The strongest warrior of humanity - Capítulo 77
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- Capítulo 77 - 77 capitulo 77 Mi juramento como caballero
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77: capitulo 77 Mi juramento como caballero 77: capitulo 77 Mi juramento como caballero Sabía que tarde o temprano ese caballero iba a morir… Pero ahora lo importante era asegurar que ellos estuvieran bien.
Me acerqué al carruaje con cautela, observando cada rincón para asegurarme de que no hubiera otro caballero escondido.
Abrí la puerta… y los miré uno por uno.
Pero lo que no esperaba… ¡es que estaban preparando palomitas!
Una risa nerviosa salió de mi rostro.
—¿Acaso vieron un espectáculo?
—pregunté, suspirando mientras respiraba hondo—.
En fin… ¿se encuentran bien?
—Hace minutos estábamos paralizados de miedo… pero desde que apareciste tú, pudimos guardar la calma.
En verdad… gracias por venir a rescatarnos —dijo uno de ellos.
Todos tenían los ojos llenos de alivio.
Estaban realmente agradecidos.
—No tienen por qué agradecerme —respondí—.
Lo hice de corazón.
No podía dejar que los esclavizaran de esa forma.
Pero ahora… quiero que ustedes vengan conmigo.
Este bosque es peligroso, y hay monstruos con los que no quiero cruzarme… al menos no hoy.
—Ya veo —dijo el chico vampiro con elegancia—.
Me alegra mucho que nos lleves a un lugar seguro.
¿Podrías ayudarme a quitarme estas cadenas?
—Por supuesto —le respondí con amabilidad.
Luego de liberarlo, miré al resto y suspiré.
—En verdad, humano… estamos en deuda contigo —dijo la elfa—.
Pero… ¿crees que podamos regresar a nuestros reinos?
—Eso aún no será posible —contesté, firme—.
Primero necesito saber de dónde viene cada uno de ustedes.
Sus ciudades, sus reinos… todo.
Hubo silencio por un momento.
—Pero… ¿qué les parece si vienen a mi casa por dos días?
—propuse—.
En ese tiempo, averiguaré cómo llevarlos a sus tierras natales.
—¿Qué opinan ustedes?
—preguntó el hombre bestia al resto.
—Yo no tengo problema en irme con usted —respondió una chica enana—.
Al fin y al cabo, fue quien nos salvó.
Hubo silencio por unos segundos.
Todos intercambiaban miradas… platicaban entre ellos.
Al final, tomaron una decisión: aceptaron.
Les pedí que salieran del carruaje y comenzamos a caminar por el bosque, rumbo al punto donde yo y Lucia íbamos a reencontrarnos.
—Vaya… llegas tarde —dijo Lucia, frunciendo el ceño como si fuera una mujer berrinchuda.
—Lamento la demora —respondí—.
Tuve algunos problemas… pero ya que todos estamos aquí, quiero que se tomen de las manos.
Uno de ellos habló con cautela: —¿A dónde iremos?
¿Y por qué debemos hacer eso?
—Porque voy a usar magia de teletransportación.
Todos se quedaron congelados.
Miradas de sorpresa.
Incredulidad.
—¿Teletransportación?
Eso es muy arriesgado… —dijo el vampiro.
—Lo sé —respondí con firmeza—.
Pero no podemos quedarnos aquí por mucho tiempo.
Es la única forma.
Lucia asintió.
Ambos canalizamos nuestras reservas de maná… liberamos el descontrol dentro de nuestro cuerpo.
Un círculo inmenso apareció bajo nuestros pies, resplandeciendo… como si el suelo fuera un espejo de estrellas.
Usé mi visión de dragón para buscar un punto cerca de mi casa.
La imagen apareció frente a mí.
El lugar exacto.
—Magia de teletransportación… Llévanos por el camino a casa.
La magia funcionó con éxito.
En cuestión de segundos… ya estábamos frente a mi casa.
—Qué bonita casa… —murmuró el vampiro, impresionado—.
Es demasiado para ser una simple vivienda, ¿no crees?
—Tal vez lo sea —respondí—.
Pero no se preocupen.
Aquí estarán a salvo… La tensión se hizo presente.
Se escuchó un paso.
Una presencia se acercaba… No era un enemigo.
Era mi padre.
—Carlos… —dijo con voz seria—.
¿Quiénes son estas personas?
Sentí su mirada pesada sobre mí.
No podía ocultarle nada.
—Papá, antes de que hables… déjame contarte lo que ocurrió.
Le conté todo.
Cada detalle.
Cada herida.
Cada rostro que vi dentro de esos carruajes.
Mi padre guardó silencio unos segundos… luego respiró hondo.
—Ya veo… dices que el Reino Imperial es responsable de esta monstruosidad.
—Así es —le respondí con firmeza—.
No tuve otra opción… pero hay algo más.
Uno de ellos quiso capturarme vivo.
El rostro de mi padre cambió de inmediato.
Una presión brutal emanó de él… su aura se volvió cortante.
—¿Capturarte… vivo?
—gruñó—.
Eso… es un tema muy delicado.
Un mensaje directo.
Significa que ya pusiste un pie sobre su tablero de guerra.
Lo vi apretar los puños.
Su mirada ardía.
—Hiciste lo correcto trayendo a estas personas sanas y salvas —dijo finalmente—.
Hablaré de esto con Angélica… Nuestra próxima decisión… podría cambiarlo todo.
Mi padre llamó a Nana y a Julián.
Se aclaró la garganta y dijo con voz firme: —Ejem… hoy tendremos invitados.
Por favor, sean amables con ellos.
Julián lo miró, serio.
—¿Son las personas que el joven amo trajo, mi señor?
—Por supuesto —respondió Josué—.
Estas personas fueron esclavizadas, y por alguna razón… no saben cómo regresar a su ciudad natal.
Así que se quedarán por unos días.
En ese momento, Lucia dio un paso al frente.
—Un gusto conocerlo, Santo de la Espada.
Mi nombre es Lucia Hayashi.
Luego agregó con seriedad: —Perdón por interrumpir… pero hay algo que me gustaría discutir con usted, con Carlos… y también me gustaría que su esposa esté presente.
Josué la observó en silencio.
No dijo nada… pero asintió.
—Está bien.
Vengan conmigo a mi escritorio.
Hablemos de eso de una vez.
Hina, mi madre, había llegado justo después de regar las plantas.
—¿Ocurrió algo, cariño?
—preguntó.
—Así es… —respondió Josué—.
Esta chica quiere hablar con nosotros.
Dice que es un asunto de suma importancia.
Lucia miró a mi madre con cierta curiosidad.
Luego habló con determinación: —Quiero pedirles… una petición.
—Te escuchamos —dijo mi padre, con un tono serio, casi intimidante.
Lucia respiró hondo… y dejó caer la bomba.
—Quiero que su hijo… sea mi caballero de lealtad.
El silencio fue tan fuerte… que casi se podía escuchar el latido de todos en la habitación.
Hina y Josué estaban impactados.
Mi madre fue la primera en reaccionar.
—¿Podrías decirnos la razón por la cual quieres que nuestro hijo…?
Pero Lucia la interrumpió suavemente, sin dudar: —La razón es simple.
Quiero que él me proteja de cierta persona.
Estoy preocupada… y no sé a quién más acudir.
Solo puedo confiar en Carlos.
Prefiero mil veces que él esté conmigo… antes que cualquier otro noble o caballero.
Lo que ocurrió hoy fue solo el inicio.
Estoy en contra del tráfico de esclavos, pero no solo se trata de eso… quiero cambiar las leyes.
Tanto de mi reino… como del suyo.
Se detuvo por un momento.
Bajó la mirada.
Parecía luchar con sus propias palabras.
—Se lo estoy pidiendo… porque yo… —¿Lucia?
—la interrumpí en voz baja—.
¿Acaso vas a…?
Ella cerró los ojos.
Y lo dijo.
—Soy… una princesa.
Vengo de un reino vecino.
Y si vine hasta aquí… fue porque necesito su ayuda.
Su apoyo… para proteger mi reino.
No puedo ocultar más mi identidad… porque si lo hago… mis padres… morirán.
No había ensayado esas palabras.
Fue la primera vez que vi a Lucia… temblar.
Y por primera vez… no supe cómo reaccionar.
La atmósfera cambió.
El silencio pesaba como si el aire contuviera algo que estaba por revelarse.
—Déjame adivinar… ¿tu reino se llama Frostglen?
—preguntó Josué, sin apartar sus ojos de Lucía.
Lucía se tensó.
—Es correcto… pero… ¿cómo sabes el nombre de mi reino?
—dijo con una mirada pálida, sorprendida de que él lo hubiera descubierto tan fácilmente.
Josué dio un paso adelante.
Su voz sonó firme, como si cargara recuerdos que preferiría olvidar.
—Porque yo estuve ahí hace algunos años.
Formé parte de los caballeros en Frostglen.
Conozco a tu padre, niña… pero jamás imaginé que fueras su hija.
Lucía bajó la mirada.
No respondió.
Solo respiraba con dificultad… como si su pasado la estuviera alcanzando.
Josué la observó en silencio unos segundos más, luego habló con un tono grave: —Sé en qué situación están tus padres.
Es un conflicto… en el que yo no puedo intervenir para ayudarte.
Pero entonces lo miró… directo a los ojos.
Miró a Carlos.
Algo cambió en su expresión.
—Si elegiste a mi hijo para que sea tu protector… está bien.
Consideraré tu petición.
El ambiente se volvió solemne.
Un viento leve movió las hojas del suelo.
Carlos caminó hacia Lucía.
Desenvainó su espada y la clavó frente a ella… Luego se arrodilló.
El sonido metálico retumbó como si todo el lugar lo hubiera escuchado.
—Yo, Carlos Tanaka Sánchez, juro mi lealtad —dijo con voz firme—.
Cualquier orden que usted me dé la cumpliré sin dudar.
Si usted me ordena acabar con mi propia vida, lo haré sin poner peros.
Si alguien se atreve a acabar con la suya… sacrificaré la mía con honor hasta el final.
Su seguridad… siempre será lo primero.
Lucía desenfundó su espada azul y oscura.
La sostuvo frente a él.
Su mirada ya no era la de una niña… era la de una princesa.
—Yo, Lucia Hayashi, te acepto como mi caballero más leal.
Cualquier orden que desobedezcas… la castigaré.
Una gota de sangre brotó de su dedo.
Otra… brotó del mío.
Ambas cayeron y se mezclaron… creando un vínculo entre una princesa y su caballero… Un juramento que no necesita palabras.
Un pacto que ni la muerte podrá romper.
Porque yo… soy el caballero en quien ella confió.
Y esa voluntad jamás caerá ante nadie… porque soy un Tanaka Sánchez.
Mis padres… nos observaban en silencio.
Con una mirada llena de orgullo… y miedo.
Porque sabían… que desde ese momento… nada sería igual.
Continuará.
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