Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The strongest warrior of humanity - Capítulo 96

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 96 - 96 capitulo 96 El regreso del caballero oscuro
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

96: capitulo 96 El regreso del caballero oscuro 96: capitulo 96 El regreso del caballero oscuro La vida es hermosa… o al menos así debería ser.

Pero siempre existen personas que arruinan lo bello, lo valioso, aquello que la humanidad debería proteger.

Desde que me enfrenté a un oponente digno, he comprendido el verdadero significado del valor.

Su determinación, su orgullo, su esfuerzo… el honorable Henry lo entregó todo.

—Mis respetos —murmuré mientras contemplaba el cielo desde la sombra de un árbol.

Revivía aquel día en mi mente; el día en que ese hombre me mostró algo que yo jamás supe hacer.

Luchó por su nación, por su familia, por sus amigos.

Incluso dio su vida por darles tiempo.

Pero yo… ¿y yo qué fui?

¿Dónde quedé yo?

Fui caballero del Imperio.

Allí crecí.

Allí viví una vida hermosa junto a mi esposa y mi hija.

Todo era tan normal, tan simple y perfecto… hasta que llegó el año 1680.

Ese día, mi vida como caballero, como padre, como ser humano… murió.

Y en su lugar nació un monstruo.

El Caballero Oscuro.

La misma muerte envuelta en sombras.

—Cariño, te veo cansado… has hecho demasiado hoy.

¿Por qué no descansas un poco?

—su voz era un oasis cálido, suave, casi celestial.

Jimena siempre se preocupaba por mí.

Y mi pequeña… ah, su mirada adorable podía sanar cualquier herida.

—Papá, quiero aprender esgrima.

Quiero ser una cabellera tan fuerte como tú —me dijo con la determinación marcada en esos ojos tan brillantes.

La verdad es que jamás fui un maestro.

Apenas sabía lo básico.

Pero quería enseñárselo… no quería decepcionarla.

Volteé a ver a mi esposa.

Jimena y yo nos conocimos siendo niños: ella, una noble; yo, un plebeyo sin talento.

Sus padres la alejaban de mí.

Para ellos yo era solo un sucio muerto de hambre.

Pero ella… ella me vio de otra forma.

Mientras tanto, mi vida era un infierno.

Maltratos.

Discriminación.

Burlas.

Todo por ser un simple plebeyo que solo quería algo mejor para sí mismo.

Una tarde, mientras caminaba, vi a unos jóvenes entrenando con espada… y algo en mí despertó.

Su disciplina, su fuerza… se volvieron mi sueño.

Corrí a casa para hablar con mis padres.

Estaban asustados.

—¿Y si te pasa algo?

¿Y si se burlan de ti?

—me preguntaban.

Pero yo les sonreí.

—Mamá, papá… estaré bien.

Y cuando sea grande y reconocido, viviremos una vida feliz, juntos.

Se los prometo.

Ellos me miraron con orgullo.

—Si ese es tu sueño… te apoyaremos —dijeron.

Y trabajaron más duro que nunca para permitirme asistir a las clases.

Yo debía estar a su altura.

Tenía que lograrlo.

Pero cuando ingresé… vinieron los problemas.

La discriminación era constante.

“Plebeyo inútil.” “No sirves para nada.” “Vete antes de hacer el ridículo.” Hubo un punto en el que pensé en abandonar… Hasta que ella apareció.

—¿Qué les pasa?

¿Por qué creen que pueden humillarlo solo por ser plebeyo?

—exclamó una voz firme.

Era una chica hermosa, de cabello negro y piel pálida.

Sus ojos verde esmeralda brillaban con un enojo elegante y puro.

Nunca olvidaré esa mirada.

—No entienden cómo viven las demás personas.

No saben nada de los sacrificios que hacen los padres de alguien para que pueda estar aquí.

Ustedes no tienen idea de lo que significa soñar —dijo, con una voz que podía detener a un ejército.

Un chico se rió, incrédulo.

—Vaya, vaya… ¿así que la nobleza ahora se fija en la basura?

¿De verdad crees que te haremos caso?

Se levantó arrogante y caminó hacia ella.

—Será mejor que cierres la boca… si no quieres terminar como este inútil —amenazó.

Actué sin pensarlo.

Mi cuerpo se movió solo.

¡Lo golpeé!

No era buen luchador.

Pero no iba a permitir que la lastimara.

—¡¿Cómo se atreve un plebeyo a tocarme?!

—gritó el chico, lanzándome golpes torpes que esquivé como pude.

Pero entonces… dijo lo imperdonable.

—Será divertido ver a mi padre castigar a tus padres por tu mala educación.

Ahí… despertó algo en mí.

Una oscuridad que nunca había sentido.

Mi mirada cambió.

El aire cambió.

La tensión se volvió pesada.

—Si tú o tu padre se atreven a tocar a mis padres… te juro que les convertiré la vida en un infierno —dije con un tono tan frío y oscuro que ni yo reconocí mi propia voz.

El chico retrocedió apenas, pero siguió fingiendo valentía.

—¿Tú?

¿Amenazarme?

¡Si no tienes talento para nada!

—se burló.

Pero su voz tembló.

La chica lo miró con total desprecio.

—Eres repugnante —dijo.

Luego se volvió hacia mí—.

Hey… ¿cómo te llamas?

Me quedé paralizado.

—Emanuel —respondí.

—Un gusto conocerte, Emanuel —sonrió levemente—.

Yo soy Jimena.

Sí, soy una noble… pero no soy como esta basura.

No dejaré que le hagan daño a tus padres.

Puedo asegurarlo.

Su sinceridad… su amabilidad… me devolvieron la calma.

Ella no veía rango.

Veía personas.

Me trató como a un igual.

Como a alguien.

El chico nos miró lleno de odio.

—Esto no quedará así.

Algún día… me lo pagarás.

Y me burlaré cuando caigas.

Él se levantó y se fue, enojado y humillado.

Pero ella me dijo: —No le prestes atención a ese inútil.

Solo sigue con tu día, con tus clases normales… Bueno, me tengo que ir.

¿Crees que podamos vernos más tarde?

Me miró con una sonrisa dulce y yo simplemente quedé en las nubes.

Estaba nervioso, así que respondí: —Sí… está bien.

Más tarde nos vemos, Jimena.

Y en verdad, gracias por defenderme.

—Era obvio que tenía que hacerlo.

Mis padres me enseñaron cómo debo tratar a las personas con respeto —respondió ella, sonriendo.

Nos despedimos.

Para mí, conocerla había sido algo increíble.

Aún me costaba creer que una chica me defendiera… y no solo por ser un plebeyo.

La vida como estudiante comenzaba a gustarme.

Me sonrojé al pensar en ella.

Parpadeé, confundido.

¿Esto que sentía era amor?

¿Admiración?

¿Respeto?

Tal vez yo no sabía nada sobre el amor… pero me sentía tranquilo.

Pasaron las horas de enseñanza y entrenamiento.

Anoté todo lo que aprendía, hasta que llegó el atardecer y ella y yo nos volvimos a encontrar.

—Oh, sí viniste —dijo con una sonrisa mientras el sol comenzaba a ocultarse—.

Me alegra mucho que ya estés aquí.

Quería preguntarte si… ¿quieres ir a tomar algo?

—¿E-en serio?

¿Alguien como yo podría salir contigo a tomar algo?

—bajé la mirada.

Ella se acercó a mí y puso sus hermosas manos en mis mejillas.

Nuestras miradas se cruzaron otra vez.

—No seas tonto.

Claro que tienes derecho.

¿Quién te lo va a prohibir, eh?

—dijo con un tono gracioso—.

Ven.

Me tomó de la mano y salió corriendo con una energía que casi me arrastró.

—¡Ehhh!

¡Oye, espera, vas muy rápido!

—balbuceé, casi cayéndome.

—¿Qué dijiste?

¡No te oigo!

¡Solo disfruta este momento!

—rió ella.

La emoción en mi pecho me hizo pensar demasiado.

Era la primera vez que tenía un contacto tan cercano con una chica.

¿Será que le gusto?

No tenía idea.

No debía hacerme ilusiones.

Tal vez solo me veía como un amigo.

Y así pasaron los años.

Logré cumplir mi sueño de graduarme.

Solo habían pasado tres, pero nuestra relación creció día tras día, año tras año.

Mis sentimientos hacia ella… y los suyos hacia mí… aumentaron sin que nos diéramos cuenta.

Hasta que un día, ambos nos confesamos al mismo tiempo.

Una sonrisa burlona salió de mí.

¡No podía creerlo!

¡Lo que había imaginado, lo que presentía… era real!

Gracias a ella conseguí un logro importante.

Y después debía ir a buscar a mis padres para contarles todo.

Pero ese día… no fue el mismo cuando regresé a casa.

—¡Mamá, papá, ya estoy aquí!

—entré con una sonrisa, emocionado—.

¡Hay tantas cosas que debo contarles de mis años en la…!

Pero al entrar a su habitación… vi un rastro de sangre.

Mi sonrisa desapareció.

Salí corriendo de la habitación, desesperado.

Afuera, la gente estaba pálida, asustada, paralizada como si hubieran presenciado algo imposible de describir.

Caminé alterado, casi tambaleando, siguiendo el rastro.

Mi respiración era temblorosa.

No quería entenderlo.

No quería que fuera lo que parecía.

Hasta que lo vi.

—Q-que… ¿Q-qué es esto…?

N-no… no… ¡no, no, no…!

Caí al suelo, gritando con un dolor desgarrador.

Mi mente se llenó de recuerdos: los días felices, las risas compartidas, los abrazos de ellos… todo lo que habíamos vivido juntos.

Mis padres habían sido asesinados.

Sus cuerpos no estaban… Solo sus cabezas, clavadas en estacas.

Sus rostros no tenían ojos.

Solo un silencio mortal alrededor.

Algo dentro de mí se quebró.

Lloré sin detenerme.

Las lágrimas caían como si mi alma intentara escapar por ellas.

La gente alrededor me observaba romperme… pero nadie dijo nada.

Se quedaron en silencio mientras yo me destruía por dentro, mientras todo mi mundo se quemaba en un instante.

Entonces entendí algo: ¿De qué sirve que las personas buenas, nobles y justas… existan… si terminan muriendo así?

—¿Por qué?

¿Por qué?

¿POR QUÉ?

—grité, golpeando el suelo con furia—.

¿Por qué ellos?

¿Por qué tuvieron que pagar por algo que jamás cometieron?

La culpa y el odio me consumieron.

Mis días de soñar, de creer que podíamos vivir como una familia feliz… quedaron en el olvido.

Yo les había prometido ser alguien digno.

Hacerlos felices.

Pero les fallé.

En verdad… lo siento.

Una persona corría hacia mí.

Apenas pude mover la cabeza; estaba demasiado devastado.

Pero entonces escuché una voz familiar.

—¿E… Emanuel?

Era Jimena.

No sé cómo diablos supo dónde vivía, pero llegó justo donde yo estaba.

Cuando vio lo que había frente a mí… se quedó paralizada.

Su mirada cambió.

Se quebró.

Vio el horror.

Vio cómo mis padres estaban… Ella no dudó ni un segundo: corrió hacia mí y se arrodilló para abrazarme.

Intentó apoyarme, consolarme… pero fue inútil.

Algo en mí se había roto para siempre, y ella lo vio en mi rostro.

El chico amable, dulce, soñador… ya no estaba.

¿Cómo podía alguien ser tan cruel?

¿Qué le hicieron mis padres a nadie para terminar así?

El dolor no se iba.

Las lágrimas corrían también por el rostro de Jimena mientras me abrazaba con fuerza.

Recordó algo que yo mismo le había dicho días atrás: “Oye, ¿qué te parece si un día vienes conmigo a conocer a mis padres?” “¿En serio?

¡Por supuesto que me encantaría!” “¿Pero crees que les caeré bien?

Soy noble… no sé si eso los intimidaría.” Ella tenía razón en preocuparse, pero mis padres no eran así.

Siempre me dijeron que querían que viviera una vida normal, que me esforzara, que saliera adelante, que un día volviera a ver a mi padre con orgullo en los ojos… y que agradeciera todo lo que me habían dado.

Pero cuando llegó ese día… Todo se volvió oscuridad.

La abracé.

No podía soportar el dolor.

Era una herida marcada para siempre en mi vida.

Pasó el tiempo.

Les hice un pequeño homenaje: sus fotografías… y una donde yo aparecía en brazos de mi madre, recién nacido.

Toda mi felicidad se fue al carajo.

Mis esfuerzos, mis sueños, mi esperanza de que mis padres vivieran tranquilos… todo fue arrancado de mis manos.

Quise saber quién fue.

Quién me los arrebató.

Pero nadie dijo nada.

El miedo, el silencio, el terror… lo entendí.

El poder hace que las personas callen.

El poder hace que las personas tiemblen.

Pero quien haya sido… lo mataré con mis propias manos.

Jimena caminó hacia mí y me abrazó por la espalda.

Su compañía era lo único que podía sostenerme.

Me reí, sin vida, sin ganas.

No quería que ella viera lo roto que estaba.

Ese recuerdo jamás desaparecería.

Aunque cayera, aunque la vida quisiera verme arder… yo estaba dispuesto a devolverle al mundo cada una de sus cicatrices.

—Es hora de irnos, mi lindo y adorable caballero —dijo ella con tristeza, pero con una suavidad que me atravesó el pecho—.

La vida no es justa con nadie, mi cielo.

Hay cosas que no podemos entender… pero no estás solo.

Estoy contigo.

Porque te amo.

Y no puedo dejarte solo en este dolor.

Lo lamento… tus padres… yo dije que nadie los tocaría.

Pero fallé… Su voz temblaba.

Sus manos también.

—Sabes —continuó, limpiándose una lágrima—, en todo este tiempo que te he conocido… nunca estuve con alguien tan amoroso, tan amable, tan detallista.

Que se esfuerza no por ser el mejor, sino para que los demás se sientan orgullosos de lo que logra.

Tus esfuerzos nunca fueron en vano.

Me reí apenas cuando añadió, burlona: —Te graduaste… aprendiste esgrima… un poquito de magia.

Aunque eras tan torpe… Ella hizo todo lo posible para que yo no cayera en el abismo.

Y justo ese día… 6 de octubre… era mi cumpleaños.

Ya había cumplido 18.

Hace tres años era apenas un chico de 15, un aprendiz.

Pero el camino de un caballero debía continuar.

Debía volverme fuerte.

Entonces, como si la vida quisiera romperme y reconstruirme al mismo tiempo, Jimena respiró hondo y dijo algo que me dejó helado.

—Emanuel… estoy embarazada.

Me quedé paralizado.

—Espera… ¿q-qué dijiste?

¿Me lo puedes repetir?

Ella frunció el ceño, infló las mejillas, sonrojada.

—¡Que estoy esperando un hijo tuyo!

—soltó, alzando la voz.

Y ahí… Ahí tuve que cubrirme el rostro.

Las lágrimas comenzaron a salir sin que pudiera controlarlas.

—¿A-amorcito?

¿Por qué lloras?

—preguntó asustada.

No podía explicarlo.

No era tristeza.

No era dolor.

Era felicidad.

Hacía años que no sentía algo así.

Lo que había perdido… estaba regresando a mí.

Jimena me miró y sonrió al verme llorar de alegría.

—Me alegra mucho que te gustara este regalo… tan especial —dijo, acariciando mi rostro.

La abracé.

Ella me sostuvo.

Y nos besamos suavemente mientras el amanecer iluminaba el cielo, bañando nuestras sombras en una luz cálida, como si el mundo nos diera una segunda oportunidad.

Continuará.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo