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The strongest warrior of humanity - Capítulo 81

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  4. Capítulo 81 - 81 capitulo 81 mi entrenamiento con el patriarca
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81: capitulo 81 mi entrenamiento con el patriarca 81: capitulo 81 mi entrenamiento con el patriarca Punto de vista de Miguel Sasai Desde que llegué al castillo de Carlos… no imaginé que su hogar sería tan grande.

Cada paso que doy dentro de estas paredes me hace sentir pequeño… pero por primera vez en mucho tiempo, también me siento tranquilo.

Su madre me observó con atención… y no supe cómo reaccionar.

Esa mirada… fue extraña.

No fue de rechazo.

Fue como si… ¿me estuviera evaluando?

Aun así, sé que me dieron una oportunidad.

Una oportunidad para mejorar.

Para demostrar quién soy.

Para que… mis padres algún día me miren, y me acepten como su hijo.

Estoy cansado de sentirme solo.

Estoy cansado de hacer todo… sin recibir un “bien hecho”.

Lo único que quiero… …es que me reconozcan.

Daré lo mejor de mí.

No quiero ser una decepción.

Quiero que vean mis esfuerzos… que mi abuelo, cuando me mire desde donde esté, pueda sentirse orgulloso.

Porque él… es la única persona que jamás me dio la espalda.

El único que siempre estuvo para mí.

Y cuando vea todo lo que logré siguiendo sus consejos… sabrá que nada fue en vano.

Dentro de cinco meses, les demostraré lo que valgo.

Les demostraré quién soy realmente.

Fue entonces cuando lo sentí.

Una mirada… desde la ventana.

Me giré… y ahí estaba Josué Tanaka.

El hombre que me dio esperanza cuando todo parecía perdido.

El primero que se acercó a mí sin que yo dijera una sola palabra.

—En verdad… gracias por elegirme —susurré, solo para mí—.

Te juro… seré de utilidad.

Te haré sentir orgulloso.

Seré tu discípulo más fuerte.

Josué me observaba con una mirada fría, seria… Pero detrás de sus ojos… vi algo más.

Como si dentro de mí… él hubiera visto su propio reflejo.

En su mente, su voz resonó: “Me recuerdas a mí de niño…” Han pasado muchos años desde la última vez que vi a mi padre.

Recuerdo cuando ingresé a la academia… Recuerdo cuando conocí a Hina… Y desde ese día, comenzaron todos los problemas.

Las humillaciones.

Los desprecios.

Y aun así… tú estuviste ahí.

A mi lado.

Sin alejarte.

Sin rendirte.

Fuiste ese apoyo que necesitaba, cuando nadie más me veía.

Sin ti… Hina no habría llegado a donde está.

Y yo… jamás me habría convertido en lo que soy hoy.

Porque cuando alguien cree en nosotros… nuestra vida cambia para siempre.

Hoy… soy respetado.

Hoy tengo un título.

Pero no fue suerte.

Fue entrenamiento diario.

Fue sudor.

Fue dolor.

Fueron noches sin dormir.

Años sin rendirme.

Ese esfuerzo… no fue en vano.

Si queremos superarnos… debemos dar un paso adelante, sin mirar atrás.

Porque habrá muchas personas que quieran destruir todo lo que eres.

Todo tu trabajo.

Todo tu valor.

Pero yo… jamás me rendí.

Porque para mí… rendirse no es una opción.

Sigue avanzando, Miguel.

No pierdas la esperanza.

El fracaso… solo abre una nueva puerta.

Y del otro lado… está tu camino.

Tu destino.

Tu vida.

Ignora a quienes hablen mal de ti.

Camina.

Entrena.

Resiste.

Hasta alcanzar nuestras metas.

Miguel miraba a Shiro y a Gojo observando la casa.

Ambos parecían llevarse bastante bien… Era evidente que cada uno ya tenía su propio círculo, sus propias amistades dentro de este lugar.

En el jardín, Mei caminaba junto a Mío y Melissa.

El viento era suave.

Las flores se movían como si respiraran.

—Son hermosas, ¿verdad que sí, Mei?

—preguntó Melissa.

—Sí… —respondió Mei con voz tranquila—.

Las flores son hermosas.

Su color me da paz… me hace sentir bien estando aquí.

¿Y tú, Mío?

¿Qué piensas?

Mío respiró hondo.

—Bueno… es la primera vez que visito la casa de Carlos… y en verdad es hermosa.

No solo es grandiosa… también sus sirvientes se ven felices.

Cada uno de ellos parece tener paz en su corazón.

Pero su mirada tembló.

Sus manos también.

—Entonces… ¿por qué yo me siento tan vacía?

—susurró—.

Extraño a mis padres… y duele… duele con toda mi alma.

Desde que ocurrió el accidente… nada volvió a ser igual.

Freya se acercó a mí.

Su voz fue suave… como si temiera romperme.

Me pidió perdón por todo.

Por el dolor que pasé.

Por ser abandonada.

Por las palabras hirientes… por las amenazas… por haber deseado que yo desapareciera de este mundo.

Fue entonces… cuando conocí a Carlos.

No entendía nada de lo que él hacía… pero todo lo que vivimos… todo lo que pasamos juntos… me hizo recordar a Masha, David… y Sasha.

Ellos lo dieron todo, cuando ni siquiera teníamos la oportunidad de salir con vida.

Henry… El más callado.

El más honorable.

Él se sacrificó por nosotros.

Mis lágrimas cayeron sin permiso… pero esta vez… con una sonrisa.

—Lo siento mucho —dije mirando al cielo—.

No quería que alguien como usted muriera.

Usted tenía una hija… una niña que creció inspirándose en su padre… queriendo ser tan valiente y fuerte como él… Recordé lo que Henry dijo antes de partir: “Los fuertes deben proteger a los débiles.” Eso… fue lo que hizo que Carlos cargara con esa culpa.

Una culpa que casi lo destruye… que casi lo consume.

Lo vi llorar… en silencio.

Cuando todos creían que estaba bien… yo sabía que no lo estaba.

Él estaba sufriendo… completamente solo.

Por eso, Masha me dijo: “No dejes a Carlos solo… ni por un momento.” Ellos sabían que él cargaba ese peso enorme sobre sus hombros… David… ojalá algún día podamos vernos otra vez.

Sasha… gracias por lo que hiciste por nosotros.

Desde su funeral… seguí entrenando… porque quiero honrarlos.

Recibí algunas clases que ellos me enseñaron… y sigo practicando.

No quiero ser un estorbo para nadie.

No quiero ser una carga para él.

Quiero ayudar.

Y por eso… debo encontrar mi propia fortaleza.

Miguel observaba a Mío desde lejos.

¿Estará bien…?

Eso fue lo único que cruzó por mi mente.

Quise acercarme… pero algo me dijo que debía dejarla sola un momento.

Tal vez… con las chicas… podría sentirse más tranquila.

Caminé por el pasillo silencioso.

Ahí estaban Abram y Karen… acompañados por alguien de otra raza.

Era la primera vez que veía a alguien así… su presencia era distinta… antigua… como si no perteneciera a este mundo.

No dije nada.

Solo pasé.

Luego encontré a Josué, esperándome en la sala.

—Bienvenido, Miguel Sasai.

Me alegra mucho verte de nuevo.

—Lo mismo digo, patriarca.

Gracias por invitarme.

Josué sonrió con calma.

—No fue nada… solo quería ver cómo estabas.

La última vez que nos vimos… te noté demasiado triste… y en verdad lo siento.

Guardé silencio… esa herida todavía estaba ahí.

—Pero hay que dejar eso atrás, Miguel —continuó—.

Ahora debemos enfocarnos en tu entrenamiento.

Será muy duro… y para resistir algo tan duro… uno necesita un propósito.

Una meta.

Algo por lo cual luchar.

Mi respiración se detuvo un momento.

—Por eso tú, Miguel… llevarás el nombre Tanaka como mi representante.

Un silencio pesado cayó sobre mí.

Estaba nervioso.

Pero sabía… que esto sería lo más difícil de todo mi entrenamiento.

—Así que dime, muchacho… ¿estás listo para superar tus propias palabras y tus propias metas?

Los deseos solo se cumplen… cuando se trabaja con esfuerzo.

Sus ojos eran como acero puro.

—Tú me representarás… igual que mis propios hijos.

Desde ahora… serás parte de la familia Tanaka.

Las técnicas… todo lo que veas aquí… algún día… te serán de utilidad en el futuro.

Asentí con firmeza.

Y justo entonces… lo sentí.

Una presencia desagradable… algo que heló el aire.

Josué también lo notó.

Una sonrisa tensa apareció en su rostro.

—¿Hina… acaso tú estás…?

—¿Sucede algo, patriarca?

—No es nada, Miguel.

Camina conmigo.

Iremos a un lugar más tranquilo para que empieces a usar la espada.

Salimos al exterior.

Pero alguien ya nos estaba esperando.

Una figura solitaria.

Inmóvil.

Como si el tiempo se hubiera detenido solo para él.

—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, patriarca… —dijo aquella voz.

Josué apretó la mandíbula.

—¿Kronos…?

—Perdón por no haber venido en años.

Tenía asuntos que atender —respondió aquel hombre.

Miguel lo miró… y algo en él… no parecía pertenecer a este mundo.

—Me alegra que estés aquí, hijo.

Y… ¿piensas quedarte?

—Eso no será posible.

Solo pasé a saludar.

Ah, y una cosa… ¿mi hermano?

¿Sabes dónde está?

—Debe estar con sus invitados, pero si quieres— —No es necesario —lo interrumpió Kronos—.

Solo… díganle a mi madre… que su hijo ha venido.

Dio media vuelta… listo para marcharse.

Josué suspiró.

—Está bien… nos vemos luego, Kronos.

Kronos caminó unos pasos hacia la sombra… y justo antes de desaparecer… una sonrisa retorcida apareció en su rostro.

Solo vine a visitarte… Carlos.

Cuando llegue el momento… verás este lugar arder.

Mi señor Lucifer… estará satisfecho con las noticias que le entregaré más tarde… —¿A dónde iremos?

—preguntó Miguel, pensativo.

—A un lugar donde primero aprenderás a usar el ki, la magia espiritual… y la esgrima de mis técnicas.

—Ya veo —asentí con calma—.

¿Así que vamos a una cascada?

—Es correcto, muchacho.

Esto deberás hacerlo seguido.

Al principio no será fácil… pero más adelante notarás los cambios en tu etapa.

Las palabras del patriarca resonaron en mi mente.

Este solo será el principio de tu crecimiento, niño… para que descubras por ti mismo tu verdadera naturaleza.

Pasamos horas entrenando bajo el estruendo del agua.

No me detuve ni un instante.

La energía espiritual comenzó a despertar dentro de mí… como un eco que respondía a cada respiración.

Me concentré todo lo posible, sintiendo el temple de mi mente afilarse poco a poco.

Pero el ki… eso era diferente.

No lograba comprenderlo del todo.

Aun así, podía sentirlo fluir junto con mi mana, como dos ríos conectándose… creando un núcleo dentro de mí.

Una energía verde… trascendente.

Era como si la naturaleza misma me abrazara con fuerza, aceptándome como parte de ella.

Entonces, ocurrió.

Una cálida sonrisa se dibujó en mi rostro en el instante en que el mar cayó sobre mí… y liberó una cantidad de energía pura… algo que jamás había visto antes.

Respiré hondo… pensando una y otra vez… pero perdí la concentración.

Abrí mis ojos.

Josué me observaba, asombrado.

—Este chico tiene algo muy interesante… —susurró—.

Esto solo es el comienzo de tus propios métodos, niño.

—Perdí la concentración… —murmuré con frustración.

—No te preocupes, Miguel —dijo con calma—.

Hiciste un gran trabajo.

Por ahora, descansa.

Más tarde seguiremos con tu entrenamiento.

Hizo una pausa.

Sus ojos se afilaron.

—Por ahora… quiero mostrarte algo.

Así que mira con atención.

Se puso de pie.

Su mano tomó el mango de la espada en su costado… y lentamente la desenvainó.

El sonido del metal cortó el aire.

—Técnica de la espada… Pétalos de Luz del Alma.

Había leído sobre ella en un libro.

Una técnica conocida por todos.

Pero verla… frente a mí… en persona… fue impactante.

La energía comenzó a salir de su cuerpo como un aura viva.

Pude sentir el ki de Josué… firme… preciso… casi intimidante.

Sus ojos se endurecieron, y una gran presión me recorrió la columna… haciendo temblar todo mi cuerpo.

Ese día… comprendí lo que era un verdadero maestro.

Me enseñó las posturas… y cómo usarlas.

Cada movimiento era tan fluido… que parecía una danza.

Una danza bajo el árbol de pétalos.

El mar estaba quieto… claro… como un espejo reflejando su figura.

Mientras los pétalos caían, se mezclaban con el viento… girando… creando una pequeña tormenta de pétalos a su alrededor.

La ráfaga de viento formó una escena increíble… como si el mismo mundo contuviera la respiración para observarlo.

El ataque se liberó con una fuerza brutal.

Una sola estocada… y todo el viento se arremolinó en su espada.

La lanzó hacia los árboles… ¡CRASH!

Los troncos fueron cortados en segundos… y luego se hicieron cenizas, desintegrándose como polvo en el aire.

Ahí lo entendí.

Esa técnica… podía borrar a alguien de la existencia sin que siquiera notaran que habían sido eliminados.

Josué bajó el brazo con calma… mientras el viento se detenía.

Caminó hacia mí, observándome en silencio.

—¿Qué te pareció mi técnica?

—preguntó.

Tragué saliva.

—Es… impresionante.

Josué sonrió apenas.

—Se la enseñé a mi hijo.

Aprendió a dominarla… pero le costó.

A ti también te costará, eso es seguro.

Pero sé… que tú podrás hacerlo.

Me miró directamente a los ojos.

—No te deprimas, Miguel.

Tú y él pueden dominarla… solo necesitan tiempo.

Y el tiempo siempre le da al guerrero lo que necesita… si no se rinde.

Guardó su espada y se giró hacia la cascada.

—Mañana verás cosas aún más grandes.

Así que prepárate… porque tendremos que levantarnos de nuevo… y volver a intentarlo.

Por otro lado, Lucía seguía sorprendida por todo esto.

Nunca creyó que terminaría siendo humillada por la madre de Carlos.

Lo bueno… es que él no lo vio.

Tuvimos que llevarlo directo a su habitación.

No ha pasado mucho desde mi encuentro con él… pero este es mi momento para volverme fuerte.

¿Cómo debería llamarla…?

¿La top global de todo el continente?

No tendría sentido para mí.

Ellos son los más fuertes del mundo… pero lo que investigué sobre la familia Sánchez me dejó dudas.

Dicen que jamás se rinden.

Que eran más fuertes que cualquiera… pero su familia fue borrada de la existencia.

No sé por qué.

Le conté a mis padres… y tampoco saben nada.

¿Qué es lo que están ocultando?

Si ese bastardo tiene algo que ver con esto… sería un gran problema.

—¿En qué tanto piensas, mocosa?

La voz cortó mis pensamientos.

—Oye… ¿por qué siento que me estás regañando?

—pregunté molesta.

—Ah, bueno… es porque eres muy atrevida.

Mi hijo está comprometido, y una madre debe cuidar a su hijo.

—Ah, eres demasiado sobreprotectora.

Tu hijo es alguien leal, y como su dueña, tengo más privilegios que Natsuki.

Ella es linda… pero su lado agresivo lo deja más traumado de lo que ya está.

—Bueno… tienes un punto.

Ella siempre me lo maltrata, pero aun así… es amor.

Una risa salió de mi rostro.

—¿Bromeas?

¿Eso es amor?

Yo le voy a enseñar lo que es amar a alguien —dijo Lucía, con una mirada seria.

—Espera un momento… no me digas que tú… —Mejor no saques conclusiones.

Solo hay que seguir con mi entrenamiento.

—En verdad eres molesta, entrometida… y castrosa.

Deberías recibir una buena paliza —dijo Hina, ya irritada.

El aire se volvió pesado.

Una chispa de tensión nació entre las dos… como si en cualquier momento… pudiera detonarse una guerra.

Luego de nuestra primera discusión… cerré los ojos y dejé fluir mi mana.

Varias esferas de luz oscura y de cada elemento comenzaron a girar a mi alrededor.

Entré en mis pensamientos… buscando claridad.

Ella… Es amable, sí… pero tiene un lado oscuro.

¿Será que siempre ha estado celosa de quienes se acercan a su hijo?

Bueno… tiene razón.

Él está comprometido… pero aún no se han casado.

No puedo dar un paso al frente sin saber más.

Tengo que averiguarlo.

Sin embargo… puedo sentirlo.

Mi energía… y mi mana… están creciendo.

Hay un cambio profundo en la naturaleza de mi poder.

Fue entonces… que todo se transformó.

El aire se volvió etéreo.

Algo cósmico se manifestó a mi alrededor… una calidez extraña… un descontrol de mana… pero, al mismo tiempo… una sensación de despertar.

Recordé lo que dije en clase… Lo que todos creyeron que eran solo dos poderes… no era cierto.

Son cinco.

— Luz oscura — Elemento puro — Infinito — Poder cósmico — Y… el que supera los límites humanos.

Nunca lo pude estudiar detalladamente… y aun así… hay algo más… algo fuera de ese poder.

Entonces… ¿qué fue lo que ella me mostró?

Era como si ese poder no perteneciera a este mundo… como si viniera de más allá de la existencia.

Fue ahí… cuando una idea me atravesó como un rayo: ¿Y si el mito… del Dios Nocturno… fuera real?

Hay historias… historias que el mundo prohibió… porque quienes presenciaron aquel momento… quedaron traumatizados de por vida.

Si ese ser existe… si esa magnitud de poder es real… yo… no duraría ni un segundo.

Solo estoy sacando conclusiones… pero hay algo que sí me aterra: ¿cómo devolver a sus hogares a las personas que Carlos y yo salvamos?

Ese pensamiento pesa… demasiado.

Esta niña arrogante lo está haciendo bien… sabe controlar su mana mejor de lo que esperaba.

Pero… hay algo más.

Algo que no había visto antes.

¿Está creando el flujo y el núcleo… de su contenedor de energía espiritual?

Miro a mi nieta.

Ella… ella está haciendo lo mismo que Lucía.

Pero su mana… está siendo controlado.

¿Cómo es posible…?

Punto de vista de Yue Papá se está esforzando… muchísimo… por mantener a todos a salvo.

No puedo dejarlo hacerlo solo.

Soy su hija… y debo ayudarlo.

Todos lo miran y sonríen… pero yo… yo siempre lo veo solo.

Como si estuviera destinado… a cargar con todo.

Pero no debe ser así.

Todos tenemos derecho a ser felices.

Eso aprendí… y eso quiero demostrar.

Respiro… mi mana empieza a reaccionar… y veo algo nuevo… algo que podría cambiare todo mi crecimiento.

Si lo logro… debo pedir muchos postres a mis padres… porque se pondrán muy orgullosos de mí… ¿verdad?

Pero… de pronto siento algo más.

Una energía siniestra… brillante… dorada… como una luz celestial mezclada con energía nocturna… —Esto… ¿es magia dorada?

Es la primera vez que la veo… Y entonces… por un solo instante… el aire se volvió pesado.

Mi piel se erizó… Porque sentí… algo que no pertenece a este mundo.

Una presencia desconocida se detuvo frente a mí.

Sentí una mirada… profunda… silenciosa.

—¿Quién eres…?

—pregunté con cautela.

Era una mujer… alta… delgada… con una hermosa sonrisa que no mostraba maldad… pero tampoco bondad.

Su cabello era de un amarillo claro, como un atardecer.

Sus ojos… de un plateado puro, reflejaban todo… incluso mis miedos.

—No tienes por qué saber quién soy —dijo suavemente—.

Pronto lo sabrás.

Solo… mira y disfruta de tu nueva vida.

Su voz era cálida, pero en el fondo… había algo más.

Una energía que no pertenecía a este mundo.

Esa sonrisa… era leve, constante… casi serena.

Pero yo lo sentí.

Algo estaba mal.

No sabía qué… pero mi instinto me gritaba que esa persona… no era alguien común.

La figura se acercó un poco más.

Y con un tono suave, como si fuera la última vez que hablaría… dijo: —Cuida bien de tu papá… no lo dejes solo.

Quiero que tú… tengas una vida feliz.

Me alegro de que tú hayas sido… No logré escuchar el final.

Su cuerpo comenzó a desintegrarse, como polvo de estrellas… desvaneciéndose en el aire… como si nunca hubiera existido.

—¡Espera…!

Mis palabras no llegaron a ningún lado.

Solo quedaron… un silencio inmenso… y un vacío en mi pecho.

No entendía por qué… pero las lágrimas comenzaron a brotar sin control.

No sabía quién era… ni por qué me habló… pero sentí que esas palabras… eran importantes.

Muy importantes.

Me limpié el rostro.

Respiré hondo.

Y seguí con mi entrenamiento… aunque algo dentro de mí… ya había cambiado para siempre.

Abrí mis ojos.

Había logrado, por el momento, contener un poco el poder que llevaba dentro… pero sentí claramente que algo se había quebrado en mi interior.

Mi abuelita me miró con preocupación.

—¿Te encuentras bien… pequeña Yue?

No dudé.

Corrí hacia ella y la abracé con fuerza.

Ella me devolvió el abrazo suavemente, acariciando mi cabello.

—Todo estará bien, Yue.

Ya pasó… no tienes por qué estar triste —me consoló con una voz cálida, tranquila, como si quisiera detener el tiempo para protegerme.

Hubo un silencio breve, pero inmenso.

Yo solo escuchaba el latido acelerado de mi corazón.

“Algo le habrá pasado dentro de su mente…” susurró en voz baja.

Entonces agregó: —Ya es mucho por hoy.

¿Qué te parece si vas a visitar a tu padre?

Ella me miró con los ojos un poco bajos… como si ocultara una preocupación más grande de lo que parecía.

—Está bien… —respondí.

Sabía que debía hacerlo.

La bajé con cuidado y ella caminó hacia la puerta, dejándonos solas.

Yo me quedé pensando en lo que le pudo haber sucedido… pero más tarde lo averiguaría.

Ahora debía observar el entrenamiento.

Lucía seguía practicando.

—Has mejorado un poco, Lucía —dije mientras la miraba mover los brazos con esfuerzo—.

Deberías tomar un pequeño descanso… tengo cosas por hacer.

Mañana empezaremos con los nuevos hechizos que quiero enseñarte.

Ella respiró hondo, aún agitada.

—De acuerdo —respondió con una leve sonrisa—.

Nos vemos más tarde.

Ambas nos despedimos.

El viento ligero entraba por la ventana… el día apenas comenzaba, y yo seguiría con lo que ella me enseñó.

Porque este fue solo el primer paso… de algo mucho más grande.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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