Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The strongest warrior of humanity - Capítulo 86

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 86 - 86 capitulo 86 bosque del destinó
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

86: capitulo 86 bosque del destinó 86: capitulo 86 bosque del destinó FESTIVAL DEL REINO Día soleado.

Risas, música y aroma a comida callejera.

Carlos caminaba junto a Alefa.

Todo parecía normal… hasta que ella lo miró detenidamente.

Fue solo un instante… pero suficiente para sentir algo extraño.

Los ojos de Carlos… Algo en ellos había cambiado.

Esa mirada… no era normal en un niño.

Era la mirada de quien ya perdió todo.

—¿Qué es esto…?

—pensó Alefa, con el corazón acelerándose.

¿Acaso estoy viendo a alguien que… está sufriendo por dentro?

¿Cómo puede alguien tan joven… tener una mirada tan rota?

Sin pensarlo… lo tomó de la mano.

Luego lo abrazó.

Carlos se quedó frío.

—¿¡Q-qué estás haciendo, Alefa!?

—preguntó, completamente confundido.

Ella apartó la vista, escondiendo su rostro rojo.

—¡Nada que a ti te importe, idiota!

—dijo con un tono brusco, pero nervioso.

Luego, caminó unos pasos adelante y añadió en un susurro suave—.

En fin… ¿vamos a los puestos de comida?

Carlos parpadeó, aún confundido.

¿Qué le habrá pasado…?

—pensó—.

Es la primera vez que la veo así… pero bueno.

Tal vez es hora de disfrutar este día.

CAMINANDO POR EL FESTIVAL Ambos avanzaron entre los puestos.

Las personas los miraban con respeto al pasar.

Quizás… porque la mayoría sabía que Alefa era sobrina del rey.

Carlos notaba todas esas miradas, pero Alefa parecía natural… como si estuviera acostumbrada.

Él, en cambio… se sentía un poco fuera de lugar.

—Bienvenidos a mi puesto de comida —saludó un elfo con una sonrisa algo nerviosa—.

¿Qué desean llevar?

Alefa miró los dulces.

Luego respondió con calma: —Solo pasamos para comprar unas manzanas carameladas… ¿me podría dar dos, por favor?

El elfo asintió rápidamente.

Pero antes de girarse para prepararlas… notó la expresión de Carlos.

Era como mirar un cielo nublado antes de una tormenta… Algo en él… no estaba bien.

LA PREGUNTA SILENCIOSA Alefa lo observó de reojo.

Carlos miraba al suelo… como si algo dentro de él pesara demasiado.

Ella, sin mirarlo directamente, pensó: ¿Quién eres realmente, Carlos?

¿Por qué… tus ojos me hacen sentir que estás lejos… muy lejos de aquí?

Por un instante, quiso hablar.

Pero solo guardó silencio… mientras apretaba ligeramente el puño.

Quizás… él no es tan sencillo como aparenta.

EL RECUERDO EN LA MANZANA CARAMELADA El dueño del puesto ya tenía listas las dos manzanas acarameladas.

Se las entregó a Alefa con una leve reverencia, y ella giró para mirar a Carlos… sonriendo apenas.

—Oye… ¿en qué tanto estás pensando, niño dolido?

—dijo en tono burlón, pero con una mirada preocupada.

Carlos frunció el ceño.

Se tardó unos segundos en responder.

Finalmente, movió sus labios con calma, ocultando algo en su voz: —No es nada, Alefa.

Solo pensaba en algunas cosas, así que no te preocupes.

Ella lo observó detenidamente… como si pudiera leerlo por dentro.

—¿Estás seguro?

Te noto… diferente.

Carlos sonrió.

Pero fue una sonrisa forzada.

Tuvo que hacerlo… no quería que ella siguiera preguntando.

Porque al ver la manzana caramelada… un recuerdo volvió.

Angélica… Ese mismo dulce.

Ese mismo festival.

Ese mismo instante.

Pero ahora… Dolía.

Quería llorar.

Quería gritar.

Pero tuvo que guardarlo… esconderlo en el fondo de su alma.

Alefa estaba haciendo esto por él.

Y si alguien lo hacía de corazón… él debía devolverlo con gratitud, no con lágrimas.

—Ey, Alefa… —dijo de pronto, tratando de cambiar el ambiente— ¿Crees que podrías enseñarme todo tu reino?

Me da curiosidad… muchas cosas.

Ella parpadeó por un instante.

Y luego sonrió… esta vez con alegría genuina.

—Claro, eso no sería un problema.

—respondió.

Le tomó la mano sin dudar.

Y comenzó a correr con él… riendo como si no hubiera dolor en el mundo.

—¡Para mí nunca será una molestia enseñarte todo!

—gritó ella mientras lo guiaba.

Carlos la miró… confundido, pero cálido por dentro.

Por un momento… olvidó el dolor.

Y sintió algo que creyó haber perdido para siempre: Esperanza.

Tardamos horas recorriendo el reino.

Alefa me mostró cada rincón como si me entregara fragmentos de su alma.

Aprendí cosas, escuché historias… pero hubo un lugar que me llamó más la atención que cualquiera: El Bosque del Destino.

Lo observé en silencio, como si me hablara sin palabras.

Avancé lentamente… Las hojas se mecían con un viento suave, como si respiraran.

La luz del sol atravesaba los árboles en líneas doradas.

Había calma… demasiada calma.

Entonces escuché los pasos de Alefa acercándose.

Venía hacia mí, con una leve timidez en los ojos.

Se detuvo a pocos pasos.

—Este es… el Bosque del Destino —dijo con voz baja.

El viento pasó entre nosotros, cálido, como si quisiera escucharnos.

—Mis padres lo llamaron así… —continuó— porque aquí fue donde se conocieron.

Dicen que ese día el cielo tenía el mismo brillo que hoy.

Ella caminó unos pasos delante de mí, girándose con lentitud.

Sus ojos… parecían brillar con un cariño que nunca antes había visto.

Llevaba ambas manos detrás de su espalda.

El aire movía su cabello con una dulzura casi irreal.

—Cuando estoy triste… siempre vengo aquí —susurró—.

Es el único lugar donde puedo respirar sin sentir miedo.

Me miró… tan de cerca que sentí su esencia.

Su voz tembló apenas.

—Me alegra haberte conocido, Tanaka Sánchez… —sus ojos brillaron con ternura—.

No tenía un amigo con quien compartir mis días.

Pero tú llegaste justo cuando… yo ya lo había perdido todo.

Un nudo se formó en mi garganta.

Ella continuó: —Gracias a ti… regresé con mi familia.

Aunque mi madre estaba aterrorizada… logré contarle todo.

Le dije que alguien me salvó de esa vida.

Una vida… que casi me destruye.

Se acercó aún más.

Sentí su respiración cerca de mi oído.

Entonces… sus palabras se volvieron un susurro: —Esto no fue casualidad… —dijo mientras el viento detenía su movimiento—.

Fue obra del destino.

Silencio.

El Bosque entero parecía escucharnos.

—Pero si quieres explorar el bosque… puedo guiarte para que no te pierdas, niño perdido —dijo Alefa riendo con fuerza.

—¡Oye, no te burles!

—respondí, fingiendo seguridad, aunque mis ojos demostraran lo contrario—.

Además… no creo que me pierda.

El bosque era cálido y enorme.

El aire se sentía vivo.

Había criaturas que jamás había visto: seres luminosos ocultos entre los árboles, aves con plumaje brillante revoloteando entre hojas gigantes.

Era tan hermoso… que por un momento pensé que podría quedarme ahí para siempre.

—Está bien… vamos a seguir avanzando —le dije.

Alefa se detuvo.

Un leve rubor apareció en su rostro.

Cruzó sus manos nerviosamente.

—¿A-ahora mismo?

¿En serio quieres explorarlo?

—Por supuesto… ¿o tienes miedo, niña presumida?

—No es miedo… —susurró—.

Solo que… tal vez aquí se encuentre… mi padre.

Su voz se quebró.

El viento cambió.

Las hojas ya no se movían con suavidad.

Algo estaba aquí.

Algo… observándonos.

—Tienes razón… —le dije en voz baja—.

Tu padre está aquí.

Puedo sentirlo.

Esta presencia… es desagradable.

Cerré los ojos.

El aire tembló como si el bosque contuviera la respiración.

Las sombras de los árboles comenzaron a moverse… como si despertaran.

Entonces ocurrió.

Una lanza dorada surgió entre los árboles, veloz como un rayo.

La presión era brutal.

La sostuve justo antes de que impactara.

—Ven… lanza de la naturaleza: ANOCHECER —pronuncié con firmeza.

Mi mana estalló a mi alrededor, descontrolado.

La lanza fue arrancada de mis manos… pero se estaba preparando otra cosa.

Sombras y luz se distorsionaron.

Decenas de reflejos de la luz del bosque se reunieron… formando varios clones del mismo hombre.

Todos… apuntando sus lanzas hacia mí.

Y hacia Alefa.

No lo permitiría.

—¡Teletransportación Arcana!

—grité.

Con un destello súbito, las barreras se formaron alrededor de Alefa, protegiéndola.

Las lanzas atravesaron el aire… pero desaparecieron ante sus ojos, teletransportadas a otra zona del bosque.

Alefa quedó inmóvil.

Impactada.

Entre las sombras… una silueta apareció.

Saleh.

Sus ojos… fríos.

Su mirada… aguda como una espada.

—Ese mocoso tiene un potencial enorme… —murmuró—.

Tal vez… sea a él a quien estoy buscando.

Y desapareció.

Una velocidad imposible.

Sentí su presencia detrás de mí.

Instinto puro.

Giré y esquivé, reapareciendo a su espalda gracias a mis reflejos.

Un golpe certero.

El bosque retumbó.

Saleh se detuvo… y sonrió.

Una sonrisa… que nadie había visto jamás.

—Magnífico… —dijo con voz grave—.

Al fin te he encontrado… mi futuro discípulo.

Silencio.

El aire volvió a moverse.

El Bosque del Destino… acababa de elegir.

—Veamos si puedes esquivar esto… —murmuró Saleh mientras desaparecía en un destello.

Su figura apareció a gran distancia.

Alzó su lanza hacia el cielo… y varios destellos naranjas surgieron a su alrededor, girando como cometas.

—Primera técnica… Golpe Arenero de Aceros.

El aire explotó.

La velocidad… no era humana.

No abrí los ojos.

Solo dejé que mis sentidos decidieran por mí.

Respiré hondo… y sentí cada movimiento de su mana como si el viento mismo hablara.

Entonces… desenvainé.

—Sangrienta… despierta.

Mi espada se transformó.

Cortes múltiples surgieron a mi alrededor como un torbellino de filo y sangre.

Nuestros ataques chocaron con un estruendo, pero ya había activado una gran barrera para proteger el bosque.

El aire vibraba… pero ni una hoja cayó.

De pronto —una sombra.

Saleh apareció desde lo más profundo del bosque, su lanza rugiendo con poder.

Un golpe brutal me lanzó hacia atrás, y tuve que retroceder bloqueando como pude cada ataque.

Era difícil.

Cada golpe parecía más pesado.

Me recordaba a alguien… Kenzo.

Uno de los Tres Reyes de la Lanza.

Ese recuerdo… cambió todo.

—Sangrienta… cambio de forma!

La espada se transformó en una lanza carmesí, viva… como si respirara sed de batalla.

Saleh abrió los ojos, impactado.

—¿Esa arma puede… cambiar de forma?

Eso… ¿en verdad existe?

Carlos, tienes un potencial que jamás he visto en un niño… Giró su lanza por detrás de su espalda.

Su mirada ardió.

—Dime algo, niño… ¿sabrás pelear con una lanza?

¡No me decepciones!

Muéstrame tu valor como guerrero!

No respondí.

Desaparecí.

Y a una gran distancia… ataqué.

—¡Dios del Rayo!

Nos encontramos en el aire.

Las lanzas chocaron en espiral.

Solo se oían los golpes… el crujido del viento… y el pulso del bosque observándonos.

Alefa lo veía con una mezcla de miedo… y admiración.

> Esto es completamente nuevo para mí… No lo está siguiendo… lo está igualando.

No… lo está superando.

Mientras más combatíamos… nuestras lanzas se volvían siniestros espejos.

Todo era reflejo, ritmo y precisión.

Nos alejamos un instante.

Saleh sonrió.

Una sonrisa… peligrosa.

Ya te encontró, Carlos.

Su próximo discípulo… El protector de Starwhisper.

Pero yo no iba a detenerme ahora.

Concentré mi mana.

Preparé Corte Mundial… pero sentí que podría dañar mi barrera, así que lo descarté.

Desaparecí una vez más… y ataqué… pero su lanza bloqueó la mía como si lo hubiera previsto.

—Debo admitirlo… —dijo, acomodando su lanza sobre el hombro— me hiciste sentir que peleaba con mi yo de la infancia.

Su mirada se endureció.

Su voz también.

—Pero aún tienes… un camino muy largo… que recorrer.

Quise responder… pero abrí los ojos.

Algo estalló en mi interior.

Mi mana se elevó… como un rugido.

—¡Dragón Celeste… de la Lanza de los Mil Dioses!

Cada golpe era un trueno.

Cada giro… una tormenta.

Mi lanza rugía… y con cada giro ganaba más fuerza.

Saleh… sonrió una vez más.

La verdadera prueba… acababa de comenzar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo