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The strongest warrior of humanity - Capítulo 95

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  4. Capítulo 95 - 95 capitulo 95 El miedo del rey
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95: capitulo 95 El miedo del rey 95: capitulo 95 El miedo del rey Un nuevo día desde lo más alto del reino.

Melissa y yo estuvimos platicando sobre cosas de su padre y de cómo fue que yo y Henry fuimos amigos en tan poco tiempo, pero tras su despedida él me había dejado un legado… y lo estoy cumpliendo con la primera parte: hacer que Melissa tenga su entrenamiento y hacerla fuerte.

—Solo siéntate, Melissa.

Respira con calma y concéntrate… deja fluir.

Que tus instintos te guíen hacia el control del Maná.

—Dime qué sientes —le pregunté, observándola con atención.

Al notarla, vi algo carmesí en su interior: eso significaba que su elemento era fuego… pero había algo más allí.

Magia y tierra… tres elementos.

Wao… eso es increíble.

A mí me costó demasiado obtener todos los elementos durante años de entrenamiento.

Digamos que soy el elemental más fuerte.

No he mostrado ni oscuridad… ahora que lo pienso, es el único elemento que no he demostrado —pensé mientras mis propios pensamientos se cruzaban.

Melissa habló con una voz suave, sorprendida por sus propios sentidos: —Puedo sentir la energía vital que corre a través de mi cuerpo… es como una calidez ardiente por dentro, pero a la vez siento olas… y rocas que salen del mar… Una aura salió desde su interior.

Una presión repentina expandió el aire, resonando como tormentas distantes.

Melissa abrió los ojos… y quedó completamente asombrada.

Había despertado su maná.

Estaba realmente feliz.

—Lo… lo logré —dijo, gritando de la emoción.

Para confirmar su despertar, intentó usar llamas combinando fuego y agua, creando unas llamas marinas de mil destellos.

Quedé sorprendido al ver algo tan hermoso surgir de esa magia.

—Me alegro mucho de que hayas logrado algo tan increíble, Melissa —dije con una sonrisa divertida.

Ella me miró con gratitud.

—Al contrario… fue gracias a ti por ayudarme con este problema.

—Es verdad, pero apenas es el comienzo.

Y para eso nos tomaremos cinco meses de entrenamiento —dije, llevando mi brazo izquierdo a la nuca—.

Va a ser largo y duro, Melissa, así que espero ser tu compañero de entrenamiento.

Entonces una sensación siniestra cruzó el aire.

Desde afuera venía ella… Angélica.

—Carlos… —dijo Melissa, pálida—, ¿qué es esa presión que siento?

—No te preocupes, solo es Angélica.

Parece que llegó rápido… demasiado rápido —murmuré, sintiendo yo también un temblor involuntario.

—¿Estás aquí, discípulo?

—preguntó ella con un tono frío.

—Sí, estoy aquí adentro.

Puedes pasar.

Entró caminando hacia mí, irradiando una fuerza pesada y dominante.

—He venido porque dijiste que querías que yo te entrenara.

¿Es verdad?

—Es correcto.

Si te mandé a llamar fue por esa razón.

Quiero que me ayudes con mi problema… y eres la única.

Bueno, además de Saleh.

Ella no respondió.

Su mirada se volvió agresiva.

Una ráfaga de viento golpeó la habitación, haciéndome temblar.

—Oye… tengo una pregunta.

¿Cómo es posible que ese bastardo elfo te convirtiera en su discípulo?

Quiero que me lo digas ahora mismo… o de lo contrario yo misma te destruiré.

—Así que te encontraste con él allá afuera… —respiré hondo—.

Pero si eso quieres, te lo diré.

Le conté todo lo que pasó ayer.

Ella escuchó en silencio.

Luego habló: —Eso fue lo que pasó entonces… bueno, no imaginé que tú mismo fueras a demostrar interés en tu crecimiento.

De igual modo, estás llamando la atención de los demás.

Se acercó, seria.

—No querrás que te miren como objetivo, Carlos.

Ya experimentaste lo que ocurrió hace un tiempo.

Pero ahora las cosas se están complicando… investigué sobre los dioses antiguos, los Alsedotes… y sobre el dios que salió dentro de la mazmorra.

Mi respiración se detuvo.

—Carlos… todo esto lleva directo a un golpe de Estado contra nuestra nación.

Y sobre el informe que me dio tu padre… el imperio ya cruzó una línea.

Déjame informarte que ya estamos en guerra con ellos.

Cada palabra de Angélica cayó en mi mente como un martillo.

Sentí la sangre helarse.

Esto era muy… grave.

La miré con una expresión fría y perversa.

—Entonces, Angélica… dime algo.

¿Por casualidad han encontrado la reliquia sagrada de Dios?

—Sobre eso… —suspiró con frustración—.

No hemos podido encontrarla.

—Ya veo —dije mientras mi mano izquierda descansaba en mi cabeza—.

Como sea… ya luego la buscaré por mi cuenta.

Bueno… después de todo tengo que ir.

Pero ahora debemos entrenar.

—¿¡Qué!?

¿¡Entrenar!?

—dijo Melissa, temblando.

—Pues claro.

¿O apoco así vas a participar en el festival sin entrenar?

Recuerda una cosa: tienes un objetivo.

—¿¡Eh!?

¿Qué objetivo hablas tú, mocoso?

—dijo Angélica con voz suave pero afilada.

—Es algo que no te incumbe, Angélica.

Es personal.

Ella ya lo decidió.

Vi a Melissa sentada, hablando con Angélica.

Le tenía miedo.

Era natural.

Ella tenía un pasado oscuro que marcó su nombre.

Hubo un tiempo en que se enfrentó a enemigos poderosos… razas enteras fueron derrotadas por una simple mujer humana.

Pero lo de Saleh y ella… nunca supe qué pasó.

Ambos no perdieron.

No hubo empate.

Una batalla sin detenerse… eso sólo podía significar algo aún más profundo.

Entonces, un recuerdo llegó a mi mente.

El libro.

El lugar que mi padre mencionó.

Si en verdad no estamos solos… si hay seres y lugares desconocidos… esto podría escalar aún peor.

No solo los abismales.

También gigantes, dioses, dragones.

Y ahí entro yo.

Y las demás razas.

Cada uno con sus guerreros, caballeros, magos… Pero ¿qué pasa si las cosas terminan mal?

Me hice esa pregunta mientras analizaba todo.

Un pensamiento llegó.

Algo que solo yo podía entender desde los recuerdos de Yuki.

“Ser invencible”.

Si mi hermano busca conquistar reinos y razas… no solo traerá problemas.

El nivel de conflicto destruiría todo.

Necesito saber la verdad.

Quiero preguntarle a Kronos… pero no puedo.

Una sombra cruzó mi rostro.

Me pregunté si de verdad fui alguien importante para él… o solo un instrumento para sus planes.

Sé que dejó claro su odio… pero por un momento sentí algo distinto.

¿Fue real?

¿O solo una ilusión mía?

Debo conocerme a mí mismo… y a los demás.

Si en verdad quiero ayudar.

Una determinación se encendió en mi rostro.

Debo hacerlo… a mi manera.

Pero la pregunta importante es… ¿Dónde diablos está Alefa?

Dijo que saldría de la habitación.

¿Se habrá encontrado con ella…?

— Alefa caminaba por la ciudad, sumida en sus pensamientos.

Miraba a la gente alegre, disfrutando de la vida.

Pero un recuerdo cruzó su mente, oscuro y pesado.

Su mirada cambió.

Fría.

Perversa.

—Debo saber la verdad… —murmuró—.

¿Por qué mi tío y mi padre no quieren que salga del reino?

Han pasado años… ¿qué me están ocultando?

Odiaba las mentiras.

Odiaba que le escondieran la verdad.

—Tengo derecho a saberlo… — Mientras tanto, en la sala del trono… El rey elfo, Shima, suspiró profundamente.

—Las cosas no van como uno planea… —murmuró—.

¿Qué chiste tiene ya esto?

Miró sus propias manos temblando.

—Solo soy un esclavo de un demonio… y no puedo hacer nada.

Si hago un mal movimiento, mi reino, mi gente… mi preciada sobrina… pagarán el precio.

Un dolor amargo cruzó su rostro.

—Nadie debe saber esto.

Ni siquiera mi hermano sabe que vendí mi reino a él… Un nudo se formó en su garganta.

—Me odiaría si se enterara… Una sonrisa triste apareció.

—Lo siento, hermano… lamento que todo terminara así.

Ojalá algún día comprendas… sé lo fuerte que eres, pero ni siquiera tú podrías enfrentarlos.

Ni mucho menos a ese humano que llegó a nuestro reino… Su voz se quebró.

—Pero de qué sirve… si todo está perdido.

Quiso tener esperanza.

Pero no quedaba nada que pudiera hacer.

Las otras razas seguramente ya sabían lo que les convenía.

Entonces alguien entró.

La presencia era tan oscura… que le paralizó la respiración.

—Ha pasado mucho tiempo, rey… Shima se congeló.

—¿C–cómo es que…?

—Oh, vamos… no tienes por qué sorprenderte —dijo con un tono burlón—.

Sabes que siempre me gusta impresionar a mis aliados.

—¿Qué haces aquí, Robert?

—preguntó Shima temblando.

Uno de los demonios abismales más fuertes.

—Solo vine a entregarte esto.

Lucifer quiere que se lo des a tu querido hermano… o mejor dicho, a todos sus soldados del reino.

Shima tragó saliva.

—¿Qué diablos es eso…?

—Un obsequio —dijo Robert, con una sonrisa perversa—.

Dáselo.

No hagas preguntas.

Shima temblaba.

—Dime… ¿qué están planeando…?

La mirada de Robert se volvió afilada, cruel.

—Aquí las preguntas las hago yo, maldito elfo estúpido.

No olvides cuál es tu lugar.

Tú te vendiste a nosotros… así que compórtate.

Shima cayó de rodillas.

—Por favor… haré lo que digan… pero a mi sobrina no la lastimen… Robert soltó una risa grotesca.

—Hahahahaha… así me gusta.

Que todos sientan el miedo.

Se inclinó hacia él.

—Haz lo que te digo.

O ya sabes quién pagará el precio.

Y con eso, desapareció.

Sin dejar rastro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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