Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The strongest warrior of humanity - Capítulo 82

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 82 - 82 Capitulo 82 sueños y mitos sobre mi familia
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

82: Capitulo 82 sueños y mitos sobre mi familia 82: Capitulo 82 sueños y mitos sobre mi familia ¿A dónde estoy…?

El lugar es oscuro.

Frío.

Silencioso.

¡¿Pero qué… es esto?!

Estos son los recuerdos de Yuki…?

Espera un momento… si esto son sus recuerdos… entonces debo mirar.

Ella me estaba observando… justo cuando yo fui ejecutado.

Una risa desagradable rompió la oscuridad.

Fue la voz de Kronos.

—Fue tan explícito matar a Carlos —rió con malicia—.

Tal como esperaba… fue fácil hacerle creer que lo quería como un hermano.

Solo dejé que las cosas fluyeran… y así lo tuve bajo mi mando.

Era un estorbo para mis planes.

Tarde o temprano descubriría mi verdadero objetivo… conquistar todos los reinos y ser invencible.

Las palabras me quemaban el alma.

—¿En verdad tenías que hacerlo, Kronos?

—dijo Charlotte, destrozada—.

¿Por qué tuvimos que hacerle eso?

Él no tenía la culpa… —Mejor cierra tu maldita boca, perra —gruñó Kronos.

—Ten algo de respeto… Kronos… —intervino Kratos, con la mirada apagada, como si alguien le hubiera robado la luz de los ojos—.

Carlos… en verdad lo siento.

Al escuchar eso… bajé la mirada.

Ellos… todavía seguían siendo mis amigos.

Y al final, fueron obligados a traicionarme.

Pero ¿qué hay de Drako, Óscar y Ascan…?

De seguro… ellos sí estuvieron de acuerdo con el plan de mi hermano.

Se dejaron sobornar… ¿pero por qué?

—Es tal como dice Kronos —respondió Drako—.

Carlos era un problema para nuestros planes.

Ustedes no saben lo mucho que costó manipularlo… para que acabara con nuestros enemigos.

Solo era una herramienta.

Y cuando una herramienta deja de servir… simplemente se destruye.

Ascan y Óscar asintieron, indiferentes.

—Vamos, chicos, no se peleen —dijo Óscar con cinismo—.

Ya nuestros planes se hicieron realidad… ¿o no, Gabriel?

Miré a Gabriel.

Estaba demasiado satisfecho… feliz con el trato que recibió.

—Al contrario —dijo con calma—.

Fue gracias a ti que pude regresar a la vida.

Ya era hora de acabar con él… Pero Kronos, ahora que lograste lo que querías… deberías cumplir tu parte del trato.

—Tranquilo, Gabriel.

Más tarde te lo recompensaré.

Por ahora… debemos irnos.

Charlotte y Kratos agacharon la cabeza, destrozados.

Ellos… fueron más que amigos.

Fueron mis hermanos.

Recordé los días en que fui humillado… pisoteado… un perdedor sin nada especial.

Ellos fueron quienes me hicieron creer… quienes me devolvieron la esperanza.

Pero jamás vi el dolor que cargaban en silencio… Y entonces… la voz de Yuki explotó como un trueno.

—¡Kronos!

¡Maldito traidor!

¿Cómo te atreviste a matarlo así?

¡¿Acaso mi señor tenía que morir de esa manera?!

Para él… tú lo eras TODO.

¡En verdad, Kronos… eres una basura de persona!

—¡¿Por qué le hiciste eso a Carlos?!

—grité, desesperada—.

Verlo ejecutado… fue el mayor dolor de mi vida.

Alguien con un corazón puro… ¿tenía que acabar así?

La oscuridad se volvió más fría.

Y el recuerdo… se convirtió en dolor.

Oh vaya… pensé que él había acabado con ustedes.

Me equivoqué.

Ese maldito idiota no acabó con la gente de Carlos.

No sé por qué me reclamas algo que ya no está en este mundo… pero no te desanimes.

Tú también te irás con él, en lo más profundo de tu ser… maldita escoria de basura.

No olvides cuál es tu lugar… insignificante estúpida.

Entonces, Yuki se mordió el labio de dolor.

La rabia le ardía en los ojos.

Apretó los dientes con furia… y se lanzó a atacar a Kronos.

Era una lucha sin fin.

Todo lo que vi… jamás imaginé que ella estuviera dispuesta a pelear así contra mi hermano.

Eran siete contra uno.

El caos dominaba el lugar.

Pero de pronto… toda la energía cambió.

Todos lo sintieron.

Un estremecimiento en el aire.

Silencio absoluto.

Una presencia cayó sobre ellos… y el cielo se iluminó.

Un ser había llegado.

Nadie lo conocía.

Su presencia… pesaba como una sentencia de muerte.

Comenzó a atacar sin dudar.

No hubo piedad.

Todo el lugar fue destruido.

Las personas que estaban ahí… fueron borradas con un solo dedo.

Kronos y los demás miraron a ese ser desconocido.

Lagunas de miedo en los ojos.

—Gabriel… ¿quién es él?

—murmuró, temblando.

—¿Acaso no sabes quién es?

—respondió con voz quebrada—.

Es el ser humano que se convirtió en Dios en medio de una guerra… su nombre es Dios Nocturno.

El impacto fue inmediato.

Los rostros se congelaron.

El aire se volvió pesado.

—Creí que eso era un mito… —Sí, todos pensábamos eso… pero es verdad.

Él es la mayor amenaza para todos nosotros.

Sabes lo que significa eso, ¿no, Kronos?

A él no le gusta que le quiten su valioso tiempo.

No pensé que vendría aquí… por ahora debemos unirnos con el enemigo.

Sabes que no podemos ganar contra ese ser.

Kronos apretó los dientes.

La idea lo consumía por dentro.

No quería unirse con nadie… pero lo entendió.

—Oh espera… eso servirá para mis planes.

Está bien, Gabriel… nos iremos con el Dios Nocturno.

Yuki entendió de inmediato lo que estaba ocurriendo.

—¡Esto es imposible!

¿Qué diablos es esa cosa?

Una fuerza invisible la atravesó.

Su cuerpo fue lanzado lejos… como un simple papel en medio de una tormenta.

El lugar explotó.

El dolor la inmovilizó.

Su cuerpo estaba gravemente dañado.

Solo podía pensar en él… en todo lo que le enseñó… en todo lo que aprendió de su señor.

Los recuerdos llegaron como fuego: sonrisas… dificultades… enseñanzas… momentos que jamás debían morir.

El infierno ardía a su alrededor… y el Dios Nocturno seguía atacando.

No se detenía.

Le arrancaron un brazo.

La sangre salpicaba por el suelo quemado.

—Eres alguien que jamás debió existir —le dije a ese ser desconocido.

—Las preguntas solo las hago yo, humana insignificante.

¿Alguien como tú valía la pena?

¿Crees que eres lo suficientemente fuerte para desafiar a alguien que se convirtió en un Dios?

No eres más que una débil… que no acepta esta cruel realidad.

Sus palabras fueron como golpes.

Querían quebrarla.

Pero no quería ver morir a Carlos.

Sin él… no somos nada.

Y entonces… lo recordó.

“No te rindas Yuki.

Eres alguien especial… no lo olvides.” —¿Por qué dices eso, líder?

—Pronto lo sabrás, con el paso del tiempo.

No te rindas.

Sigue adelante… porque la vida sigue y continua.

Debemos caminar hacia nuestro camino.

No dejes que esto te deprima… tú eres alguien fuerte.

Todos tenemos nuestro lado débil… es parte de un reflejo de lo que somos o lo que no aceptamos ser.

Si algo me llegara a pasar… no conviertas eso en odio y venganza.

No quiero verte morir.

La vida sigue… y si muero… será porque fui lo más débil.

Sus palabras cargaban verdad.

Y dolor.

Y amor.

Yo… me sentí agradecida.

Él me había guiado.

Pero aceptar eso… era otra guerra.

“Ya no eres la niña tímida y débil que conocí antes… ya eres toda una comandante.

Todos tus esfuerzos no fueron en vano.

Me siento orgulloso de ti, Yuki.” Él giró hacia mí… con una sonrisa.

Se alejó.

Y sus últimas palabras quedaron tatuadas en mi alma: —Cuida bien de los demás… en mi lugar, mi capitana.

No debo dejar que estos recuerdos mueran.

Haría cualquier cosa por salvar a mi líder.

Debo mirar hacia adelante.

Debo demostrar a mis enemigos… de qué estoy hecha.

La silueta se dibujó frente a mí… y sí… era yo.

Vi cómo Yuki se levantaba una vez más.

Esto era entre la vida… y la muerte.

Ella siguió luchando.

No se detuvo.

Pero era demasiado tarde.

El Dios Nocturno… había acabado con ella.

Todo con un solo ataque.

El mundo ardía.

No había señales de vida.

Y el Dios Nocturno se retiró con los demás.

—Qué humana más débil la que me he enfrentado… pero aun así… algo la mantenía de pie todavía.

Sus ojos… seguían ardiendo… con determinación.

—Supongo que de seguro no has muerto después de ese ataque destructivo… mocosa.

Todo lo que vi… tenía razón.

Eime había cambiado desde aquel entonces.

Pero también vi… que logró sobrevivir a ese infierno que tuvo que enfrentar.

Yuki se retorcía de dolor.

La sangre corría.

Su mirada estaba realmente débil… pero seguía con vida.

—Logré sobrevivir a esa cosa… pensó con dificultad.

Pero… ¿cómo alguien como él pudo convertirse en un Dios?

Debo encontrar una manera… de vengar la muerte de mi líder.

¿De qué sirve que yo sea una guardiana… si no pude protegerlo?

¿Qué les diré a los demás… cuando sepan que murió en manos de su propio hermano?

La duda la atravesó.

El miedo quiso quedarse… pero no lo permitió.

Me pregunté si podría seguir adelante con esto… pero hay una forma.

Una sola.

Hacer… que él regrese.

Pero todo tendría un costo: sus recuerdos serían borrados.

Y si algún día llegara a recordar quién es… y cómo terminó… entonces quizá… nos volveríamos a reencontrar.

Mi señor… Demonio Nocturno.

Todo lo que había visto… comenzaba a tener sentido: mi regreso… el dios antiguo… cómo usó mi cuerpo… cómo me envió a un mundo sin magia… sin guerra… Y allí… recordé a alguien.

Angélica.

—¿Será posible que…?

No.

Aún no debo sacar conclusiones.

Ahora entiendo por qué estos recuerdos… y todo lo que he logrado en mi vida… fueron gracias a esta oportunidad de… reencarnar de nuevo.

Una mirada fría se dibujó en mi rostro.

Así que esta era la razón… por la cual yo era tu mayor amenaza, ¿no es así Kronos?

Drako.

Oscar.

Ascan.

Cuando llegue el festival… haré que caigan delante de todos.

Ya lo había decidido.

Además… ¿cómo hago para poder usar, aunque sea una hora, mi poder nocturno?

Debería entrenar eso también.

Sería… interesante.

Abrí los ojos por el golpe.

Yue estaba dormida en mi habitación.

Solo verla… me devolvió la felicidad por unos momentos.

Pero escuché su voz, mientras dormía: —No… espera… no me dejes sola… ¿Está teniendo pesadillas?

La sostuve en mis brazos.

La abracé… y le dije con voz cálida: Todo estará bien.

No tienes por qué tener pesadillas… papá está contigo.

Yue se calmó.

Pero de pronto abrió los ojos… con una sonrisa.

—Buenas noches, papá.

—Buenas noches, Yue… espera… ¿por cuánto me quedé dormido?

—Alrededor de unas seis horas.

Tuviste un día pesado.

Hoy mi abuelita y Lucía te llevaron a tu habitación.

Pero alguien había tocado la puerta de mi habitación, no sabía quién era… así que me levanté de mi cama dejando a un lado a Yue.

Ella me miró berrinchuda, con los brazos cruzados y una expresión molesta, como si quisiera decir “no es justo que alguien interrumpa un momento de padre e hija”.

Respiré hondo, caminé hacia la puerta y la abrí.

Era la elfa que había salvado.

—¿Ocurre algo?

—pregunté.

—Ah… pues verás…

—su voz temblaba ligeramente, casi tímida.

Cierto…

lo había olvidado.

—¿Cómo te llamas?

—le dije.

—Tienes razón, no nos hemos presentado.

Mi nombre es Alefa.

Qué bonito nombre, pensé al mirarla.

Lo dije sin querer: —Qué bonito nombre, Alefa.

—Gracias… mis padres me lo pusieron cuando era bebé —sonrió suave, como si ese recuerdo le diera paz—.

Pero…

me gustaría saber tu nombre.

—Ah, claro…

por supuesto.

Mi nombre es Carlos.

—Qué lindo nombre —susurró ella, con una mirada inquieta mientras envolvía su cabello hacia atrás.

Hubo un silencio breve, pero intenso.

—¿Crees que podamos hablar?

—me preguntó.

Esa forma de decirlo…

algo en su mirada me hizo sentir que no era una simple conversación.

—¿De qué se trata, Alefa?

—Es sobre mí… y hay cosas que quiero contar —dijo con voz baja.

Solo al verla… pensé algo sin querer que nadie se diera cuenta: Esta chica… tiene la misma edad que yo?

Ella entró en mi habitación… aunque se detuvo al ver a Yue.

—Wow… qué niña tan linda.

¿De dónde la sacaste, Carlos?

—Ah… eso es una larga historia —respondí con una leve sonrisa—.

Pero bien, dime lo que me ibas a hablar.

—Es verdad… —dijo con un suspiro—.

Quería que supieras algo de mi reino.

A las personas de allá no les caen para nada bien los humanos.

Luego de esa paz que prometieron… jamás la respetaron.

Pero tú apareciste… y nos salvaste.

Me preguntaba por qué.

Suspiré también.

Sentí su duda, su miedo… su esperanza.

—Sé que tienes dudas… y no solo tú.

Todos pensamos igual.

Yo estoy en contra de lo que hacen ellos, pero debes saber algo: no todos son así de crueles.

Pero dime… ¿cómo se llama tu ciudad?

—Se llama Starwhisper —respondió—.

Es un reino agradable y dulce.

Todas las personas son amables… pero cuando se trata de los humanos… —Lo sé —murmuré—.

Sabía que esto llegaría a ocurrir.

¿Cuántas veces han hecho una promesa de paz y no la han respetado?

Muchos elfos han sido asesinados por los humanos… y también secuestrados para ser esclavizados.

No es la única raza que está en conflicto.

Las demás también están distantes: miedos, venganza, odio, corrupción… —Es tal como dices, Carlos —afirmó ella con la voz firme—.

Por eso vine aquí a verte.

Porque quiero pedirte… una petición.

Quiero que nuestras razas estén en una sola unión… dentro de una sola academia.

—Oye, oye… sabes que eso sería imposible.

Sabes muy bien que esto… —Lo tengo claro —interrumpió—.

Por eso hablé con los demás… y estuvieron de acuerdo en esto.

Sentí un golpe en el pecho.

Maldita sea… si dejo que estas cosas se salgan de control, todos pensarán que soy el responsable.

Me quedé pálido.

El corazón me latía con fuerza… pero ella habló con firmeza: —No tengas miedo.

Además… eres nuestro salvador.

—Fue tan hermoso cuando te vimos luchar —agregó con un brillo en los ojos.

—Ah sí… lo único que vi fue cómo ustedes estaban apostando quién iba a ganar.

Alefa giró hacia atrás, confundida.

—No sé de qué me estás hablando.

Solo vimos un gran espectáculo.

Suspiré.

¿Cielos, qué haré contigo?

Se nota que le gusta el escándalo… Si dejo que se junte con Gojo, o peor… con Shiro, sería un problema para mí.

Ya tengo suficiente con esos dos, pero son tan idiotas… que ni siquiera se aguantan ellos mismos.

—¿En qué estás pensando, Carlos?

—preguntó Alefa—.

Te veo preocupado.

—No es nada… —mentí—.

Pero haremos esto.

Le conté a Alefa lo que tenía planeado.

Mañana partiríamos a primera hora.

—Oh… ya veo.

¿Así que eso es lo que haremos mañana?

—Así es —respondí con seriedad—.

Pero debemos tener algo en cuenta: si mi plan no sale bien… seré prisionero.

Pero si todo sale como debe ser… haré que tu petición sea efectiva.

—Entonces para eso… —ella sonrió—.

Ya lo sé.

Escribiré una carta explicando lo que haremos mañana, y le diré al resto lo que tú me dijiste.

Pero, antes de irme… ¿me darías permiso para jugar con esta pequeña preciosa?

No quería que nadie jugara con mi niña.

Sí… soy celoso.

Pero debía mantener la compostura.

Es solo una elfa… Si fuera un hombre… créeme que lo habría tumbado de un golpe si le hacía algo malo.

Pasaron los minutos.

Ellas dos seguían jugando.

Yue reía… parecía realmente feliz.

Pero mi corazón seguía cargado.

Me siento culpable por no contarle la verdad.

Pero si algún día lo hago… será para evitar que salga herida.

Después de lo que le pasó… no permitiré que sufra de nuevo.

Durante estos meses… han pasado muchas cosas.

Demasiadas.

El tiempo voló.

Salí de mi habitación para dejarlas tranquilas.

Caminé un poco por los pasillos… hasta que me encontré con mi padre.

Nos miramos en silencio.

Como si el destino lo hubiera decidido.

—¿Cómo te ha ido dentro de la academia, hijo?

—Bueno… por el momento me ha ido bien.

Pero hay cosas que no puedo dejar de pensar, padre.

Lo de Lucifer… los misterios de este mundo… cosas que no logro comprender.

Josué puso sus manos sobre mis hombros.

—Carlos… hay cosas en tu mente que solo te destruirán si sigues así.

Es mejor que descanses un poco.

—¿Tan mal me veo?

—respondí frunciendo el ceño.

—Bueno… siendo honesto… sí.

Pareces estar en un funeral.

—Sonrió con calma—.

Solo debes relajarte.

No dejes que todo esto te afecte.

Vive tu vida como estudiante.

Créeme… eso te ayudará a mejorar en lo que te falta.

No deberías ser tan duro contigo mismo.

Su voz era firme… pero cálida.

—Disfruta todo lo que tienes, hijo mío.

Convive con tus amigos… con tus hermanos… con tus padres.

Siempre estaremos aquí para escucharte y aconsejarte.

Sentí un leve temblor en el pecho mientras lo oía continuar.

—Cuando naciste, para tu madre fuiste su mayor luz de felicidad —dijo con nostalgia en los ojos—.

Te pareces mucho a ella.

De niña… y de adolescente… fue conocida como la Princesa Emperatriz de la Oscuridad.

Ese título se lo ganó con esfuerzo.

—Padre… —Hijo… en la vida hay cosas que marcaron la historia.

Nosotros, las 12 grandes familias… las razas antiguas… cada uno tuvo su propia lucha.

Y los 10 legendarios héroes… todos se preguntan si algún día… volverán.

Lo escuchaba hablar… y aunque hablaba mucho… lo entendía.

Él era serio, incluso aterrador… pero por dentro… era una buena persona.

Jamás se rindió.

Demostró a todos quién era realmente.

A su lado… sentí paz.

Como si sus palabras fueran exactamente lo que mi alma necesitaba.

Su enseñanza como padre… es lo único que mantiene viva nuestra familia.

Y eso… es lo que me aferra a seguir adelante.

—Quiero que me acompañes a un lugar —dijo con calma—.

Quiero mostrarte algo… tal vez podamos pasar un tiempo de calidad juntos.

Caminaba delante de mí, y al girar, me lanzó una sonrisa que me hizo seguirlo sin dudar.

No sabía lo que me iba a mostrar, pero lo seguí.

Llegamos al escritorio de mi padre, el lugar donde siempre estaba encerrado con sus investigaciones y su gente.

Al llegar, entramos.

—Toma asiento —indicó con voz seria—.

Hay cosas que debemos hablar… y ha llegado el momento de revelarte una verdad sobre tu madre… y sobre su poder.

Me quedé helado.

¿Por qué me diría eso?

Había algo más, algo que aún no sabía… y eso me inquietaba.

—Carlos —comenzó Josué—, todo esto empezó hace mil años.

Ya has visto en la biblioteca los registros sobre el Dios Nocturno… y el desastre que ocurrió aquel año.

Me miró fijamente.

—Pero lo que voy a contarte… debe quedar entre nosotros.

Te lo pido por favor.

No se lo digas a nadie.

Esto es demasiado fuerte.

Respiré hondo.

Luego asentí.

—No tienes por qué preocuparte.

Juro por mi vida… que esto se quedará en silencio.

Josué suspiró… y comenzó a hablar.

—Bien… todo empezó cuando conocí a tu madre.

Ella ya te contó parte de lo que vivió junto a su amiga Sara… pero lo que no mencionó fue que hubo un tiempo en el que ella, yo y otras dos personas más… fuimos a un lugar llamado Mazmorra de los Caídos.

Ese sitio… es siniestro, oscuro… y esconde secretos que ni los dioses deberían conocer.

El aire se volvió pesado.

El silencio nos envolvió.

—Tu madre se adentró en ese lugar… y cayó en lo más profundo del vacío.

Yo y los demás la seguimos… y lo que encontramos fue esto.

Sacó algo de un compartimiento.

—¿Eso es… una espada?

—Sí.

Esta espada fue lo que encontramos.

Pero también había artefactos antiguos… ocultos por más de un siglo.

Creímos que era obra de alguien… hasta que vimos algo más.

—¿Qué viste?

—pregunté.

Josué me miró, y lo supe: lo que diría a continuación… cambiaría todo.

—Una criatura… un gigante.

Me estremecí.

Y al mismo tiempo, los dos murmuramos: —Los Dioses Antiguos… de la Apocalipsis Ancestral.

—Son reales —afirmó Josué—.

Alguna vez aniquilaron a la humanidad hace siglos… pero lo peor, Carlos… es que podrían regresar.

Se me congeló la sangre.

—¿Y qué ocurrió luego?

—Nos preparamos para luchar.

Pero no fue como esperábamos.

Los gigantes mataron a las personas que iban con nosotros… los torturaron.

Sus gritos todavía resuenan en mi cabeza: “¡Ayúdanos!

¡No queremos morir así!”.

Pero fueron aplastados… la sangre cayó como lluvia.

Bajó la mirada.

—Yo… y tu madre… fuimos los únicos que logramos salir con vida.

Pero no lo derrotamos.

Por eso… te pido… no vayas a ese lugar.

Hay cosas que aún no logramos investigar.

Toma esto.

Me entregó un libro.

—¿Qué es?

—Lo encontramos allí.

Pero no lo leas todavía.

Cuando llegue el momento, sabrás qué hay detrás de este libro.

Me quedé en silencio… sin entender lo que realmente estaba ocurriendo.

—Ah, y algo más —continuó—.

Lo que ocurrió con tu madre aquel día… fue el despertar de su verdadero poder.

Solo por unos segundos… pudo hacer frente a ese ser.

Fue el primer despertar nocturno.

Lo recordé.

Lo sentí.

Fue como verme a mí mismo contra aquel dios antiguo.

—Y llegué a una conclusión, Carlos… Tú eres un Nocturno.

Al igual que tu madre.

Ambos representan una amenaza… pero la razón es simple: el clan de ese Dios… mató a todos los nocturnos sin piedad.

Borró sus nombres… los eliminó de la historia por el bien de todos.

Entonces entendí… por qué nadie hablaba de ellos.

Por qué no existían registros oficiales.

Mi madre… era la última.

O mejor dicho… su linaje.

—Eso ocurrió —dijo Josué— cuando Sara estuvo al borde de la muerte.

Tenía quince años… y ahí… despertó su poder.

¿Verdad?

—Exacto —respondí.

—Así que ese maldito Dios… quiere regresar… para matar a los que aún siguen vivos.

Suspiré.

Y sentí miedo.

—¿Qué ocurrió con Sara después de eso?

—Me habló por telepatía —recuerda Josué—.

Corrí tan rápido como pude.

Cuando llegué, Hina estaba a punto de ser asesinada.

Pero Sara intervino… y nos dio tiempo para escapar con tu madre.

—¿Y tú?

—preguntó Hina desesperada.

—No te preocupes por mí —respondió Sara con una sonrisa—.

Encontraré la forma de regresar con ustedes… pero si lo logro… ¿me comprarías unos dulces?

Josué bajó la mirada.

Yo lo supe… ella también lo sabía.

Esa sonrisa… no era una promesa.

Era… una despedida.

—No… no… ¡NO ME HAGAS ESTO, SARA!

—gritó Hina, con lágrimas en los ojos— ¡No quiero perder… a la persona más importante de mi vida!

¡Mi mejor amiga!

En ese momento… vi cómo tu madre se quebró por completo.

Mentalmente… se rompió.

No comía… no hablaba… su piel estaba pálida como un fantasma.

Y sus ojos… Sus ojos, que alguna vez brillaron con vida… se habían apagado en una oscuridad de la que no podía escapar.

Por eso Shiro y su hermano aún siguen con vida —continuó Josué—.

Ellos sobrevivieron… porque lograron vivir mil años.

Pero aun así… ese ser podría aparecer en cualquier momento, hijo.

En cualquier momento… y no darnos oportunidad de reaccionar.

Por ahora… te conté todo lo que vivimos tu madre y yo.

Ve a descansar, Carlos.

Mañana tienes cosas importantes por hacer… ¿no es así?

—Es verdad… —respondí con un hilo de voz.

Me levanté lentamente de la silla.

Sentí el peso de cada palabra en mi espalda.

Caminé hacia la puerta… sin mirarlo.

Pero antes de salir, dije: —Que tenga una buena noche… padre.

Cerré la puerta con suavidad.

El sonido retumbó en el pasillo vacío… como si el silencio fuera más pesado que cualquier verdad.

Josué murmuró, apenas audible: —Ojalá algún día… tú puedas lograr nuestro objetivo, Carlos.

Porque tu madre… tú… Shiro… y Shirou… son los únicos… los únicos que quedan con vida.

Y del otro lado de la puerta… sentí que el mundo se volvía aún más frío.

Continuará

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo