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The strongest warrior of humanity - Capítulo 98

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  4. Capítulo 98 - 98 capitulo 98 Un reino desconocido
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98: capitulo 98 Un reino desconocido 98: capitulo 98 Un reino desconocido Solo fue un gran recuerdo de mis días cuando la conocí… —murmuré mientras me incorporaba, limpiando el polvo del manto oscuro que arrastraba a mi espalda.

Di un paso hacia mi destino, sintiendo cómo cada eco bajo mis botas traía un fragmento del pasado.

La herida del Caballero Oscuro no quedó enterrada en aquellos recuerdos.

No… esa herida cargaba mucho más de lo que cualquiera podría imaginar.

Años… llevo años sin quitarme este casco desde aquel acto.

Y aun así, la pregunta golpea mi mente una y otra vez: ¿Por qué no me lo quito?

¿No sería lo lógico?

Pero ya conozco la respuesta.

No quiero mirarme.

No quiero ver al monstruo que llevo dentro.

La culpa… la ingenuidad… y la soledad en la que me dejaron cuando todos me dieron la espalda.

Nunca descubrí quién me arrebató cada momento de mi vida, de mi felicidad… ni quién apagó la luz de mis padres.

Quería ser el mejor.

Quería cumplir el sueño de vivir en paz con mi familia… con mi amada esposa.

Pero todo eso quedó… vacío.

Ahí, tirado en un abismo que jamás dejó de devorarme.

Mientras avanzo, la idea vuelve, hirviendo en mi mente: —¿Será buena opción destruir el reino?

—escupo con rabia.

Lo intenté.

Y hubiera ardido entero si no fuera por ciertas personas que se interpusieron.

No entiendo por qué protegen ese lugar… si fueron ellos quienes me lo arrebataron todo.

O eso creí yo.

Desde que me dijeron que fue culpa del reino, no sé si creerlo.

El rey del imperio… no supe quién era hasta que lo vi.

Ese rostro.

Ese maldito rostro.

Era el chico que me molestaba en mi juventud.

El que me amenazó.

El que se burló de mí cuando conocí a ella.

Y lo peor… Maté a muchas personas.

Perdí la cuenta.

Mi odio, mi venganza, esa sed de sangre que me consume… Me transformó.

Estoy maldito.

O quizá nací para quemar el mundo.

En cada batalla, en cada conquista… me llamaron muchos nombres: La Muerte.

La Estrella de la Muerte Eterna.

El Caballero Oscuro.

Ese es el sentimiento que despierto en ellos: miedo.

Desesperación.

Y cuando los mataba… no sentía nada.

Nada.

Algo dentro de mí se apagó para siempre.

Dejé de ser humano.

Gané todo… pero no pude proteger lo único que amaba.

Los dejé morir.

Tal vez fue culpa mía.

Tal vez mi falta de comprensión.

Tal vez… simplemente no era suficiente.

—¿Soy una mala persona…?

—mi voz retumba dentro del casco, ahogada en eco.

No obtengo respuesta.

Solo silencio.

Silencio mientras observo cada rincón, cada sombra que pasa a mi lado.

Eso es lo más seguro… que tal vez sí lo sea.

Pero… ese día.

Aquel día donde enfrenté a ese chico… —frunzo el ceño bajo el metal—.

Carlos… ¿verdad?

Vi algo en él.

Algo que no debí ver.

Un niño con sueños.

Con metas.

Con esperanza.

Y aun así… al final, nada puede cambiar que nuestros sueños jamás se cumplen como imaginamos.

Eso fue lo que me ocurrió a mí.

Y eso es lo que más me irrita: que aún existan personas que quieran inspirar a otros.

Pero su lucha… su mirada seria y siniestra… esa presencia cubierta de heridas, de sangre, de determinación… Fue lo único que pudo hacerme caer.

Cuando sentí su fuerza… su poder… su magia… Lo entendí: Él también caerá.

Él también se convertirá en mí.

Un monstruo que lo perdió todo.

Y nadie… nadie escapa de esa realidad.

Él y yo somos similares.

Sombras reflejadas.

—¿Qué tan fuerte será ahora?

—susurro mientras el viento me golpea el manto.

Debe tener unos catorce años ya… Ese mocoso… tiene la misma vibra que tuvo alguna vez mi hija.

Mi hija… La voz se me quiebra sin querer.

Y sigo caminando.

Parece que después de tanto caminar como idiota terminé en otro reino.

Pero este reino… es bastante desconocido para mí.

Sin embargo, por dentro siento una vibra… una energía siniestra.

Debería averiguar de qué se trata este lugar.

Pero mi pregunta es: ¿qué pasaría si me ven con esta armadura?

Soy la única persona que posee esta armadura.

Debo ser preciso… ¿o debo ir así?

—murmuré mientras avanzaba hacia ese reino.

Es algo que todos tienen… pero este es diferente.

Y entonces, con solo dar ese paso, lo sentí.

Una presencia se lanzó hacia mí con una velocidad brutal.

Una persona venía directo a atacarme, como si supieran que vendría aquí.

El impacto fue devastador.

—Bienvenido, Estrella de la Muerte Eterna.

No esperaba su visita —dijo un hombre bastante diferente.

Algo se cruzó en mi mente.

Este tipo no parece alguien normal.

—¿Quién eres?

—lo interrogué con total seriedad.

—Mm… es verdad.

Yo soy alguien que solo daba un paseo por aquí —respondió con una sonrisa molesta, casi burlona—.

Mi nombre es Kris.

Y sí, tal como te diste cuenta… no soy alguien normal.

¿Has oído hablar de los Siete Asmales de la Calamidad?

Bueno… soy uno de esos —dijo mientras se acercaba para atacar.

—¿Pero quiénes diablos son ustedes?

—exclamé, mi voz cargada de dureza.

—Somos aquellos que deciden quiénes son juzgados.

Tal vez tú no lo sepas… o tal vez ellos.

Pero con tu reacción, se nota que te dio curiosidad saber nuestro origen.

Aunque no tienes por qué ponerte así, de igual manera, tú morirás aquí.

Una sonrisa arrogante salió de mí.

—¿Matarme?

No me hagas reír, ser desconocido.

No sé de qué raza seas, o si eres algo más que un demonio o un ángel… pero hay algo en ti que es muy distinto.

No quiero llamar demasiado la atención, pero no tengo otra alternativa.

Suspiré en voz baja mientras miraba a ese tipo.

Tiene algo peligroso en él… mi cuerpo tiembla, pero no es de miedo, sino una sensación de que yo… y este lugar… podríamos ser destruidos en cualquier momento.

Sabía que esto pasaría.

Pero solo es uno… si llegan el resto… —Ah, no te preocupes.

Ellos no vendrán.

Solo vine yo —dijo con total calma—.

Así que quita esa mirada tan mediocre, Caballero de la Muerte.

—Oh, vamos, ¿otro título más que me quieras poner?

—respondí mientras lo observaba—.

En fin, me voy… solo por esta vez —dije con voz tranquila, respirando con calma.

—¿En verdad te vas a ir?

—dijo él con un tono oscuro y siniestro.

Algo en su aura parecía estar por estallar—.

Nunca creí que un humano como tú fuera a faltarme al respeto.

—¿Evitar una pelea?

Qué ridículo… solo eres alguien que da pena —continuó.

—¿Y cuál es tu problema?

Solo dije que me iré.

No voy a pelear aquí con un tipo que ni siquiera es capaz de bajar y verlo por sí solo.

Él quedó en silencio un instante… —Es verdad —dijo con un tono gracioso—.

Pido mis sinceras disculpas.

—Vaya… mejor pídeles disculpas a tus abuelos —dije mirándolo desde abajo—.

Como sea, no me interesa luchar contra ti.

Solo regresa a tu reino.

El ambiente se tensó.

Una risa retorcida salió de su rostro.

—Ohhh… así que el Caballero Oscuro huye de una batalla.

Eres más que un simple cobarde.

Alguien que ni siquiera fue capaz de salvar a su hija y a su amada.

Sus palabras recorrieron mi cuerpo como una cuchilla.

No miré atrás… porque lo que dijo es verdad.

Gané una guerra yo solo… pero ¿a qué costo?

Una ira lenta, espesa, se dibujó en mi rostro.

Una energía oscura y siniestra comenzó a brotar de mí.

Mientras él seguía hablando: —Awww, qué bonito… ya te hice llorar.

Patético.

¿Crees que vales la pena?

Acepta que lo perdiste todo.

Jamás recuperarás ese amor, esa emoción que alguna vez sentiste.

Eres demasiado humano para comprender cómo funciona esto.

Aunque intentes matarme… jamás podrás hacerlo.

Estoy por encima de todos.

Su sonrisa se ensanchó, venenosa.

—Y una simple escoria como tú no podrá ni siquiera ponerme una mano encima.

Eres un gran perdedor… un fracasado que jamás pudo proteger a los que lo rodeaban.

Qué pena… alguien tan amable, tan buena persona… terminando convertido en un monstruo.

Algo en lo que jamás debiste convertirte.

Su voz se volvió más oscura.

—No comprendo bien qué fuiste, Caballero Oscuro… pero aunque intentes golpearme, no podrás hacer nada.

Ni una simple cosquilla.

Lo que sé de ti es que fuiste traicionado por tu imperio.

Hay más cosas que sé… pero no planeo decírtelas.

Porque sé que no las soportarías —una risa desagradable salió de él—.

Sus palabras fueron crueles… pero eran puras verdades.

Me convertí en lo que soy.

Y debo reconocerlo.

Pero mis deseos de no rendirme… aún están intactos.

Solo hubo una cosa en mi mente: matarlo.

Una sed de sangre surgió desde lo más profundo de mí, tan intensa que incluso él la sintió.

—Vaya… ya era hora.

Espero que— No pudo terminar su frase.

En un parpadeo aparecí detrás de él, descargando un ataque devastador envuelto en llamas oscuras de la muerte.

La explosión fue brutal, levantando tierra, fuego y oscuridad alrededor de nosotros.

Pero él salió disparado entre las llamas, directo hacia mí, lanzando su primer golpe.

Apenas logré esquivarlo, retrocediendo con dificultad; salté, me deslicé entre las sombras, reaparecí encima de él y descargué otro ataque, esta vez con mi espada: —¡Oscuridad de la Destrucción!

La hoja descendió con un poder suficiente para partir una montaña en dos… pero él detuvo mi ataque con una sola mano.

Un movimiento casi invisible surgió de su cuerpo, una fuerza que me empujó violentamente.

Caí, rodé, pero giré en el aire y retrocedí tan rápido como pude.

Este tipo… es un problema enorme.

Busqué cualquier punto débil, cualquier espacio, pero solo quedaba una opción.

Clavé mi espada en el suelo.

El impacto hizo que el terreno se partiera mientras círculos mágicos oscuros emergían uno tras otro, elevándose como mandalas infernales.

—Magia Oscura: Árbol de la Muerte, Reino de Espinas de la Destrucción.

Del suelo brotaron ramas negras afiladas como cuchillas, entrelazándose para atraparlo, perforarlo y desintegrarlo.

El ataque cayó sobre él como una tormenta maldita.

Pero entonces… Una ráfaga resonó.

Una luz brillante, antinatural, surgió de su cuerpo.

Mi magia… desapareció, como si hubiera sido devorada, absorbida, borrada del mundo.

Él salió caminando desde la luz con una sonrisa.

—Bien… eso fue un buen ataque.

Debería felicitarte.

—Pero no es suficiente.

Fin del capítulo

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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