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The strongest warrior of humanity - Capítulo 73

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73: capitulo 73 motivos por la cuál ayudarte 73: capitulo 73 motivos por la cuál ayudarte —¿Y por qué querías saber sobre mi regeneración, Lucía?

—Solo tenía curiosidad —dijo con calma, aunque su mirada fría decía otra cosa—.

Pero ya que estamos juntos en esto… ¿qué te parece si vamos a comer algo?

Hay muchas cosas que quiero hablar contigo.

Y tú… también tienes curiosidad sobre mí, ¿verdad?

Me miró fijamente.

Seria.

Sin pestañear.

No era una invitación… era una declaración.

Tengo curiosidad sobre Lucía.

Siempre la he tenido.

Desde que quedó en primer lugar de los exámenes, se convirtió en la mejor en todo: fuerza, intelecto, estrategia.

Ella siempre fue… como una sombra que esperaba el momento adecuado para atacarme.

Me retaba una y otra vez a un duelo, y yo siempre la rechazaba.

No por miedo.

Sino porque no quería llamar la atención.

Aquí adentro… hay personas que no quiero volver a ver en mi vida.

Pero entonces… lo sentí.

Esa presencia.

Kronos.

Estaba ahí, a unos metros, observándonos en silencio… como un depredador al que no puedes leer.

Pero no estaba solo.

A su lado estaban Drako, Oscar y Ascan.

Sus miradas eran diferentes… como si cada uno tuviera una razón distinta para estar ahí.

Pero no había señales de Charlotte… ni de Kratos.

Eso solo podía significar una cosa: Aún no se han cruzado con nosotros.

Todavía no ha comenzado la verdadera tormenta.

Una sonrisa —casi involuntaria— apareció en mi rostro.

“Esta… podría ser una oportunidad”, pensé.

Una oportunidad para descubrir lo que ocurrió realmente ese día… antes de que mi propio hermano… me diera la espalda.

Pero justo al cruzarnos… sentí un susurro helarme la espalda.

—Me alegro que hayas sobrevivido… mi querido hermano menor.

Se detuvo a mi lado… como si nada hubiera pasado.

Pero esas palabras… tenían veneno.

Mi mirada cambió al instante.

Lo volteé a ver, con calma… pero mi corazón ya estaba ardiendo.

—Así que… tú sabías todo esto… ¿Kronos?

Él sonrió.

Esa sonrisa que siempre odié.

Ambos nos mirábamos… como depredadores encubiertos.

Y lo más interesante… Lucía no se dio cuenta de nada.

—No tienes por qué enojarte —dijo él, con voz tranquila—.

Solo escuché por ahí… que fuiste poseído por un demonio abismal.

No tienes por qué mirarme así.

Seguía sonriendo.

Como si disfrutara ver mi reacción.

Yo no respondí.

Solo lo mire… más serio que nunca.

Estaba molesto.

No sabía por qué él siempre intentaba arruinar mi vida… Como si yo fuera un error que debía borrar.

¿Hay algo que yo no sé?

¿Algo que él ha estado ocultando todo este tiempo?

Pero no podía perder la compostura.

No esta vez.

Respiré hondo… y caminé.

Con paso firme.

Sin temor.

Porque él podía seguir ocultando lo que quisiera… pero tarde o temprano… la verdad lo alcanzaría.

—¿Ocurre algo, Carlos?

—preguntó Lucía con una mirada curiosa, casi sospechosa.

—No es nada —suspiré—.

Vamos a comer… y después hablaremos sobre ti.

—Sí, sí, como digas.

Ni modo que te me fueras a declarar tu amor delante de todos.

—Una sonrisa burlona apareció en su rostro.

Rodé los ojos.

Algún día… te haré temblar de miedo.

Pero por ahora, debía concentrarme en controlar bien mi mana y mi poder.

pensándolo bien… podría pedirle ayuda a Lucía.

No me vendría mal.

Al final, es la única que siempre me desafía en todo.

Pero no podía dejar de pensar… en Yue y Natsuki.

¿Qué estarán haciendo esas dos en este momento?

Mientras tanto, en otro lugar… —Bien, Yue.

Has mejorado mucho en controlar tu mana.

—Todo fue gracias a ti, madre.

Pero… al decir verdad, todavía no entiendo bien el uso de mi poder.

¿Sabes algo sobre eso?

Karen la observó con seriedad.

—Déjame adivinar, Yue… si tu poder ha estado creciendo tan rápido… esto puede ser preocupante.

¿Qué opinas tú, Karen?

Karen cruzó los brazos.

—Es verdad.

No sabemos cómo es posible que su poder aumente de esa manera.

Tal vez deberíamos enseñarle el control de flujo mágico eso podría mantener su poder estable… al menos por un tiempo.

—Tienes razón, Karen… Yue la miró… y no apartó la vista ni por un segundo.

Había algo en esa mirada… como si estuviera a punto de despertar algo que ni ella misma entendía.

—¿Qué tanto me miras, Yue?

—dijo Karen, tratando de sonreír, aunque su voz temblaba.

Se puso un poco nerviosa.

—No es nada, tía… —respondió Yue con calma—.

Solo que… hay algo que me preocupa en ti.

Karen quedó en silencio.

Sus ojos cambiaron… como si su mente hubiera regresado a un lugar oscuro.

—¿En verdad… hay algo raro en mí…?

—preguntó, pero su voz ya no sonaba normal.

Temblaba.

Se abrazó a sí misma, como si algo helado le hubiera recorrido la espalda.

—Han pasado mucho tiempo desde… aquella tragedia.

Pero aún… —trago saliva— aún no puedo dejar de pensar en ese día.

Su mirada cayó hacia el suelo.

Yue sintió un escalofrío.

En ese momento… Karen ya no estaba en el presente.

Estaba reviviendo aquello.

—Por primera vez… —continuó— experimenté algo horrible mi propia muerte.

Un silencio pesado inundó la habitación.

—Si no fuera por mi hermano… y por Gojo… yo habría muerto a manos de Lucifer.

—Apoyó una mano en su pecho.

Su corazón latía rápido.

Era doloroso recordar… pero más doloroso era olvidar.

—El dios de la espada me advirtió… que nunca me confiara.

Pero dejé que mi arrogancia hablara por mí… y pasó lo que tenía que pasar.

—Tía… —susurró Yue, con un brillo de preocupación en los ojos.

—Desde ese día —Karen levantó la mirada, con fuego en los ojos— solo pensé en una cosa: entrenar.

Entrenar cada día.

Sin descanso.

Sin piedad.

Porque Lucifer… no es el único enemigo suelto.

Hay otros… otros mucho peores que él.

Hermano… ¿qué es lo que yo haría?

A veces me siento insuficiente, como si no pudiera seguir adelante después de esta tragedia.

Siempre me dijiste que no me rindiera… pero ahora… es difícil.

Exhalé lentamente.

A lo lejos, vi a Yue y Natsuki jugando juntas… y pensé que quizás… debería pasar más tiempo con ellas.

Ellas siguen viviendo… siguen sonriendo.

Tal vez… yo también pueda.

De vuelta en el comedor Lucía y yo ya habíamos pedido nuestra comida.

—Yo tomaré un curry —dije.

—Y yo pediré un cóctel de frutas —respondió Lucía, tranquila.

Al tomar nuestras bandejas, caminamos hacia unas bancas cerca de la ventana y nos sentamos frente a frente.

Ella cruzó una pierna con elegancia y me miró fijamente.

—Bueno —dijo con una ligera risa—, quieres saber de mí, ¿cierto?

—Así es.

—tomé el primer bocado.

Ella dejó su tenedor a un lado y habló con voz suave, pero firme: —En realidad… soy de la realeza.

Soy una princesa después de todo.

Me detuve.

La miré sorprendido.

—¿Es en serio…?

—Sí —asintió—.

Y te diré por qué oculté mi rango social… No quiero llamar la atención.

Vengo de un reino vecino, y aunque mis padres estudiaron en esta academia… eso fue hace tiempo.

Yo solo quería… aprender.

Tener una vida normal.

No una vida de princesa… sino una vida humana.

Una sonrisa honesta apareció en su rostro.

Una sonrisa diferente, la más sincera que le había visto hasta ahora.

—No me siento avergonzada de juntarme con plebeyos —añadió—.

Al contrario… me siento feliz estando con ellos.

Sus palabras resonaron en mí.

—Los nobles… —continuó— son corruptos y arrogantes.

He visto cosas que jamás podré olvidar… cosas que no debería permitirse en ningún reino.

Clavó su mirada en mí.

Sentí un leve escalofrío.

No era miedo… era respeto.

—No puedo luchar sola contra esa corrupción.

Necesito… a un caballero.

Alguien que proteja la voluntad de las personas.

Que defienda a quienes ya no tienen voz.

Porque todos… absolutamente todos… tenemos derecho a vivir una buena vida.

El silencio nos envolvió por unos segundos.

Pero… fue un silencio cálido.

Yo la observé… y pensé: La princesa… quiere cambiar el mundo.

Y sin darme cuenta… algo dentro de mí comenzó a despertar.

Su honestidad me llegó directo al corazón.

—Entonces… ¿de verdad deseas cambiar todo, Lucía?

Ella me miró en silencio.

No necesitó responder.

En su mirada… ya estaba la respuesta.

En ese momento… recordé aquellas palabras que me fueron entregadas como un legado: > “Hay mucha corrupción, muchacho.

Pero algún día… tú podrás cambiarlo todo.

Porque confío en ti.” Esa voz… aún resonaba en lo más profundo de mi alma.

Su sonrisa… fue lo único que me dio fuerzas cuando todo se volvió oscuro.

Y en ese instante… sentí que el peso de este mundo no estaba sobre mis hombros… sino en mi corazón.

Tomé aire.

Miré a Lucía, y le dije con total sinceridad: —Si debo cambiar este mundo… entonces arriesgaré mi vida.

No importa cuántas veces caiga… ni cuántas veces el mundo esté en mi contra.

Si hay personas que necesitan ayuda… yo estaré ahí.

Sin pedir nada a cambio.

Sin esperar un título… ni fama… —Sí —respondí—.

Quiero un mundo donde todas las razas puedan convivir sin miedo.

Un mundo donde nadie tenga que soportar el dolor que yo sentí.

Lucía lo escuchó todo… sin apartar su mirada de mí.

El viento movió suavemente su cabello… y su sonrisa… fue más hermosa que cualquier corona real.

—Carlos… —susurró— Quizás… tú seas el caballero que he estado esperando.

Mis ojos se abrieron un poco… y por primera vez… sentí algo que no era sufrimiento… Era esperanza.

Pero aún hay más… ¿no, Lucía?

No solo es tu vida oculta como princesa… también tu verdadera personalidad, esa que no encaja con el título que cargas.

—Tal vez con otras personas me comporte como tal —dijo, mirando hacia el suelo—.

Pero si se trata de ti… yo puedo hablar con libertad y mostrar quién soy en verdad.

Además… —levantó la mirada con un dejo de molestia— tú eres un tonto.

Un idiota que no hace caso y siempre se mete en asuntos donde nadie lo llama.

Sus palabras fueron como flechas atravesando mi corazón.

Dolían… porque eran verdades.

Aun así, su voz se suavizó.

—Carlos… quiero que me ayudes a cambiar el destino de nuestra historia.

Quiero cambiar este mundo, aunque me tome años… pero al menos, podemos comenzar con un plan.

Tenía razón.

Seguíamos dentro de la academia y aún había cosas que debíamos desarrollar.

Miré por la ventana por unos instantes, observando el paisaje… preguntándome si este mundo realmente valía la pena.

Y si así era… entonces lucharía contra el mundo entero.

Debo demostrar quién soy realmente… y por qué sigo aquí.

Porque en este mundo todavía existen personas que reclaman justicia y merecen una vida normal, pacífica.

Terminamos de comer y nos despedimos de forma casual.

—Nos vemos luego, Lucía.

—Lo mismo digo, Tanaka.

Me alejé con una sensación extraña en el pecho.

Al doblar el pasillo, me encontré con Miguel.

Estaba en una esquina, mirando por la ventana… como si buscara dentro del cielo su paz… o la mínima oportunidad de recuperar su tranquilidad emocional.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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