The strongest warrior of humanity - Capítulo 8
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 8 - 8 capitulo 8 - EL DESAFÍO
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
8: capitulo 8 – EL DESAFÍO 8: capitulo 8 – EL DESAFÍO Después de que me enterara de que ya tenía prometida, fue algo impactante para mí; ni yo sé en qué está pensando mi padre.
Pero debo apoyarlo, porque la chica a mi lado está completamente feliz y nerviosa.
Aun así me pregunto: ¿cómo fue que mi padre conoció al suyo?
—Oye, Natsuki —pregunto—, ¿te puedo preguntar algo?
—Sí, dime, ¿de qué se trata, Carlos?
—responde ella.
—¿Podrías decirme cómo se llama tu padre?
—Bueno… mi padre se llama Haruto Yoshida.
—Ya veo.
Haruto Yoshida, rey del Reino Platinos del Amanecer.
Conozco bien ese lugar; en mi vida pasada estuve allí.
Recuerdo una gran guerra: elfos y humanos enfrentados por racismo, discriminación y desprecio.
Hubo rebelión contra el reino.
El rey se negó a dejar caer su reino y luchó años; con la ayuda de enanos, elfos y dragones, lograron una paz, hasta que los demonios trajeron el caos.
Cuando apareció el rey demonio, arrasó el continente; para derrotarlo se necesitó la fuerza de las Doce Grandes Familias, los enanos, los elfos y los dragones.
Lo derrotaron y trajeron paz al mundo.
Ahora debo cuidar mi imagen, porque si esto sigue así, yo seré el afectado.
Pero las cosas han cambiado: planeo detener los planes del Dios demonio, el más fuerte de todos del abismo.
—Regresando al tema —digo, en pánico al decir “suegro”—, solo quería saber el nombre de mi futuro suegro.
—¿Qué pasa?
—ríe Natsuki—.
¿Tienes miedo de decir “suegro”?
—me recuerda—.
Soy una princesa, después de todo.
—¿Desde cuándo hablas con tanta confianza, Natsuki?
—pregunto.
—Desde que estamos comprometidos —dice—.
Me diste confianza; no eres mala persona.
—No importa lo que digan los demás —añade—.
Sé tú mismo.
No cargues ese peso solo.
Tiene razón.
No debo rendirme.
La esperanza es lo primero si quiero salvar a quienes amo.
El tiempo se me está acabando.
El gran santo de la espada y el rey de Platinos del Amanecer tienen una noticia importante.
—Gracias por estar aquí.
Los reuní para anunciar el compromiso de mi hijo Carlos Tanaka Sánchez y la princesa Natsuki Yoshida Kawa.
El salón queda en silencio; luego estallan los aplausos.
Pero alguien interrumpe.
—¿Qué es esto?
—grita una voz—.
—¿Nos has llamado solo para eso, Josué?
—irrumpe Kenzo, con mirada de intimidación hacia mi padre.
—¡Yo pensé que nos llamaste para saber acerca de lo que está ocurriendo y se te ocurre esta estupidez!
—ruge Kenzo—.
No te permito que me hables así, Kenzo Hashima Tower.
La tensión se eleva como si fuera un combate.
Murmullos por todos lados; las familias y los invitados hablan mal de Kenzo.
Kenzo, sin respeto, provoca: —Parece que no saben cuál es su lugar.
Les demostraré cuál es su lugar.
Yo no podía intervenir, porque si lo hacía, terminaría en una guerra que nadie quiere.
Kenzo Hashima Tower es conocido como el Rey de la Lanza, uno de los Cuatro Reyes de la Lanza.
—¿Qué pasa?
—me pregunto—.
¿Por qué vino aquí solo para arruinar el compromiso?
Camino hacia él.
Natsuki me mira fijamente, hace señas: no te preocupes; estaré bien.
—Vaya, tú debes ser Carlos, ¿no?
—dice Kenzo.
—Sí —respondo—.
¿Por qué llamas la atención frente a todos los invitados, sabiendo que está el rey?
—¿Crees que te da derecho de hacer lo que quieras, rey de la lanza?
—le digo.
Kenzo me mira con intención de asesinarme.
—Parece que eres más arrogante que todo lo que he visto en mi vida —me acusa—.
No te pareces nada a tu padre.
—Tienes razón —le respondo—.
No soy como él.
Yo soy yo mismo.
No dejaré que manches el nombre de mi familia solo porque buscas atención.
¿Para qué sirve el título de “el más fuerte”?
¿Fama?
¿Dinero?
¿Lujos?
Kenzo no responde; se prepara para atacar.
Nadie interviene; tampoco permití que lo hicieran.
No tuve más remedio que actuar.
—Lo siento por lo que voy a hacer, padre —murmuro—.
Me haré cargo.
Los patriarcas dudan sobre mí.
Quieren probar los rumores sobre mi talento.
—¿No me hagas reír?
¿Vas a pelear sin un arma?
—escucho desde el público.
Me muevo lentamente.
Aparezco detrás de Kenzo y ataco; él reacciona rápido y me hace retroceder.
—¿En qué momento este mocoso se movió a este nivel?
—se preguntan los presentes.
Debo tener más cuidado: este tipo es fuerte.
¿De dónde sacaste a este mocoso, Josué Tanaka?
No pueden creer mi nivel; debe haber algo más.
Una sonrisa siniestra asoma en mi rostro; esto será divertido.
La expresión de Kenzo cambia: sorpresa por mis habilidades y agilidad.
—¡Ven!
—grita Kenzo y se lanza sobre mí.
Intercambiamos miradas y golpes a gran escala, elevando la pelea a un nivel que obliga a los generales a colocar una barrera para proteger a los presentes.
La reacción de todos fue inmediata.
Mi padre parece feliz y orgulloso.
Si las palabras no bastan, queda la fuerza: que los demás entiendan por las malas.
—Hay que admitir que eres arrogante y fuerte, pero no eres digno de ser reconocido por nosotros; eres débil —lanza alguien.
Kenzo usa posturas de lanza y crea una ráfaga de luz trascendente que me golpea con fuerza.
Me envía volando por el suelo.
Me sostengo, toco el suelo y miro hacia arriba; él ya no está.
—¡Estaba atrás de mí!
—pienso—.
¿En qué momento se movió?
Te lo dije, no eres rival para mí, niño.
Ríndete: estás acabado.
—¿Rendirme?
—grito—.
Jamás.
Me levanto con gran velocidad; lanzo cortes rápidos.
Ambos nos cruzamos sin dar puntos débiles.
—¡Qué carajos!
—gritan los espectadores—.
¿Cómo es que el niño se vuelve más fuerte?
Dicen que soy un monstruo.
El salón queda en silencio ante la batalla entre un rey y un monstruo que acaba de nacer.
En un momento, tras años de entrenamiento, mis ojos se vuelven azules y mi cabello toma tonalidad azul.
Nadie sabía que esa forma era la transformación de un nocturno; mis rasgos en los ojos parecen los de un dragón.
Estoy en mi primera etapa de escalado de nivel.
—Kenzo está impresionado —dice alguien—.
—Así me gusta más, niño; demuestra tu verdadera naturaleza.
La batalla se intensifica.
La barrera no soporta y se rompe en mil pedazos; una gran fuerza hace temblar todo.
Se destruye el lugar: parece que he despertado un verdadero ser.
Hina me mira, sorprendida.
—Mi hijo acaba de despertar su poder nocturno —dice alguien—.
Fuiste elegido por el primer hombre que se convirtió en dios.
Tarde o temprano se revelará nuestra existencia; espero que no sea tan peligroso.
En el campo de batalla, nuestras miradas se cruzan como rivales.
Nuestra velocidad supera límites.
Una flecha de luz azul oscuro avanza a gran velocidad; ambos ataques se encuentran.
Kenzo me alcanza y me golpea; entonces activo sucesivas técnicas: segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta, séptima… Golpe del dragón de mil puños carmesí.
Tras usar todas sus técnicas, él invoca una lluvia de meteoritos; ambos ataques chocan hasta que su lanza me alcanza con un golpe crítico.
No puedo rendirme; los dos lo damos todo para ver quién queda de pie y quién cae.
—¡No me rendiré!
—grito ferozmente.
Caigo al suelo con una gran cortada en el estómago; pensé que iba a morir.
Lágrimas brotan; ¿de qué sirve haberse esforzado tanto si al final termino así?
—Tengo que darlo todo —me digo—.
Una voz suena en mi mente: No te deprimas tanto; ya has hecho lo suficiente.
Ahora deja que nosotros te ayudemos.
—¿Quién eres?
—pienso.
—Ha pasado mucho tiempo, Carlos —resuena una voz—.
¿No me recuerdas?
Soy tu guardiana más fuerte.
Tú me elegiste hace tiempo.
—¿Qué?
—recuerdo borrosamente—.
Estuviste conmigo el día en que todos me despreciaban y se burlaban por no tener talento; aun así me apoyaste hasta el final.
Gracias a ti cumplí mi sueño de ser fuerte y respetada.
—Dime cómo te llamas —pregunto.
—Mi nombre es Yuki Heather, tu guardiana.
No soy la única.
Todos estaremos esperándote.
Nos veremos dentro de seis años.
—Su voz es tierna; Yuki tiene cabello largo verde y ojos naranjas; su sonrisa es cálida y divertida.
—Bien —dice con firmeza—.
Nos vemos dentro de seis años, Carlos.
Te apoyaremos.
No te rindas.
Levántate.
Yuki me abraza con fuerza.
No solo ella vino; me dio ánimos.
Gracias, Yuki.
Regreso al campo; Kenzo se acerca con desprecio.
—No sabía que terminarías así, Carlos —murmura—.
Eres demasiado débil.
Una luz brillante recorre mi cuerpo y se eleva al cielo sobre todo el continente.
Los patriarcas miran a Josué con asombro.
—Al final terminaste criando a un monstruo —murmura alguien sobre mi crecimiento.
Tal vez tengan razón; lágrimas ruedan por mis mejillas.
Soy el único que puede traer la paz, la salvación de la humanidad.
Hina, al verme, sonríe y cae al suelo llorando de dolor; entiende que uno debe dar la vida para proteger a los suyos.
—Vamos, Carlos; usa todo tu poder para acabar con ese dios antiguo —me pide.
Una melodía suena alrededor.
Camino con la convicción de que la fuerza de voluntad y el deseo de proteger pueden cambiarlo todo.
Estoy dispuesto a darlo todo.
La vida y la muerte son distintas; algunos aceptan la muerte como destino, pero yo buscaré sobrevivir.
La fuerza que busco es voluntad, confianza, amor y odio; cosas tan cercanas que, cuando lo tenemos todo, a veces lo perdemos y nos convertimos en monstruos.
—¡El despertar de un Dios que lo perdió todo!
—resuena en el aire.
Kenzo intenta matarme; lo esquivo con rapidez.
—¿Por qué haces esto?
—le pregunto.
—¿Acaso no lo sabes?
—responde—.
Fuiste quien retrocedió en el tiempo.
Fui yo: esperé que te traicionaran para tomar tu cuerpo y usarlo como sacrificio.
Decidí retroceder con tus recuerdos.
Ahora que recuperaste tu memoria, de poco sirve: perderás todo lo que amas.
Jamás podrás ganarme.
Alguien vendrá y te matará.
—Cállate —digo—.
Cambiaré el destino de mi mundo.
No dejaré que nadie lastime a los que deseo proteger.
Jamás revivirás.
Ambos usamos nuestras habilidades; llamas oscuras intentan devorarme, pero uso la espada mata dioses.
Nuestras espaldas se cruzan, damos patadas y retrocedemos rápidamente.
Uso remolino de viento para alejarlo y la técnica de la espada Corte Mundial que aprendí de Angélica.
Todos observan.
Kenzo me dice que por mucho que haga, no podrá derrotarlo.
Sonrío.
Concentro aura y mana, creando una barrera cósmica que resuena: nadie podrá escapar de mi ataque.
Uso Visión del Tiempo para evaluar distancia y prever su huida.
Invento una nueva habilidad con la espada: el Destello Solar.
Mi espada brilla y conjuro magia, creando una técnica devoradora de almas que desintegra lo que toca.
Kenzo usa poder divino y convoca un rayo de luz que apunta al cielo, amenazando a las personas debajo.
—¡No!
—gritan—.
—¡Ayúdennos!
—pánico.
No puedo permitir que esto ocurra.
Uso Lluvia de Espadas; ambos ataques se cruzan mientras la gente huye a un lugar seguro.
Detengo su rayo.
—¡Maldito mocoso!
—grita alguien.
Pierdo de vista a Kenzo; uso el Devorador de Almas y lo apuñalo por la espalda.
Lo mando a volar y cae al suelo.
Kenzo grita de dolor: —¿Qué es esto?
Siento que mi alma se desintegra.
Te dije que puedo matar a un espíritu, pero no al alma de la persona.
El verdadero Kenzo pronto regresará.
—No te quedará mucho tiempo —le digo—.
Acabaré contigo ahora.
Deja tu orgullo de lado y siente lo que es ser humillado por un lobo nocturno que atrapó a su presa.
Kenzo se levanta para golpearme; lo esquivo y devuelvo un golpe que lo estrella contra las montañas.
—¿A dónde vas?
—le grito—.
Aún no hemos terminado.
—¡Maldito monstruo!
Aléjate de mí —grita Kenzo.
Huye, pero logro cortarle varias partes del cuerpo porque su verdadero cuerpo comenzó a resurgir y el dios antiguo desaparece.
El tiempo pasa hasta que sale el sol.
Estoy exhausto y me desmayo.
Todos me sujetan.
—Hiciste un buen trabajo, hijo —dice alguien—.
—¡Ni que lo digas, padre!
Natsuki corre hacia mí.
—Te lo dije —me grita—.
¡Nunca dudes!
—me abraza fuerte—.
—Eres un idiota —me regaña con cariño—.
—Me preocupé demasiado.
Me abrazas y respondes: —Estoy sano y salvo.
Natsuki no se contiene y me da un beso; es su primer beso.
—Perdón, estaba desesperada —dice.
—No tienes por qué preocuparte.
Aun no somos mayores; cuando llegue el momento, nos casaremos.
—Le acaricio la mejilla y ella promete: —Lo prometo por mi vida.
Sonreímos.
Después de eso, pierdo el conocimiento durante horas.
Se avecina un nuevo comienzo y la verdadera guerra de desgaste llegará pronto.
Pasan los años.
Cumplo los 10 años, el requisito para inscribirse en la academia.
Han pasado tres años desde aquel accidente.
Ahora es momento de reencontrarme con mis amigos; los estaré esperando con ansias.
Continuará….
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com