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The strongest warrior of humanity - Capítulo 93

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  4. Capítulo 93 - 93 capitulo 93 no logré que me perdonará
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93: capitulo 93 no logré que me perdonará 93: capitulo 93 no logré que me perdonará Déjame explicarte cómo fueron las cosas, Melissa… tienes todo el derecho de odiarme cuanto quieras, pero debes saber lo que ocurrió aquel día.

Por favor… te lo pido… quiero que escuches lo que él me dijo antes de morir.

Por favor.

Caí de rodillas en el suelo, sosteniendo su mano con desesperación.

—Por favor… escúchame.

Carlos le contó lo que él había dicho antes de sacrificar su vida.

—Muchacho… quiero pedirte un favor —dijo Henry con la voz rota—.

Cuida de mi hija, Melissa, cuando ingreses a la academia.

Enséñale a ser fuerte.

Carlos lo miró con asombro.

—¿Por qué me pides eso?

Henry —el Capitán— sonrió débilmente.

—Porque un caballero siempre da todo, sin importar el precio.

Porque debes aprender a levantarte incluso cuando el mundo se derrumba.

En su mente, Henry escuchó una voz pequeña y alegre, un recuerdo que lo atravesó como un rayo: > “Papá, cuando sea grande quiero ser como tú.

Seré la más fuerte y te ayudaré siempre.” Respiró hondo.

—Te lo pido una vez más, Carlos… —continuó—.

Dile a mi hija que la amo, y a mi esposa… que su caballero murió no por ser débil, sino por ser el más fuerte.

Carlos bajó la cabeza, temblando.

—Lo siento… —susurró.

Henry colocó una mano ensangrentada sobre su hombro.

—Un caballero tiene un deber que cumplir.

Se giró hacia sus hombres.

—¡Huyan!

¡Esa es una orden!

—¡Capitán, no!

—¡Dije que se fueran!

El silencio se volvió sepulcral.

Nadie quería dejarlo… pero una orden era una orden.

—Todo en la vida debe arriesgarse —dijo Henry—.

¿De qué sirve llamarse caballero si no se da todo?

Los demás se retiraron entre lágrimas.

Carlos gritó, quebrado: —¡No puedes hacerlo solo, Henry!

Henry solo sonrió, sin mirar atrás.

— —Él dio su vida por nosotros, Melissa —continué—.

¿Ahora entiendes por qué cargo con esta culpa?

Este dolor… esta carga que llevo en los hombros desde ese día… tú no sabes por lo que tuve que pasar.

Las lágrimas brotaron en el rostro de Melissa.

Por primera vez, vio el verdadero dolor en mis ojos.

La carga que yo mismo estaba sosteniendo.

—Carlos… dime una cosa… —preguntó, con la voz temblando—.

¿Quién fue… quién acabó con la vida de mi padre?

Tragué saliva y respondí, sin poder escapar del peso de la verdad.

—La persona que acabó con la vida de tu padre… fue el caballero oscuro.

Melissa abrió los ojos, horrorizada.

La persona que había soñado la noche anterior… el hombre que sostenía la espada de su padre… era él.

Y su cuerpo cayó en desesperación, rompiéndose en un llanto desgarrador.

Carlos se acercó a ella y la abrazó con fuerza.

—Lo lamento mucho… de verdad lo siento… es mi culpa que él… Respiré hondo, tragando mis propias lágrimas.

—Hay algo más… —continué—.

¿Recuerdas cuando fui poseído por Lucifer?

Melissa, con el rostro empapado, asintió.

—Sí… lo recuerdo… —En ese momento… tu padre apareció.

Me dio fuerzas para levantarme.

Te diré exactamente lo que me dijo.

— Henry estaba de pie, con la mirada perdida, el rostro cubierto de polvo y sangre.

Su voz, quebrada pero firme, retumbó en la oscuridad.

—¡Carlos, escúchame bien!

Hay cosas que nunca, pero NUNCA pude decirle a mi hija… Jamás imaginé que todo terminaría así.

¡Pero escúchame!

Cuando me enfrenté al caballero oscuro… tuve una revelación.

Su respiración era pesada.

Cada palabra, una cicatriz.

—Había cosas que jamás debieron pasar.

Cuando te vi perder el control de tu poder… no podía creer lo que veía.

Pero tú estabas ahí.

Tú nos protegiste como un verdadero héroe… entregaste tu vida por nosotros cuando gritaste que huyéramos.

Pero yo… en mi locura… no lo hice.

Henry cerró los ojos.

Su rostro era una mezcla de rabia, dolor y arrepentimiento.

—¿Sabes por qué?

Porque no podía quedarme viendo cómo un joven tan valiente como tú se sacrificaba.

Sentí orgullo.

Y al final comprendí que debía entregar mi vida para que ustedes siguieran adelante.

Y sé que cargas una culpa enorme… por no sentirte lo bastante fuerte para protegernos.

Su voz se quebró.

—Créeme… lo entiendo mejor de lo que crees.

Yo también pasé por eso.

Perdí amigos, maestros… ¡hasta a mi esposa, que estuvo a punto de morir por culpa de esos malditos del reino vecino!

El aire se volvió más pesado.

Henry apretó los dientes.

—Ese día… estuve destruido.

No podía permitir que la mujer que amaba muriera.

Ella fue lo más hermoso que tuve.

El amor que compartimos… fue tan grande que ni la muerte podrá separarnos.

Silencio.

La luz parpadeó entre los muros agrietados.

Carlos, sentado en la penumbra, sostenía su espada.

Y entonces, esa voz.

Tenue.

Profunda.

La voz de Henry resonando en su mente.

—Sé que lo que vives ahora es doloroso… cruel.

Pero no te rindas.

¿Me oyes?

Tú puedes superar cualquier obstáculo.

Ellos están peleando por ti, Carlos.

Quieren que su compañero regrese.

— Melissa quedó en shock al saber que su padre jamás lo dejó solo.

Solo ella logró entenderlo.

Recordó las palabras que Henry le dijo cuando era apenas una niña: —Hija… hay cosas en este mundo para las que debemos estar preparados.

Si algún día yo tengo que irme… ¿sabes qué haría?

—No, papá… ¿qué harías?

—preguntó ella, sonriendo.

Henry la miró con ternura.

—Un caballero nunca debe abandonar a los suyos.

Aunque muera, aunque caiga… aunque arda en las llamas del infierno… siempre estaré ahí, apoyándolos.

Porque el deber de un caballero no es solo serlo… es demostrarlo.

Nuestra existencia tiene un propósito… un futuro.

Y ese futuro debe ser protegido.

Él continuó: —Quiero estar para quienes se sienten solos.

Solo los fuertes pueden cargar este dolor.

Todos somos humanos.

No todos cumplen sus sueños.

Pero si yo muero… debo dejar un legado.

No importa dónde estén, yo estaré ahí para darles fuerza.

Melissa lo recordó mirando con una sonrisa cálida.

Ella entonces no entendía nada… pero ahora sí.

Una sonrisa rota se dibujó en su rostro.

—Al final… no dejaste solo a Carlos —murmuró—.

Aún sigues caminando frente a él.

—Ahora lo entiendo… —susurró—.

Vi tu reflejo en él.

Y ahora sé una cosa… Carlos es alguien a quien los demás siguen.

Y mi padre no lo abandonó… lo siguió.

Y él ahora carga ese peso enorme.

Pero algo dentro de mí se había roto.

Padre… en verdad, tú fuiste la mayor inspiración que me diste.

No solo a mí… también a mi madre.

Ella siempre velaba por ti, por tu bienestar.

Siempre decía: > “Tu padre es alguien admirable.

Cuando lo conocí… sabes qué fue lo que me enamoró?” —No, mamá… pero dime —pregunté, mirándola con los ojos brillando de curiosidad infantil.

Ella sonrió con nostalgia.

—Fue su honestidad… su sonrisa.

Todo lo que aprecié de él.

Su amor… sus sentimientos.

Era alguien maravilloso.

Me conquistó no por su físico —no era el más atractivo—, sino por su corazón sincero y honesto.

Eso fue lo que me hizo enamorarme de él.

Su voz vibró con una ternura que apenas podía contener.

—Y es lo mejor que me pudo haber pasado.

No me arrepiento.

Lo amo más que a nada en este mundo.

Él y yo pasamos por situaciones dolorosas, pero aun así… siempre seguimos juntos.

Porque nuestro amor es lo más valioso que se puede obtener en la vida.

Sus ojos se humedecieron, pero su sonrisa permaneció firme.

—Cuando encuentres a alguien así —continuó—, alguien con esa determinación, amable y atento… esas personas son las que siempre superan todo.

Son quienes están dispuestos a sacrificarlo todo hasta el final.

Miré a Carlos.

Él… solo hizo lo que pudo para salvarlo.

Pero esa culpa lo perseguirá siempre.

Una promesa puede convertirse en una bendición… o en una maldición que te consume por dentro.

No sé qué cosas haya vivido Carlos, pero lo referente a mi padre… no sé si pueda perdonarlo.

Sin embargo… algo en él había cambiado.

Lo noté en sus ojos: había algo despertando dentro de ese muchacho.

Una fuerza que aún no comprendía, pero que algún día… lo convertiría en alguien formidable.

Suspiré, limpiando las lágrimas que corrían por mi rostro.

Mi voz tembló, pero logré sonreír.

—No puedo perdonarte ahora, Carlos… —dije con sinceridad—.

Pero sí puedo aceptar tus disculpas.

Carlos tragó saliva, a punto de responder, pero yo levanté la mirada.

Y en ese instante, mis ojos se volvieron duros como acero; una mirada llena de determinación… y de amenaza.

—Pero quiero dejar algo muy claro —continué—.

No quiero que intentes detenerme.

Yo voy a vengar la muerte de mi padre… yo sola.

Quiero volverme fuerte.

Y cuando llegue el momento… yo seré quien lo derrote.

Mi voz no tembló.

Era una promesa grabada en fuego.

—Es algo que debo hacer, Carlos.

Tengo que demostrar quién soy… la hija que vengará su muerte.

Por eso te pido, por favor… ayúdame a volverme más fuerte.

Tan fuerte que incluso pueda superar a mi propio padre.

Carlos levantó la mirada, respiró hondo y dijo con calma quebrada: —Claro… no te preocupes.

Te ayudaré sin problemas.

Y gracias… en verdad, gracias por escucharme.

Ambos guardamos silencio.

Pero no estábamos solos.

Una sombra observaba desde la distancia.

No era un enemigo… ni un desconocido.

Era alguien que estaba verdaderamente feliz de que los dos, al fin, hubiéramos compartido todo lo que cargábamos por dentro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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