The strongest warrior of humanity - Capítulo 85
- Inicio
- Todas las novelas
- The strongest warrior of humanity
- Capítulo 85 - 85 capitulo 85 una vida sin ti
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
85: capitulo 85 una vida sin ti 85: capitulo 85 una vida sin ti PUNTO DE VISTA DE ANGÉLICA – MUNDO PARALELO Han pasado años desde que Carlos murió en mis brazos.
Aún no sé cómo reaccionar… todo ocurrió tan rápido.
Cuando entendí lo que David quería hacerle, corrí sin pensarlo.
Pero cuando llegué… ya era demasiado tarde.
Vi a Carlos defendiéndose como podía, mientras ellos lo agredían brutalmente.
Aquella vez… aquella vez las bromas se fueron demasiado lejos.
Cuando uno de ellos sacó un cuchillo… ya no hubo duda.
Querían matarlo.
Nunca creí ver algo así con mis propios ojos.
Carlos me volteó a ver, y con la mirada herida murmuró: “No puedo dejar que ellos te hagan algo, Angélica… tengo que mantenerte a salvo.” Bajó la mirada.
Y aun con la voz quebrada, agregó: “Aunque no logre ganar… no importa si muero.
Mientras ella esté a salvo… yo podré descansar en paz.” Sentí un golpe en el pecho.
Quería salvarlo, quería gritar, quería hacer algo… pero era como si mis piernas se hubieran vuelto piedra.
Carlos siempre ocultó cosas de su vida que yo jamás supe… cómo vivía realmente, cuánto sufría.
Y aun así… nunca me dejó sola.
Me apoyaba.
Me escuchaba.
Me abrazaba como si yo fuera alguien especial en su mundo.
Nunca entendí del todo el romance… pero a veces me preguntaba si él… alguna vez sintió algo por mí.
Él era atento, amable… siempre ayudaba a los demás.
Inteligente, bondadoso… y cada vez que yo lo pasaba mal, él estaba ahí.
Por eso nunca quise que se involucrara conmigo —por miedo.
Un miedo atormentador… el miedo a que nos hicieran daño.
Tal vez… está bien que yo sufra, pensaba él.
Porque ¿a quién le importa lo que me pase?
El mundo es cruel… pero también existe otra clase de personas: los que deciden quedarse a tu lado, pese a todo.
Y entonces… con una sonrisa tan triste como hermosa, me dijo: >“Angélica… ¿podrás perdonarme por lo que haré?” Antes de poder responder… se levantó.
Una vez más.
Para defenderme.
Pero esta vez… era demasiado tarde.
David sacó un arma… y le disparó directo al pecho.
—Te dije que te mataría, hijo de perra.
—rugió, antes de huir por el callejón.
Carlos cayó lentamente, como si el mundo se hubiera quebrado en silencio.
Corrí hacia él sin pensarlo, tomándolo entre mis brazos.
Su cabeza quedó apoyada en mi regazo… sus ojos aún buscaban los míos.
—Supongo que este es mi final… ¿no?
—susurró débilmente.
Y mientras lo decía… pensé que jamás lo había visto tan frágil… y tan hermoso.
—Es una lástima que tenga que terminar así… —sonrió con tristeza— tal vez porque fui demasiado débil… ¿no crees?
—¡No digas eso!
—respondí entre lágrimas— ¡Tú hiciste todo para sobrevivir en este mundo cruel!
Intenté avisar… lo dije a los profesores… a los directores… ¡pero me ignoraron!
¡Te fallé… lo siento mucho, Carlos!
—¿Por qué te disculpas… si tú nunca hiciste nada malo?
Gracias… por ser mi amiga de la infancia.
De verdad… gracias por existir.
—¡Resiste!
—le dije con voz temblorosa.
Pero al verlo… sus ojos… eran tan hermosos… tan profundos… Nuestras miradas se cruzaron por última vez.
Él cerró los ojos lentamente… y antes de que la oscuridad lo alcanzara, miró la luna.
Era tan hermosa como tú.
Con su última fuerza levantó la mano… la apoyó en mi mejilla… y sonrió.
—Espero que encuentres tu felicidad… Angélica.
Sé fuerte.
Tal vez… nos veamos en otra vida.
Y si ese día llega… quiero que digas mi nombre en voz fuerte… y yo… estaré feliz de verte… —¡CARLOS!
—grité mientras lágrimas ardientes caían sobre su rostro— ¡No te vayas!
¡Quédate conmigo!
¡Por favor!
—¡Por favor!
No puedo vivir sin ti… —mi voz se quebró en mil pedazos— ¡Dios… no me lo quites!
¡Es la única persona que amé con toda mi alma!
Los recuerdos comenzaron a desvanecerse mientras lo abrazaba.
Sus ojos se cerraban… y los míos se apagaban junto a él.
> ¿De qué sirve esforzarse… si al final ves morir ante tus ojos a quien más amas?
Golpeé el suelo.
Una y otra vez.
Llorando con rabia y odio.
—¡Es mi culpa!
—grité.
Por mi culpa… murió en mis brazos.
Nunca pude decirle… lo mucho que lo amaba.
La muerte me lo arrebató.
Y ahora… ya nada tiene sentido.
“Espero que encuentres tu felicidad.” Esas fueron sus últimas palabras.
¿Cómo se supone que sea feliz… si él era la razón por la que mi mundo tenía luz?
Carlos… aún te extraño.
Yo… aún te amo.
Y sería capaz… de morir por ti.
Todos estos años… solo quedé con el vacío.
Yo… jamás podré olvidar un amor como el tuyo.
He ido a visitarte al cementerio… llorando cada vez que veo tu nombre.
Y ya… solo me queda una opción: Iré a buscarte… aunque tenga que cruzar el más allá.
Porque debo vengar… tu muerte.
El silencio pesaba como una losa.
La habitación estaba oscura, apenas iluminada por la tenue luz de la luna que entraba por la ventana.
Angélica temblaba… recostada sobre la cama.
Sus manos apretaban contra su pecho el peluche que Carlos le había regalado el día de su cumpleaños.
Aquel recuerdo… era demasiado doloroso.
Este dolor jamás se irá… pero en verdad… ¿está bien que yo…?
Las palabras no lograron salir.
Solo dejó que el aire hablara por ella.
Las lágrimas cayeron silenciosamente mientras abrazaba aquel peluche como si aún pudiera sentir el calor de Carlos.
Fue el día más feliz de su vida… Era él.
Solo él.
El único con quien alguna vez deseó formar una familia… vivir una vida normal… Pero todo eso… ahora era solo una herida abierta.
—Es una lástima… ¿no?
—susurró, con la voz rota.
Miró al techo, esperando una señal.
¿Qué diría él en estos momentos?
Fue entonces cuando recordó su voz… tan cálida, tan honesta… > —No importa lo que pase… si hay algo que tienes que decirme, puedes hacerlo desde el fondo de tu corazón.
Yo estaré ahí cuando lo necesites.
Y también… aquellas palabras que jamás olvidaría: > —No te sientas sola.
Recuerda que hay personas que te están observando.
Al principio tendrás miedo… o pensarás que algo malo va a pasar.
Pero nunca… nunca hay que dejar de perder la esperanza.
Siempre tan bueno conmigo… Siempre creyendo en mí… Pero yo… yo no pude hacerlo.
Angélica apretó sus puños.
El peluche cayó al suelo.
Las lágrimas ya no eran tristeza… ahora eran fuego.
—Me siento sola sin ti… —susurró con un temblor oscuro en la mirada— y por eso… voy a ir a buscarte… no importa cuánto tiempo tarde.
Se sentó al borde de la cama.
Su cabello cubrió parte de su rostro… pero sus ojos ardían.
Frente a ella… la fotografía de ambos cuando eran niños.
Sonriendo.
Inocentes.
Felices.
Tomó la foto con delicadeza… y su voz cambió.
Dejó de ser una chica triste.
Ahora era algo diferente.
Algo nuevo… y peligroso.
—Ya nada me importa… —murmuró con un tono oscuro, casi helado.
—Mataré a quienes me arrebataron al hombre que alguna vez amé.
Sus ojos… ya no lloraban.
Ahora brillaban con una intención distinta.
—Los haré vivir un infierno.
Se lo haré pagar… Uno por uno.
Sus dedos temblaron al tocar el rostro de Carlos en la foto.
Una leve sonrisa, triste y rota, apareció en sus labios.
La noche parecía escucharla.
Su mirada… penetrante, fría… ya no era la misma.
El amor que no pudo salvar… se convertiría en fuego.
Continuará
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com