The strongest warrior of humanity - Capítulo 70
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 70 - 70 capitulo 70 la última batalla
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
70: capitulo 70 la última batalla 70: capitulo 70 la última batalla —Me alegro de que hayan sobrevivido ante Lucifer —dije mientras respiraba hondo.
—No tienes por qué agradecernos —respondió Gojo con una sonrisa orgullosa—.
Estuvo muy fácil el tutorial.
Es más, ni siquiera necesitábamos ayuda.
Shiro entrecerró los ojos, dejándole caer una mirada traviesa.
—Vamos, Gojo, no seas tan presumido… si tú fuiste el primero que cayó en combate.
—¡Oye!
No cuentes lo que viste —bufó él, cruzándose de brazos—.
Además, debo decir que sí fue muy peligroso para nosotros.
Pero gracias a eso aprendimos algo sobre los demonios abismales… sí que son un gran problema, una amenaza real para la humanidad.
Lucía caminó hacia nosotros, su expresión seria contrastando con el ambiente.
—Tienes un buen punto —dijo—, pero debemos saber algo exactamente… fuiste poseído por él.
—Hablando de eso… —Carlos tragó saliva—.
¿Y los demás?
¿Dónde están?
Lucía bajó la mirada un instante, suspirando.
—Sobre eso… tienes que verlo por ti mismo.
Y no creo que te vaya a gustar lo que vas a ver.
Me levanté con dificultad y caminé unos pasos más adelante… Lo que vi me dejó helado.
Una masacre.
Un campo destrozado.
Natsu, Freya, Mio y Melissa estaban arriesgando sus vidas, enfrentándose al ejército que Lucifer había preparado antes de expulsarlo de mi cuerpo.
Ellas luchaban como si esa fuera su última batalla.
—¡Oigan, todos ustedes!
—grité con la voz temblorosa.
Me miraron.
Yo apenas podía sostenerme.
Mi rostro estaba pálido.
—Es mejor que se vayan a la academia… de inmediato.
—¿Qué diablos estás diciendo, Carlos?
—reclamó Miguel—.
¿Crees que tú solo podrás hacerlo?
—Miguel… hay cosas que uno tiene que hacer —respondí apretando los dientes—.
No puedo dejar que ustedes carguen con esto solos.
Ya vivieron una experiencia oscura al enfrentarlo.
¡Vieron que casi mueren por él!
Mi voz se quebró.
Había dejado salir todas mis emociones.
—No quiero que ninguno de ustedes caiga… no ahora.
Lucía dio un paso al frente.
—Te preocupas más por los demás que por ti mismo, Carlos… Sus palabras… eran las mismas que me dijo el Caballero Oscuro.
Ambos tenían razón.
Pero no podía permitir que ellos volvieran a sufrir lo que ya vivieron en esta pesadilla.
Miré a todos una última vez… y los ignoré.
Activé la magia de teletransportación que había aprendido de cierta persona.
Una sonrisa leve apareció en mi rostro.
—Lamento lo que voy a hacer, chicos… —¡CARLOS, NO!
—gritó Gojo.
Demasiado tarde.
Los envié a todos de regreso a la academia.
Freya y las demás fueron absorbidas por el portal, arrastrándolas hacia dentro sin que pudieran resistirse.
—¿Dónde estamos?
—preguntó Mio, confundida.
Natsu también miraba a su alrededor sin entender nada.
—¡Maldición!
—gritó Miguel, golpeando el suelo con rabia y frustración.
Gojo respiró hondo y murmuró, serio: —Yo también haría lo mismo… pero no podemos hacer nada, Miguel.
Tú y Karen estuvieron al borde de la muerte… igual que ellas.
Él sabe lo que tiene que hacer… Gojo bajó la mirada.
La sonrisa tonta había desaparecido.
—Pero lo que no creí… —susurró— es que Shiro se quedara con Carlos.
—Así que no fuiste arrastrada por el portal, ¿eh, Shiro?
Shiro cruzó los brazos, mirándome con ese aire desafiante que siempre carga.
—No podía dejar que tú te enfrentaras solo a ese ejército.
—Tienes razón… —suspiré aliviado, aunque con una sonrisa cansada—.
Pero qué más da.
En fin, Shiro… ¿cuántos son en realidad?
Ella miró al horizonte, donde la horda oscura avanzaba como una ola sin fin.
—En total… son como unos sesenta mil.
—Ya veo… sesenta mil —repetí mientras una sonrisa surgía en mi rostro—.
Sí, son muchos… Pero esa sonrisa no era de confianza.
Era de decisión.
Dentro de la academia, donde estaban los demás, hice aparecer una proyección en lo alto del cielo para que pudieran ver con sus propios ojos este desastre.
—¡Oigan!
—gritó Freya—.
Tienen que ver esto.
Todos levantaron la mirada.
—¿Qué mierda es eso?
—preguntó Miguel, atónito.
La imagen mostraba a Shiro y a mí, solos, frente a un ejército que parecía tragárselo todo.
—Dos contra… ¿un ejército entero?
—susurró Karen, sin poder creerlo.
Punto de vista de Shiro Shimizu No pensé que Carlos usaría magia de teletransportación.
Es la primera vez que veo algo así en mi vida.
¿Por qué lo hizo?
Me hice esa pregunta… pero al mirarlo bien lo entendí.
Su presencia.
El aura que salía de su cuerpo era distinta… poderosa.
Oscura, pero no como la mía.
Su poder nocturno era completamente diferente… más denso, más salvaje.
—En verdad… eres alguien que me sorprende —pensé en voz baja—.
Tienes un gran poder, Carlos.
Comparado al mío, todavía estás lejos de alcanzarme… Pero en el fondo sé que algún día te volverás mucho, mucho más fuerte.
Una sonrisa se formó en mis labios mientras mi cabello ondulaba con la energía que brotaba de ambos.
—Estoy esperando con ansias ver tu crecimiento… Carlos.
—¿Estás lista, Shiro?
—una expresión seria endureció mi rostro.
—Por supuesto, Carlos… estoy más que lista —respondió ella, mientras chispas eléctricas explotaban alrededor de su cuerpo.
Un estruendo de relámpagos nos envolvió a ambos.
Yo activé Dios del Rayo, y en un instante los dos desaparecimos del lugar.
Caímos desde el cielo como dos meteoros; el impacto fue tan brutal que incluso aquellos monstruos, carentes de miedo, retrocedieron aterrados ante la presión que liberábamos.
Shiro y yo nos dividimos sin necesidad de hablar, como si fuera una competencia de quién derribaba a un ejército primero.
Dentro de mi mente solo pensé: «Vaya… esto no tiene fin.
Bueno, ya acabé con la mayoría.
Es hora de usar mis habilidades.» Decenas de monstruos aparecieron frente a mí aullando, intentando golpearme desde todos los ángulos.
Pero con Corte Mundial, desintegré a varios de ellos sin contenerme; era una carnicería incomparable.
A mi lado, Shiro reía con una locura electrizante mientras masacraba sin piedad a todo lo que se moviera.
«Vaya, está loca… sí da algo de miedo», pensé con una sonrisa.
«Pero me alegra pelear contigo de nuevo, Shiro…» Una nostalgia cálida me atravesó.
«Esto me trae viejos recuerdos.» Desde lejos, todos quedaron paralizados, traumatizados incluso.
—¿Qué demonios estoy viendo?
—murmuró alguien temblando.
Dos personas… ¿dos solos contra un ejército de sesenta mil?
Imposible… y aun así, lo estaban logrando.
Mis espadas surgieron a mi alrededor flotando, vibrando con una fuerza que hacía temblar el aire mismo.
Su brillo era afilado, penetrante, como si me observaran a mí también.
Una presión sofocante cayó sobre el ejército entero.
—Todos ustedes… serán borrados.
Mi espada principal comenzó a brillar con un fulgor carmesí.
Cerré los ojos.
La luz sangrienta envolvió todo a mi alrededor, formando una carga destructiva capaz de arrasar un continente entero.
Abrí los ojos lentamente.
—Pirámide de la Muerte.
Destrucción de la Muerte Escarlata.
El mundo explotó.
Una ráfaga titánica resonó por todo el campo.
El bosque dejó de existir; no quedó ni un tronco, ni una hoja.
Todo se convirtió en llamas, polvo y silencio absoluto.
Al otro lado, Shiro había aniquilado a los suyos también.
Cada enemigo reducido a nada.
«Supongo que… ya se acabó…» Sentí mi fuerza abandonar mi cuerpo.
Usé demasiado en ese ataque.
Caí al suelo inconsciente.
Entre la bruma cálida del atardecer, vi a Shiro acercarse.
Su rostro estaba iluminado por una sonrisa hermosa, sus mejillas se encendían suavemente.
—Hiciste un gran trabajo, Carlos… —susurró ella, agachándose a mi lado.
La escena quedó teñida de rojo por el sol poniente.
Su mirada… simplemente perfecta.
Había quedado dormido durante cuatro semanas.
Cuando por fin desperté, lo primero que pensé fue: «¿D-dónde estoy…?» Todo estaba borroso.
Sombras.
Movimientos.
Voces ahogadas.
Parpadeé varias veces hasta que mi visión regresó lentamente… y entonces la vi.
Mi madre estaba allí, temblando de miedo, con los ojos rojos y húmedos.
—¿Estás bien… hijo?
—su voz se quebró.
Se lanzó encima de mí abrazándome con tanta fuerza que apenas podía respirar.
—Pensé… pensé que no despertarías… —sus lágrimas caían sobre mi hombro.
—Mamá, no llores —le dije con una sonrisa débil—.
Todo está bien.
Tu hijo es fuerte… no tienes por qué preocuparte.
—No tienes remedio, hijo… —rió entre sollozos, aliviada.
Detrás de ella, mi padre me observaba en silencio, con una mirada severa… pero sus ojos traicionaban un temblor de emoción.
—Hiciste un gran trabajo, Carlos —dijo con voz firme.
—No es nada, patriarca, yo… Pero sus ojos se humedecieron.
Una lágrima cayó por su mejilla.
—Me alegro tanto de que estés bien, hijo… Bajé la mirada un momento.
Una sonrisa se me escapó… y las lágrimas brotaron también, una tras otra, sin poder detenerlas.
Una voz interrumpió el momento.
—Perdón por arruinar su reunión familiar, pero… ¿puedo quedarme a solas con Carlos?
Una figura entró a la habitación: Angélica.
—Ha pasado tiempo que no nos vemos, discípulo —dijo con una expresión seria.
—Angélica… ha pasado tiempo.
Veo que también has mejorado —le respondí, devolviéndole la mirada.
Mi madre se secó las lágrimas.
—Está bien, Hina —dijo mi padre—.
Es hora de ver a nuestra hija Karen.
—Tienes razón —respondió ella, sonriendo cálidamente hacia mí—.
Nos vemos más tarde, hijo.
—Lo mismo digo, madre —repliqué con una sonrisa mientras ambos se retiraban.
Angélica tomó asiento frente a mí.
—Bien… ahora cuéntame exactamente lo que ocurrió.
Le relaté todo: cómo fui poseído por Lucifer, lo que vi, lo que sentí, y lo que intentó arrancarme desde dentro.
Angélica escuchó en silencio, con una tensión creciente.
—Ya veo… así que eso fue lo que pasó.
Pero dime, Carlos… ¿qué es lo que él está buscando?
—¿Has oído hablar de la Reliquia Sagrada de Dios?
—Espera… ¿qué tiene que ver eso?
—Mucho más de lo que imaginas —respondí con tono grave—.
Lucifer quiere revivir a Astaroth.
Los ojos de Angélica se abrieron con furia.
—Eso no puede ser posible.
¿Traerlo de regreso?
¿Tienes idea de lo que eso significa?
La miré fijamente.
—Lo sé.
Y no me gusta nada… Pero logró su objetivo.
Se llevó algo de mí.
No sé qué… pero sí sé que necesitamos encontrar esa reliquia antes que ellos.
Angélica suspiró, su mirada empalideció.
—Encontrarla puede tomar años… Pero tienes razón.
No debemos rendirnos.
Se levantó.
—En fin… tengo cosas que investigar.
Y espero que algún día tengamos un duelo de maestro y estudiante.
—Lo mismo digo, Angélica.
—Descansa.
Nos vemos, Carlos —dijo mientras salía de la habitación.
La puerta se cerró.
Pero se abrió de inmediato.
Era Yue.
—¡Papá!
—corrió hacia mí, temblando, con el rostro empapado—.
Me alegro muchísimo de que hayas despertado… estaba tan asustada… —Yue… ¿te quedaste cuidándome estas semanas?
Antes de que ella respondiera, Natsuki entró.
—Así es —dijo con los brazos cruzados—.
Yue se quedó todos los días aquí… aunque yo también me quedé.
Y me alegra demasiado que estés bien.
Se acercó a mí, pero su rostro cambió.
Las lágrimas empezaron a deslizarse.
—¿Oye, Natsu… estás bien?
—¿Acaso no es obvio, idiota?
—dijo entre sollozos—.
¿Sabes cuánto tiempo estuve esperando que despertarás?
No podía dejar de pensar que… que quizá no volverías… Su voz se quebró.
Me dolió verla así.
No quería que sufrieran por mi culpa.
Me levanté como pude y caminé hacia ella.
La abracé con suavidad.
Estaba completamente cubierta de lágrimas.
—Natsu… me alegro de verdad que estés bien.
Ella se aferró a mí como si temiera perderme otra vez.
No pude contenerme.
Las lágrimas también salieron de mis ojos.
—Si a ti… o a Yue… o a mis padres les pasara algo… —apreté los puños—.
Me volvería un monstruo.
Los protegeré a todos, sin importar lo que pase.
Porque sin ustedes… no soy nada en este mundo.
Muy lejos, en el Abismo… Una figura caminaba entre sombras con una sonrisa cortante.
—Vaya, Lucifer… no pensé que manipularías a ese chico tan fácilmente.
Pero lograste lo que querías.
Siempre consigues lo que buscas… eso me da un poco de envidia.
El hombre levantó la vista, mostrando unos ojos brillantes y siniestros.
—Ojalá algún día nos encontremos cara a cara, Carlos.
La figura misteriosa era nadie más y nadie menos que Gabriel.
—Las cosas se pondrán interesantes a partir de ahora… Mientras tanto, en la Academia Ryouou Clannad… —Ha pasado tiempo que no nos vemos, Hina… —dijo una voz.
—Y especialmente a ti, Josué.
Habían pasado varios años desde la última vez que se vieron.
—¿Cómo han estado últimamente?
—preguntó Shiro con un tono tranquilo.
—Bastante bien… lejos de ti —respondió Josué con una mirada tan fría que el aire pareció congelarse.
—Vaya, vaya… —shiro sonrió—.
No sabía que me extrañabas.
Antes de que Josué dijera algo más, una figura apareció delante de ellos.
Shirou.
—Me alegra que estemos reunidos otra vez.
Ha pasado demasiado tiempo, Hina… Josué.
Hina suspiró.
—Vaya, tú nunca cambias.
—Lo sé —respondió Shirou con una sonrisa relajada—.
Pero esta vez sí necesito disculparme… Hina, lo que le ocurrió a Carlos fue culpa mía.
Me entusiasmé demasiado por ver qué tan fuerte era y, por mi arrogancia, uno de los abismales logró manipularlo.
Josué apretó el puño con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.
—No… es tu culpa, Shirou —dijo Hina suavemente.
—Todos cometemos errores —añadió Hina.
Josué, sin embargo, levantó la mirada, helada como un cuchillo.
—Pero más te vale que no vuelva a repetirse —su voz retumbó como un trueno contenido.
Shirou soltó una pequeña risa.
—Lo tendré en cuenta… y la próxima vez le pediré permiso a él.
Josué frunció el ceño.
—Nunca aprendes, ¿verdad?
—Tu mirada da más miedo que la de mi hermana —respondió Shirou riendo nervioso.
Hina intervino para cambiar el tema.
—Bien.
Si ya te disculpaste, ahora dinos qué te trae aquí.
Shiro se puso seria.
—Tenemos un problema.
Hay un infiltrado en la academia.
No sabemos quién es ni dónde se esconde.
Los dos se tensaron.
—Por eso quiero pedirles un favor —continuó—.
Desde hoy… seré el ángel guardián de Carlos.
—¿Ángel guardián?
—preguntó Hina.
—Las cosas no van bien.
Desde que despertó, siento algo extraño en él.
Algo que no logro comprender.
¿Cómo logró resistir y salir con vida del control de Lucifer?
Hina y Josué se quedaron en silencio.
—¿Quieres decir que ellos dos…?
—susurró Hina.
—Así es —afirmó Shiro—.
Carlos peleó directamente contra él en su mente.
Algo que ninguno de nosotros podría hacer.
Por eso tengo que investigar a fondo este asunto.
Shiro los miró con seriedad absoluta.
—Y ustedes no deben decirle nada sobre lo que pasó hace años.
Ni por qué yo y mi hermano dejamos la academia.
Hina asintió.
—Está bien.
No diremos nada.
Josué también asintió sin decir palabra.
Shiro suspiró aliviado.
—Me alegra que comprendan.
Dio media vuelta.
—Tenemos trabajo que hacer.
Nos vemos pronto.
—Hasta pronto, Shiro —respondieron.
Los días pasaron.
Fuera de la academia, el desastre que había quedado tras la batalla seguía siendo una cicatriz abierta.
Como castigo, tuve que restaurarlo todo con mis propias manos.
Pero no me molestaba… debía enfrentar las consecuencias.
Lo importante era que, poco a poco, todo estaba volviendo a la normalidad.
Mientras caminaba por los pasillos, respiré hondo y una sonrisa apareció en mi rostro.
—Por ahora… debo recuperar las clases perdidas.
Supongo que este es… un buen inicio.
FIN DE TEMPORADA 1
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com