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The strongest warrior of humanity - Capítulo 91

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  4. Capítulo 91 - 91 capitulo 91 un día pesado
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91: capitulo 91 un día pesado 91: capitulo 91 un día pesado Después de todo lo que me había contado, su rostro seguía levantado hacia la luna.

La luz plateada bañaba el patio, y su expresión… parecía de alguien que había cargado demasiado por demasiado tiempo.

Cada palabra sobre lo que su padre fue aún resonaba en mi mente.

—He oído de tu padre —dije con suavidad—.

Pero lamento mucho tu pérdida… en verdad, lo siento.

Lo único que puedo hacer ahora es abrazarte… y pedirte que seas lo más fuerte posible.

Si quieres buscar venganza… no voy a detenerte.

Hice una pausa.

La noche era tan silenciosa que parecía escucharnos.

—Pero no ahora.

—Mi voz se volvió seria, firme, como una promesa—.

Primero empezarás a entrenar.

Y cuando sepas quién fue el responsable… nadie se va a entrometer en tus asuntos.

Me di la vuelta hacia ella.

—¿Qué te parece eso?

—pregunté, y le conté lo que haría mañana.

Melissa escuchó cada palabra.

Y por primera vez en mucho tiempo… creo que tuvo claro qué camino debía seguir.

—Pero… ¿qué dirán los profesores, Natsu?

—preguntó mientras sostenía una mano detrás de su espalda, nerviosa.

—No te preocupes —le respondí—.

Yo me las arreglaré.

Ve con él mañana… es la única persona en la que puedo confiar ahora mismo.

Me quedé mirando la luna un momento más, respirando hondo.

—Es hora de irnos —dije con un tono más tranquilo, un suspiro de alivio escapando de mis labios.

Nos levantamos juntas.

Melissa asintió, más firme que antes.

Nos despedimos en silencio, y ambas tomamos caminos distintos dentro de la mansión.

Yo necesitaba descansar.

Estoy agotada… no he parado de entrenar.

Esgrima, resistencia, magia… y todo para intentar mantener a raya esta maldición.

Miguel y Lucía seguirán entrenando hasta tarde.

Vaya… ellos sí que se esfuerzan sin descanso.

Mientras caminaba por el pasillo, mi cuerpo por fin empezaba a rendirse… y mis pensamientos regresaban, inevitablemente… a Carlos.

Al día siguiente, Natsu se despertó con los ojos entrecerrados y la cabeza pesada.

—Ugh… tengo más sueño que nunca —murmuró, estirándose como podía mientras la luz entraba por la ventana—.

Ya debe ser temprano… Yue seguro ya anda despierta haciendo un desastre.

Esa niña es puro terremoto… pero un encanto.

Se levantó arrastrando los pies y entró a la ducha.

El agua tibia ayudó un poco, pero su mente seguía enredada en lo mismo: él.

Tuve ese sueño otra vez… Un sueño donde estaban juntos, ella, Tanaka y Yue en brazos, como una familia… una vida simple, pacífica, cálida.

El sueño más hermoso que había tenido en mucho tiempo.

¿Por qué te protejo tanto…?

¿Será que te quiero más de lo que me atrevo a decir?

Mientras él sea feliz… yo también lo seré.

Terminó su baño, se cambió al uniforme de la academia y, justo cuando estaba por salir, vio la carta.

Un sello conocido, una caligrafía firme.

Para mi querida Natsu: No podré ir a la academia por un tiempo.

Hay cosas que debo arreglar y comprender.

Pero no te preocupes, estaré bien.

Cuida de Yue por mí mientras regreso.

Atentamente, Tanaka Sánchez.

—¿Así que no vendrás por un tiempo?… —Natsu apretó la carta—.

Por un demonio… lo que faltaba.

Ni regresa, ni avisa más que esto.

¿Qué tan delicado está allá afuera para tardar tanto?

Decidió ir con Melissa, pero cuando llegó a su habitación, solo encontró una nota.

“Vine por ti en la madrugada.

Teletransportación.

–T.” Natsu abrió los ojos, una vena saltándole en la frente.

—Ah no… ¡¿Qué mierda?!

—Una sonrisa traumada apareció en su rostro—.

Ese pedazo de imbécil se la llevó sin que nadie lo notara… Suspiró.

—No tienes remedio… siempre sorprendiéndome, como el amargado que eres.

Guardó la carta.

—Les diré a los demás que no vendrás.

Pero escúchame bien, querido Carlitos… Cuando vuelvas y me entere de lo que estuviste haciendo… se te viene peor que aquella vez.

Una sonrisa malvada iluminó su rostro.

—Se acercan tiempos oscuros para ti, mi querido prometido… Mientras tanto, muy lejos de ahí, Melissa despertó en una habitación desconocida.

—¿Dónde…?

—miró a su alrededor—.

¿Ciudad de los elfos?

Sonrió emocionada.

—Wow… ¡increíble!

Siempre quise ver este lugar.

Ver elfos de verdad… esto es un sueño.

Pensó en lo que Natsu le había dicho la noche anterior: “Ve con Carlos mañana.

Él es el único que puede ayudarte.

Y dile que venga a verme… o le haré la vida un infierno.” Melissa tragó saliva.

—Sí… definitivamente la tiene enamorada —murmuró con un toque de celos—.

Debí ser yo y no ella… Pero bueno… estoy aquí.

Debería ir a despertarlo.

Salió de su cuarto, preguntó un poco y llegó a la habitación donde había visto a Carlos por última vez.

Tocó la puerta… nada.

La abrió un poco… Y lo que vio casi le detuvo el corazón.

Carlos… abrazado… A UNA ELFA.

—¿¡Q-QUE CARAJOS!?

—gritó Melissa sin pensarlo.

Carlos abrió los ojos sobresaltado, pero la elfa lo volvió a jalar a su pecho como si fuera su almohada personal.

Melissa quedó inmóvil, pálida, la boca temblándole.

—M-maldito mujeriego… —murmuró casi sin aire.

La elfa (Alefa) despertó, frotándose los ojos.

—Mmm… ¿ah?

Buenos días… Se sentó de golpe al ver a Melissa.

—E-este… ¿quién eres?

¿Y por qué estás en mi habitación?

Melissa temblaba del coraje.

—¡E-esto es un malentendido!

—dijo Alefa al instante, levantando las manos, pálida del susto—.

¡No es lo que estás pensando!

Carlos se despertó sobresaltado, medio desorientado.

—¿Eh…?

¿Melissa?

Ya despertaste… me alegro tanto que estés a— ¡PUM!

Un golpe directo en la cara lo mandó contra la almohada.

—¿¡Qué crees que estás haciendo, CARLOS!?

—rugió Melissa con una sonrisa siniestra que le heló la sangre al muchacho.

—M-Melissa, no es lo que piensas… déjame explicarte… —balbuceó mientras se sobaba la mejilla.

Después de unos minutos de explicaciones atropelladas, gestos, señas y balbuceos, Melissa finalmente cruzó los brazos.

—O sea que… eso fue lo que pasó —dijo con los ojos entrecerrados, respirando hondo—.

Y encima, esta gata rompe-hogares se atreve a dormir contigo en medio de la noche.

¿Y no podía dormir en el suelo?

—reclamó frunciendo el ceño.

—¡Oye!

—saltó Alefa indignada—.

No tienes por qué tratarme así.

Fue un malentendido, nada más.

¿Y quién te dijo que podías llamarme “zorra”?

Se inclinó hacia ella con una sonrisa venenosa.

—¿O acaso estás celosa porque yo sí pude estar con él toda la noche… y tú no?

Un chispazo invisible saltó entre ambas.

La tensión se volvió casi eléctrica.

Melissa dio un paso al frente, apretando los dientes.

—¿Qué dijiste…?

—Lo que escuchaste —respondió Alefa con tranquilidad irritante.

Carlos sudaba frío.

—O-oye, chicas… vamos, no se peleen, ¿sí?

Esto es— Las dos se giraron hacia él al mismo tiempo.

—¡Tú CIERRA la maldita boca, idiota!

—gritaron al unísono.

Carlos se desplomó emocionalmente en el borde de la cama, sintiéndose como un niño regañado.

—Agh… esto es culpa de Natsu… seguro ella lo planeó —susurró para sí mismo, derrotado.

Y tú… no hemos terminado de hablar, elfa quita maridos.

—¿Eh?

¿A poco muy creída?

—Melissa dio un paso al frente, su sombra cubriendo a la elfa—.

Dime una cosa… ¿estás enamorada de él?

—le susurré directo al oído, dejando que cada palabra le helara la piel.

Alela se estremeció.

—¿¡Q-qué dijiste!?

¡N-no, cómo crees!

—balbuceó, nerviosa.

Melissa ladeó la cabeza, burlona, como un depredador cansado de fingir calma.

—Oh, vamos… a mí no me quieras ver la cara de estúpida.

¿Crees que voy a creer tu cuento tonto de “ah, no estoy enamorada de él, esto fue un error”?

—escupió, imitando su voz—.

Por favor… Carlos intentó hablar, apenas levantando una mano, pero ambas lo callaron antes de que emitiera una sola sílaba.

El “cállate” simultáneo cayó sobre él como un golpe seco.

Se quedó ahí parado, sin saber si sentarse, huir o implorar por su vida.

Pobre… lo dejaron con traumas.

Pero él ya sabía que esto eventualmente iba a pasar.

Las dos juntas eran un desastre anunciado.

Un choque inevitable.

Como ver a un lobo y a una cabra a punto de soltar una guerra sin lógica… pero imposible de detener.

Mientras las veía discutir, un recuerdo le cruzó la mente como una cuchilla.

Angélica.

No Natsu.

La otra.

La del otro mundo.

Esa mujer que le corregía cada error que cometía en cada materia… y a veces acompañaba la corrección con un buen golpe que lo dejaba viendo estrellas.

Tan estricta, tan exigente… tan capaz de sacarle canas verdes.

Pero, aun así, tenía un lado amable, cálido, casi oculto.

Un lado que solo aparecía cuando lograbas cruzar su muralla emocional.

Aunque incluso entonces… no siempre se comportaba como tal.

Melissa y Alela… Eran lo mismo, pero en esteroides.

Dos huracanes.

Dos fuerzas naturales.

Y él atrapado justo en medio, rogando que el destino no lo aplastara.

Continuará

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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