Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The strongest warrior of humanity - Capítulo 99

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. The strongest warrior of humanity
  4. Capítulo 99 - 99 capitulo 99 una visita inesperado
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

99: capitulo 99 una visita inesperado 99: capitulo 99 una visita inesperado Desde que Angélica llegó, sentí que ese era el momento exacto para ver las habilidades de Melissa… pero hay algo en ella que no puedo ignorar.

Desde que salimos de la habitación, su mirada cambió.

Se volvió distante, fría, como si una barrera invisible se hubiera levantado entre nosotros.

Supongo que era inevitable.

Supongo que… dejará de hablarme.

Lo imaginaba.

Y lo entiendo.

También es culpa mía por no contarle la verdad.

Tarde o temprano, esto iba a cambiar… y ahora lo veo con claridad: ella empieza a verme como un obstáculo, algo que tiene que superar, atravesar, destruir si es necesario.

Una mirada fría se instaló en mi rostro al pensarlo.

Melissa… no vayas a cometer una estupidez, pensé, dejando que la idea me atravesara como una sombra pesada.

Porque si lo haces… tendrás que enfrentarte a las consecuencias.

Yo solo quiero ayudarte a mejorar, a ser más fuerte… pero lo demás dependerá únicamente de ti.

Suspiré suavemente mientras seguíamos caminando por la ciudad del reino.

Cambié el rumbo de mis pensamientos; necesitaba concentrarme en algo más útil.

Debería averiguar más sobre mi poder… en qué consiste realmente.

Si logro comprenderlo por completo, podría convertirme en una amenaza o en un salvador.

Todo depende del control… de la precisión… del cómo lo utilices.

Eso lo investigaría más tarde.

Por ahora, solo paseaba, intentando aclarar mi mente.

Pero entonces la vi.

Justo frente a mí.

Alefa.

Estaba temblando.

Su respiración era inestable, sus ojos perdidos en algún punto que no lograba ver.

Algo le había ocurrido… algo serio.

Avancé hacia ella con cuidado.

Coloqué una mano en su hombro y, acercándome a su oído, le susurré suavemente: —¿Te encuentras bien?

Ella brincó del susto.

Y, como siempre… terminé golpeado por reflejo.

Caí un poco hacia atrás, llevándome la mano al rostro mientras el dolor pulsaba.

No sé por qué… siempre termino siendo golpeado por mujeres.

Contra mis enemigos nunca pierdo… pero contra ellas… son mi mayor debilidad.

Y aun así, no pude evitar sonreír con un suspiro derrotado.

—L-lo siento… —dijo ella con voz temblorosa, retrocediendo un paso—.

No sabía que eras tú.

Te golpeé por instinto… pero también es culpa tuya.

¿Por qué siempre tienes que aparecer detrás de mí?

¿Acaso no tienes otra forma de… no sé, anunciarte?

—Es verdad, no lo había pensado —respondí, llevándome una mano a la nuca—.

Pero sí, tienes razón… había otras formas.

Aunque ya sabes, es una costumbre mía —añadí con una risa que rozó casi lo lunático.

Y en ese instante, ella no dudó ni un segundo: me volvió a golpear.

—Deberías tener consideración, idiota.

—Oye… no me digas idiota.

—¿Y si no quiero?

—respondió frunciendo el ceño, desafiante.

Esta mujer no piensa retroceder, pensé mientras suspiraba.

Aun así… me alivió verla así, tranquila, con vida en sus ojos.

—Me alegra mucho que estés sonriendo, Alefa —dije mientras me incorporaba del todo.

Ella bajó la mirada, sonrojada.

—Ah… eso… —murmuró—.

Gracias por… hacerme sonreír.

Al verte… eres alguien chistoso y mediocre, arrogante, un idiota que solo piensa en sí mismo para molestar a los demás… alguien que ni siquiera puede hacer las cosas bien y siempre termina siendo regañado.

Sus palabras cayeron sobre mí como un rayo.

Me quedé paralizado por un segundo, pero una risa ligera escapó de sus labios, suave y burlona.

—Pero… —continuó— contigo me divierto tanto.

Eres el único chico que me hace reír con tus tonterías.

No puedo negarte eso.

Sé que tienes tus problemas… pero siempre logras hacernos reír cuando estás aquí.

Tomé aire.

Me acerqué un poco más, notando cómo su expresión cambiaba, cómo su mirada buscaba algo en la mía.

—Pero… hay algo más que te preocupa, ¿verdad, Alefa?

La pregunta quedó suspendida en el aire, con un peso que ninguno de los dos podía ignorar.

—Hay algo que quiero contarte —dijo Alefa, con la voz apenas sostenida por el temblor que llevaba en el pecho—.

Como verás… ya sabes por qué no me dejan salir del reino.

Por lo que ocurrió.

Pero… no entiendo por qué me ocultan tantas cosas.

Siempre lo he estado pensando, y lo que alcancé a oír es que… estamos en una guerra.

La miré con seriedad.

—Dime algo, Alefa.

¿Te encontraste con Angélica?

Ella giró lentamente hacia atrás, como si el simple nombre la hubiera atravesado por dentro.

Lo supe en ese instante.

Se habían visto.

Y para ella, ese encuentro debió ser un infierno: temor, inseguridad… terror puro.

Angélica tenía esa presencia —esa habilidad de intimidar a cualquiera sin siquiera hablar— y eso jamás desaparecería.

—Tuve la oportunidad de verla por primera vez cuando era niño —continué—.

Y recuerdo ese día… el miedo que me hizo sentir.

Lo sorprendente es que sobreviví a su ataque.

Pero ahora… con lo que he aprendido en la academia, ya tengo algo de control sobre mis habilidades.

Aunque no lo domino todo.

Respiré hondo.

Miré mis manos.

Y lo que vi… no eran manos normales.

Eran manos marcadas por manchas de sangre —no reales, sino grabadas en mi alma— como si aún cargara con los pecados de mi vida anterior.

La sombra de un asesino que jamás quiero volver a tocar… pero que sé que sigue ahí, dormida, esperando.

—Si yo estoy aquí… ellos también llegarán tarde o temprano —murmuré.

El pensamiento me heló.

En mi otra vida, eliminé enemigos sin pensarlo.

Creyendo que lo hacía por el reino.

Pero solo fui una herramienta… un arma que desecharon cuando ya no encajaba en sus planes.

Y aun viviendo esta nueva vida… mis motivos, mis cicatrices… siguen conmigo.

De pronto, una voz resonó en mi mente, sólida como hierro.

—Tú nunca vas a cambiar, ¿verdad, líder?

Me congelé.

Ese tono… esa presencia… —…Kai?

—susurré.

—Al fin te acuerdas de mí, maldito desgraciado —gruñó la voz con molestia y afecto mezclados.

Fruncí el ceño.

—Oye, ten algo de respeto hacia mí.

O no querrás que cuando volvamos a vernos te dé la golpiza de tu vida.

—Siempre dices eso —rió—.

Pero ya extrañaba tu voz, mi señor.

Tenía tantas ganas de verlo.

Aunque ya sabes… Yuki sigue siendo igual de castrosa.

Siempre decide sin mi consentimiento.

JAHAHAHA.

No pude evitar reír también.

—¿En serio?

Me pierdo demasiadas cosas cuando no estoy.

Esa Yuki sí sabe cómo mandar.

—Pero en fin —continuó Kai, su tono cambiando, tornándose más denso—.

He venido a comentarle algo.

Es de suma importancia.

Mi sonrisa desapareció lentamente.

—Dime.

¿De qué se trata?

Hubo un silencio.

Pesado.

Tenso.

—Las grandes razas han llegado —dijo con gravedad—.

Pero no solo eso.

Sentí una presencia… penetrante, desagradable.

Un escalofrío me recorrió la columna.

—¿Qué presencia?

Kai respiró profundo antes de decirlo: —Un demonio abismal apareció en este reino… pero le perdí el rastro.

Mi mirada se tensó, fría como acero.

—Eso es imposible… ¿cómo es que ellos están aquí?

—No lo sé con claridad —respondió—.

Pero si hay algo seguro… es que lo más probable es que sea una trampa para usted, mi señor.

Las palabras quedaron suspendidas.

Silenciosas.

Peligrosas.

Y el aire pareció volverse más oscuro.

—¡Maldición!

—me mordí el labio, frustrado—.

Pero es verdad… esa duda vino de la nada.

¿Cómo diablos no me di cuenta de lo que estaba pasando?

No logré descifrarlo.

Dime, Kai… por casualidad, ¿no era Lucifer?

Kai negó con la cabeza, firme, casi solemne.

—No, mi señor.

No era él.

Es otra identidad… desconocida.

Y debo ser honesto: desde que usted reencarnó, las cosas están saliéndose de control.

Fruncí el ceño, sorprendido por su tono.

—¿Qué?

¿A qué te refieres con que “todo está fuera de control”?

No respondió al instante.

Su mirada se clavó en la mía… y entonces habló con voz grave.

—Ellos estarán de regreso.

Y sabes perfectamente lo que eso significa.

Un escalofrío helado me recorrió la espalda.

—No.

No me digas eso… ¡es imposible!

Yo los vi morir.

No pueden volver.

—Hay algo que usted no entiende, mi señor —dijo Kai—.

Usted acaba de reencarnar.

¿O acaso ya lo olvidó?

Ellos… todos ellos… regresarán.

Y cuando lo hagan, será algo que usted no podrá derrotar con su estado actual.

Ese momento en el que usted no tenía talento… ni su poder nocturno.

Usted sabe lo que ocurrió aquella vez.

No puede bajar la guardia.

Ni confiarse.

Bajé la mirada, apretando los dientes.

—¿Y crees que podremos ganar?

Kai respiró hondo.

—Si usted recupera todo su poder… y su antigua— Le lancé una mirada fría que lo silenció al instante.

—No.

No te atrevas a mencionar mi antigua personalidad.

No quiero volver a ser una herramienta.

No quiero ser un asesino.

Kai me observó, serio, pero con una sombra de preocupación.

—Mi señor… usted— —¡Te dije que NO!

—grité, furioso—.

No quiero ser como antes.

¡Tú lo sabes!

Cuando esa personalidad toma control… dejo de ser yo mismo.

Sabes lo que ocurrió, lo que viví… lo que perdí.

¡Sabes mejor que nadie que no quiero volver a ser… eso!

Kai cerró los ojos un momento, respirando como quien carga un peso enorme.

—Lo entiendo —dijo finalmente—.

Pero entonces, ¿qué harás?

¿Entrenar así… sin lograr ningún cambio?

No seas tan estúpido, líder.

Sabes que aunque entrenes, no podrás ganar.

Todo será en vano.

Varias vidas están en juego.

Sus palabras se clavaron en mí como cuchillas.

—¿O acaso ya olvidó… las últimas palabras de Shirou?

¿Y las de Mío?

Me congelé.

Las voces de ellos regresaron a mí como un golpe directo al alma.

—“Carlos… pase lo que pase, no dejes de ser quien eres” —dijo Mío con una sonrisa mientras las lágrimas caían sobre su rostro.

—“Y Carlos… gracias por ser mi amigo.

Luchaste conmigo.

Hay cosas que no pude decirte… es una lástima, ¿verdad?” —la voz de Shirou, débil, mientras su sangre manchaba mis manos—.

“Te dejo el resto… a ti”.

Tragué saliva.

Mi pecho dolía.

—¿Por qué me haces recordar esto, Kai?

¿A dónde quieres llegar?

¡Dímelo!

—grité furioso, casi desgarrado.

Kai dio un paso hacia mí, su voz tembló un instante… pero volvió a endurecerse.

—Todo lo que hago… es para que usted vuelva a ser nuestro líder.

El verdadero.

El que algún día fue capaz de guiarnos incluso hacia la muerte.

Y usted lo sabe… se acercan tiempos donde… todo empieza de nuevo.

Continuará

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo