The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 1
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1: La noche anterior 1: La noche anterior El vehículo gris atravesó furtivamente aquel sendero de tierra, levantando apenas algo de polvo del seco suelo mientras se acercaba más y más en dirección a la carretera, a velocidad constante.
La baja neblina de la naciente madrugada fue iluminada por las luces cegadoras de sus focos intensamente blancos, revelando a su paso el vapor arremolinándose y desintegrándose en un instante.
La oscuridad que acobijó a las dos ocupantes en su interior se tornó tensa, asfixiante, una penumbra inerte que se antojaba ocultar a un depredador terrible, listo para abalanzarse con vicio, y engullirlas del todo, con discreción.
Uno que dejaría sus huesos de vuelta en una escena de desolación.
Tal lugar funesto fue el que habían dejado atrás hace como media hora o quizá más.
Quien conducía miró al frente con una expresión pasiva, aparentemente serena, pero bullendo de su fuero interior un hálito silencioso y frío.
Una pesadez más allá de lo físico, extendiéndose a su alrededor como un manto de espinas invisibles, era la crisálida mental oculta de su impaciencia.
Habían tomado hace rato la autopista, pero seguían en el sur de Jeju, según el GPS bajo el radio; una mirada fugaz al monitor con la flecha de su ubicación, y el vacío tenebroso la ahogó un instante.
Lo había sentido, más allá de toda duda, a otra sombra aproximarse, grande, acortando segundo a segundo el tiempo que tenía para dejar abandonado el desastre, la tragedia de una, y la oportunidad de otra.
La primera de ellas, una joven delgada y pálida, de aspecto frágil, dormida profundamente en el asiento del copiloto.
Iba enfundada en una floja chompa gris sucia, con restos de duelo resecos, sus manos y pies salpicados por trazas de un carmesí que no le pertenecían, mientras que su ceño atribulado frunció la lisa piel de su rostro.
Tuvo espasmos, recuerdos desgraciados que su mente manifestó desde los resquicios de la memoria, al mismo tiempo que su fisionomía especial combatió sin éxito el sedante que mantuvo su cerebro en un sopor obligado, incapaz de reaccionar o ponerse en posición para afrontar lo hostil que venía detrás de ella.
Simplemente quedó echada allí, como un fardo de heno de los que había visto de camino al lugar que abandonó, seguramente para siempre.
Su sino se iba alejando en neumáticos de hallarle a la vida el significado que había buscado, o la libertad que sus pies descalzos hallaron en el mundo exterior en esa primera vez, hace en realidad tan, pero tan poco tiempo.
A la segunda, Koo Ja-yoon, proscrita y alienada de la vida humana, le había tomado tiempo asegurar su propia supervivencia luego de dejarlo todo atrás en búsqueda de cumplir con aquello que ella misma se había prometido.
Tiempo también le había tomado encontrar a la herramienta para avanzar su designio, la hermana perdida que llevó en aquel automotor rentado ese día, luego de tanta búsqueda, y tanta perfidia de aquellos en quienes jamás debió confiarse.
Fue hace apenas un par de meses, pensó, que finalmente supo dónde hallar eso cuya búsqueda la había arrastrado a la desesperación; la solución permanente a la muerte, la puerta a cumplirse su propia búsqueda de vida.
Las migrañas las mantuvo a raya gracias a los viales celestes, pero, tras dos años de reunir información, luchar y establecer alianzas con otros “hermanos de experimento” incluyendo al Equipo Towoo, las dosis se le habían agotado.
Excepto una, con la que pensó sobrevivir en su próximo destino hasta hallar más fórmula.
Tal como lo haría más tarde, saqueó antes de aquel elixir maldito, en lugares que volvieron a su memoria: “Kuala Lumpur” “Singapur” “Yakarta” “Bali” Sería en la quinta instalación que saqueó, el supuestamente infranqueable sitio en Shanghái, en donde se enteraría de lo que necesitaba.
Tras acabar con los defensores sin mayores dificultades, llegaría con el encargado del sitio, a quien amedrentó e interrogó largamente sobre la cura que por tanto tiempo la había eludido.
Sobre el lugar donde todo este tiempo habría podido hallarla, si tan sólo hubiese alcanzado a sacarle esa información a la propia Baek Sang-na antes de morir.
Él no habló, pero el científico jefe, el doctor Yu, sí.
Aquel viejo había soltado la lengua muy pronto para salvarse el pellejo, tras ver cómo el tal encargado había expirado con el cuello roto en frente de él.
No sólo le revelaría haber trabajado como cercano colaborador de las propias gemelas Baek, sino que, además, le revelaría la ubicación de Ark-1 en aquel mismo lugar; el Cuartel General.
En un principio, ella creyó que intentaron tenderle una trampa, que el sujeto sólo le estuvo haciendo pasar tiempo para que la División la capturara; Ja-yoon, en respuesta, lo había lanzado varios metros sobre una estantería.
“Ark-1 es una llave, entiéndelo.” “¿Y ella está allí, esperándome, según tú?
Aún recuerdo lo que me hiciste, maldito.
No me provoques.” “Sólo su firma psíquica puede desbloquear la bóveda.” “No necesito su poder para abrir una simple puerta.
Tomaré la médula y acabaré con todos adentro.” “Escúchame.
Lo que buscas no es un cadáver congelado.
Ella aún vive.” “Dejé de escuchar su voz tras cumplir mis 12.
Debe estar muerta, según mi información.” Recordó cómo le había señalado un cajón cercano.
Ella lo había abierto, y leyó el archivo en su interior, no dando crédito a lo que leyó.
El científico se fue levantando, con una sonrisa demente: “Ark-1 mantiene un vínculo extrasensorial con su madre.
Sólo con ella nos dejaba pasar, y la dejará pasar cuando llegue el momento.” “Eso ya lo veremos.
Pero sea así o no, tú me vas a ayudar igual.” Había volteado, y allí fue que conoció realmente a aquellos cuatro chicos, quienes con expresiones confiadas, la habían estado esperando para atacarla.
Ella les sonrió de vuelta, ladeando la cabeza: “Y tampoco iré sola.” Fue cuando Noona, líder del equipo, se adelantó varios pasos hasta enfrentarla, ojeándola de lado y lado: “¿Tú eres Ark-2?
¿En serio?
No te ves tan impresionante.” “Mi nombre es Ja-yoon.
Y a partir de ahora, me obedecerás sólo a mí.” La chica había estallado en una carcajada, igual que los otros, antes de responderle: “Estás loca.” “Pruébame.” Regresando al presente, la joven estuvo viviendo las consecuencias de sus decisiones.
Nunca fue alguien confiada, pero tampoco esperó que aquella traición fuese a ser tan burda como había sido.
Pero en cierto sentido les agradecía su destructivo trabajo, pues gracias a él pudo confirmar, tras la infiltración en el Cuartel General, la realidad del el vínculo entre su hermana y su madre biológica.
Allí, a su lado, a pesar de los esfuerzos de los Towoo, se había ganado además el arma más poderosa de la División; sólo quedaba atar el último cabo suelto.
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