Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The strongest warrior of humanity - Capítulo 72

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 72 - 72 Capitulo72 herramientas mágicas
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

72: Capitulo72 herramientas mágicas 72: Capitulo72 herramientas mágicas —¡Esto es magnífico!

—exclamó el profesor.

Todos en la clase escucharon el nombre del poder… Poder Solar.

—¿De verdad eso es posible?

—preguntó un alumno, incrédulo.

—Esto debe ser una broma… —dijo otro, retrocediendo un paso—.

¿Esta mujer… tiene el poder del sol?

Carlos sonrió, como si acabara de presenciar un milagro.

—Jamás en mi vida había visto algo así… ¡¿viste eso, Abrán?!

¿Ah?

¿¡Hermano!?

¿A dónde carajos se metió ahora…?

—En serio estás bromeando… —respondió una voz detrás de él—.

Eso fue espectacular, Kimberly.

—Oh, Abrán, hola.

¿Cómo has estado?

—saludó Kimberly con calma.

Carlos se volteó sorprendido.

—¡Espera… ¿la conoces?!

—Sí —respondió Abrán como si fuera lo más normal del mundo—.

La conocí hace unas semanas.

Por cierto… ella es mi compañera de clase… y de habitación.

Carlos abrió los ojos como platos.

Quedó como un tonto.

Solo pudo suspirar en voz baja.

Como sea… si ese es el poder de esta chica… tal vez… podría ser de ayuda en unos años.

Pero como sea… me sorprende que se lleven tan bien.

Aun así, lo que vi fue algo increíble.

—Oh… tú debes ser Carlos, ¿verdad?

—preguntó ella, con una mirada tranquila pero firme.

—Ah… sí, jejeje.

Pero… ¿cómo sabes mi nombre?

—Bueno… —sonrió—.

Es porque te vi aquel día… luchaste contra un ejército tú solo… junto a una chica.

Carlos se quedó callado unos segundos.

Eso no es información cualquiera… ¿Cómo diablos sabe sobre eso?

Algo en su instinto gritaba que ella lo había estado vigilando.

Pero aun así… no podía dejarlo pasar.

Farid y Kevin se acercaron.

—Oye, ¿cómo diablos hiciste eso, Kimberly?

—preguntó Farid.

—Yo también tengo curiosidad —añadió Kevin.

—Chicos… me están incomodando, lo lamento —respondió Kimberly, tratando de mantener la calma.

Carlos se alejó un poco, mirando el artefacto mágico.

Cuando lo colocó… algo brillante salió de él.

No tuvo otra opción… detuvo el tiempo.

Solo iba a investigar… quería entender su propio poder.

Pero al verlo… quedó en shock.

No era poder otorgado por el Dios Nocturno.

Eso significaba… —Es tu propio poder —dijo una voz desconocida detrás de él.

Carlos giró bruscamente.

—¿Quién eres?

¿Y cómo sabes algo sobre mi poder?

—Oh, vamos… ¿no me recuerdas?

—respondió esa voz con una calma irritante.

—…¿Eime?

—Carlos sintió un escalofrío—.

Ha pasado mucho tiempo… líder.

—Déjame adivinar —continuó él—, ¿cómo diablos te dieron permiso para venir aquí?

—Le pedí permiso a Yuki… líder —respondió Eime con una sonrisa.

Carlos suspiró.

Esta mujer… Me dijo que vendría dentro de seis años… pero no pensé que llegarías antes… tú.

—Dime —respondió Carlos, cruzando los brazos—.

¿Por qué viniste?

Eime lo miró, seria, sin rastro de broma.

—Iré directo al grano.

Hay algo… que debo recordar.

Sobre tu muerte… ¿cómo fue que moriste?

Bueno… te lo diré luego —respondí con calma, mirando el artefacto todavía brillando—.

Tras contarte… cómo fue que terminé muriendo.

—Ya veo… así que moriste de esa forma —dijo Eime mientras cruzaba los brazos.

Su mirada, tan tranquila como peligrosa, me atravesaba como si pudiera leerme por dentro.

Era una chica de cabello rubio y ojos café claros.

Una de las guardianas más fuertes.

En total… existían 68 guardianes.

Y por lo que veo… todavía siguen con vida.

—Solo viniste a visitarme, ¿verdad?

—pregunté, con cierta desconfianza.

—Así es, líder —sonrió suavemente—.

Además… yo lo sigo extrañando.

Recuerdo los momentos que nosotros… —¿Qué?

¡Oye!

—pensé de inmediato—.

Esta loca… ¿qué le pasa?

¡En ningún momento hicimos “tal cosa”!

Pero bueno… no ha cambiado.

Sigue igual de linda… Aunque su personalidad… sí que me causa nostalgia.

El tiempo pasa… y aun así, ella… sigue siendo ella.

Era raro que estuviera aquí.

Demasiado raro.

De tanto pensar… solo llegué a una conclusión.

—Oye, Eime… —dije con la mirada fija en ella— ¿puedes decirme cómo fue que ustedes supieron de mi reencarnación?

Ella no respondió de inmediato.

Su expresión cambió.

Como si esa pregunta… pesara demasiado.

—Es verdad… —susurró— ella no te lo contó, ¿verdad?

—¿Quién?

—Yuki —dijo más seria—.

Bueno… te lo diré.

El ambiente se volvió frío.

Mis recuerdos comenzaron a arder en mi cabeza.

—Hace un tiempo… cuando te emboscaron, algo estaba mal ese día.

Muy mal.

Pero… Yuki vio algo aterrador.

Vio… cómo fuiste ejecutado.

Mi mirada cayó al suelo.

Solo el silencio me acompañó… por unos segundos eternos.

—Cuando ella vio lo que ocurrió —continuó Eime— perdió el control.

Luchó contra ellos… sin dudarlo.

Sin miedo.

Sin pensar.

Lo arriesgó todo.

La voz de Eime bajó… casi como si estuviera recordando una pesadilla.

—Pero en medio de esa batalla… un ser desconocido apareció.

Frente a ella.

Frente a todos.

Levanté la mirada.

—Dime —exigí—.

¿Quién era ese ser?

Eime apretó los puños.

Su respuesta cortó mi respiración.

—El dios nocturno… —dijo con firmeza— estaba envuelto en todo.

Atacó a todos… en un solo instante.

Pero Yuki… jamás se rindió.

Ella luchó… a muerte.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo.

Y por primera vez… entendí algo: Mi muerte… no fue el final.

Fue el inicio.

—Dime, Eime… ¿qué fue lo que pasó después?

—pregunté con la voz temblando—.

¿Yuki… logró sobrevivir a él?

—Sí… —respondió lentamente— pero ese trauma… la destruyó por dentro.

Desde ese día… ella ya no volvió a ser la misma.

Mis ojos se endurecieron de golpe.

Sentí una rabia que no cabía en mi cuerpo.

—Dios nocturno… ¿qué demonios estás tramando?

—susurré con una mirada oscura—.

¿Y qué pasó con mi hermano, Eime?

Ella dudó… pero lo dijo.

—Sobre eso… él y otros más… se fueron con el dios nocturno.

Como si… estuvieran planeando algo juntos.

—¡Esto tiene que ser una maldita broma, Eime!

—grité furioso.

Golpeé el suelo con fuerza.

La impotencia ardía dentro de mí.

—¡Esto no tiene sentido para mí!

Mis puños comenzaron a sangrar.

La tierra tembló levemente.

El silencio pesaba como si el mundo entero contuviera el aire.

Eime se acercó con cautela.

—Líder… sé que lo que ella vio fue demasiado.

Nadie supo cómo reaccionar.

Pero después de eso… Yuki volvió a buscarlos.

—¿A quiénes?

—pregunté lentamente… sin levantar la mirada.

—A los que te ejecutaron.

Ella… los masacró.

Sin contenerse.

Una pausa.

Oscura.

Helada.

—Así… los planes de Kronos… no pudieron realizarse con éxito.

Mis ojos se abrieron.

Como si acabara de despertar de una pesadilla… solo para caer en otra.

—Kronos… —susurré—.

Entonces esto… apenas está comenzando.

—Entonces… no hay tiempo que perder, Eime.

¿Crees que hay alguna forma de que todos ustedes lleguen antes de dos años?

—Sobre eso… sí existe una manera —respondió—, pero tomaría varios meses.

Si usted lo desea, mi señor, hablaré con Yuki y con Kai.

Ellos dos están a cargo de nosotros ahora.

Kai… Lo recuerdo perfectamente.

Fue mi guardián más leal.

Aunque siempre hubo algo… extraño en él.

A veces me preguntaba por qué era tan fiel a mí.

Pero me alegra… que eligiera convertirse en sub-jefe de los guardianes.

Espero volver a verlos… a todos mis queridos amigos.

—Bien —dije con una leve sonrisa—.

Ya es hora de que te vayas, Eime.

Dentro de unos meses… nos volveremos a ver.

Y dile a Yuki esto… Ella asintió con respeto.

—Lo haré —susurró.

Luego… el espacio-tiempo se quebró frente a mí.

Eime desapareció entre las grietas del aire.

Yo regresé al punto de origen… donde los demás seguían su vida… sin tener idea de lo que se estaba por desatar.

—Supongo que… debo ir a las otras clases —murmuré.

Pero algo era claro.

Desde ese momento… todo comenzó a cambiar.

Ahora… debo hablar con Miguel.

Algo le pasa.

Desde hace tiempo se mantiene distante conmigo, como si evitara mirarme a los ojos.

No encuentro el motivo… ¿será por lo que pasó aquel día?

No lo dudo… pero tampoco puedo sacar conclusiones ahora.

Debo preguntarle directamente.

Mientras caminaba por el pasillo, una persona apareció de la nada, corriendo a toda velocidad.

—¡Hey, cuidado!— grité, pero fue tarde.

Se estrelló contra mí.

Se trataba de Lucia.

—Oye, fíjate a dónde caminas… —se quejó, frotándose el brazo.

Pero, al alzar la mirada, sonrió con ese tono arrogante.

—Ah… pero si eres TÚ, reina del mil marionetas.

Fruncí el ceño.

—Últimamente andas muy agresiva conmigo —respondí, molesto.

Lucia me miró fijamente… y se acercó demasiado.

—Oh, vamos, Carlos… —susurró con una sonrisa traviesa— me debes algo que todavía no has cumplido.

—¿A qué te refieres?

—le pregunté, en voz baja.

Entonces lo dijo… Sin dudar.

Sin vergüenza.

Con una seguridad tan irritante… que me estremeció.

—A partir de este momento… eres mi esclavo.

—Disculpa… creo que escuché mal.

—me detuve en seco.

Ella se inclinó hacia mi oído… y lo repitió lentamente.

—Desde ahora… serás mi esclavo, idiota.

—Oye… eso no era parte del trato —dije, retrocediendo un paso.

—Así que lo sabías… —susurró Lucía, mostrando una sonrisa ambiciosa—.

Yo también lo sabía desde el principio.

Ahora… ya no tienes escapatoria, Carlos.

Diablos… la regué.

Ahora sí… no tengo manera de huir de ella.

Lucía chasqueó los dedos.

—Ven conmigo.

Hay cosas que tú y yo debemos hablar… a solas.

—¿De qué quieres hablar?

—pregunté, con el ceño fruncido.

—De lo que ocurrió con Lucifer.

—Su mirada se volvió fría… peligrosa—.

Dime qué está buscando y por qué quiere traer de vuelta… a ese inútil de Astaroth.

Guardé silencio unos segundos.

—Esa es una buena pregunta, Lucía… y créeme… yo tampoco tengo la menor idea.

Lucía cruzó los brazos, fastidiada.

—Vaya, veo que no eres de mucha ayuda… que digamos.

Eres un caso perdido, Carlos.

Su tono me irritó… pero había algo en sus palabras.

—Pero… —continuó— mientras tú estabas atrapado en la oscuridad… yo estuve analizando todo.

Descubrí algo en ti… algo que llamó demasiado mi atención.

—Dime… ¿cómo hiciste para regenerarte?

El ambiente se volvió pesado.

Sabía que tarde o temprano me preguntaría eso.

—Eso es algo que no puedo decirte —respondí.

Lucía frunció el ceño… pero antes de que pudiera hablar, continué: —…aunque siendo tú… supongo que mereces una respuesta.

Lucía se inclinó hacia adelante, interesada.

—Esta habilidad… la llevo desde hace mucho —dije lentamente—, pero nunca supe cómo usarla.

Hasta que… Shirou me cortó el brazo.

Sus ojos se abrieron un poco.

—En ese momento lo entendí.

Mi cuerpo… no es como el de un humano normal.

Cada vez que me hieren… mi regeneración se acelera.

Llega a un punto… en el que ni siquiera un humano… ni un demonio… ni un ángel… podrían hacer algo parecido.

Lucía quedó en silencio por un instante… luego sonrió.

—Interesante… Más que eso… es peligroso.

Tal vez no seas un simple esclavo… Tal vez… seas la pieza más importante del tablero.

Y esta vez… no sonrió como rival.

Sonrió… como alguien que oculta un plan.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo