The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 11
- Inicio
- Todas las novelas
- The Witch 3: The Reckoning
- Capítulo 11 - 11 Aquel trimestre nuestro
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
11: Aquel trimestre nuestro 11: Aquel trimestre nuestro Fueron treinta y dos días inicialmente tensos, como sentir una espada al cuello.
Aunque las paredes desconchadas en la habitación de Ark-1 se deterioraron tan rápido como cualquier otra, en esas mañanas cuando el sol le bañó su cara, un persistente, casi imperceptible, olor a podrido la despertaba a la misma hora, sin falta.
Un recordatorio de lo que había hecho, desde que salió del laboratorio, un fantasma que le recordaría que sus fines no serían obtenidos nunca por medios pacíficos.
La realidad con la que sus manos manchadas tendrían que vivir.
“¿No importará a dónde vaya?
¿Será siempre así?” Lo primero que hizo Ark-1 bajo la instrucción de Ja-yoon fue internarse en una humilde villa con paredes de madera y estuco, en la ladera oeste de los montes Ba Na, donde su misión sería encontrarlos, a los que constaban en las “listas de personal” del administrador del Almacén 47.
Inicialmente habían creído que todos ellos murieron en su destrucción, víctimas y victimarios de la trama pero apenas a los dos días, ambas comprobarían de primera mano la supervivencia de varios miembros de la banda, cuando algunos intentaron atacarlas, desesperados y furiosos, con armas de alto calibre.
Antes de irse, la muchacha pálida temió que fuesen represalias por el ataque que su hermana había realizado, mas Ja-yoon concluiría algo distinto, tras haber visto a aquellos maleantes con desdén, tirados en los charcos de su propia sangre.
“Habrían venido más de ser así.
Deben estar esperando, pero estos—” sonrió “Están molestos de haber perdido su empleo.” Ese 4 de enero, salió más temprano de lo habitual, a recorrer el área con su visión remota, y sólo tras revisar hasta más allá del mediodía, caminó hasta el famoso “Callejón de Comidas”.
Aquel era una extensión de callejas lleno de comerciantes promocionando productos, familias comprando en vacaciones, y demás gente viendo por sus asuntos; el aire olía a incienso en aquellos días, y a la fritura de las decenas de puestos callejeros, sirviendo pescado, brochetas, fideos de arroz crujientes; también había puestos de sopa Phở, Cơm Tấm, y cerdo Bún Chả.
Este mundo exterior es el que la joven podía ver su derecha e izquierda, moviéndose en constante alerta por entre la multitud, con una gorra baja para ocultar su mirada despierta, playera ancha, pantaloneta y sus chanclas baratas, ya hundidas.
Dentro de la casa, en la habitación de Ark-1, el silencio se había tornado denso entre ella y Mai.
Esta última se puso a revisar allí acostada, junto con ella misma, sentada al borde de la cama, los suministros médicos básicos que fue adquiriendo en el último mes, sabiendo que debía ser breve, y elegir con sabiduría.
— ¿Cómo te sientes hoy?
—preguntó Ark-1.
— Ah, sí—dijo Mai, enfocada en los medicamentos—Estoy bien, aún duele, ¿sabes?
no termino de acomodarme en este colchón.
— Intenta no moverte mucho, el hueso podría moverse de nuevo.
El día en que habían regresado del puerto, tenían apenas lo esencial, bastante bien para serlo, y sin embargo insuficiente para la grave lesión con que Mai llegó.
Ja-yoon, en cambio, llegó quejándose del cansancio en su espalda tras tanto correr, sentándose en el comedor mientras su hermana subía a la adolescente al cuarto.
La muchacha pálida la había atendido de urgencia, creándole una férula con las patas de una silla y acomodando el fémur mediante el uso de una arriesgada combinación de su telequinesia con su visión remota.
Nunca lo había intentado antes, y el grito desgarrador de Mai hizo en aquella madrugada hizo que su corazón casi le saliera por la boca del susto.
Aun así, logró alinear las mitades del hueso largo con éxito, y de manera subsecuente, se dedicó a observarla y cuidar de ella a diario, llevándole comida con la mirada pesada.
Untó bálsamo verde que halló en el botiquín sobre su muslo, sus golpes, para luego tratar los cortes con alcohol y mertiolate.
Por suerte, en unos días, había demostrado efectos positivos; sería el hueso el que tomaría buen tiempo para recuperarse del todo, y eso era visible bajo la sábana cubriendo a la chica.
Esta dijo, tocando lo susodicho con las yemas de sus dedos: — Las vendas, las agujas y los hilos de sutura—bueno, me los quedaré yo.
Ark-1 respondió, poniendo otras cosas en el mismo sitio, formando un montoncito: — Claro, está bien.
Y también con estas pastillas, y estas.
Ja-yoon sólo necesitará el suero.
— Jamás había visto esa medicina antes.
¿Qué es?
La muchacha pálida pensó si decirle, hasta que llegó a la conclusión de que, a fin de cuentas, no importaría: — Es para nuestros cerebros —se tocó la sien— Impide que—nos enfermemos, y muramos.
— ¿Y no tiene cura?
Ark-1 miró a un lado: — La hay.
Es lo que queremos conseguir, pero Ja-yoon quiso hacer otras cosas antes.
No sé por qué, la verdad.
— Pues deberías sacárselo.
De algún modo.
— Lo haré, pero necesito—encontrar un buen momento.
— Quizá no entienda cómo ustedes, siendo hermanas, tengan esa distancia entre ustedes.
Ni podría decir, fui hija única.
— Nos conocemos desde hace poco.
Según ella, nos separaron tras nacer, y tras eso, fuimos sujetos de un experimento.
Las imágenes, las pruebas que viví—nos querían como armas.
Pero no sé más que eso.
Un día envió a gente a sacarme, y ellos en cambio me quisieron matar.
Mi capacidad de curarme, sobreviví, y me escapé.
La voz de la muchacha se había tornado amarga.
— Me gusta el mundo exterior, ¿sabes?
Jeju, Fukuoka, Da Nang.
También hay gente muy amable, y muy buena, que sólo vive su vida, aunque no entienda todo muy bien.
Y quise tener eso, mi vida, pero no pude.
Pasaron cosas, perdí—bueno— Mai observó el ceño de Ark-1: — No tienes que decirme, si no quieres.
— Ja-yoon me encontró, los que la traicionaron—murieron.
Desde entonces huimos, o eso creía, y así paramos aquí; la he resentido—porque no me ha dejado—curarme.
— ¿Hm?
— Lo del pecho —se tomó la camisa a la altura del pecho— Me dolía mucho la noche que la conocí, y aún duele.
Como cuando—no dejas que un corte sane.
— Oh.
Mai miró a un lado, para evitar que viese la humedad en sus propios ojos, pero sintió la amargura en su garganta, el dolor similar al de su propia pérdida en el aura, las corrientes densas, de bajo tono.
Ark-1 puso la mano sobre su hombro por puro instinto, y sonrió con compasión: — Descansa.
Voy —miró a los lados— a hacerte esas muletas que te dije.
Vengo después.
Se retrajo pronto, y no tardó en ponerse de pie e irse.
Pasó al lado de la puerta entreabierta del baño y se detuvo un momento a mirar dentro; fue hace una semana cuando, al ver a Ja-yoon tras darse un baño, la vio cortarse con un vidrio la mano, y primero se quedó pensativa sobre lo que acabó de ver, para luego ver lo rápido que se regeneró.
Lo que le mantuvo preocupada fue verla pasar aquel cristal, proveniente de un espejo roto en el sótano, rasgar sin su propia piedad sobre la carne, sus brazos, sus piernas, y luego verlas sanar otra vez, y de nuevo.
Se repitió cada noche, el apretar del vidrio en la mano, el tiritar, los jadeos frustrados, el enojo: “Detente.
No lo hagas.
¡Déjalo!” fue lo que pensó, y la eterna pregunta.
“¿Por qué te haces esto?” Ja-yoon nunca le habló más allá de lo necesario, la ignoró en los días que no servía propósito, pasando horas frente a su teléfono, y luego a una tableta que robó de una tienda una noche, modificada con elementos extraños.
Esas lunas su hermana no detectó su sincronía cerca, ni las corrientes de angustia que no eran suyas, demasiado enfocada en aquel ritual degradante, lleno de dolor, de ira que a ella solamente la hundían más en el pesar al pegarse sombras en su propia aura.
Nada fue muy distinto tras la llegada de la joven con el almuerzo, un bufete silencioso que, cada vez, tenía sabores menos y menos vivos, volviéndose insípido, pura costumbre sin corazón.
Ambas fuerzas magnéticas fraternales, de una intensidad aterradora, chocaron constantemente, mares tan cercanos, impedidos de bailar juntos por un istmo de altura imposible, una barrera irrompible, un muro de hielo que impidió todo intento de lectura, obscuridad cernida en absoluto.
Así cayó la tarde, y la muchacha pálida dejó un par de muletas, talladas de tablas viejas, descansar al pie de las escaleras.
Ark-1 permanecería acostada en el suelo de la sala, observando las partículas de polvo flotar mientras que Mai cayó en uno de tantos sueños de aburrimiento.
Ja-yoon se mantuvo sentada en el comedor, leyendo datos en la pantalla con detenimiento.
Y la próxima respiración fue a las 6:50 PM.
Ark-1 se agotó de estar agotada, y dijo, sin esperar respuesta: —¿Por qué no fuimos directo por Ark-0?
—preguntó— Es absurdo no haber atacado con nuestro poder combinado.
Pudimos haber destruido esa puerta juntas.
—Porque el Director Jang esperaba exactamente eso —respondió Ja-yoon sin mirarla—.
La paciencia es lo que nos diferencia de los animales que ellos crearon.
Ark-1 no se esperó esa última frase, y respondió, con algo más de confianza: —Si me hubieras dicho la verdad completa desde el inicio—seguro te habría ayudado.
Hasta si era sólo para tu beneficio personal.
—¿Por qué me ayudarías, entonces?
¿Cómo creer—que no me traicionarías como los Towoo, y luego te irías?
—No creo que sea sencillo robar esa cura e irse, y si está en el cuerpo de ella, alguien deberá ponérnosla, con cirugía ¿o no?
Como a mí me colocaron el rastreador antes.
Seguro irás con esa persona, y yo no tengo idea de dónde esté, pero tu sí.
Igual, no te dejaría ir a curarte sola, tras haberte ayudado; me deberías—algo.
Ark-1 sonrió, y Ja-yoon sin querer también: —Sonaste como yo.
Eres más lista que Noona.
Felicidades.
—¿Ya ves?
Es mejor ser honesto.
Concluyó diciendo algo que la puso un poco más seria de nuevo.
—¿Preparaste todo lo que te dije?
—Sí, ya está listo.
Nos iremos las tres mañana.
Antes del amanecer.
Ja-yoon miró por las escaleras, y a la convaleciente Mai con su visión remota.
Suspiró con fastidio, pero se encontró con ese semblante afilado de su hermana.
No había enojo, sino más bien una determinación fuerte, pero serena.
(Al siguiente día) Abandonaron Da Nang en un autobús inter de madrugada, iniciando un zigzagueo por pueblos rurales que duró horas, entre carreteras de montaña, selvas que, a pesar de la sombra y la neblina, eran de muy poco fresco en el mejor caso.
En los grises cielos de la mañana, con Mai dormida, sujeta a sus artesanales apoyos, es que comenzaría un aguacero ruidoso, con rayos y centellas; Ja-yoon se mantuvo todo el tiempo en subrepticia alerta, vista al frente, manos descansando sobre las rodillas.
Tanto ella como Ark-1, quien se sentó al lado de la adolescente, estuvieron observando todo, percibiendo las emociones de los pasajeros, en sus puestos orillados al pasillo de la penúltima fila.
Sin novedades, con la tormenta persistente, es que las hermanas llegarían a la siguiente estación en la ciudad de Hue, presentando los pasaportes falsos junto a la identificación real de su acompañante, quien se despertó de mala gana, y tuvo la ayuda mental sutil de Ark-1 para andar.
Se sintió extrañamente ligera, mientras se bajaron del transporte, para ir a sentarse en la sala de espera correcta; fue mediante el uso de sus poderes mentales que Ja-yoon hizo creer al cobrador de la taquilla que le dio dinero para un boleto hacia su siguiente destino.
Sabía que había cámaras, detectores genéticos que marcaron su presencia como metahumanas, y eso otorgaba un margen de tiempo dolorosamente estrecho para abordar.
— ¿Y si la policía viene?
Si vieron mi cara aquí— — No llevas mascarilla porque sí.
—respondió Ja-yoon— El siguiente ya va a llegar.
Hurgó en su mochila, sacando bolsas con sobras del desayuno de ayer, huevos, jamón y verduras encurtidas.
Se las pasó a Ark-1 y Mai.
— Coman rápido.
— Oye—Ja-yoon.
Por cierto, ni siquiera me has dicho a dónde iremos.
Ark-1 habló, mientras se mandaba bocados enormes, y Mai comía con más prudencia, probando cada sabor: — Phong Hai La adolescente, con la boca llena, preguntó: — ¿El otro infeliz—está allá?
— Ajá.
— Puedes decirme—más detalles.
Sólo si quieres.
— No aquí— Por un instante, Ark-1 bajó la tarrina y la cuchara; sintió una grieta involuntaria en el muro de obscuridad que Ja-yoon había erigido; percibió luces de un miedo poco similar al que pudiese ver antes.
Este era más primario, más infantil, como el que Mai sintió la noche que atacaron aquella planta en el suburbio.
Se preguntó la razón, pero pronto percibió esta, guiándose por la dirección en que su hermana extendió su propio sentido empíreo.
Permanecieron varios minutos después, con Mai todavía comiendo, sin entender lo que ocurría, pero tensa al verlas a las dos en tensión de repente.
— Debes estar atenta, hermana.
—susurró Ja-yoon— ¿Lo sentiste?
— Frecuencias de inhibidores, sí.
Están en un radio de 300 metros.
Cambia de lugar, rápido.
— Tampoco puedo ubicarla con mi visión.
— Hay que ir a la parada ahora.
Ark-1 ayudó a Mai a levantarse, antes de que esta dijese: — Estoy siendo un lastre.
— No digas eso.
Cuando llegue el día, estarás lista.
Ja-yoon mencionó, en tanto se alejaron por la sala hacia la vereda donde los buses se estacionaban: — Tengo el itinerario.
Del jefe que falta.
— ¡¿Qué?!
En serio lograste descodificar— — Dame gracias cuando lo mates.
Si es que llegas entera.
— Pero estando así— — Eres joven, y haces—deporte, por así decir.
Sanarás rápido, descuida.
— ¿Esperarán por mí?
— No, claro que no; no eres más que un señuelo para mí.
— Ja-yoon, basta— Esta suspiró antes de seguir: — El terminal no decía su ubicación actual, pero sí dónde estará, y cuándo.
La fiesta de Año Nuevo Lunar.
— Es listo ese tipo.
Ha contaminado cargueros con sus lotes por años, para llevarlos a China.
Un día festivo es cuando la policía más—inepta es.
Se distraerán cobrando multas o deteniendo borrachos.
— Pero Mai —interrumpió Ark-1— tu papá es detective, ¿no?
¿Porque dices que— El vehículo que las llevaría lejos de allí se estacionó justo frente a la banca donde se habían sentado.
Mai fue la primera en pararse, andando en sus muletas, y exclamó: — Dejémoslo ¿sí?, mira, ya llegó el autobús.
Ja-yoon partió su teléfono en dos, tirándolo a la basura justo al lado.
Se subieron, y cuando todos los demás pasajeros guardaron sus maletas, para luego tomar asiento, tras unos diez minutos, este departió por el enorme estacionamiento hacia la autopista.
En el trayecto por pleno centro de la ciudad, observaron con sospecha incluso las sombras de cada uno de los hombres, mujeres y niños allí subidos, sobre todo la joven; a fin de cuentas, ella había sido una “simple” niña cuando escapó del PROYECTO: ARCO.
Avanzaron por las calles con relativa lentitud entre el tráfico de un día todavía pluvioso, en que la luz blanquecina del sol, pálida sobre las nubes, iba acercándose al mediodía para cada individuo allí presente en camiseta, pantalón de tela, short, blusa de tela, falda larga, leva de rayas, o costal de fruta.
Ark-1 pronto comenzó a sentir náuseas, asentando la cabeza contra la ventana, emitiendo un quejido pesado; las sienes le latieron con intensidad, así que trató de respirar profundo para alivianarlo.
Fue mientras cruzaban el puente de Truong Tiền, que la lluvia se comenzó a tornar fina, aguas casi rociadas de los cielos que difuminaba las luces de la ciudad, que Ja-yoon se levantó del asiento, a pleno pasillo, ojos como de pantera a la espera de la presa.
Ark-1 se encogió de dolor al momento, sintiendo un pinchazo en la base del cráneo; una frecuencia de radiofrecuencia, horriblemente similar a la del laboratorio, se activó barriendo el área en pulsos que la hicieron temblar, y abrir los ojos como si despertase de una pesadilla.
—Yongsadan.
—Hermana, espera, no ellos.
Las ventanas fueron reventadas de manera simultánea por la mente de la muchacha pálida, y el motor se detuvo al tiempo que echó humo, obstruyendo la visibilidad, asustando a muerte a los pasajeros presentes.
Nadie entendió aquella avería, mientras que Ja-yoon, cubriendo a su hermana, sacó un cuchillo largo desde la mochila con su telequinesia, volando en un par de giros a su agarre; se preparó para los que se pusieron de pie.
Eran justamente un trajeado, y dos más en ropas civiles, apuntando pistolas inhibidoras: — Ah, son agentes locales.
Los sauces llorones al final del puente se removieron con el viento afuera, y de detrás de ellos aparecieron más agentes uniformados.
Estos iban con casco en forma de sombrero, visor y máscara sobre el rostro negro con detalles caqui apagados, sin insignias visibles.
Rodearon con rapidez el autobús, pasando con rapidez y en tremenda sincronía entre los demás autos atorados en el puente.
Mientras, frente a Ja-yoon se mantenían apuntándola dos figuras, con otra apuntando su pistola a la cabeza de Mai.
Un hombre trajeado, robusto, rostro cuadrado, con cicatrices de quemaduras en las manos, y una mujer baja, de espaldas anchas, rostro triangular, y mirada de ojos inclinados, estrechos.
Pertenecían a la “Sección 9”, una división encubierta del gobierno vietnamita encargada de monitorizar “anomalías biológicas”.
— Koo Ja-yoon.
—exclamó la mujer— Tú y tus cómplices están rodeadas y bajo arresto, por autoridad del Ministerio de Seguridad Pública.
Baja tu arma y levanta las manos.
— Pero miren quién sabe mi nombre.
—Sabemos quiénes son —dijo el hombre, hablando un coreano perfecto pero áspero, acercándose a ella—.
El NIS ha estado buscándola, señorita Koo.
Enviaron a sus perros de traje negro a suelo soberano hace un mes, y no queremos una guerra en nuestras calles.
A Mai la tomaron con violencia, poniéndole una mano a la espalda, obligándola a cojear hacia afuera del vehículo.
Ark-1 iba a actuar: — Dejen a Mai en paz.
Ja-yoon tiró su arma, y levantó su mano hacia ella, con calma: — No, espera.
Quieta.
— Pero Ja-yoon, ellos van a— La joven puso una sonrisa llena de sorna, desprecio, e incluso una cierta dosis de asco: — Lo puedo sentir —dijo al hombre, casi al oído— No sólo te interesa llevarnos, o entregarnos a ellos, ¿o sí?
Este respondió a su oído: — Mejor ven.
No te dejaremos ir—no sin antes hacernos un favor.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com