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The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 13

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13: La última escala 13: La última escala (11 de febrero, Playa Cửa Lò) Ja-yoon se encontraba dentro del vestidor de aquella estrecha tienda, en pleno bullicio del centro de la ciudad de Vinh; alguien la observaba de lejos, llevando gafas, mascarilla y una gorra.

Afuera, las personas se apiñaban comprando toda clase de adornos y chucherías en preparación ya para las fiestas venideras, bajo el cielo de tibio clima en la tarde naranja, en que las gaviotas graznaban.

Ark-1 miró de brazos cruzados, apoyada a la pared de madera de la fachada, pintada de blanco en forma cruda, ya presentando grafitis debajo del rótulo, sobre la altura de su cabeza.

Había estado esperando un buen rato hasta llegado el momento: — ¡Hermana!

La muchacha pálida volteó, y la vio salir por detrás de la cortina del pequeño cuarto, grata su sorpresa al punto de hacerse hacia atrás un par de pasos, ojos abiertos con la boca abierta, casi esbozando una sonrisa: — ¿Acaso—me veo tan mal?

Ark-1 se quedó unos instantes pasmada, viendo los detalles de aquel atuendo de playa estrecho, bajando por la figura esbelta de la joven, como olas de la propia violencia que hubiere desatado sobre el mundo.

Sus zapatillas eran del mismo color, de talón alto y un detalle cada una cual flores del diablo, sin contar el juego interior carmesí, visible a través de una sutil translucencia, contraste a su ahora más bronceada piel.

La muchacha, ya no tan pálida debido al mismo sol, se acercó despacio todavía admirando algo que creía imposible hasta hace unos segundos: — Ja-yoon.

Esta puso cara de avergonzado hastío: — ¿Qué?

— Te ves—femenina.

No creí que la Musa del Campo podría verse—así de elegante.

Hubo una mirada incómoda entre ambas, antes de que la respuesta llegase: — ¿No te había dicho que jamás uses ese nombre?

— Tal vez.

Creo que—antes de ahora, yo me veía mejor—con la camisa de fuerza.

Ja-yoon comenzaba a enfadarse: — Como sea, deja los cumplidos.

Voy a pagarlo.

Se dio vuelta como si intentara evitar más miradas de la gente, sobre todo las un grupo de chicos jóvenes que pasaron por el lugar.

Sus mejillas se sonrojaron, a pesar de mantener el rostro serio; tragó saliva antes de hablar con la vendedora: — Me lo quedo, ¿cuánto es?

Desde el otro lado, Linh miró todo con una sonrisa desconfiada, reclinada al poste de luz.

Desde hace unos días, parecía que la tensión entre sus prisioneras había cambiado de forma repentina.

Normalmente, en su tiempo libre habían pasado encerradas, sin mezclarse con los locales, salvo las excepciones ya conocidas por ella.

Se preguntó si aquello era una maniobra distractora, un plan cuidadosamente orquestado para que bajase la guardia y atacarla, por lo que se mantuvo despierta con un ojo abierto, quizá por ya demasiadas noches para su gusto.

Fruncía la frente cada cuanto y parpadeaba, pegando un bostezo repentino, que no alcanzó a tapar con la mano a tiempo, pero volvió a enfocarse de prisa hacia el local: “Que intenten lo que sea.

Sin poderes les romperé sus feos cuellos flacos.” Pronto las dos mellizas saldrían en su dirección, con Ja-yoon diciendo, confiada, dándose la vuelta, más como una burla que otra cosa: — Oye tú, dame tu opinión.

— Vete al infierno, aberración.

No vas a engañarme.

— Vamos, no seas tan dura.

La agente le dio la espalda, para dirigirse, bajando por el muro bajo en dirección a las arenas de un intenso amarillo: — Les quedan dos horas, demasiado si me lo preguntan.

Agradezcan que no las amarro en un armario.

La mirada de la joven, por supuesto, lució un breve destello, como aquel que tuvo aquellos días en que la operaban, transformado en el que incendió todo la noche que la maldecida Baek Sang-na y aquel, el tan infamemente recordado Nobleman, se fueron al mismo averno que ahora le deseaba esa mujer.

— Viviré el momento —le dijo a Linh, con una sonrisa agresiva— Mejor quédate atrás y descansa un poco, esas bolsas en tus ojos no se irán solas.

— Maldita —susurró la agente.

Y como si hubiese acostumbrada a usar aquel calzado de toda la vida, dio pasos seguros, breves, sobre la arena, mientras Ark-1 quedó atrás, mirando la composición granulosa de aquel suelo.

Le recordó la nieve, pero de un amarillo que le disgustó, menos granulosa en textura que aquella blancura gélida que manchó con sus pies embadurnados de sangre aquel día; miró a Ja-yoon.

— ¡¿Qué pasa?!

—preguntó esta— ¡Ya hemos hecho esto antes!

— ¡Es que esta arena—se ve sucia!¡La otra—era más blanca!¡No sé si pueda, no!

— Ah, ¡¿en serio, eso te preocupa?

¿A ti?!

Ja-yoon entornó los ojos, negando sutilmente con la cabeza para sí misma, antes de regresar con ella, tendiéndole la mano: — Ven, hermana.

Está bien.

Ojalá hubiese podido leer su aura, incapaz de reprimir el recuerdo, pero cerró los párpados con intensidad, tomando aire antes de, tímidamente, tender la suya de vuelta.

La calidez resultante fue como un momento de dicha, uno de varios pocos a los que su mente se aferró desde que los vivió, y seguiría guardando en el corazón doliente, los rostros de aquellos por los que luchó.

Había hecho su promesa, aquí se encontraba alguien que, sin saberlo, buscaba lo mismo, y sin importar cuánto tomase, la haría abrir los ojos; esta era la única forma de alentarla a ello.

— Sí, aquí voy.

Descendió el pie de a poco en la arena, hasta sentir la tibieza, pero reculó apenas con una textura vista que pudo sentir esta vez.

Unos momentos, y volvió a intentar, asentando toda la planta lentamente, moviendo los dedos de sus pies, intentando acostumbrarse.

Ja-yoon la impulsó con suavidad, poco a poco, hacia delante, el corazón de Ark-1 latiendo a mil por hora dados los nervios que causó la rugosidad, ahora en sus dos pies.

Allí parada, se concentró en la sensación entre sus dedos: — ¿Y qué tal?

La expresión de Ark-1 se fue calmando, hasta que la serenidad regresó a su rostro, y con torpeza respondió: — No está—mal.

Gracias.

Ja-yoon se aclaró la garganta, mirando a un lado, antes de guiarla hacia la orilla del mar por unos metros más.

Su hermana sonrió a labio cerrado, ya no solo cómoda conforme se aproximaban a la orilla del mar, sino también divertida por dentro cual niña pequeña.

Aquella rugosidad amenazó con causarle cosquillas a cada paso que dio.

Con la agente observando todo desde la lejanía, y la muchacha pateando la marea, nació en ella algo que, hasta ahora jamás había hecho.

Reír, al ver a Ja-yoon tragar agua de mar que le echó en la cara, y escupirla, para luego limpiarse la boca; Linh, sin cambiar su expresión, tomo su celular del bolso.

(12 de febrero, Chùa Phúc Lâm) El día había llegado, y el amodorramiento de una siesta de más de doce horas había dado a la ansiosa espera por la hora marcada, mientras iban caminando por el sendero de alrededor.

Seguidas por la agente bajo el cielo nublado, esta estaba llegando a un punto de absoluto cansancio insoportable; en ocasiones veía borroso, pero siempre se mantuvo dos pasos detrás, para evitar cualquier intento de fuga.

Se sobó la espalda con una mano, recordando cómo había tenido que recogerlas de aquel “puesto de Bánh mì”, tras muchos intentos inútiles de despertarlas aquella noche.

Se había dormido de pie en aquel poste, y al despertar, las buscó desesperadamente hasta encontrarlas, echadas sobre una mesa y un par de taburetes tras tomar mucho vino de cobra india artesanal.

Más allá de todo ello, parecía que aquel iba ser un trabajo como los otros.

Finalmente tuvieron vista de la explanada, y el gran templo de techos decorados en pan de oro en forma de flamas doradas sobre los techos de teja de jade.

Las columnas envueltas de barrocos dragones en el mismo material, y las balaustradas envueltas en celestiales motivos, imitando las brumas del paraíso mismo, se encontraban cerca de puertas esplendorosas con grabados mitológicos, ídolos en piedra pulida vigilando el lugar en cada una de las ocho esquinas.

En los alrededores se erigían árboles de toronja sembrados en enormes macetas talladas de piedra, las estatuas de semidioses y sabios en mármol sobre un estanque de lotos, rodeadas por quioscos altos de triple techado, columnatas doradas y jardines miniatura.

Al edificio principal se accedía a través de puentes en madera labrada, entrando y saliendo de ellos no turistas, sino grupos de empleados con gorras negras y chaquetas impermeables, con parches en los hombros, rezando “Cục 621”: — ¿Entonces lo que buscamos está allí dentro?

—preguntó Ark-1 Se llevó la base de la palma a la frente, que aún le dolía, y agitando la cabeza, se volvió a enderezar.

— Uhuh.

A mi comandante le pareció buena idea probarlas para esta situación.

—replicó Linh.

— Si es lo que dijiste, no podemos hacer nada —afirmó Ja-yoon— No con esto puesto.

Se agarró el collar inhibidor, en indicación.

La agente risoteó con sorna, sacando un aparato del tamaño de un puntero láser: — Con esto, podrás hacer lo que te dé la gana, pero cuidado, el collar lee sus ondas cerebrales.

No se pasen de listas.

Retrocedió con ojos afilados cual puñales detrás de una barrera de seguridad con el mismo símbolo de los parches estampado en frente.

Un hexágono color lapislázuli, punta al suelo, con un ojo en el centro, la pupila un engranaje gris, y dos espadas de mango dorado, cruzadas hacia abajo detrás de aquel.

El número 621 era una sigla grande en rectángulo bajo el ojo, y un pergamino curvo debajo con el lema “Mắt trong sáng, trái tim kiên định” — Ojos claros, corazones firmes —musitó Ja-yoon, dándole la espalda— Con razón pareces tomártelo tan en serio.

Sólo eres quien te dicen que seas.

— Deja de hablar.

Tienen 5 minutos.

— O en realidad serán menos, ¿no es así?

— Tsk.

Una vez la luz roja pasó a verde, fue como si a Ark-1 le hubiesen quitado una venda de los ojos, y un bozal de la boca, haciendo que respirase hondo, cual saliendo de debajo del agua, kilómetros de percepción volviendo, sus sienes palpitando.

— Ey.

La mano de Ja-yoon se posó en su espalda, dándole una caricia lenta: — Aquí estoy.

Sigue mi voz, ¿sí?

Ark-1 espabiló, y miró a su hermana, asintiendo en silencio.

Voltearon, teniendo idea perfecto del perímetro de seguridad entero, agentes uniformados como los que se las llevaron del autobús, pero esta vez con detalles en color lapislázuli en vez de verde.

— Ya me parecía raro, huh.

Les gusta disfrazarse a estos bajos seres.

Vamos, se encuentra estática.

— Seguro ya nos detectó.

— Esos trípodes que nos rodean, y los drones volando sobre nuestra cabeza, deben estar emitiendo señales inhibidoras de bajo nivel.

Me dolió la cabeza cuando intenté acercarme.

— Lo sé.

No nos desviaremos de tu plan, supongo.

Tampoco puede huir.

Las dos mellizas cruzaron en zancadas el puente, y subiendo a saltos cada uno de los tres niveles de gradas, Ja-yoon le indicó a Ark-1 con el mentón que fuera a la puerta trasera del templo, levantando tres dedos.

Con su visión remota, la muchacha vio a su hermana bajar cada uno hasta cerrar el puño, y levantó el pulgar.

“Ahora.” Derribaron las puertas en las cuatro direcciones, y estas volaron girando en maniobras físicamente imposibles, a la velocidad de una bala, para al fin converger en una jaula mortal de material comprimido, que se cerró más y más en el centro.

Sin embargo, sintieron el aura de su objetivo no solamente activa, sino moviéndose de un salto hacia atrás, justo al pie del altar de mármol pulido que sostenía la estatua sentada del Bodhisattva, rodeada de un loto de diamante.

La siguiente maniobra fue de Ark-1, quien desde la cabeza del monumento, descendió lista con una patada, que aquel sujeto de espinazo encorvado no pudo sino mirar cuando el zapato de la muchacha ya estuvo en su rostro.

Cuando se volvió a levantar, Ja-yoon lo miró claramente, subida de la esfera de madera y vidrios rotos.

Era un joven rollizo y de rostro hinchado con espinillas numerosas, papada enorme, llevando una camiseta grotescamente ajustada a su cuerpo.

Sus manos de dedos rechonchos se movieron con un tic al sentirla detrás de él: — Qué bien —decía, escupiendo entre dientes— Finalmente nos hemos encontrado, Koo Ja-yoon.

Ja-yoon, disgustada al verlo relamer sus labios resecos, caminó a ritmo calmado hacia él: — ¿Y tú de dónde me conoces?

— Jang cree que me ha enviado aquí, pero él no es más que un estúpido.

Ark-1 le hizo una llave en su nada visible cuello: — Habla claro, ¿qué es lo que pretenden esas personas?

— Hmmm, hueles muy bien, es—embriagante.

— ¡Ya!

Este se agarró del brazo de la muchacha, dejando una sensación húmeda en su antebrazo:  — Ughg —tosió— Sí, sí, está bien, está bien, tiempo fuera.

El apretón se aligeró apenas, para dejarle decir lo suyo.

— Nagong.

Ja-yoon cruzó los brazos, su atención enfocada, sus pupilas reduciéndose en memorias grises y rojas.

Se acercó a él, oliendo un aroma rancio a grasa emanando de su brillosa piel: — Trabajas para ella.

Este asintió: — Sí, exacto, y me dijo que te dé un mensaje.

Te estará esperando en Phong Hai está noche, en tú ya sabes dónde; ella sabe dónde está Ark-0.

— Sé dónde está.

— No, no lo sabes, no tienes idea —negó este, riendo como un tonto— Ella sí, pero fue muy lista de no decirme para asegurarse de que fueras.

— ¿Para eso llamaste la atención de estos tontos?

— Y de qué otra forma te atraería aquí, como si fuera fácil.

— Verte es detestable —siseó Ja-yoon— Tan pequeño que ni siquiera te recuerdo.

Bueno, si le hago caso o no a lo que dice, tú no lo sabrás.

La muchacha vaciló un instante, pues entendió a la perfección la orden, y por su mirada, Ja-yoon esperó que lo haga.

Tuvo dudas, al no detectar en él una real intención hostil, aunque sí otras, y sintió nauseas repentinas por ello.

Sonriendo con sus dientes amarillos, el sujeto escupió al hablar: — Te e—quivocas, —te—e—qui—vo—cas.

En el techo y columnas, varias explosiones las sorprendieron, desprendiendo cascajo del techo, grandes escombros que cayeron mientras el gordo ser comenzaba a reír, histérico.

Ark-1 tuvo que soltarlo, justo en el momento que el techo entero, tejas de jade y decoraciones en forma de dragón dorado se derrumbaron sobre el suelo pulido, convirtiéndolo todo en ruina.

Las mellizas salieron de la edificación, que se colapsó en cuestión de instantes, generando gran estruendo.

Los efectivos armados con rifles inhibidores estaban subiendo a prisa hacia el sitio del desastre, en medio del polvo, con miras láser.

Solamente ellas salieron a la luz de los escalones, y todos apuntaron en su contra: — ¡¿Dónde carajo está el sujeto?!

—gritó Linh por altavoz— ¡¿Qué demonios creen que han hecho?!

—y ordenó— ¡Tráiganlas!

Se oyó un grito, y al gordo cayendo por las escaleras atropelladamente por la parte posterior.

Ja-yoon trató de mantener una expresión preocupada por quienes le apuntaron, sin embargo, casi no contuvo una carcajada.

Su hermana estuvo en la misma situación, pero ambas se miraron, sabiendo una sola cosa: — Alguien como ese no va a escapar.

—dijeron al unísono.

En efecto, mientras ellas descendieron del templo destruido, escoltadas de muy cerca, vieron aparecer al tipo, rodeado, siendo llevado por un par de agentes con una vara similar a la usada para capturar perros.

Se lo llevaron en un blindado que apareció por la entrada este, tras hacerlo cruzar el puente entre cachazos y quejas; las mellizas lo vieron alejarse al tiempo que a ellas se las llevaban por dónde habían llegado: — Me sorprende que sea de Yongsadan —dijo Ark-1— Lo sentí, su aura, es de los nuestros.

— Seguramente un Clase 3, y uno de los más débiles.

Prescindible, incluso para Baek.

Sus collares se pusieron en rojo de nuevo, recibiendo Ja-yoon un gancho al estómago: — ¿Así que se les hace familiar?

—exclamó una voz— ¿Pensaste que te dejaríamos escapar, Ark-2?

Era Vinh.

No esperó verlo allí, todavía, ni causándole un dolor tan intenso.

A Ark-1 la tomaron entre dos, mientras que de rodillas, su hermana intentó recuperar el aliento: — Así que—al fin sabes—de dónde vengo, ¿eh, maldito?

El agente le puso una pistola EM a quemarropa en la cabeza: — Dame una sola razón para no volarte los sesos ahora mismo.

Sé que los americanos te quieren muerta, pero sería una pena.

Ese cerebro tuyo vale cientos de millones.

— Señor, no tenemos autorización para extraer— — Cierra la boca, Linh.

Hay que salir de aquí, antes de que alguien venga a investigar —señaló el sitio colapsado ante él— eso.

Ordena la retirada.

Tragándose sus palabras, a mujer miró a Ja-yoon con resentimiento, antes de obedecer: — Sí.

— En cuanto a ti, es mejor que respondas, que esto no me divierte.

Ja-yoon negó lento con la cabeza mientras se ponía de pie, riendo por bajo antes de decir: — Pobre idiota corrupto, ¿no te das cuenta?

Si me matas, o les robas esto —tocó con un dedo su cabeza— antes de que lo obtengan, te cazarán hasta el final de la Tierra para torturarte, y luego tirarte en el mar con cadenas.

— Nadie me ha visto hacerlo— Ja-yoon no se inmutó, cuando el agente haló del gatillo.

No tuvo ni tiempo de ver el humo salir del cañón, antes de que su mentón se hundiese fracturando su paladar por un golpe a mano abierta hacia arriba.

Cayó de cara al pavimento, muerto al instante, y los de alrededor no pensaron en dejarla con vida, disparando ondas inhibidoras a máxima potencia, para freírle hasta la última célula del cuerpo.

— ¡No la dejen huir, inútiles!

Linh apenas se había volteado, apuntando su pistola al aire sin lograr captarla.

Vio cómo aquellas tropas caían una por una, con la cara reventada, el cuello girado, o explotando producto de su propia arma ante un manchón grisáceo.

Los gritos eran rápidamente ahogados, otros efectivos se diseminaron para buscarla una vez se perdió de vista.

— Uno nunca debería hacer eso sin un mejor plan.

Asustada, la agente se volteó para ver a Ja-yoon sonriendo delante de ella.

Un manotazo potente la tiró a un lado, entre la suciedad y los arbustos florales del jardín, tirando su arma por los aires en el proceso.

Cuando volvió a enfocar su vista, la joven se acuclilló delante de ella, sacando el aparatito de su bolsillo: — ¿Creíste en verdad que no sabía de esto?

Presionó el botón, y elevó una piedra del suelo con su telequinesia, cambiando la luz de su collar de verde a rojo y de vuelta, sin que su poder se viese afectado.

Aturdida, Linh preguntó, sangre brotando de su cabeza profusamente: — ¿Cómo—cómo pudiste—?

— Ah, pues del mismo modo en que me escabullí bajo tus narices ayer, y el otro, y el otro día.

No te enteraste de los arreglos que le hice a tu botón mágico mientras dormías como un bebé.

Destruyó el aparato, y lo dejó llover en pedazos, limpiándose la mano.

— Qué pena, parece que no seré yo quien se vaya primero.

La piedra atravesó el cráneo de la mujer, quien no logró gritar, sólo abrir los ojos como platos antes de su inminente final.

— Hora de irse.

Ja-yoon se levantó, y limpió la tierra de los zapatos sobre su cuerpo, mirando al lugar donde iría a continuación, en que el aura de Ark-1, y alguien que no debería encontrarse allí, eran perceptibles.

Rápidamente cruzó la explanada, el puente oeste, y llegó por la plantación de los monjes cuidadores hasta el templo menor, guardado por dragones de piedra; estos, por supuesto, estaban ocultos, temblando de miedo.

Abrió las puertas de la edificación a mano a mano, contemplando el reguero de cadáveres de los operativos armados.

Aquello no lucía, extrañamente, como el reguero de Jeju, sino cual si todos hubiesen caído en un sueño repentino ante la estatua sobre el altillo de caoba.

— Hermana, ya vámonos— No entendió por qué su hermana se había arrodillado ante el ídolo, flanqueado por su heraldo, sobre el césped sintético.

Allí estaba, en medio de un círculo de árboles que decoraban aquel interior con sus frondas achatadas.

La luz filtraba de arriba de las copas por el techo traslúcido, y era como si un haz de ella, puro y blanco la hubiese elegido.

Pero lo que más le dejó perpleja fue la mirada perdida que la muchacha fijaba en una placa delante de ella en el suelo, en sánscrito y vietnamita: अस्माभिः केवलं तस्य एव हानिः भवितुं शक्यते यस्याम् आश्रयम् अस्माभिः भवति। Chúng ta chỉ có thể mất đi những gì mà chúng ta bám víu.

— Ey.

Le agitó el hombro, pero Ark-1 sólo respondió: — No sé si estaría—preparada para algo así.

Pero cuando lo leí, sentí que— Entendió a qué se refería, pero igualmente respondió: — Eso no importa, hay que irnos, ahora.

— Sabes, vi estos murales.

Creo que—entiendo por qué esas personas calvas de afuera veneran a este hombre.

Se giró a Ja-yoon: — Ja-yoon, ¿algún día podríamos hacerlo si— — No.

No dejaré que se vayan—así como así.

Y nadie se irá sin pagar.

— Claro.

—respondió— Igualmente, creo que pediré disculpas por subirme a su cabeza sin permiso.

— Puedes hacerlo luego.

De una puerta lateral salió cojeando una adolescente a la que ambas ya conocían, usando un exoesqueleto ortopédico en su pierna lastimada: — ¿Lo conseguiste, Mai?

—preguntó la muchacha pálida— ¿Te dieron permiso de usar su auto?

La chica miró a los lados: — Ehm, sí, claro.

Permiso, sí.

—y les hizo seña con la mano— Pronto, vengan.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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