos huir de él.

Sé que esto será un gran problema.

—Tienes razón, Miranda Riley… siempre tan valiente.

—¿Bromeas?

Si no fuera por mí, ustedes no estarían vivos después de enfrentarse a ese “Dios”… —respondió Riley con una sonrisa ladeada.

—Eso no te lo puedo negar, Miranda—dijo Sara—.

Pero sabes las consecuencias, ¿verdad?

—Sí, lo sé… más que nadie.

Por ahora solo podemos mirarlo… un rato.

Espero que logres SOBREVIVIR, Carlos Sánchez… Regresando con Carlos… —Y bien… dime, ¿qué harás ahora?

—la voz de Lucifer resonó como un metal oxidado—.

Porque, para ser ideal, este plan te resultó bastante sencillo, ¿no?

Entonces acabemos con esto… rey más poderoso de todos los tiempos.

—Vaya… no sabía que me tenías un poco de respeto —respondio.

Una sonrisa siniestra se dibujó en el rostro de Lucifer.

—Está bien.

Acabemos con esto, niño arrogante.

Él lanzó una de sus magias más poderosas.

Solo tenía una oportunidad: esquivar cada ataque o morir ahí.

Blandí mi espada con fuerza, sosteniéndola con ambas manos.

Mi mirada cambió por completo al activar el Reino Temporal.

De pronto, toda la oscuridad que nos rodeaba se desvaneció.

Lucifer abrió los ojos sorprendido al verme avanzar.

—¿Qué diablos es esto…?

—murmuró.

Yo me preparaba para atacar.

Algo en mi aura había cambiado; lo noté en su reacción.

Un brillo azul, casi estelar, rodeaba mi cuerpo… como si llevara galaxias ardiendo en mis ojos.

—Eres un monstruo… —susurró Lucifer, por primera vez mostrando miedo.

Pero su sonrisa volvió, retorcida.

—Esto se acaba aquí.

Veamos qué tan efectivo es tu ataque, humano insolente.

Ambos nos movimos a una velocidad devastadora.

Nuestras fuerzas chocaron, cruzando acero, magia y odio.

Una explosión envolvió todo, una luz cegadora iluminó el campo de batalla.

El humo cubrió la escena… y entonces apareció una silueta.

Era yo.

A duras penas seguía en pie, con heridas profundas y la sangre cayendo sin parar.

—Maldición… parece que usar el Reino Temporal sí es peligroso… —dije, con una sonrisa cansada.

—¿De verdad eso crees?

—su voz resonó desde el humo.

Mi sonrisa se borró al instante.

Estaba aterrorizado.

Lucifer salió caminando entre la niebla.

—Vamos… tu ataque fue tan hermoso que ni siquiera pude sentir dolor.

—Maldito Lucifer… —Bien.

Ya es hora de matarte, niño.

—¿De verdad eso crees…?

—una sonrisa retorcida nació en mi rostro—.

Solo hay una manera… Clavar mi espada… directamente en mi pecho.

Los demás seguían luchando, pero el cansancio los estaba destruyendo.

Aun así, ninguno se rendía.

Karen vio una brecha.

—Lo puedo ver… este es el momento.

Un rayo de luz surgió de ella.

Su brillo era tan dorado que todos se quedaron congelados.

—Vaya, Carlos… tienes una hermana con un poder abrumador —dijo Gojo sorprendido.

Todos gritaron al unísono, llenos de desesperación: —¡¡ES AHORA O NUNCA, KAREN!!

Karen y yo sabíamos exactamente lo que íbamos a hacer.

Una sonrisa idéntica —retorcida, decidida, llena de dolor— apareció en nuestros rostros.

—Te salvaré… —dijo Karen.

—Y yo acabaré contigo, Lucifer… —susurré.

Ambos gritamos: —¡¡ADIÓS, DEMONIO BASTARDO!!

Lucifer corrió hacia mí, desesperado.

—¡NO DEJARÉ QUE HAGAS ESO!

Pero ya era demasiado tarde.

Karen y yo perforamos mi corazón al mismo tiempo.

Un estallido de luz atravesó todo.

Lucifer gritó con furia absoluta mientras su esencia era arrancada del interior de mi cuerpo… y desaparecía para siempre.

Caí al suelo.

Estaba agotado… completamente drenado.

Pero al menos parecía que había logrado deshacerme de él.

Entonces una voz resonó, arrastrada, venenosa… acompañada de una sonrisa que se podía sentir aunque no la viera.

—Vaya… los felicito por haberme sacado del cuerpo de Carlos.

Pero ¿qué creen?

Esto no acaba aquí.

Muy pronto volveremos a vernos las caras, humanos inútiles… La voz se desvaneció lentamente, dejando esa sonrisa siniestra clavada en el aire.

Ni siquiera pude moverme.

—Maldición… este tipo… Suspiré, dejando caer la cabeza hacia un lado.

—Pero no importa —murmuré—.

Ahorita es momento de regresar con ellos… Una ligera sonrisa apareció en mis labios.

—Gracias por darme fuerzas, Henry… sin ti no hubiera logrado esto.

Caminé lentamente hacia la luz.

Me desperté.

Todos estaban a mi alrededor, mirándome con preocupación.

Karen se lanzó hacia mí, abrazándome con tanta fuerza que apenas podía respirar.

Las lágrimas no paraban de caerle.

Los demás también estaban llorando… aunque intentaban ocultarlo.

Gojo y Miguel me miraron con una expresión mezcla de alivio y cansancio.

Gojo, como siempre, con esa sonrisa ridícula.

—Me alegra que estés a salvo, princesa… —¿Ah?

¿Qué diablos dijiste?

—fruncí el ceño.

—Oh, vamos, Carlos, solo mírate… estás hecho polvo —dijo Gojo, fingiendo indignación—.

¿Quién fue la desgraciada que te dejó así?

Una sonrisa burlona se dibujó en su rostro.

—Muy chistoso, ¿verdad, Gojo?

Nomás quiero que me pidas algo y no te voy a ayudar.

¿Te queda claro?

—¿De verdad piensas eso…?

—respondió, todavía riéndose.

Pero entonces Shiro apareció detrás de él.

Sus ojos brillaban con esa sonrisa malévola característica.

—Oh… ¿acaso quieres que recordemos los viejos tiempos, Gojo?

Gojo se congeló en el acto.

Y todos supieron que la verdadera pelea… estaba por empezar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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