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The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 10

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Capítulo 10: Legado de Furia

Ark-1 se halló al filo de la habitación de Ja-yoon, su mano en el marco de la puerta, mirándola removerse; no fue por la infección, pues esta había rescindido tras varios días de tratamiento con aquella medicina, sino algo que ningún químico podía curar. La frialdad fue abrumadora, la viscosidad en las corrientes de su campo amargó la garganta de la muchacha desde la distancia, la opacidad hacía que su cabeza le doliera, la mareaba no poder leer de forma más intuitiva lo que su hermana sentía, una expresión reprimida, intenciones aún difusas. Pero estando dormida, no pudo ocultar el dejo de una sola emoción que ella también sintió en esos días, por mero deseo de supervivencia, por la espera a que el hombre abajo, preparándose un sándwich de pan seco con jamón no decidiese traicionarlas, aún.

Angustia.

Por su lado, aquel siguió con los suyo, llevándose el bocado a la boca, embutiéndoselo como si fuera el último, gacho sobre el mesón del lavabo; con un débil chorro, se llenó un vaso lentamente, a pesar de tener muchas botellas disponibles.

Tragó medio antojo con ahínco, antes de decirse, con la boca embutida:

— Maldición, ¿hasta cuándo?

Arrancó otro bocado con sus dientes afilados antes de tirar con desprecio lo que quedaba frente a sí; miró al otro piso, aun masticando con incomodidad.

“No soy su jodida mascota.”

Recordó los momentos que tuvo que pasar llevando ese auto lejos, vestido con camisa de manga larga y guantes para supuestamente no levantar sospechas; el peor disfraz de la historia pensó entonces tanto como en aquel momento. Debió ser pura suerte, a pesar de tomar todos los desvíos que se le ocurrieron usando el GPS, y de perderse de ruta como tres veces, pero logró llegar a un terreno baldío al sur de la ciudad, donde pudo encargarse de la evidencia de su escape. Vio el vehículo envuelto en llamas por la gasolina, caer al barranco luego de patearlo por el barranco, y en su regreso a pie, caminando de forma lo más relajada entre calles y cruzando avenidas, cruzándose con las noticias frente a un bar.

El reporte del robo, y algo todavía peor, que le heló la sangre todavía más de lo que ya estuvo desde su transformación. El rostro de la chica que casi lo mata, filmada por celulares en vivos de TikTok, profiriendo una amenaza, salpicada en sangre, antes de que el infierno se desatase, y la transmisión parara. Se maldijo a sí mismo, vio con paranoia a todos lados, las patrullas cercanas, pasando de tres en tres cerca suyo.

Había tomado los atajos más estrechos, arriesgando la mirada de ojos indeseados, ya en la oscuridad de la noche. Cuando llegó de vuelta a la casa, quiso arrancarle la cabeza a dentelladas, un rugido de ira listo para la pelea; y sin embargo pasó. Al verla llevar a Ja-yoon entre sus brazos, su propio andar se detuvo, como la presa que ve al depredador, al tiempo que sus hombros se tensaron.

Ark-1 le devolvió una mirada sobre el hombro esa noche, igual que ahora, bajando las escaleras de frente, con paradójica cautela:

— Puedo—hacerte algo mejor. Si quieres.

— No, aléjate de mí.

La muchacha siguió acercándose, con una bandeja entre manos, dos recipientes y vasos de lo que su hermana había almorzado:

— Para que alguien que casi me mata —continuó él— eres demasiado pasiva.

— ¿Pasiva?

— Mírate, sirviéndole como a una mucama. Puedo verlo en tu forma de andar, de hablar cuando está cerca. Ustedes no se conocen realmente, ¿o sí?

Ark-1 se preparó para pelear, cambiando a una mirada asesina:

— Si quieres hacerme perder el tiempo está bien, pero sabes que no lo vale. Koo Ja-yoon sólo nos utiliza como perros para su guerra personal. Tú vas por ahí, exponiéndote como una estúpida, mientras ella mantiene el com—pleto anonimato.

— Aún no está en condición para discutir contigo. Mañana debería estar mejor, y te daremos tu parte.

— Nah. —desenvainó su cuchillo— Ya he esperado demasiado.

— ¿Me atacarás de nuevo? El tonto eres tú.

— Este amiguito no es para ti, es para el cuello de esa perra. ¿Acaso sabes dónde está guardado el metal? ¿En ese lugar donde hiciste tanto alboroto, tal vez?

Comenzaron a caminar lentamente, en un círculo abierto, mirándose cada movimiento.

— Has estado buscándolo también, ¿verdad? Tampoco sabes dónde está.

Ark-1 no supo qué responder, ni tampoco supo ocultar tal incertidumbre en su semblante:

— Harás lo que mi hermana te diga hasta que salgamos de aquí. Sólo si lo haces—tendrás ese oro

— ¿Y qué tal si mejor trabajamos juntos? Si realmente sabes de lo que hablas, iremos y nos llevaremos todo. Olvidémonos de esos imbéciles de la Yongsadan y Head One. Podemos no sólo ser libres, sino integrar el capital y reinvertirlo. Seremos ricos—

— ¿Sacar tajada para qué? ¿En qué quieres usarlo?

Hubo un momento de reticencia, un parcial instante, y fue todo. Ark-1 leyó sus emociones, su ambición, su amor a las cosas materiales y riquezas, por sobre su supuesta camaradería. Quiso matarlas para ser rico antes, y encima la creyó tan tonta como para esta vez usar la misma táctica.

— No, no lo harás.

La muchacha pálida no perdió más tiempo para hacer lo que, en el fondo, debería haber hecho desde un inicio. Quiso creer que, con una nueva oportunidad, las personas podían cambiar su opinión, o al menos reflexionar. Y de repente, el tipo se encogió al lado del estante de cocina, gruñendo como una bestia. Se puso en cuatro patas raspando el suelo con sus uñas largas, mostrando los dientes en una sonrisa que se expandió a la vez que su boca se arrancó hacia los lados.

— Sólo eras esto. Qué pena.

En este caso, se había equivocado en su juicio; la vida, pensó, tenía más cosas que enseñarle de lo que aparentó al inicio. Dae-gil le habló de la necesidad del dinero, pero esto era—algo más vicioso, dañino.

El tipo pegó un salto, con sus fauces de dientes en crecimiento, salidas entre cracks de hueso, sólo para recibir un manotazo, siendo tirado lejos por la ventana frontal, cristales reventando. Este, tras romperse los huesos, simplemente siguió deformándose, y pegó un rugido, con una horrible lengua gruesa por fuera. La bestia corrió en sus cuartos traseros, semiencorvado, con tumores creciendo en su espalda, regresando hacia ella, ya sin razón en los ojos. De un parpadeo, Ark-1 se puso tras él, lo tomó por la cabeza cruzándole el brazo sobre su cuello. El aterrado ser no pudo ni respirar una vez más, antes de que un movimiento de llave le desprendiera la cervical del cráneo. Aquel cadáver verde cayó con un tumbo sordo sobre la marquesina amarillenta.

La muchacha espabiló, mirándose las manos, pero no pasó mucho para que, afuera, sintiese otra presencia. Tragó saliva, suspiró y parpadeó con fuerza, antes de darle un llamado, aparentemente suelto al aire:

—Sé que estás ahí, Mai. Puedes entrar.

La voz fue agridulce, la mirada despechada, por el reconocimiento de la esencia, asomándose por la ventana a su derecha. Una cabeza encapuchada se asomó con cautela, ojos entrecerrados, observando cada tic y microexpresión de sus músculos. Incluso cuando se aupó al marco, y avanzó en cuclillas por el mesón antes de descender, Ark-1 no le devolvió la mirada. De pie a siniestra de la muchacha pálida, Mai se quedó fija en el monstruo muerto, todavía mutando, deformándose, echando un aroma almizclado, al tiempo que otra dijo:

—¿Quién eres tú en realidad?

Sólo entonces la muchacha volteó su rostro lento en su dirección. Se mantuvo con labios entreabiertos, mientras continuaba hablando la adolescente.

—Lo que dijiste sobre la persona enferma que querías ayudar ¿no era mentira, o sí?

Mantuvieron distancia, y Ark-1 negó en silencio.

—Lo que hiciste. Te he estado buscando desde entonces. Pero ahora que te encontré —extendió apenas y dejó caer los brazos, negando con la cabeza, sonrisa ansiosa— No sé qué es lo quiero decirte, o qué pensar de lo que vi, de lo que—eres capaz.

—Ya sé. Entiendo—si me tienes miedo. No te culpo, es que—lo que vi me hizo enojar. Nunca—me había sentido—tan mal por nada.

—Te escuché. Hablaste con ese maldito esa noche, te dio un nombre, y es lo primero que quiero saber.

—No sé quién sea, pero seguramente Ja-yoon sí.

—Si, yo sé quién es ese tipo. Es al que los Towoo obedecían, en el sitio de Shanghái.

La voz vino de Ja-yoon misma, bajando de las escaleras sin calzado, con una camiseta y pantaloneta encima. Procuró mantener una postura erguida, imponiendo sobre su huésped, por su expresión sutil claramente indeseada, aunque su mareo fue casi obvio. Usó una mano que deslizó contra la pared a su derecha una guía de equilibrio, hasta llegar al primer piso, con pasos prudentes:

—Ja-yoon, espera—

— No hay nada que explicar. Tengo teléfono igual que cualquiera, es claro que ya lo sabía. Y su cara —señaló a Mai con el mentón— la reconozco.

Ark-1 frunció el labio, sorprendida, haciendo el rostro hacia atrás, mientras que la otra se puso en alerta, retrocediendo un paso:

—¿Y tú qué? ¿De dónde me conoces? Habla rápido.

—Vu Phuong Mai. Estudiante de preparatoria. O sería mejor decir, exestudiante. Tienes demasiadas faltas disciplinarias. Papi debe estar decepcionado.

Mai se acercó, sacando su cuchillo, pero quedó paralizada a medio camino. La joven apenas le echó un vistazo al cuerpo deformado, antes de continuar.

—Hiciste bien al deshacerte de él, hermana. ¿De verdad pensaste que no me daría cuenta? —y se dirigió a Mai— Y sí, sólo tuve que ver tu cara en unos cuadros de la pantalla, en las noticias, para recordarla.

Le dio vuelta a la chica, caminando de brazos cruzados:

— Ah, esta vez fue más fácil que otras. Buscar información sobre ti en internet fue más sencillo de lo que imaginé. Aunque no decía nada sobre asesinato.

— Tsk.

— Y por lo que veo, has sabido dónde buscar. —se le puso en frente, un brillo astuto en los ojos y una sonrisa— La policía buscó en la dirección equivocada, pensando que nadie vivía aquí. Ayuda que no haya cámaras, ¿cierto?

Ja-yoon topó sus labios con un dedo, y la lengua de Mai se liberó:

— Ustedes dos—tienen poderes similares. No me digas que—

— Es ella a quien quería ayudar. —respondió Ark-1.

— ¿Qué relación tienes con sin nombre? —preguntó Mai a la joven.

— Mellizas —mencionó Ja-yoon— Pero que no te importe. —le dio la espalda— Necesito que me oigas bien.

— ¿Qué?

— Tenemos suerte de tener coincidencias de objetivos.

— ¿Como con él?

— Una filtración en mis planes, un escollo, en realidad. Y en el mejor momento; los efectos de sus modificaciones por exposición prolongada al agua se descontrolaron.

“¿Por eso—sentí su aura tan negativa?” se preguntó Ark-1 “Fue algo repentino, aunque nunca confié en él del todo.”

— ¿Eso le dices a todos?

Ja-yoon la miró directamente, seria:

— El que manejó los secuestros a niños era sólo uno, pero—los demás seguro tienen la información que mi hermana no pudo extraer. La ubicación del sitio en Shanghái.

Ark-1 enarcó la ceja; era obvio que Ja-yoon sabía la ubicación, estuvo allí, sacó a los Towoo de allí. ¿Por qué, una vez más, debía manipular a una persona de esa forma? No le gustó, pero si quería acabar con todo el asunto de la cura, debía continuar con esto. Se preguntó, por primera vez de muchas, hasta cuándo debería aguantarlo; esas razones que no quería decirle, temió saberlas.

— No vuelvas a compararme con esa cosa, o acabo contigo. —replicó Ja-yoon— En fin, tú quieres acabar con esos traficantes, ¿no es así? A nosotros nos interesa también.

— No me pareces del tipo que le importe. —le dijo Mai— Caras como la tuya las vi antes —miró a Ark-1— En ese entonces.

— Sí, no damos caridad, tienes razón. Pero como iba diciendo, el nombre de ese científico es Yu Zhongren, principal cliente de esta red de trata desde hace más de 20 años. Quien coordina la compra y clivaje de tejidos humanos para experimentos biológicos.

—No se oye como el jefe de la operación.

—Porque no lo es. Trabaja para una organización más grande. ¿Has oído hablar de Hoffen International.

—Un laboratorio farmacéutico, hacen campañas de donación de sangre, dan dinero a niños con leucemia, y no sé qué más. ¿Me estás sugiriendo—que están detrás de todo?

Ja-yoon contuvo una carcajada, llevando el puño entre sus labios, antes de bajarlo y responder:

—A la gente la engañan con cualquier cosa. No, Mai, ellos siempre han hecho esto, y tengo las pruebas que lo confirman. —hizo ademán con la mano a Ark-1— Muéstrale.

La muchacha sacó de un cajón un cable adaptador, y lo conectó a su teléfono, buscando en el nuevo almacenamiento hasta llegar a la carpeta de imágenes:

—En la carpeta “HWO”.

Mai fue liberada por completo, y envainó su cuchillo en el bolsillos, antes de acercarse:

— Déjame ver.

No pasó mucho antes de que se pusiese pálida, un maremágnum en que el asco se mezclase con la sorpresa de cosas en las imágenes que, a juzgar por su ceño fruncido y mirada temblorosa, jamás se había imaginado de aquella gente:

— Jamás les ha importado otra cosa que no sea crear cosas como la que está tirada en el piso—o, como ya habrás visto, nosotras dos.

La adolescente negó con la cabeza, buscando un consuelo en la mirada de aquella que la había ayudado antes; el problema fue que, ella tampoco había visto las imágenes, o los videos en esa carpeta:

— Tampoco tenía idea —dijo, indignada, y miró a Ja-yoon— De todo eso.

— ¿Qué tal?

— Es—mucho peor de lo que creía. Oh, santo cielo —se llevó la mano a la boca, y cayó de rodillas por la impresión.

Mai cerró los ojos, y agachó la cabeza, como si rezase:

“Mamá, gracias por haberme salvado de ellos. No sé quiénes son ellas, o qué quieren en realidad. Por favor, ayúdame, dime qué es lo que debo hacer.”

— Levántate ya —la espabiló Ja-yoon— Si vas a hacer algo, es mejor que lo hagas pronto. O ellos ganarán, y no nos dejarán tranquilas hasta matarnos.

Muerte aquí. Muerte allá. La adolescente abrió los ojos, en entendimiento. Se tomó su tiempo, y se levantó para encarar a aquel diablo de rostro redondo, que tan mala espina le provocaba. De uno u otro modo, estaba condenada:

—¿Cómo puedo ayudarles yo? No tengo forma de llegar sin que me vean. Si no, lo haría sola.

—Es cierto, ustedes dos quedaron expuestas, pero eres la única negación plausible que me queda, así que quiero que me acompañes. Serás quien se encargue el siguiente criminal, pero antes—

Señaló al monstruo ladeando la cabeza:

—Entiérralo, antes que comience a apestar más. No lo soporto.

Mai no tomó bien la condescendencia en esas palabras, pero Ark-1 la detuvo:

—Haz lo que dice. Sígueme, te llevaré al sótano.

La chica se plantó con cara de pocos amigos, pero la muchacha pálida le puso una mano en el hombro, con una sonrisa segura.

—Vamos. No dejaré que Ja-yoon haga nada. —la miró de reojo— Ella sabe lo que pasa si lo hace.

—Huh, no tengo opción.

—No, no la tienes. —dijo Ja-yoon— Rápido, no hay tiempo que perder.

—Sí las voy a ayudar, maldita, pero conste que es por ti. —la insultó Mai, y le dio la espalda— Lo hago por—mi mamá, después de todo.

Con una enorme resistencia mental, Mai, viéndose acorralada, se obligó a andar detrás de Ark-1, a una puerta pequeña en el lateral de las escaleras. Abrió desde dentro el pestillo, y bajaron lentamente las escaleras, la luz encendiéndose a su paso. Ja-yoon simplemente se quedó viendo de brazos cruzados, sonriente, cómo la chica arrastraba el cadáver con esfuerzo por los hombros.

(La siguiente noche, Puerto de Da Nang)

La penumbra apenas cortada por farolas en aquel muelle fue un sudario de niebla salina, y un olor a óxido no muy distinto al que Ja-yoon dejó atrás en Japón. Sólo que aquí algunos marineros todavía caminaron de aquí a allá, un solo carguero de gran tamaño zarpando lejos en dirección norte, al tiempo que la joven y su nueva compañera se colaron entre unos contenedores. Una vez doblaron la esquina de uno, pudieron ver lo que habían venido buscando justo al frente. Dos guardias del lugar custodiaban la gran puerta cerrada, como si aquello fuese la cosa más valiosa, manteniendo su vista atenta, su posición firme. En el metal, no había número alguno, pintado en amarillo chillón, como en otros edificios iguales por donde habían pasado:

—Así que ahí está, el Almacén 47. No constaba en ninguno de los registros oficiales, y tú supiste hallarlo sola. Bravo.

Mai ignoró la última parte antes de decir:

—Y claro que esto está mejor protegido que el lugar anterior. Son unos desgraciados, ¿qué miseria les habrán dado para venderse así?

—Dudo que siquiera sepan qué hay dentro. Cálmate.

Detrás del material herrumbroso, la joven pudo detectar varias frecuencias subsónicas con su cerebro. Mai, por supuesto, fue incapaz de sentir lo mismo, ni siquiera ruido o luz siendo emitida por las ventanillas opacas justo bajo el techo. Mucho menos imaginaría que la corriente eléctrica fluyendo el interior alimentaría una nave doble de refrigeración industrial, que Ja-yoon alcanzó con su visión remota. Para ella, fue un árbol navideño de energía y actividad vital muy obvio, pero de otro modo invisible al ojo humano.

—Sigo pensando que entrar de frente es un error, deberíamos ir las dos por la puerta lateral de allí —susurró Mai, ajustándose los guantes de combate, señalando susodicha.

Su voz, aunque firme, aún llevaba el peso de la fatiga muscular, por el bulto que tuvo que arrastrar. Ella no era un “experimento perfecto” como Ja-yoon, sino una superviviente de carne y hueso que había aprendido a golpear antes de hacer las preguntas, incluso desde el patio de la secundaria.

—La acabo de ver, tiene una trampa inhibidora con explosivos. Si paso contigo, pierdo mi ventaja, y le dirás adiós a tu vida.

—Y si Hoffen nos rastrea hasta aquí antes de tiempo, no habrá lugar donde esconderse, ¿no?

—Exacto.

Ja-yoon, vestida con una sudadera gris que ocultaba su mirada gélida, no se inmutó por aquel prospecto, ya vivido en la peor manera posible, y en su peor forma. Su rostro de mejillas rozagantes, manando un halo sereno, casi angelical, contrastó con la tormenta de poder bullendo bajo su piel, lista para ser desatada. Se adelantó a la adolescente un par de pasos largos, y volteó a verla por última vez, sonriendo con arrogante confianza antes de continuar, con calma inquietante:

—Pero incluso si ellos ven lo que les haré, no nos rastrearán, Vu Phuong Mai. Estamos borrando las huellas antes de que las pisen —de un pensamiento, el sistema de vigilancia en la zona chispeó, apagándose— Cerraremos el círculo de tu venganza, mientras me das lo que quiero.

Ja-yoon avanzó caminando, y para asombro de Mai, salvó las distancias como si de algún espectro se tratase, como si se hubiera teletransportado. Se mostró justo en frente de los guardias, con una cara triste, asustada, jugueteando con sus dedos y mirando a los lados, encorvada en timidez:

—Disculpen, estoy perdida, no sé cómo acabé aquí. ¿Pueden ayudarme?

Uno de ellos miró al otro con intriga, y se acercó para decirle, interponiendo una mano, la otra en el gatillo de su fusil:

—¿Pero, y tú de dónde viniste? Lo siento, no podemos hacer nada, debes irte. Es un área restringida.

Mai aprovechó la distracción, y se deslizó por las sombras, moviéndose con la agilidad de una pantera, en una carrera explosiva que le quemó los muslos. Cuando se detuvo, puso una mano contra la pared del almacén, agachándose para recuperar rápidamente el aliento; jadeó varias veces, y fue escuchada. Otro guardia justamente habían estado pasando por allí, poco visible, y sorprendido, se interpuso en su camino, mas no hubo disparos.

La adolescente entonces utilizó un rodillazo lateral en costilla para quitarle el aire, haciendo que tirase el arma, antes de saltar con una patada en su mentón. Aunque aturdido brevemente, el guardia volvió en sí para tratar de darle un codazo, pero Mai lo anticipó, agachándose y contragolpeando con un corte de su cuchillo bajo el brazo, antes de tomarlo extendido hacia abajo. Usó la inercia del hombre contra sí mismo, barriendo con una pierna su pantorrilla para hacerlo caer de una voltereta. Cuando intentó levantarse del todo, recibió un golpe de codo en la tráquea, una patada en la sien al caer postrado, y el tipo quedó fuera de combate antes de que pudiera tocar su radio.

—¿Ahora qué? ¿Dónde decía que estaba el—?

Miró el ducto de ventilación detrás de ella, y debido a los clavos oxidados, lo quitó con relativa facilidad antes de entrar, apoyándose en manos y pies.

Mientras tanto, Ja-yoon, quien había masacrado a los dos frente a ella, dejándolos en charcos de sangre, caminó por el pasillo central, con las manos en los bolsillos. No necesitó tocar a nadie; tanto los trabajadores en escafandras blancas como los matones de gris se quedaron helados, sin saber qué estaba pasando. A su paso, las luces blancas zumbantes parpadearon y estallaron en una lluvia de chispas.

— No les bastó con torturarnos a nosotros, ¿o sí? —y sonrió, llena de odio— Baek, siempre fuiste una maldita.

Sólo cuando un grupo de mercenarios armados apareció al fondo del corredor, fue que Ja-yoon se preparó su ataque. Primero, ni siquiera se movió, solamente inclinó la cabeza, y su expresión cambió a una de abierto desprecio, ojos brillando de ira:

—Ustedes no son nada para mí —masculló.

Varios de aquellos armatostes de acero se desprendieron echando humo frío por todas partes y pronto la visibilidad fue casi nula. Estos elevaron del suelo como si no pesaran más que hojas de papel, bastando un movimiento seco de su mano para lanzarlos desde lados opuestos contra sus enemigos, prensándolos al unísono en un crujido de huesos. El estruendo del metal aplastando hormigón llenó el almacén, los congeladores siendo exprimidos por u a fuerza invisible al tiempo que los matones, con sus bastones de plasma, se echaron sobre ella gritando. Ella los esquivó, todos y cada uno de los golpes, al tiempo que rompió huesos, arrancó extremidades, reventó vísceras; golpes, patadas, codazos, muchos de ellos lanzados lejos, destrozados.

En minutos, no quedó nadie para defender a los sobrevivientes, y eso a la joven le hinchió de satisfacción. Quiso acercarse a un par de aquellos esbirros, manchados de tierra y sangre, extendiendo su mano a uno de ellos. Levantaban las manos, temblorosos, y le arranco la máscara filtradora a uno de ellos; al otro lado un joven de ojos llorosos, sus labios temblando:

— ¡No, no!¡Se lo imploro, por favor no nos mate!

Pudo escuchar a otros rogando cerca, llorando por sus vidas. Pero Ja-yoon no sintió más que asco de todas las presencias humanas que le rodearon aquella noche:

— Todos ustedes. No son más que basura. Deben sufrir.

— Por favor, perdónenos. —se postró una, manos juntas— No tuvimos otra opción.

La joven sonrió, tomándola del cuello:

— ¡Espere, es cierto! —suplicó otro, de rodillas— Vinieron—nos ofrecieron trabajo. Y nos encerraron aquí.

La ceguera de su rabia se estaba intensificando, pero fue cuando lo vio. Entre los tobillos de ellos, grilletes unidos por una cadena, todos y cada uno de los de blanco. Los de gris, entendió, eran miembros de la banda; de tales ninguno ya vivo.

Tiró a la pobre en escafandra a un lado, dejando bajar sus brazos. Aquel vacío, la erupción de su enojo convirtiéndose en fuente agridulce. En el recuerdo de su hermana, y sus palabras en Fukuoka. Suspiró, con los nudillos temblando:

— ¿Por qué, hermana? —se dijo— ¿Cómo puedes aguantar?

“Tú los mataste a todos allá, ¿por qué yo no podría? ¿Eran todos culpables? Todos lo son.”

Dijo en voz alta:

— Creo que ya hice suficiente ruido, ¿huh?

Los sondeó a todos con la mirada, y la gente se encogió de terror. Mientras, en la planta superior, todos estaban en pánico, observando, temblando en shock. Intentaron llamar afuera, pero las comunicaciones no funcionaron.

— Por mí, quédense a enfrentar su destino.

Mai ya había aprovechado el estrépito para irrumpir en la oficina central desde el ducto; se había deshecho de unos tres más, y tenía al jefe apuntado con una pistola, retrocediendo por el suelo. Era un hombre de mediana edad, sudoroso y con gafas, quien intentó desesperadamente borrar archivos de una terminal, antes de recibir el tiro en la pierna que lo estaba desangrando. Quiso levantarse, apoyado de un brazo al escritorio, pero Mai lo interceptó de una patada lateral que lo lanzó contra el mueble. Este se volcó, y el desgraciado gimoteó, sentado a la fuerza, tosiendo:

—El sitio de Shanghái —dijo Mai, presionando el cañón de su arma contra la sien del hombre—. ¿Dónde están sus compradores? ¿Cómo encuentro a Yu Zhongren?

El administrador temblaba, mirando de reojo los monitores de seguridad, llenos de estática, su única pista, gritos y ruidos de destrucción:

—E—es una ruta fantasma, exclusiva para Hoffen. —balbuceó, riendo—. Todo sale de aquí hacia el puerto de Guangdong, y se transporta por tierra al destino. —señaló— La ruta está encriptada allí. Siempre debes tener un seguro si el cliente se pasa de listo.

Mai se dirigió al computador, y conectó el pendrive para descargar la información de todas formas. Pronto la temperatura en la habitación caería otros diez grados, haciéndola temblar con aliento vaporoso. Pero no podía ser por los refrigeradores:

— ¿Qué—qué sucede—?

El jefe rio, al tiempo que la puerta se cerró tras ella a cal y canto. Sacó el pendrive una vez la descarga se completó, y golpeó el metal herméticamente sellado:

— Ingenua, no necesité llamarlos. Ellos ya estaban viniendo para acá —tosió— a revisar nuestro—progreso.

Mai maldijo entre dientes, y por lo menos quiso desquitarse. Vació el cargador en el torso del hombre, que quedó tieso en el suelo; el frío, sin embargo, lo mantuvo de momento con vida, agonizando de dolor. Con los pulmones gélidos, la adolescente se bamboleó hacia los cadáveres, y tomó más municiones, recargando antes de caer al suelo rendida, tiritando.

Y de repente, las puertas principales del almacén volaron hacia adentro. Un grupo de ocho hombres en trajes negros, impecables y de movimientos inhumanamente precisos, entró en formación de dos líneas. A la cabeza caminó rápidamente el de cabello rubio, sondeando el área con sus ojos verdes, mientras los demás se separaron, abriendo fuego con sus rifles contra los miserables suplicantes en escafandras, gritos y lamentos como último aliento.

Por su lado, el rubio estaba molesto, y gruñó, antes de exclamar:

— ¡¿Dónde te escondes, Ark-1?!

Entre la neblina en disipación, apareció la silueta de la joven, alejada:

— Ella no está aquí, Tom. O mejor dicho—

Hizo rodar el vial con la etiqueta Crocodile en el suelo, hasta los pies del occidental:

— Crocodile-1.

Esto lo enfureció, y gruñó con una sonrisa furiosa:

— Suerte que te encontré, pequeño monstruo —dijo Tom, estirando el cuello hasta que sus vértebras crujieron—. Jo-hyun todavía está en una cámara de recuperación por su culpa. ¿Tienes idea de lo difícil que es reparar a uno de los nuestros cuando le partes la columna?

Ja-yoon sonreía a labio cerrado, con una expresión carente de calidez:

— Mi hermana es muy piadosa, ¿no te parece? —y sentenció con desdén— Debería haber terminado el trabajo.

— ¡Deja de jugar conmigo, bruja!

El combate comenzó con una explosión sónica. Tom se lanzó hacia adelante a una velocidad pasmosa, y Ja-yoon se enfocó en su objetivo, levantando un muro telequinético de presión de aire. Su curiosidad fue grande cuando vio que Tom lo atravesó, reventándolo con un puñetazo como si fuese papel, para que luego un segundo golpe se dirigiera hacia su rostro, que ella apenas logró desviar lanzándole un trozo de maquinaria retorcido.

A diferencia de sus otros oponentes, el rubio se impulsó en el escombro hacia arriba con brazos y piernas, antes de caer al lado de ella sin ningún problema; la joven volteó, bloqueando por muy poco un codazo. Tom dijo, no sin cierto esfuerzo:

— No vas a huir esta vez, Koo Ja-yoon.

— Supuestamente, los diseñaron para contrarrestar sujetos de Yongsadan. Hasta ahora, tú y tus amigos han sido una decepción.

Tom rio bajo, negando con la cabeza:

— Esos no son mis amigos.

Se soltaron y el rubio trató de azotarle la cabeza con un ondeo del brazo a alta velocidad. Ja-yoon se hizo para atrás, lanzando una patada, que él logró bloquear, y después otra. Cada impacto fue como un cañonazo, y aun así, logró resistir cada uno, a diferencia de ocasiones anteriores:

— Ya veo, te volviste más fuerte. No bastará.

Los movimientos para el contraataque del rubio fueron fluidos, mezclando fuerza bruta de ganchos derechos a izquierdos con ráfagas de energía psicocinética. Ja-yoon se vio obligada a retroceder lentamente, y con la mente desprendió unas vigas de acero junto a escombros de su alrededor, empleándolos como proyectiles viniendo de todas direcciones. Las vigas volaron por el aire, clavándose en el concreto profundamente, pero Tom, tras evadirlas, las partía a la mitad con patadas cargadas de presión invisible, enviándolas girando como ejes de rueda hacia ella. Varios fragmentos metálicos se clavaron en el cuerpo del atacante, pero este continuó avanzando, apretando los dientes, hasta saltar directo al rostro de Ja-yoon, y conectarle un golpe.

No lo pudo creer. Fue rapidísimo, y cuando se dio cuenta, estuvo estrellada contra un congelador destruido. Desclavándose ella misma del metal, temblando, no pudo evitar un codazo que la derribó; la joven parpadeó, desorientada por un momento, suspirando con una sonrisa:

— Pero qué sorpresa, Jang —dijo para sus adentros— finalmente alguien que parece un reto.

Se hizo a un lado de un salto, antes de que el golpe de remate destrozara el concreto cerca de ella. Los otros fueron a ayudar. Al primero, Ja-yoon le cortó la cabeza con un pedazo de metal afilado de una de las vigas, y sucesivamente, puso sus propias armas en su contra, haciendo que dos se disparasen en el cráneo, haciendo volar sus sesos. Esquivando con agilidad, hizo que a un cuarto que la golpeó, Tom lo reventara con una patada dirigida a ella, mientras que a un quinto lo atrajo hacia el filo despostillado de uno de los congeladores, hundiendo su cuerpo con un pisotón en el metal. El sexto le dio dos cortes, en el hombro y la mejillas, pero pronto lo metió a un congelador todavía intacto, y lo exprimió dentro con la mente; a los últimos dos los hizo darse un golpe a toda potencia entre sí, antes de rebanarles el vientre, y con la mente clavar pedazos de acero en sus pechos, empalándolos arriba en el tejado.

Miró a un lado y a otro, con fastidiada consternación:

“¡¿En dónde está Vu Phuong Mai?! Espera un momento” apenas la percibió “Ah, excelente, se está muriendo.”

En la oficina, Mai se arrastró a gatas, y había buscado en el terminal, para ver lo que podía hacer con tal de salir, en una lucha contra el tiempo que parecía perdida; del ducto salía el humo frío, así que se dio por muerta si trataba de regresar por ahí. Buscó en la información, abrió algo llamado “OgrEarBuggs.exe”, tras revisar en carpetas del computador al azar y restaurarlo de la papelera, y gracias a esto, se había disparado un proceso de reinicio; sonrió, viendo la simplicidad del jefe:

— Este imbécil—

Para ese momento, ya la barra avanzaba con una lentitud agónica:

“65%”

“70%”

El administrador volvió en sí, con los labios azules, y venas negras en el rostro. Escupió sangre, e intentó aprovechar la distracción para sacar un arma oculta. Se levantó, para apuntarle a la adolescente, pero Mai ya lo había escuchado, y se giró con las pocas fuerzas que le quedaban, antes de dar ella misma un tiro en la cara. El proyectil EM reventó su nariz, haciéndolo caer muerto tras convulsiones que quebraron sus huesos, en medio de jadeos gorgoteantes.

—No te muevas —gruñó ella débilmente.

Volvió a mirar la pantalla, mientras la oscuridad absoluta se apoderaba de su mente:

“83%”

Fuera, la batalla había arruinado completamente el almacén, y no quedó ya nadie aparte de Ja-yoon y Tom, que chocaron una vez más, agarrándose de manos, dos fuerzas de la naturaleza colisionando, el uniforme de él destrozado, la sudadera de ella hecha flecos sobre sus hombros:

— ¿Qué pasa, Ja-yoon? ¿Tu hermanita no vendrá a salvarte?

Ella intentó aplastarlo con el techo, que por una reacción en cadena comenzó a colapsar en su totalidad, pero él saltó hacia las vigas superiores, moviéndose como un rayo en saltos sónicos por el aire. Ja-yoon se apartó de una zancada hacia la pared, y trepó entre saltos propios los fragmentos del tejado metálico; su enemigo se abalanzó con un golpe, esta vez con una varilla metálica en mano. La joven esquivó antes de dar un golpe al antebrazo, y hacer que soltase el objeto en un quejido; brinco, brinco, bloqueó una patada giratoria cruzando sus brazos en una cruz defensiva. La onda de choque rompió todos los cristales del exterior, liberando una onda de choque monstruosa que hizo temblar las ya frágiles paredes como si se tratase de gelatina.

Separándose, descendieron de nuevo en medio del desastre, jadearon con pesadez, sangrando, y esperaron con tensión abrumadora el próximo ataque del otro:

—Se ve que estás a otro nivel, hasta con mi entrenamiento —jadeó Tom, con un hilillo de sangre bajando por su frente cortada—, pero te estás agotando. Tu cerebro no puede mantener esta frecuencia por mucho más, no sin tu dosis de suero.

Ja-yoon sonrió, dándose cuenta de que, a pesar de la evidencia, Jang decidió creer que se habían separado tras llegar a Vietnam. O peor aún, no sabía que el otro traficante tenía suero regulador en su poder:

—No necesito mucho tiempo —replicó— Hasta nunca.

Tom sonrió con diversión, ante lo que le pareció un intento patético de fanfarronería:

—¿Huh?

En silencio, cerró sus ojos mientras el mundo se volvió a cámara lenta. Expandió su poder en 360 grados, haciendo que todo lo que no estuviera atornillado al suelo, si algo había aún, se elevase temblando en pulsos sobrenaturales sobre el aire. Su nariz sangró, igual que sus oídos, pero a pesar del esfuerzo, logró también paralizar al rubio donde estaba; este entendió muy tarde lo que estaba por sucederle, y antes de poder parpadear una vez más, una lágrima rodó en su mejilla:

—Perdóname, capitana Jo-hyun. No podré comprarte esa libreta que querías.

Todo fue lanzado de todos lados, como si lo llevase un huracán, y en un instante, no quedaron ni pedazos qué recoger.

Ja-yoon cayó de rodillas y sobre sus manos abiertas, tiritando de agotamiento; usando su visión remota, revisó en donde había sentido el aura de Mai. No había muerto, pero la sección del segundo piso en donde estaba seguía había caído, con una pared encima.

“100%”

—Lo—tengo —musitó Mai

Se movió aturdida, con el fémur roto, entre los escombros. Fue arrastrándose entre quejidos y gritos contenidos, con el pendrive ya puesto al bolsillo. La pantalla rota del terminal, cerca de ella, se apagó, pues el resto del aparato había sido destruido por el impacto. Mai se dejó caer desde el filo de la puerta mal abierta de la oficina hacia lo que había quedado del área de abajo.

Con más esfuerzo, se fue acercando como un despojo lamentable hacia su improbable compañera en el delito. Al verla de pie, aunque herida, le gritó, mientras asentaba sus tres extremidades menos dañadas:

—¡Ja-yoon, vámonos! —dio un gemido adolorido— ¡Lo tengo, tengo la ruta!

La joven la miró sin cambiar su expresión cansada, y por un instante, tuvo una decisión qué tomar. O podía quitarle el pendrive y dejarla allí para morir, o podía decantarse por las consecuencias de lo que su hermana haría si no la traía de vuelta, aunque fuese sólo su cadáver. En su estado, su corazón inflamado apenas le decía que acabe con ella de una vez; pero como siempre, su mente ganaría la partida.

Fue hacia Mai, y la ayudó a levantarse, para dirigirse a la salida. Al pasar por las válvulas principales de gas del complejo a través de la puerta destrozada, ya llenas de fugas, Ja-yoon cerró el puño mentalmente. Las tuberías estallaron, y una reacción en cadena de explosiones comenzó a devorar las ruinas en un torbellino infernal que quienes seguían en el puerto pudieron ver.

Las siluetas de las dos chicas se recortaron contra la conflagración, antes de que Ja-yoon se subiese a la adolescente a la espalda, y comenzara a dar zancadas largas, cada una un impulso empíreo, para desaparecer del lugar antes que el personal llegase a revisar los daños.

(Incheon, dos días después)

En una oficina de cerámicas grises, con vistas a la ciudad, Jang observó las noticias sobre el “accidente industrial” en el puerto de Da Nang. En su tableta, sin embargo, no veía noticias, sino el informe real de los daños y la lista de datos robados.

La guardaespaldas de Baek, vestida en buzo negro, entró discretamente detrás de él:

—Director.

Jang volteó, manos cruzadas atrás, con una expresión de ojos como cuchillos:

— Tú. ¿Quién demonios te dejó entrar?

— La profesora me envió para conocer de sus avances.

Este se pasó la mano hacia atrás por el cabello:

— Un retroceso temporal, sólo eso.

— ¿Regresó el equipo de Crocodile-1?

Él tomó aire:

— No logramos recuperarlas, si eso quiere saber mi tía. Fue imprevista —se relamió la lengua— su presencia en ese lugar.

— Entiendo que—no habían destruido una instalación de la agencia desde la Guerra de Corea.

— No me provoques.

— La profesora también quería que se lo informe. Hablará con la mesa directiva de Hoffen sobre este incidente, hoy a las 10 de la noche.

— Puede que Koo Ja-yoon esté operando a un nivel—que no esperábamos, pero gracias a su hermanita, tuvimos certeza de que—era allí que debíamos buscarla.

— Y la chica que la acompañó, no era Ark-1.

—Vu Phuong Mai, una delincuente juvenil de ciudad Ho Chi Minh. No será un problema; mis predecesores la dejaron con vida, a pesar de haber sido captada para su cosecha, hace 5 años. No prestaron atención suficiente a los detalles, pero yo no cometeré el mismo error.

El Director Jang soltó una risa seca y apagada. Se levantó y caminó hacia la ventana, viendo su propio reflejo.

—Ese almacén es insignificante en el gran esquema de Yongsadan. Tenemos decenas de asociados, en más de cincuenta países.

—Pero ese era importante en el comercio de material biológico. Un activo de financiación muy cercano a uno de nuestros sitios. ¿Por qué atacó de repente esos lugares si quiere ocultarse?

—No buscaba los órganos, allí no hay sueros, y ni siquiera le deberían importar los datos de Shanghái. Los recuperó tras matar a mi madre, por lo cual, visto así, su accionar carece de sentido. No, fue por otra cosa.

—¿Entonces por qué lo hizo, señor? Se supone que vendría por la médula de Mi-you—de Ark-0.

—Fue un mensaje, una carta de intención en donde podía doler. —concluyó Jang, con una sonrisa amarga— Nos está diciendo que ha dejado de temer represalias nuestras, y que se convertirá en la cazadora.

—¿Qué sigue? —preguntó la mujer— ¿Cómo resolverás esto antes de que vuelva a atacar?

—No haciendo nada, no algo visible. Debemos darle una sensación de seguridad mientras nos hace esperar su siguiente movimiento. Querrá hacernos creer que volverá ya, pero estoy seguro de que no será así. La supuesta depredadora pronto se tropezará con una trampa.

— ¿Cree que esperarán por nuestro otro contacto? —la mujer miró a un lado y otro, pensando, y llegó a una conclusión — No. Se dirigirán al norte, claro; llevarán su cruzada hacia él, y de seguro serán las tres esta vez.

— Correcto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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