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The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Una jaula invisible
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12: Una jaula invisible 12: Una jaula invisible Las mellizas se encontraron rodeadas por aquellos guardias de negro y caqui, dentro cada cual de una sala distinta, tan llenas de efectivos a su alrededor, que pareció ambos cuartos iban a estallar en cualquier momento.

Dedos en sus gatillos, muchos pares de ojos persistieron en su dirección, sin perderlas jamás de vista, y ambas estuvieron sentadas sobre metal por horas, primero respondiendo a un interrogatorio referido a su misma presencia en el país.

Se turnaron los golpes de mesa por parte del hombre robusto a cada cuarto, cada 15 minutos, seguidos de la mujer inquisitiva intentando tras cada griterío de su compañero que Ja-yoon, cada vez con más frecuencia, respondiese las preguntas de rigor.

La honestidad en sus intenciones fue digna de las sonrisas compasivas de esta última.

Cada vez que el hombre señaló con una acusación, Ark-1 negó con la cabeza y miró preocupada sobre sus esposas inhibidoras, mientras que, en la otra habitación la joven respondía con calma, a pesar de los impactos, los gritos contenidos, los quejidos.

Pronto se encontraría la veracidad en sus palabras, pensaron los interrogadores, aunque sabían que habría tensiones sobre las implicaciones para aquellos oficiales, sobre todo para el hombre: — ¿Eres una desertora?

¿Una niña soldado?

— Al fin lo dedujiste, agente Vinh.

No entiendo por qué les tomó tanto.

— Si el NIS oculta algo a la sombra de Horang—seas tú o no— — Necesitas más pruebas, supongo, que una base de datos entera.

Este le dio la espalda, y extendió los antebrazos: — Un sitio en Shanghái, y algo llamado “Yongsadan”.

Ehm, claro—suena fascinante.

Llevó luego las manos de vuelta a tomar su chaleco, cuando Ja-yoon afirmó: — Me dijiste que te hiciera un favor, y ya lo hice.

— Sin querer.

— De antemano.

— No, no lo haré contar.

He trabajado en esto suficientes años como para hacerlo, no.

Si quieres salir de esta, te costará.

Ja-yoon miró a un lado, frunciendo los labios, ladeando la cabeza: — Sólo resta mi—capacidad como activo.

—lo miró de reojo— Ya te conté todo lo que podía contarte.

El agente se alejó, dando una risotada: — Ah, así que ¿esa será tu historia?

Se enderezó, encadenada y esposada como estaba: — Sabes que puedo ayudar en más; debieron estarme siguiendo de antes, ¿o no?

No me habrían encontrado si no.

Y seguro si les interesase, ya los habrían llamado para entregarnos.

Uno de los guardias se adelantó con un saquillo para colocárselo en la cabeza, pero ella no se inmutó.

El sujeto le paró con la mano: — Ahógame las veces que quieras, no cambiará nada.

Nunca ha sido una huida para mí, sino una búsqueda, de aquello que quiero.

— Y no nos dirás, supongo, para—terminar, que la otra chica también se les escapó.

¿Ella quiere lo mismo que tú?

Haciéndose la triste, Ja-yoon respondió: — No, no es de ellos, no en realidad, ni yo tampoco ¿cuántas veces te lo tengo que repetir?

Y si quiere, que te lo cuente ella misma.

— Ugh, maldita —susurró Vinh.

El sujeto tocó la puerta con fuerza, varias veces.

Pero esta vez, la puerta se abrió de par en par, igual que la que cruzaba del otro lado del pasillo.

Este entonces sonrió en son de burla, con una risa apenas contenida: — Parece que no tienen dilema alguno, ¿eh?

Un guardia de la otra habitación le dio un golpe con su vara eléctrica, haciendo que la frente de la golpeada Ark-1 chocase contra la mes.

Sin sus poderes, ella tembló de dolor como un perro, gimoteando, extendiendo sobre el mueble metálico una mano hacia su hermana.

Otro golpe, y Ja-yoon dijo con calma: — ¿Qué buscan demostrar?

Por mí, pueden matarla.

La muchacha pálida se quedó fría al oírla, y la miró, asustada, con la nariz sangrando.

— ¿Ya mataron a Vu Phuong Mai, acaso?

—rio— Está bien, aceptaré mi destino.

— Dejemos de jugar, y vayamos al grano.

Créeme, no pienso arriesgar a mis chicos por un fantasma.

Pero sí pienso detener esa operación ¿sabes por qué?

— No me digas.

Él volteó a la entrada, exclamando: — Cierra la puerta, Linh, si no es molestia.

La mujer se asomó por el umbral, e hizo tal cual, sin siquiera mirarlos.

— Supongo que no habrá recogida, ¿o sí?

—dijo la joven con sarcasmo.

— Envíos, más bien.

Parecen precursores químicos, y lo que es peor —dio vuelta la mesa, hasta ponerse al lado de Ja-yoon— Todos ellos para la síntesis de una sustancia desconocida.

— Viste los viales.

— Nuestros analistas del laboratorio están en eso, y este—supuesto sospechoso de enviar los cargamentos, Trần Pho Cao, para suerte tuya, eligió una fecha suficientemente lejana como para darnos tiempo de reunir evidencia en su contra.

—y cambió su tono a hastío— Ahora, tengo muchas ganas de tomar té.

Alguien entró con una bandeja metálica, y una tetera de metal humeante encima con dos tazas.

Se sirvió la infusión en ambas, al tiempo que Vinh hacia ademán con la mano para que lo tomase.

Al ver que lo ignoró, tras varios segundos, levantó su taza y se dispuso a beber con cucharita: — Esa forma de decir su nombre—hmh, suena a que es un viejo conocido— Varios agentes se quedaron de piedra de repente, y Linh, que escuchaba por la mínima apertura de la puerta, apretó los dientes, adquiriendo un semblante grave.

El hombre levantó un dedo, tragando con fuerza, antes de terminar su sorbo y dar un chasquido.

Respondió, dejando la taza sobre la mesa: — Tú harás el trabajo por mí, Koo Ja-yoon.

Matarás a Trần esa noche —se inclinó hacia ella, asentándose con ambas manos—Si caen tú o tus amiguitas, no será mi problema, pero si tienes éxito, quizá considere no mandarte de vuelta a Corea del Sur en papel de regalo.

Ja-yoon hizo un perezoso estiramiento atrás, antes de volver y decirle: — Todo para más de decir eso.

Huh, bien, acepto.

Señaló con el mentón la puerta, y todos los guardias abandonaron la estancia: — Todo esto es extraoficial.

Sin cámaras, ni micrófonos de esta estación.

Mi unidad negará nuestra conversación, dirán que te fugaste de camino, y nadie más sabrá que estuvieron aquí.

Ja-yoon sonrió con condescendencia: — Se te hará difícil poner esa excusa ante tus superiores, sin haber antes—pero como sea.

Sólo necesito un disruptor satelital y un corredor seguro para llegar al muelle D en Phong Hai.

Lo que hagas con esos productos—desecharlos, venderlos—a mí no me importa.

— Sólo hago el trabajo de la ley en este agujero.

Desmantelaré el pequeño imperio del capo local, me darán una medalla, y tú serás tachada de nuestro expediente.

La puerta se abrió una última vez, y Ark-1 fue súbitamente empujada por la mujer, Linh, contra la mesa, chocando contra una pata.

Cayó sentada, temblando, con el cuerpo tieso, sangrando de heridas en la cabeza, su rostro golpeado; recibió un puntapié.

Esta explicó entonces, viendo a Ja-yoon: —En el carguero objetivo —tiró las fotos de este sobre la mesa— está su billete de salida —explicó Linh—.

Si nos ayudan limpiando el puerto, las pondremos en un patrullero, identificador múltiple —esparció las fotos, señaló una con el dedo— con rumbo directo a aguas internacionales.

Ja-yoon vio con una profundidad inquietante a aquella mujer, asintiendo.

Para ella, esta contingente alianza se tornó un mal necesario.

Para Ark-1, frustrada y resignada, sería la garantía de que tras este aparente traspié, su vida y libertad pudieran ser alcanzadas.

En cuanto a Mai, la mujer les señaló que salieran del lugar: — Se nos acabó el tiempo.

Muévanse —levantó a la muchacha pálida, quien se la quitó de encima y salió por su propio pie— Su cómplice coja está en la enfermería; no intenten nada extraño, si lo hacen le reventaré el cerebro.

Fueron guiadas por los pasillos de aquel verdoso edificio, Vinh vigilando detrás con otros dos efectivos, Linh delante, hasta que dieron con una sección de cuartos interconectados.

Tras La ventana de uno de ellos, Ark-1 fue la primera en observar tras el hombro de la mujer, y allí estaba Mai, dormida sobre una camilla de revisión, sólo con una moqueta plástica bajo la espalda.

La puerta fue abierta, y sin importarle nada, la muchacha corrió hacia la adolescente, tomándole del brazos con ambas manos, angustiada.

— No importa cuánto corran —masculló Linh— Las encontraremos, y será mejor que no lo intenten allá afuera.

Y claro, ella se quedará aquí.

— Créeme —dijo Ark-1 con voz grave— Entiendo bastante lo que es—estar encerrado.

Y juro que la sacaré de este lugar.

Ja-yoon dijo en tono cauteloso: — Hermana…

— Cállate.

—dijo la muchacha, y miró a Linh— Te aseguro que esto no se quedará así.

Si le pasa algo, todos ustedes pagarán.

(21 de enero, aldea en Phú Định) Tras bajar al estacionamiento subterráneo de aquel edificio con bolsas negras en la cabeza, fueron subidas a una camioneta todoterreno con los vidrios polarizados, y llevadas con rapidez por caminos y carreteras secundarias sin detenerse, neumáticos chirriando aquí y allá.

Pronto los ruidos de la ciudad de Hue terminaron, y los de la autopista pasando en atropellada sucesión comenzaron, llevando unas pocas horas para llegar más al norte, a la zona de Hồ Xá.

Se internarían entre las calles, hasta finalmente aparcar en un área pedregosa plana, con fuertes olores a grano tostado.

Por supuesto, aquello no era café, ni cacao, aunque Ark-1 no lo habría sabido decir, antes de ser dejada en una bodega junto a Ja-yoon, y sentadas.

Quedándose dentro, las chanclas de ambas tan cerca de los montones enormes que los dedos de sus pies juguetearían con el cereal eventualmente.

La noche fue más húmeda, las ratas rozaron sus tobillos, lo que en la muchacha pálida provocó cosquillas, mas en su hermana pánico sobresaltado.

Al siguiente día las llevarían a un barrio céntrico en aquel pueblo, y tras quitarles las esposas, se los colocarían, unos collares negros ceñidos, que por su cara interna tenían dos lucecitas rojas.

Fue esa tarde también cuando les dieron su primer trabajo, neutralizando a un grupo de maleantes recibiendo dinero en maletines de parte de otra gente, un par de trajeados en camisa de cuello abierto.

Sus cuerpos recordaban a la perfección, pero al estar limitados, cometerían varios traspiés, como Ark-1 siendo rozada por dos balas, y Ja-yoon salvándose por poco de perder un ojo tras acabar con uno de los que realizó la entrega.

Finalmente recuperarían los maletines, y saldrían de allí en franca fuga, con Linh revisando cada fajo a mano.

Durmieron en el propio vehículo, ya a las afueras, hasta primera hora de la mañana.

Al cantar el gallo, tomaron un tren rápido en la estación más cercana.

Aquello, dijo la agente, era una de las así llamadas “maravillas ecosostenibles” que el gobierno mostraba al PNUMA para presumir de cumplimiento de los programas ambientales impuestos por la comunidad internacional, a cambio de inversiones del Banco Mundial.

Tenía vagones cómodos, sistemas de última tecnología, y encima con cubierta de biomaterial similar a la madera en su fuselaje, un lugar lujoso en donde nadie hubiese esperado encontrar ni a dos fugitivas ni a una agente encubierta.

Llegarían en menos de quince minutos directamente a la ciudad de Lệ Thủy, en donde se les asignarían más misiones similares a la primera, y a la medianoche, ya podrían dormir en una estancia de mala muerte, sobre colchonetas.

Así pasaron los días hasta aquel, con trabajos menores, deshaciéndose de más criminales, comiendo poco, y descansando 5 horas o menos.

Rondaron calles, pueblos, aldeas, tomaron funiculares hasta las laderas de montes selváticos, y se adentraron en lancha hasta islotes aparentemente desiertos, enfrentando contrabandistas de combustible, traficantes de tecnología regulada, extorsionadores de comunidades enteras, entre otra escoria del mundillo.

Continuaron, desviándose más al oeste, más al este, quizá un poco al sur a veces, pero su camino continuó indefectiblemente hacia el norte del país.

En ese tiempo, la sincronía de almas entre las mellizas era atropellada, imperceptible para ellas con los inhibidores, o casi.

Aquello era un efecto secundario de su concepción en un mismo vientre, lo sabían, y ambas creyeron poder seguir sintiendo aquel flujo infinito e inevitable de emoción, y sensación intuitiva.

Retroalimentándose entre sí con crecientes obstáculos, como quien navegase en un bote de aguas fangosas, chocando con piedras frecuentemente.

Tal incomodidad, vivida dentro de cada una, en un silencio mutuo, Ark-1 la sintió peor, en sus nervios de manos y pies como punzadas, y en una pesadez adicional de los hombros y espalda alta cada vez mayores.

A medida que el cansancio físico le hizo mella, la barrera psíquica de Ja-yoon, que hubiere mantenido con enfoque, se fue debilitando, como cartulina siendo mojada por gotas de lluvia.

En su ruta hacia las montañas, a la altura de la ciudad de Đồng Hới, las barreras de Ja-yoon finalmente colapsaron bajo el peso del agotamiento, y el dolor psicosomático de Ark-1 se acompañó por hormigueo.

Se hizo frecuente, como si hubiesen estado sin recibir suficiente sangre las áreas que no punzaron, su cabeza tensionándose, haciéndose pesada.

Para cuando se adentraron en las dorsales, y a pesar de eso último, el cabello de la muchacha pálida, mantenido siempre corto, había tenido una oportunidad como ella misma; la de crecer.

Y creció, sorprendentemente, hasta bajarle por media espalda, más oscuro y denso, ondulado apenas, con puntas fuertes, a pesar de su recientemente desarrollada tendencia a peinárselo entre los dedos.

Eso estuvo haciendo justo, distraída, en su momento presente a finales de mes.

La luz de las estrellas era visible en aquel cielo, inusualmente claro para la estación a la que se había acostumbrado, en el rústico balcón de madera tallada de su habitación.

Las habían hospedado en una posada, a orillas del reservorio Hồ Thác Chuối desde hace 4 noches; sin sus sentidos al cien por cien, Ark-1 no había sido capaz de escuchar de lejos lo que sea que Linh estuviese diciendo a través de su comunicador, vestida de civil en forma chabacana como pocas.

En esa noche, se quedaría allí, esperando que les dieran esa luz verde que cada vez parecía más lejana, que Mai se encontrase bien, y que Ja-yoon estuviese durmiendo tranquila, al menos en estas noches, sin poderes.

Ella misma, al sentirse cada vez más adormilada, y ver las nubes comenzando a cruzar arriba como ovejas la barda, primero se sentó contra la baranda, para poco a poco quedarse dormida, y caer suavemente de lado.

Y sin embargo, el descanso no fue el que ella esperó, ya que tras un indeterminado período de oscuro olvido sobre las tablas de madera húmeda, fue atravesada por una punzada de dolor que no era suya.

Aquella tristeza le fue ácida, como una nausea espiritual desde su propia base, y la volvió densa como un bloque, al tiempo que sus ojos se hinchieron de un anhelo insoportable, de que volase a un lugar de paz que jamás le perteneció.

Y en esas visiones borrosas, se vio a sí misma caminando casi de forma aérea, entre los corrales de vacas, el chiquero de cerdos, un establo, el campo, un granero, toda una granja rodeada de montañas, flanqueada por un río gutural.

Al verse en la ventana de la puerta trasera de una casa que nunca había visto, vio su reflejo, y sintió miedo irracional, al ver que no era el suyo tampoco: “Ja-yoon.” Pero no se parecía en nada a la que ella conocía; de piel bien cuidada, sin maquillaje, un tanto sucia ella y el overol que llevaba, pero sin bolsas en los ojos, con la piel más rozagante, al igual que sus mejillas.

Y mientras fuera en la noche de la realidad, el viento aulló secretos sin voz contra las paredes de bambú lacado, Ark-1 se vio arrastrada a la memoria que en su propia aura se había ido imprimiendo de su hermana, un sueño que por medios misteriosos, les era ahora cosa en común.

Supo que aquella granja se hallaba en Corea, a pocas horas de Seúl, y vio a los arquitectos, devenidos en granjeros, una pareja ya mayor, sonriendo a pesar de sus propias penas, y vio al hombre de lentes mientras reparaba la cerca frontal, y a la mujer de cabello atado, quien más le sonreía, llamándola para cenar.

Pero la imagen se fue distorsionando con cada nuevo recuerdo, con visiones de angustia, de prisa, diferentes jóvenes, diferentes momentos, con sus rostros difuminados, y no supo sus nombres, no los tenía en su cabeza como los de los dos ancianos.

Y estuvo en un tren, en una escuela, en una tarima, en casa peleando, en una silla, en un edificio gris ruinoso, uno a uno, para luego ver el bosque frío, la casa lejos, el incendio cerca.

Pero las más terribles, las más dolorosas, que hicieron sus ojos llorar, fueron de la mujer mayor.

Estuvo una noche cenando, cuando miraba a la joven y sus ojos se volvían vacíos, incapaz de reconocerla.

Estuvo en cama, olvidando lo que había comido, y estuvo también sin movimiento en un hospital totalmente perdida en miedo.

Viales azules le dejó Ja-yoon, como pretendió darle a ella.

Se quedó completamente perpleja por lo que vio, pero eso último fue demasiado claro.

Ark-1 despertó sobresaltada, y tras levantarse presta, miró, y apenas dio un paso, a todas direcciones, dándose vuelta entera, buscando la fuente de aquel miedo y angustia cerrando su garganta, ojos bien abiertos.

Al no hallar allí nada más que el manto de la penumbra, la vista de las aguas, y el cantar de los insectos nocturnos, pasó por su puerta entreabierta, y fue hacia el cuarto de Ja-yoon; ella no se encontraba allí, pero sí su mochila, puesta sobre el escritorio, abierta.

En su interior, lo que sabía que tenía pero también algo más; papeles arrugados, dentro y alrededor del tacho de basura bajo la mesa había muchos más.

— ¿Qué son?

Abrió uno al azar, y leyó en ella, con una línea tachada debajo: “Querida mamá” “Hola, soy Ja-yoon.

Les escribo debido a que quería decirte—”.

— ¿Mamá?

¿Acaso no era—?

Eran cartas.

Cartas dirigidas a una dirección en Corea, como pudo leer en otro papel: “Hola papá, quería saber si ustedes dos están bien, ¿le llegó a mamá la medicina que envié?

Ojala que sí.

—” Ark-1 se rascó la cabeza, tirando la hoja antes de tomar la siguiente del tacho.

“¿Y un papá—también?

No entiendo—y medicina—¿habla de lo que creo?” Abrió y leyó varios más papeles, y conforme tiraba unos para ver los demás, se dio cuenta de que todos tenían el mismo destinatario, un formato con palabras tales como: “De verdad espero que las cosas estén mejor, y las vacas estén comiendo” Ese detalle lo conectó todo: — Vacas—una—granja.

“Mamá, me he olvidado de cómo suena tu risa cuando cocinas—” “No hay ningún lugar como casa, y lamento lo que pasó, pero—” “La pelea, la pelea en esa casa—” “Por favor, cuídense mucho, hay peligro fuera.

Pronto lo resolveré, prometo que yo—” E igualmente, no solían aquellas expresiones agridulces llegar a la mitad de la hoja, antes de sufrir profundos tachones.

No dio crédito en absoluto a aquello que su hermana había plasmado de su puño y letra, en lápiz, en bolígrafo, todo descartado: “Acaso Ark-0 no es—no, no es eso, sus susurros.

Sé que es mi madre, pero y, ¿la de ella?” Entonces, escuchó un fuerte sonido, un golpe sordo que retumbó por la pared.

Se sobresaltó, mientras seguía pensando, buscando la fuente en segundos.

“¿Qué significa esa granja?

¿Era sólo un sueño?

O—” Otro golpe, y miró hacia una puerta cerrada en la habitación; era el pequeño baño contiguo, del que, al escuchar más concentrada, pudo distinguir más ruidos, irregulares en cadencia, guturales, carrasposos.

Demasiado finos como para ser gritos, en unos momentos más, acercándose lentamente al pomo, su corazón dio vuelco en el oír indiscutible de sollozos ahogados, en un tono susurrado, críptico.

Aquello no fue sino el cantar lamentable de un alma rota, alguien que intenta derramarse en la nada, soltar sin que el derrame destruyese todo alrededor, sin hacer ningún ruido.

Ark-1 abrió la puerta, con la mirada apenada, y vio a Ja-yoon, la siempre arrogante, la siempre imponente, la siempre imbatible, siempre pensando en todo, ahora como nunca la había visto.

Se la halló temblando como un perro mojado, encogida en posición fetal sobre el suelo, bajo el lavabo.

Tomaba sus cabellos empapados con las manos, cual zarpas bajando cual arañazos, con dolorosa lentitud, los nudillos ensangrentados de golpear la pared, llena de fracturas.

Pedazos del panel de bambú, desprendidos a su alrededor: — Hermana.

Al oír aquella palabra, Ja-yoon se detuvo en seco, mirando hacia la nada frente a ella.

Tragó saliva, sus ojos enrojecidos, su rostro manchado por lágrimas, y por un momento, pareció que se quedaría sin decir nada.

Así fue, por varios minutos pesados, en los que las mellizas no se atrevieron a mirarse.

El canto de los grillos, sin embargo, no hablaría de lo que Ja-yoon inició diciendo, en voz apagada: — ¿Qué haces?

Ark-1 se pondría en cuclillas a su lado, mirando a un lado, con una idea en la punta de la lengua, respondiendo mientras tanto: — El suero.

No solamente lo has robado para ti, ¿o sí?

—su voz se quebró— Creí que Ark-0 era tu madre también.

Tiró uno de los papeles que había abierto.

— ¿Quién es esa mujer, entonces?

A la que le hablas en estas cartas.

Dímelo.

Ja-yoon no respondió, agachando la cabeza.

La muchacha pálida continuó hablando.

— Escribiste que le enviabas medicina.

—soltó Ark-1, deteniéndose en seco—.

Acabo de tener un sueño—te vi, y estabas con una mujer mayor.

Sin aún verla, Ja-yoon respondió en voz débil: — Bah, es sólo imaginación tuya— — Sabes que eso no es verdad; tú misma lo dijiste, que hay cosas más allá.

—sonrió triste— Esta fue una de ellas, lo sé.

Quiso tocar el cabello de la joven, pero esta se apartó, volviéndola a ver.

Posó una mano en su cara, secándose el ojo: — Déjame en paz.

Ark-1 respondió, con más firmeza y realización, volviéndose a poner de pie: — Entonces sí son alguien para ti, ella y—ese hombre de lentes, la chica asustada.

Los de la visión, existen, ¿no es verdad?

Ja-yoon se secó el otro ojo, sorbiendo mocos, antes de hacerse a un lado y pararse: — Ya olvídalo.

— ¡No!

—protestó Ark-1— ¡Estoy cansada de todo esto, de tus evasivas, de los secretos!

— Con lo que te conté te debe bastar.

Nos pueden estar oyendo ahora mismo.

— ¿Y qué importa si lo hacen, eh?

Si todo es una alucinación mía, entonces no hay problema.

—negó con la cabeza, sonriendo indignada— Pero lo veo en cómo estas, sí.

Todo lo que vi es cierto, y todavía seguirás negándolo.

— ¡¿Y cuál es el punto?!¡¿Quieres que te cuente la historia de mi vida?!¡¿Quién te crees para reclamarme lo que diga o deje de decir, o lo que haga?!

— Qué lástima, Ja-yoon.

Verte en este estado, llorando como una niña, incapaz de confiar en nadie.

La independiente e inteligente Koo Ja-yoon, no es más que una pequeña bebé asustada.

— Es mejor que dejes de hablar ya.

—se adelantó la aludida— Aún sin nuestro poderes, puedo acabar contigo si quiero.

— Pero no lo harás, no porque me necesites, ni siquiera porque seamos hermanas.

¿Sabes por qué no lo harás?

—la señaló en el pecho— Porque aunque tu alma este podrida, aún amas, y proteges a alguien.

Sí, como yo quise hacer, y lo sabes.

— Ya basta de tus tonterías.

— Pero vas por ahí, tapas todo, pones excusas, y pones en peligro a quienes te importan con un acto cobarde ante el mundo, jamás dando la cara.

Eres patética.

— ¡Cállate!

Ja-yoon le pisó el pie a Ark-1, antes de darle un manotazo en toda la cara, tirándole un diente.

La empujó contra la pared torciéndole un brazo por detrás, en choque sonoro.

Ark-1 sin embargo, intentando zafarse de aquella llave, no se calló, entre jadeos: — La médula de Ark-0 no es sólo para ti.

La mujer de la granja, ¿se llama Mi-young, cierto?

La sentí a través de ti, no sé cómo.

Pero pude darme cuenta de que estaba enferma— La joven se quedó helada al oír aquel nombre, sus manos soltaron el agarre, temblando, y retrocedió, permitiéndole voltear a su melliza: — Era su mente, ¿no?

Algo le pasaba.

Y ahora lo entiendo, Ja-yoon, que quieras curarla, porque por algo la llamas— Ja-yoon agachó la mirada, sujetándose con una mano del lavabo: — Mi mamá.

— No estarías arriesgando nuestra seguridad por alguien que ya ni siquiera recuerda quién eres, si no lo fuese.

O por Koo Sung-hwan.

Hmph— Y así Ja-yoon estuvo completamente expuesta, mirándola con boba perplejidad, boca entreabierta: — No tendrías por qué saber nada de eso.

Se agarró con la otra mano del cabello, mientras Ark-1 le respondía: — Quieres usar la médula, y crear con ella una fórmula para sintetizar una cura para ella.

Si eso es así, por favor dime.

— Sí, sí lo es, ¿y ahora qué?

—dijo, con sorna— ¿Podré llorar en tu hombro?

Huh, ¿ahora nos convertiremos en una familia feliz?

Niña tonta, tú para mí no eres nada, ¿entendiste?

Sólo un instrumento.

Ark-1 miró al suelo, triste, cruzándose de brazos: — Supongo que tienes miedo de que, para cuando vuelvas, ella ya no te reconozca.

Es por eso que jamás les has enviado una carta con los paquetes que les—has estado mandando.

— Bingo, genio — y se volvió a parar, descolocada— Y si ahora quieres largarte, anda, vete de aquí, púdrete en una prisión vietnamita, no me importa.

— No, Ja-yoon.

Tú no sabes lo que es estar encerrada toda tu vida—en un mismo cuarto.

Tuviste una familia que te amaba, una amiga que te quería—y aun así decidiste abandonarlos para esto.

— ¿Eh?

— Te lo dije en Japón, y perdón por haber actuado así.

También quiero una vida, después de acabar con esa gente, por eso no pienso abandonarte.

No soy como tú.

Los hombros de Ja-yoon se tensaron cuando Ark-1 tendió su mano, y le dio la espalda mientras la muchacha continuaba hablando: — Yo no te soltaré la mano, ni dejaré que te vuelvas como los que nos persiguen.

Ayudaremos a tu mamá, y a tu papá, a toda la gente a la que quieres.

Mi ayuda será incondicional, y cuando estemos sanas, no pediré nada más; con que la única familia que me queda siga viva, es suficiente.

Ark-1, con los ojos húmedos, sonrió.

—Ella me dio una vida, y el amor de una madre, cuando yo sólo era un experimento, un monstruo.

—dijo Ja-yoon, aún de espaldas, mirándose al espejo— Entendí lo que fue para ti perder a Kyung-hee y Dae-gil; no pienso permitir que pase, por eso me fui.

No lo causé, pero sí desaté peligro cuando me dejé encontrar.

— ¿Qué?

Pero— La muchacha bajó el brazo, comprendiendo mejor, todavía entristecida por Ja-yoon, pero más compasiva con su situación que antes.

— No tuve más alternativa que esa, fue la única forma de hallar a quien me hizo daño.

Ark-1 dijo sin miedo lo que pasó por su mente, mirándola de arriba a abajo: — Entonces sí fue venganza, no justicia como decías.

Ja-yoon, la mejor manera de vencerlos habría sido viviendo tu vida.

Como cuando cantabas en ese concurso que Dae-gil me mostró— Ja-yoon se sonrojó un poco, interrumpiéndola: — Fue mi forma de hallarlos, nada más.

Era mi plan, es todo.

— No habrías elegido esa opción si no te gustara, ¿o sí?

Con lo orgullosa que eres— Una risa nasal salió de la joven: — Fue humillante, y no quiero hablarlo de nuevo.

— Y cuando tengamos la libertad, ¿qué más tendrás?

Todo el trabajo—no servirá de nada si no tienes a quién volver.

—apartó la mirada— Daría todo por tener tu oportunidad.

— Allí marco la línea —interrumpió Ja-yoon— Igual que tú, quiero vivir, pero sé que nunca podré acercarme de nuevo, si quiero mantenerlos a salvo.

Tú, en cambio, todavía buscas una mentira, ser humana, y hasta actúas como si lo fueras.

Quieres arreglarme—con Jang pisándonos los talones.

— Porque somos humanas, Ja-yoon, a pesar de que seamos—diferentes a ellos, por nuestro poder.

Y siempre hay forma de arreglarse, si uno ve que lo que conocía—no estaba bien.

— No, no es verdad, hermana, nuestros fallos son inescapables.

Somos superiores, peligrosas, y por ello nunca seremos aceptadas.

Por eso incluso mis padres me hicieron esconderme.

— ¿Y eso de qué te sirvió?

Debió ser solitario.

Es peor aún si pones tu rencor por encima, te vuelve igual a ellos.

Un arma.

Ja-yoon se giró, un tanto más tranquila: — Es un sacrificio que asumí, que digan lo que les dé la gana.

Puedo aceptarlo, ser un objeto para todo el mundo, mientras pueda salvarla a ella.

— ¡No, Ja-yoon, no somos cosas!

Si crees eso, ellos ya ganaron.

Date cuenta, también podríamos cambiarlo, si quisiéramos, que todo sea mejor.

La joven levantó la mano para detenerla, negando enfáticamente con la cabeza: — ¡No, no, ya basta, Ark-1!

—gritó— Yo no soy ingenua como tú; sé que sentir algo por alguien tiene un precio, lo supe luego de escapar, y elegirlos para vivir con ellos, creyendo lo mismo que tú ahora.

Y perder lo que llegué a amar de forma tan tonta—por vivir un teatro desde el inicio—duele más que cualquier cosa que me hicieran—cuando era pequeña.

Esa noche, la fricción entre la “hermana perfecta” y la “hermana humana” se disolvió.

Ark-1 comprendió que Ja-yoon no era fría por falta de sentimientos, sino para evitar que el incendio de su interior la consumiera.

Caminó lentamente hacia ella, manteniendo una sonrisa: — Perdón por ser tan dura, pero desde ahora, siempre te diré la verdad.

Y si me dejas, siempre estaré aquí, no para ti, sino contigo.

Te enseñaré lo que aprendí tras salir.

Te demostraré que tener humanidad es lo que más importa, tenlo por seguro.

Ark-1 la sorprendió al instante.

Ella misma no se movió, cuando recibió un abrazo envolvente, una mano delicada tras su cabeza, descansando ahora en un hombro, y otra envolviendo su espalda.

No trató de quitarla, ni de protestar, Ja-yoon se quedó allí de pie, dos almas que a pesar de sus similitudes, todavía tenían diferencias por subsanar.

Un vínculo a enmendar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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