The strongest warrior of humanity - Capítulo 83
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 83 - 83 capitulo 83 una promesa que pude cumplir
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
83: capitulo 83 una promesa que pude cumplir 83: capitulo 83 una promesa que pude cumplir Al día siguiente, después de la charla que tuve con mi padre, todo pareció… normal.
Demasiado normal.
Hasta que abrí los ojos.
—… ¿Oigan?
¿Qué hacen ustedes tres en mi habitación?
Yue me estaba abrazando como si yo fuera su almohada personal.
Karen dormía pegada a mi lado izquierdo… como si fuera su cama privada.
Pero lo que realmente me sorprendió fue ver a Natsuki.
¿Ella?
¡No creí que fuera capaz de algo así!
Al parecer juntarse con Karen le contagió la costumbre de entrar a mi habitación sin permiso.
Suspiré profundamente.
Para la próxima… tendré que poner guardias.
Porque esto ya es abuso de confianza.
Pero esperen… Una sonrisa malévola apareció lentamente en mi rostro.
—Esto… es interesante.
Las tres estaban profundamente dormidas.
No se movían.
No sospechaban nada.
Podría hacer… una broma.
Pasaron minutos dentro de mis pensamientos… analizando… calculando… Y llegué a una conclusión: —Creo que ya sé lo que voy a hacer.
— Dos horas después… Las tres comenzaron a despertar de su largo sueño.
Apenas podían abrir los ojos.
Parpadearon… y descubrieron que estaban en un cuarto oscuro.
—Oigan chicas… ¿a dónde estamos?
—preguntó Natsu, con voz temblorosa.
Karen tragó saliva.
—Oye… Yue… Esto no es una de tus bromas… ¿verdad?
—¡Para nada!
—respondió Yue—.
Tal vez sea juguetona… pero esto no lo haría yo.
Un silencio helado cayó sobre las tres.
Algo se movía en la oscuridad.
Una voz… Un roce en la espalda… Una presencia.
—Chicas… esto sí me está asustando… De repente —¡una sombra apareció detrás de ellas!
Se giraron temblando… lentamente… Y la voz dijo: —¡BU!
Las tres gritaron como si sus almas salieran de sus cuerpos.
Pero lo que no esperaban… era que su reacción fuese tan explosiva… Porque sin darse cuenta… las tres me hicieron estallar.
Salí volando del cuarto oscuro envuelto en llamas.
—…Mamá —dijo Yue con inocencia— creo que esta vez sí te pasaste con ese destello de fuego.
—Oh vamos, pequeña —respondió ella con una sonrisa diabólica—.
Tu padre es muy malo haciendo bromas… ¡solo le devolvimos el favor!
Aunque… sí.
Quizá me pasé un poco.
¿Qué dirá mi suegra?
Tal vez crea que maltrato a su bebé… Pero no importa.
Él me acepta tal como soy.
Y eso… no me lo puede negar.
Karen la miró con cara seria.
—Esta tipa es perversa… debería denunciarla por golpeadora de hombres.
Natsu suspiró con diversión.
—¿Una vida con ella?
Haría cualquier cosa solo para molestar a mi hermano… deberías enseñarme esa técnica, Natsu.
—¿Te refieres… a cómo usarlo para maltratar a tu tonto hermano?
Sonríe.
Y así comenzó una mañana… que jamás debí haber despertado.
Oye, Karen… por cierto, dime una cosa: ¿a dónde irá tu hermano hoy?
—preguntó Natsu, frunciendo el ceño con visible inquietud—.
En verdad no sé nada —respondí—, pero… una elfa entró a su habitación.
—¿¡Qué!?
¿Una elfa entró a su habitación?
Debes estar bromeando, ¿verdad?
—No es ninguna broma —contesté con firmeza.
Y, al decir la verdad, una sonrisa burlona se dibujó en mi rostro—.
Esa mujer es demasiado hermosa… y por dos grandes razones.
Natsu bajó la mirada, revelando su expresión molesta y celosa.
Sus mejillas ardieron en un rojo intenso, como un tomate a punto de explotar.
Pero no te preocupes, mamá —habló Yue, rompiendo el ambiente cargado de silencio—.
Ella solo vino a hablar de algo importante… aunque yo escuché todo lo que hablaron ayer… y también lo que hicieron.
Natsu suspiró, aliviada.
—Me alegro de que alguien esté pendiente de Carlos —dijo con sinceridad—.
Hiciste un gran trabajo, Yue.
Con una leve sonrisa, Natsu acarició sus mejillas con ternura, como si en ese gesto quisiera agradecerle todo sin usar palabras.
—Bueno… es hora de ir a desayunar.
—Tienes razón, no hemos desayunado —respondió Natsu con una leve sonrisa—, pero me alegra que nosotras tres estemos divirtiéndonos juntas.
Eso me trae paz… todos los problemas se desvanecen.
Tal vez debería enfocarme en mi entrenamiento… ¿podrías ayudarme, Karen?
—Ah, por supuesto… ¿pero de qué será?
—pregunté con curiosidad.
Natsu bajó la mirada, tímida.
—Es que… quería que me ayudaras con el de esgrima.
No soy buena en eso, ya que es la primera vez que voy a tomar este tipo de clases.
Recordé de pronto.
—¿Recuerdas lo que dijo el profesor?
—Ah, sobre el festival.
Escuché rumores… pero será dentro de cinco meses, hasta donde tengo entendido.
—Ahora que lo mencionas, deberíamos buscar a alguien que nos ayude.
Mis padres están muy ocupados.
—¿Y si le dices a tu maestro?
—sugirió Natsu.
—Hace tiempo que no lo veo… pero sería buena idea.
Déjame ver si lo encuentro más tarde.
Yo te aviso para que me acompañes.
Hubo un breve silencio… y mi mirada se volvió más seria.
—Pero hay cosas que debo decirte, Natsu.
Se trata sobre lo que averigüé ayer… con mi madre.
Te contaré lo que hablamos… Karen comenzó a hablar sobre lo que había descubierto.
—Ya veo… —murmuró Natsu con tono preocupado—.
Así que eso fue lo que pasó… no debías sentirte así.
Todo puede ocurrir en cualquier momento.
Pero lo que me inquietó… fue cuando mencionó a Astaroth… y a los Abismales.
Entonces… ese día… ¿no peleó en serio contra nosotros?
¿Solo fuimos una pieza en su tablero de ajedrez?
Miré a Karen en silencio.
La atmósfera se volvió más pesada, pero… debería animarla.
Al menos… si ella no quiere rendirse todavía.
Ella es importante para su hermano… y tengo entendido que él estaría en la misma posición que Karen.
Él es diferente a los demás.
Siempre lo veo solo… aunque intente ocultar su soledad.
Siempre lo observo detenidamente… pero tengo la sensación de que no está solo.
O tal vez… hay algo que lo mantiene alejado de todos.
—Vamos, Karen —dije al abrir la puerta—, hay que salir de la habitación.
Ambas caminamos por el pasillo y comenzamos a bajar las escaleras.
El ambiente estaba tranquilo… demasiado tranquilo.
Al llegar al comedor, vimos a Shiro, Mío, Mei, Miguel y Gojo platicando sobre sus temas.
—¿En serio tuviste ese entrenamiento, Miguel?
—preguntó Gojo emocionado—.
¡Qué envidia te tengo!
Al menos serías mucho más fuerte.
Pero Shiro lo interrumpió, con una sonrisa casi amenazante.
—Eh… pero si siempre que te veo… huyes de mí.
Gojo se quedó callado.
Esa sonrisa desapareció.
Algo en su mirada cambió… como si lo hubieran congelado.
—Pero ayer te vi sola, Shiro —dijo Gojo en tono gracioso, intentando romper el silencio.
Para Shiro… ese tono no fue nada agradable.
Bajó la mirada, con una expresión completamente distinta.
—Eres un idiota, Gojo… Se levantó de su asiento de golpe.
Caminó rápido… casi corrió hacia donde yo y Karen veníamos.
El ambiente se tensó de inmediato.
Todos se quedaron callados.
Como si el aire del lugar hubiera cambiado.
Miguel habló primero, mirándolo fijamente.
—No debiste hacer eso, Gojo.
Tal vez ella tuvo un mal día ayer… no sabemos lo que le ocurre.
Gojo suspiró, algo incómodo.
—Eso lo tengo claro… pero no fue mi intención que… le afectara.
—Hay cosas que debemos respetar —respondió Miguel—.
Hay temas que, si una persona evita… es porque tal vez se siente sola.
O porque está ocultando algo.
Deberías disculparte con ella.
Eso imagino yo… Mío intervino con una mirada sincera.
—Sé que esto es duro para ella.
Lo digo porque… aunque nunca hemos hablado mucho… al verla más de cerca… siempre parece alegre.
Es divertida, guapa, inteligente… pero dentro de Shiro… habita una gran soledad.
Una oscuridad que nadie ve.
El silencio volvió por unos segundos.
Todos escuchaban… nadie se atrevía a interrumpir.
—Todos pasamos por algo similar —continuó Mío—.
Debemos hacernos más cercanos a ella… porque no hay que dejar a nadie solo.
Y menos a alguien que pueda necesitarte cuando más lo necesite… —Tienes razón —dijo Melissa, preocupada—.
Ella se esfuerza por mantener su lado amistoso… pero tal vez… cree que debe cargar todo sola.
Es buena persona… solo que… le han ocurrido demasiadas cosas malas.
Lucia estaba afuera, en el patio, mirando la hermosa vista de las plantas mientras sostenía una taza de té caliente entre sus manos.
La mañana estaba tranquila… demasiado tranquila.
—Bueno, al menos hoy tengo algo de tiempo… pensó.
Podré seguir con mi entrenamiento.
Presiento que esto será más intenso que ayer… pero valió la pena.
No debo dejar de mejorar.
Sin embargo, algo le pesaba en el corazón.
Una inquietud que no la dejaba respirar con calma.
“¿Estarán bien mis padres?
—se preguntó mirando el cielo con preocupación—.
Siempre les envío cartas… les cuento todo lo que me ha pasado… pero últimamente no he recibido ninguna respuesta.
¿Qué es lo que debería hacer?
¿Por qué… siento tanto miedo?” El aire cambió.
La brisa dejó de moverse.
Y en ese instante… Un ruido seco, parecido a un destello, cortó por completo el silencio.
—¿Qué diablos…?
—Lucia giró rápido su mirada hacia la casa.
Una persona salió disparada por los aires, como un proyectil humano.
Se acercaba directo hacia ella.
A toda velocidad.
Su corazón se detuvo.
Era Carlos.
Y venía directo hacia su dirección… sin posibilidad de esquivar.
No tuvo tiempo de reaccionar.
¡BOOM!
Un fuerte impacto resonó en todo el patio.
Tierra y humo gris se elevaron en el aire en forma de nube, cubriéndolos completamente.
Ambos quedaron tendidos en el suelo, empapados de tierra, como si hubieran sido enterrados vivos por una explosión.
—Ay… ay… eso sí me dolió —gruñó Carlos con voz quebrada—.
No pensé que Natsu atacaría estando asustada… debí haber tomado clases con Gojo, él sí sabe hacer buenas bromas… Pero Lucia lo miró con furia, apretando los dientes.
—Oye… imbécil… ¿podrías quitar tus sucias manos… de mi pecho izquierdo?
Carlos se detuvo.
Miró su mano.
—¿Eh… pecho?… Ah bueno esto… es un malentendido… sin embargo… La apretó ligeramente.
—Que suaves son… Hubo un silencio mortal.
Lucia se sonrojó violentamente… pero no de vergüenza.
De ira absoluta.
—Maldito estúpido… —susurró con voz cortante.
Varias luces verdes comenzaron a surgir alrededor de ella… como chispas mágicas listas para estallar.
Carlos tragó saliva.
—Creo que… aquí sí voy a tener mi funeral.
Los ataques se lanzaron al mismo tiempo, como una lluvia de proyectiles mágicos.
El cielo se iluminó con destellos… como fuegos artificiales.
Una explosión final sacudió todo el patio.
Carlos quedó… hecho polvo.
Este idiota… ¿acaso no sabe respetarme?
—suspiré con cansancio—.
Bueno… después de todo, se lo merece por pervertido.
Caí al suelo, respirando con dificultad.
—Este tipo no tiene remedio… —pensé.
Pero cuando me tocó… me sonrojé demasiado.
No sé por qué… ¿por qué sentí eso?
—Debería limpiar este desastre… o pensarán que yo provoqué todo esto.
Ni modo… toca reparar.
Mientras tanto, Carlos había salido disparado hacia el otro lado de la casa, directo hacia el río.
Cayó de golpe y se hundió por unos segundos antes de salir a la superficie, respirando como si hubiera regresado de la muerte.
—Hoy no estoy teniendo un buen día… primero Natsu… ahora Lucia… ¿qué sigue?
¿Que me caiga un rayo… como si nada?
Carlos levantó la mirada al cielo.
Un rayo descendió y lo golpeó de lleno.
Quedó inconsciente, flotando sobre el agua durante un rato.
Regresando con Shiro Estoy hecha un desastre.
Solo estoy huyendo de mis propios problemas… Hay cosas que no puedo olvidar.
Una sonrisa triste apareció en mi rostro.
Estaba cansada… han pasado cosas que nunca podré deshacer.
Hubo una chica… a la que conocí hace mil años.
Desde pequeñas, fuimos grandes amigas del alma… siempre juntas, en todos los momentos.
Pero cuando ocurrió aquella guerra… Ya éramos adolescentes.
—Oye, Shiro… ¿por qué siempre estás tan pensativa?
—dijo la persona a mi lado.
Su sonrisa era fastidiosa… pero era la única que lograba hacerme sentir bien.
—No es nada… solo estaba mirando el mapa de un libro que encontré.
—¿Ese no es el famoso Caballero Solitario?
—Así es… ¿cómo lo sabes?
—pregunté, con curiosidad.
Ella se puso nerviosa.
—No es nada… solo lo había escuchado.
¿Puedo sentarme contigo?
—Por supuesto —respondí con una sonrisa leve.
Pasamos horas leyendo en la biblioteca.
Después salimos y caminamos hacia el Árbol de los Milagros.
—¿Este es…?
—dije sorprendida.
—Sí —respondió ella, mirándolo con calma—.
Es el árbol donde las personas se confiesan… donde dejan sus deseos y metas para el futuro, Shiro.
Luego me miró… con una calidez que jamás olvidaré.
—Quiero que hagamos una promesa de amigas.
—¿Una promesa?
—pregunté en tono gracioso.
—Sí.
Todos tenemos un deseo… y yo, como tu amiga del alma… quiero que vivas una vida feliz.
Me quedé en silencio.
No supe qué decir.
—Shiro… no puedes seguir ocultando tus sentimientos.
Eres buena ocultando tu dolor… pero a mí no puedes engañarme.
Sé que por dentro estás dolida… porque te he estado observando durante años.
Sentí que el aire me faltaba.
—No estás sola.
Me tienes a mí —dijo ella, tomando mi mano—.
Siempre estaré contigo.
Es una promesa.
Nuestras miradas se cruzaron… y lo que vi en sus ojos… fue un amor sincero.
El amor de una verdadera amiga.
Pero con el tiempo… Ella murió.
A manos del Dios Nocturno.
Jamás imaginé… que eso pudiera ocurrir.
Luchamos juntas contra ese ser.
Nuestra batalla parecía interminable.
Hasta que la vi… siendo destrozada en mil pedazos.
Fue… el dolor más grande de mi vida.
Con dificultad, me habló: —Shiro… pase lo que pase… cumple tu promesa.
No estés sola.
Vive una vida feliz… encuentra a alguien que entienda tu dolor… —¡No…!
—grité desesperada— ¡No lo hagas!
¡No quiero que me dejes!
Nuestras miradas se cruzaron por última vez.
—Gracias… por ser mi amiga del alma, Shiro… Usó magia de teletransportación… y desapareció.
Dejándome sola… completamente sola.
El silencio se volvió oscuro… y el vacío me consumió por dentro.
Ese día… perdí algo valioso en mi camino.
Mi odio fue tan grande… que mi poder se liberó y destruyó aquel lugar.
Fue entonces… cuando decidí vengarme.
Matarlo… con mis propias manos.
Entrené durante años.
Mil años.
Al final, ingresé a la Academia con mi hermano mayor, quien siempre me cuidó.
Fue la única persona que escuchó mis miedos… y cuando le conté todo… corrió a abrazarme con todas sus fuerzas.
Su llanto… fue desgarrador.
Conocí a Hina, una chica con el mismo dolor.
Cuando tocó la esfera… se rompió.
Sentí curiosidad… pero cuando cruzamos miradas… le hablé con frialdad.
No quería hacerme amiga de nadie… porque si la perdía… no lo soportaría.
Pero luego… su sonrisa… me recordó a ella.
Hay cosas que no puedo dejar de pensar… La idea de perder a Hina aún me atormenta.
Cuando fue a ese Reino del Sol, regresó… herida.
Tan herida que tuve miedo de que no volviera a levantarse.
Le pregunté a Josué qué le había pasado.
Él me contó lo ocurrido… y lo que ella perdió en ese lugar.
En ese instante, sentí algo que hirvió por dentro… Rabia.
Una rabia tan intensa… que no sabía si gritar, llorar o destruirlo todo.
Meses después, mi hermano y yo dejamos la academia por varios motivos.
Nunca imaginé que alguien más vendría con nosotros.
Una chica que caminaba en silencio… como si no existiera.
Su nombre era Mikoto.
Pero luego desapareció, sin dejar rastro.
Mi hermano intentó obtener respuestas… pero él solo dijo: —Todo pasó demasiado rápido… Actualidad.
Me encuentro sentada junto a la ventana de la sala, observando el cielo.
Quizás sea tonto… viniendo de mí.
Pero no puedo evitarlo.
“Vive una vida feliz.” Esa fue la promesa que no logré cumplir.
No sé si tú lograste sobrevivir después de teletransportarme… Pero si sigues viva… Juro que haré pagar a ese monstruo por sus crímenes.
—Oh… no pensé que estarías aquí, Shiro —la voz de Hina interrumpió mis pensamientos.
Entró en la sala y me miró con calma—.
¿Todo bien?
—No es nada… solo necesitaba un poco de aire.
—Ya veo… —dijo con una mirada tranquila—.
¿Puedo sentarme contigo un momento?
Asentí.
Hacía tiempo que no teníamos una charla así.
—La última vez fue en la academia de mi hijo —dijo Hina.
—Tienes razón —respondí con una sonrisa débil—.
¿Recuerdas cuando te aterraban las arañas?
Ella rió.
—¡Oye!
Tú tampoco te quedas atrás.
Tú también tienes tus traumas… aunque al decir verdad, tú me traumaste más cuando me obligabas a estudiar.
—Eso fue porque siempre te la pasabas dormida en clase.
Si no, habrías reprobado todas —dijo dándose aires de superioridad.
—Quizás… pero gracias a ti aprendí mucho.
Mejoré en clases.
—Eso demuestra que nada está perdido.
Solo hay que intentarlo —murmuró con sinceridad—.
Me gustaría que fuéramos a divertirnos el próximo fin de semana.
Hay un evento que está de moda… ¿irías conmigo?
—No has cambiado nada, Hina —dije sonriendo.
Esa sonrisa honesta… siempre tan cálida.
—Obvio —respondió ella—.
Ya estoy acostumbrada a estar contigo.
Y me alegra que sonrías y rías conmigo… eso me da paz.
—¿Cómo va tu entrenamiento, Hina?
—Vamos avanzando… gracias a tus consejos logré controlar mi poder.
Pero tardé más de veinte años… ¡eso no es justo!
—se quejó como una niña.
—No seas dramática —reí.
Pero de pronto… lo vi.
Esa sonrisa.
La sonrisa malvada.
—¿Quieres revivir los viejos tiempos?
—dijo con tono oscuro—.
Como aquella vez que me dijiste que ya eran las nueve… ¡pero ni siquiera había empezado la clase!
Mi cuerpo se tensó.
—Hina… no hablemos de eso… Ella se acercó y puso sus manos en mis hombros.
Su mirada… daba miedo.
—No seas tímida, mi Shiro.
Siempre fuiste mala conmigo… pero llegó la hora de cobrarme esa deuda.
Me levanté muy lento… y luego salí corriendo como si mi vida dependiera de ello.
—¡¡Esa loca quiere vengarse por la clase!!
¡Debo escapar!
—¿A dónde crees que vas?
—dijo Hina detrás de mí, con una sonrisa divertida—.
¡No huyas de mí… déjate querer, Shiro!
—¡Eres MUY mala conmigo!
—Solo será por unos minutos… —¡Mientes!
—grité mientras corría.
Continuará.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com