The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 14
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14: Feliz Año Nuevo 14: Feliz Año Nuevo (12 de febrero, Phong Hai, 6:23 PM) El ambiente de aquel restaurante tradicional, techado en madera y paja, fue cálido.
La brisa marina llegando a llenar el aire, el romper creciente de la marea en la bahía cercana, llena de barcos pesqueros, formó un reducido paraíso visual en el crepúsculo.
Fue allí, bajo la luz amarilla de las bombillas, que surgió una pregunta sin relación al asunto que preocupaba a las mellizas.
— Y dime, ¿qué tal?
Está bueno, ¿verdad?
Ark-1 engulló todo el tercer plato, rebosante de arroz con verduras y trozos de carne en salsa, arrastrándolo a su boca abierta con una cuchara.
— Está delicioso, es maravilloso.
—dijo, con la boca llena.
Mai miró a Ja-yoon tras preguntar, y esta le respondió, con divertida consternación: — Intenté enseñarle a usar palillos.
Aún no lo consigo.
La adolescente enarcó la ceja: — Oye, ¿y a ti que te pasó?
Te noto menos—tensa.
Por su parte, la joven rememoró los últimos acontecimientos, apartando la mirada antes de tomar un langostino pelado entre sus dientes y darle un bocado: — No sé de qué me hablas.
Ark-1 terminó su comida, y tras limpiar su boca con un par de servilletas, sonrió llena de paz, al ver a las otras dos hablando sin querer matarse: — Lo que pasa es que ella y yo nos entendemos mejor ahora.
—dijo.
— ¡Ese no es asunto de ella, hermana!
Silencio.
—le interrumpió Ja-yoon.
Mai se hizo para atrás un poco dada la repentina exclamación, y algunos clientes también se fijaron en su mesa al oírla de lejos.
Tras algunos murmullos, todos volverían a lo suyo, y la muchacha pálida diría, asintiendo: — Entiéndela.
Todavía se está acostumbrando.
— Ah, ok.
—replicó Mai, tragando saliva— Bueno, entonces, ¿ahora qué haremos?
— ¿Haremos?
—Ja-yoon la miró— No sé tú, pero nosotras salimos esta noche.
Me cansé de los mosquitos.
Aplastó uno sobre su brazo.
— Muelle D, por si querías saber.
Pero primero, te tenemos una sorpresa.
Mai se quedó incrédula: — ¿Cómo dices?
Oye, no tengo cinco años, ¿qué sorpresa?
— No me mires así, fue idea de mi hermana.
Y con el dinero que cobramos de las cuentas de esos idiotas, fue incluso más fácil pagarlo.
La adolescente miró atónita y preocupada a Ark-1, señalando a Ja-yoon con la cabeza: — ¿A qué se refiere?
—susurró en tono fino— En serio, nadie se lleva dinero del gobierno así, ¿acaso están locas?
Ark-1 tomó un vaso de coctel frutal de un trago, antes de pegar un jadeo satisfactorio, y responderle: — Tranquila, Ja-yoon se hizo cargo de los detalles.
Debería venir para acá en un par de minutos, tú sólo espera.
— Por cierto, toma esto.
Ja-yoon le pasó a Mai un disco duro portable con un moño de regalo por debajo de la mesa.
Supo lo que era inmediatamente, y parpadeó con incredulidad, antes de guardárselo: — Ahm, wow.
Creí que iba a ser—algo ultrasecreto de ustedes.
No creí que me dieran una copia.
Llegó una camarera sonriente con una bandeja de medallones de carne fritos y ensalada encurtida de cebolla, rábanos, entre otras verduras: — Aquí tienen, señoritas.
A la muchacha se le iluminaron los ojos con un destello de gozo, su boca salivando entreabierta, mientras la mujer se alejaba.
Se limpió antes de tomar los palillos que le dejaron, e intentó llevarse un trozo de la res a la boca abierta, pero antes de poder masticarlo, se le cayó entre las piernas, sobre la silla.
Ja-yoon tocó el codo de Mai, para que observase.
Ark-1 lo intentó una vez más, esta vez más rápido, tomando la carne con los palillos, pero cruzando estos en el último momento, dejando caer la carne sobre su chompa azul, y una mancha naranja.
Y en tanto la muchacha bufó en frustración, la adolescente se tapó la boca, cerrando los ojos con fuerza, para evitar una carcajada.
La tercera vez fue, sin embargo, la vencida, cuando esta manchó su barbilla con la carne antes de sostenerla entre manos, que ambas no pudieron evitar estallar en risas.
Ark-1 se enojó al oírlas, y también se sentía avergonzada, mientras recogía los otros dos pedazos entre más servilletas, y se los embutía en boca, girándose para darles la espalda: — ¡Al menos yo dejo caer comida porque no sé usar esto!
Tiró los palillos sobre la mesa para apretarse la capucha, y sin entender el fin de lo que acabó de decir, ambas chicas se abrazaron de los hombros sin darse cuenta, juntando las frentes al tiempo que reían más fuerte.
Los otros clientes, mirando esto, negaban con la cabeza, o divertidos de la situación, se pusieron a grabar para subirlo a redes sociales; de esto se percató Ark-1, quien, como la otra vez, reventó los celulares de todos al mismo tiempo.
Hubo un pánico súbito, y tanto Ja-yoon como Mai levantaron cabeza para ver lo ocurrido.
Poco a poco se fueron calmando, y la muchacha las miró de reojo: — Tú sí sabes escribir, y aun así no puedes hacer una simple carta de disculpas.
Lo que quedaba de la sonrisa de Ja-yoon se borró, y se aclaró la garganta, en tanto Mai no comprendió tampoco aquello.
— ¿Qué quiso decir?
— Nada.
De imprevisto, una sirena de policía sonó muy cerca, y una patrulla se frenó de golpe en frente del restaurante.
Las mellizas se miraron, se pusieron en pie de prisa, pero no se movieron de lugar, mucho menos corrieron de allí.
Mai las miró, extrañada, dejó sus palillos sobre la servilleta, y se levantó.
Iba ya con el disco a buen recaudo en el bolsillo interno de su chaqueta jean.
— Dijiste que se habían hecho cargo.
— Lo hicimos —dijo Ja-yoon— No te preocupes por esto.
La sirena cayó en silencio, y el conductor se bajó del vehículo, apurado.
Miró al restaurante, y allí posó la vista en la adolescente, que se quedó pálida, sus dedos fríos de la impresión.
El rostro de aquel hombre se veía lleno de preocupación, claramente envejecido unos diez años por largo estrés: — ¡Mai!
Ark-1 sonrió, mirando a Mai, y musitó: — Sorpresa.
Se apresuró hacia ella, pasando a un lado de las hermanas, y tomándola por los hombros: — Hija, ¿pero cómo terminaste en este lugar?
Mai, molesta, se soltó con virulencia, retrocediendo: — No soy tu hija, y tampoco deberías haber venido.
—exclamó.
Miró a Ark-1, preguntándole: — ¿Por qué está él aquí?
¿Para qué vino?
— No es muy agradecido de tu parte ponerte así —respondió Ja-yoon— El detective Vu vino para recogernos.
— No, no iré contigo.
— Mai, por favor— — No quiero oírte decir lo mismo otra vez.
— Eso no importa, hija —negó él, angustiado— Te he estado buscando desde hace meses, temí que hubieras muerto.
Ark-1 ayudó un poco, empujando con su telequinesia, muy suavemente, a Mai hacia el regazo de su padre adoptivo.
Miró de reojo a la muchacha, entendiendo lo que había hecho, pero fue tan repentino, y la garganta la sentía tan agria, que no protesto.
Lágrimas salieron de los ojos de la adolescente, al tiempo que apretó los puños.
— Abrázalo, es lo que quieres.
—susurró.
Pudo ver su aura a la perfección, nostálgica, anhelante, a punto de quebrar una frágil barrera entre ella y el detective que la hizo parte de su hogar.
Lo único que tenía por proteger, tanto como la propia Ark-1, quien ahora tenía a una hermana por conocer, además de, por extensión, a los Koo.
Mai golpeó el pecho de su padre un par de veces: — ¡Que sepas—que no te he perdonado!¡Hice por mamá lo que tú no, ¿entendiste?!
El detective Vu mantuvo su contención, manos en la espalda de Mai, acariciándola con ternura, cerrando sus ojos con pesar al recordar a la mujer que un día recurrió a él: — Lo sé.
Ya lo sé.
En unos minutos más, ante las miradas de la gente del lugar y las mellizas, seguidas por una queja personal del dueño, los cuatro saldrían del lugar, subiendo a la patrulla.
El auto se alejó rápidamente por las calles de aquella zona, recubiertas de arenilla y polvo, entre casas despintadas y niños jugando una última partida de fútbol antes de entrar a casa.
Ellos mismos se mantendrían en silencio durante la mayor parte del trayecto por la autopista perimetral de la ciudad, hasta que, en un callejón bajo un puente, este se detuvo.
Con la vista semi-obstruida de los rascacielos iluminados, Mai dormida profundamente, y el ruido ensordecido de la urbe, el policía, con expresión grave, se dirigió a Ja-yoon y Ark-1: — Sé que las están buscando.
No sé cómo, ni por qué conocen a mi hija, pero sólo les diré una cosa.
Espero que para mañana, ustedes dos se hayan ido.
— Usted no tenga cuidado, detective —respondió la joven, en desafío— Me importa nada involucrar a su querida niña en mis cosas.
— Nos iremos esta misma noche, por eso mi hermana lo llamó para esta hora, y pagó su boleto de avión desde Ho Chi Minh.
—secundó Ark-1.
— Ah, así que fueron ustedes.
— Mai fue valiente en su decisión.
—continuó Ark-1— No sé—lo que es ser padre, pero le pido por favor, no le reproche esto demasiado.
— Hah, mocosa insolente.
Yo veré cómo la educo.
— No muy bien, por lo visto —siseó Ja-yoon.
— Fingiré que no oí eso.
(9:46 PM) Cuando Mai regresó en sí, estaba en la cama vieja de un cuarto pintado en verde profundo que no conocía.
Se levantó totalmente alerta, tomando aire en su boca entreabierta, y salió por la puerta despostillada hacia un estrecho pasillo.
Miró atrás, puerta de baño, y doblando en penumbra a derecha, otro cuarto, y a izquierda, una bodegucha.
Hacia delante, izquierda, la cortina hacia la cocina, y en frente, una modesta sala a diestra, decorada con estatuillas, manteles y estantes con adornos.
Avanzó hacia allí, a siniestra el minicomedor con muebles pelados, delante de sí una ventana con rejas y aldabas para abrir ventanillas superiores.
Fue hacia la puerta metálica negra, al ver que dos figuras conocidas se perfilaron bajo la farola de la misma acera; encontró la chapa cerrada con llave.
La aldaba estaba cruzada, puesta candado.
— No, pero ¿por qué?
—masculló Mai, desesperada —Se están yendo, ¿a dónde van?
Vio al exterior por la ventana frontal, y se percató de que otro candado estaba puesto por fuera, y se puso a forzar la aldaba.
La muchacha pálida, al oír aquel ruido volteó hacia la adolescente: — Mai, detente, no va a abrirse —exclamó Ark-1.
Mai reclamó, con cada vez más angustia, deteniéndose entre jadeos, y golpeó la ventana a palma abierta: — Prometiste que me ayudarías, íbamos a acabar con ellos juntas.
— Esta no es tu pelea, Vu Phuong Mai —respondió Ja-yoon— Nunca lo ha sido.
La adolescente golpeó de nuevo el vidrio, frustrada, en tanto la joven retrocedía un par de pasos, adelantándose lentamente hacia la noche.
— ¡No soy una víctima!¡Mi madre Hai no era una víctima!¡Esta es mi pelea también!
— ¡Jamás romperé mi palabra, Mai!
—dijo la muchacha— ¡Voy a acabar con ese traficante, tú y tu papá estarán bien!
— ¡Por favor, déjame ir contigo!
— ¡No puedo, perdón!
Te mantendré a salvo, ¿está bien?
Tenemos que irnos ya.
— ¡Esperen, no se vayan!¡¿Quieren dejarme así?!
— ¡Volveremos a vernos, cuando todo haya terminado!¡Recibirás noticias mías, amiga, te lo prometo!
— Mereces seguir viviendo, Mai.
Los dos.
—dijo Ja-yoon, sin voltear— No pierdan su vida en vano.
— ¡Adiós, cuídense mucho!
—se despidió Ark-1, levantando la mano.
Ambas finalmente se dieron vuelta, y se comenzaron a alejar por entre las calles angostas, perdiéndose en la penumbra de la noche.
La adolescente buscó desesperadamente una salida por toda la casa, hasta que se topó con una ventana entreabierta, en la cocina.
Se escabulló con su cuerpo delgado, y quiso salir corriendo a verlas, pero en segundos fue detenida por el detective Vu, quien la tomó de los brazos por detrás.
La maniobra fue tan repentina que casi perdió el equilibrio: — ¡Ark-1!¡Ja-yoon!
— Déjalo, ya para.
— No es justo, no es—justo.
— Está bien, hija, todo va a estar bien.
Mai quiso soltarse, pero finalmente cayó de rodillas, llorando.
Su padre la sostuvo, y tras unos segundos, la envolvió en un abrazo.
En un hilillo de voz, la adolescente, sostenida a las muñecas del detective, exhaló: — Mamá, perdóname.
En su resignación, recordó, y se sintió el bolsillo.
El disco duro seguía allí.
(12 de febrero, Muelle D, Puerto de Phong Hai) La humedad que se cernió sobre la noche las recibió como una manta pesada.
Habían pasado por todo lo anterior para llegar a este punto, y Ark-1 se preguntó si acaso todavía estarían a tiempo.
Cumplir la meta que, con lo que sabía esa noche, ahora era capaz de compartir en parte.
Ambas iban abrigadas, en pantalones impermeables y zapatos, además de guantes.
Se antojó incómodo, también necesario, pues regresarían a Corea esa misma noche-madrugada.
Habían salido de los cuadrados túneles del desagüe para entrar, y dejaron atrás la tapa de la esclusa, bien sellada por dentro, antes de avanzar al objetivo, perfilándose en gris su forma trapezoidal contra la noche oscura.
Se podía escuchar el barullo, incluso desde ese lugar, mientras se acercaban, barriendo con su visión remota los alrededores llenos de guardias; aguardaron como media hora para dibujar en sus mentes la periodicidad de sus patrullajes.
Los intervalos no resultarían regulares, pero si decrecientes, conforme pasaron las 10 en punto, y su objetivo no se dignó en aparecer: — No hay que seguir esperando, Ja-yoon.
Debemos destruir ese lugar.
Los matones cuidando el interior, similar a una inmensa bodega con barriles, comenzaron a llevar las sustancias en montacargas hacia un conjunto grande contenedores cerca de ellos.
Vieron a los criminales abrir los enormes armatostes con finesa, de tal forma que no pareciese forzado; y pronto la joven entendió cómo.
Vio también a aquellos hombres trajeados, con guantes, concentrándose mentalmente para correr los seguros y abrir los candados sin siquiera tocarlos.
Sonrió con despreció: — Con razón les era tan fácil.
Y como si fuese un yunque impactando su cráneo de imprevisto, las dos mellizas se tomaron la cabeza producto de un dolor rápido, pero difícil de soportar.
El tinnitus duró varios segundos, y tuvieron que sentarse, recostadas contra el muro tras el que se habían cubierto, para poder aguantarlo.
Su visión borroso fue al mismo lugar, envuelta en morado, en ilusión, y entre ellos una sola forma representando la realidad que habían anticipado.
Sobre la terraza de un rascacielos a más de 1 kilómetro, un gran hotel de 5 estrellas a juzgar por la bebida en su copa estaba el Director Jang, sonriendo lleno de maliciosa confianza.
—Está aquí —dijo Ja-yoon, ajustándose su chaqueta gris—.
Jang dejó de esperar.
—Que venga —respondió Ark-1, entrelazando su mano con la de su hermana—.
Esta vez, no somos lo que él cree.
El complejo de cargueros de Trần era enorme, pero desde que llegaron, sólo habían visto a unos pocos salir de aquel único almacén.
— Deben ser su señuelo.
— ¿Y qué opción tenemos?
Cualquiera sea el primer barco que zarpe—es nuestro mejor escape.
— Es lo que nos quiere hacer creer, pero no es así.
Debemos robar otra.
— ¿Tú—sabes manejar uno de esos?
— Aprendemos rápido, así nos diseñaron.
Creí que te habías dado cuenta.
— Ah, si —asintió— Es verdad, podemos hacerlo.
Y creo que sé cuál.
Reflectores se activaron en el mar, y seis botes patrulleros, afilados para el camuflaje pasivo, se mostraron navegando en dirección a los muelles donde estaban ellas, y también los bandidos: — ALTO, ESTÁN BAJO ARRESTO.
QUÉDENSE EN DONDE ESTÁN, Y LEVANTEN LAS MANOS.
Detrás de las mellizas, como de la nada, salieron no solamente los guardias, sino que decenas de agentes salieron de la nada, haciéndose visibles por todas partes.
El griterío y órdenes ladradas de los oficiales a la tropa se entremezclaron con las maldiciones y armas levantadas de los traficantes, para luego dar paso a un tiroteo masivo.
La joven se mantuvo calmada, en medio del caos de los tiros y proyectiles explosivos, a cubierto aún: — ¿Lista, hermana?
En un segundo, ocurrió lo que por buen rato esperaron que, de un segundo a otro, del mismo modo, los botes patrulla comenzasen a disparar sus armas de repetición directamente en su dirección.
Ja-yoon se anticipó con sólo tres palabras: — Salta allí, ya.
Las dos se separaron en un salto enorme, Ark-1 hacia el bote más cercano, y Ja-yoon, tomando aire, esquivó dos misiles en el aire, haciéndolos pivotar con la mente hacia otros objetivos.
Y con el mundo de nuevo en cámara lenta, se concentró en todos y cada uno de los aparatos eléctricos que había visualizado, sintiendo el pulso mismo de los electrones, antes de actuar.
En un instante, todos ellos entraron en cortocircuito, interrumpiendo por un respiro todo, antes de que se volviera más encarnizado.
Cayó de puntillas sobre el suelo, y rápidamente se apoderó de una pistola EM para reventar los sesos de 4 enemigos en rápida sucesión.
Apuntó, disparó, y terminó, antes de la siguiente ronda.
Un agente de la 621, y otro de la Yongsadan a su lado, de repente dejaron de pelear entre sí, apuntando ambos sus armas hacia ella.
Ja-yoon, sin expresar sorpresa, sonrió a labio cerrado.
Ark-1 hizo lo propio en el interior del primer bote; tiró al capitán por el ventanal del puente, cual bola de béisbol hacia aguas oscuras, para luego correr en dirección a los tripulantes armados, con los parches de hexágono que de inmediato reconoció.
Abolló el techo con varios cuerpos, más, dejando marcas con sus formas antes de bajar con agilidad a la siguiente cubierta, y encargarse de quien sea que se lanzó a atacarla en defensa de la embarcación, pasillo tras pasillos, camarote tras camarote.
Solamente quedaron con vida e integridad física aquellos que decidieron huir o rendirse antes de enfrentarla.
Los cañones de otros dos botes dispararon a la primera nave cuando vieron los propulsores helicoidales estallar desde debajo del agua, pero la muchacha pálida no se quedó quieta, corriendo y trepando, atravesando nuevamente los niveles hacia arriba.
Allí los drones con inhibidores ya la esperaban, con ondas más potentes que la última vez, dirigidas con intención calculada; sintió su piel quemar, sus pantorrillas hervir por el desgaste y el calor, antes de poder reventar el primer robot con una trampilla de emergencia en proa, que despegó con una sola mano.
En su caída, lo usó como escalón para saltar directo a un segundo, antes de pegar un gran salto hacia la segunda embarcación, siendo raspada, mas no acertada de lleno, por las ráfagas de la artillería enemiga.
Descendió cual bólido sobre el cañón, convirtiéndolo en chatarra doblada tras un espectáculo explosivo de municiones atascadas.
Se adelantó al siguiente cañón, y lo hizo implosionar antes de que pudiese apuntar su sistema automático, para después encargarse de los atacantes armados de en medio.
Usó el propio metal, fragmentándolo en el aire de alrededor, para después incapacitarlos de forma en extremo dolorosa con las esquirlas.
Fue en el área de máquinas, tras esquivar balas, acabar con otros cuantos en uno o dos movimientos, e inmovilizar al capitán con una vara de hierro alrededor de su cuerpo, que la muchacha se detuvo en seco, al sentir a lo lejos auras nuevas, y una ya conocida.
“Debe ser ella.
La persona de la que habló Ja-yoon con el otro sujeto.
Viene con más.” En su sitio, Ja-yoon también sintió aquellas presencias, rodeada por armas inhibidoras, disparadas tanto por unidades vietnamitas y un enjambre de drones, como por lo que, fue bastante claro, agentes de Yongsadan.
En medio de ellos, un oficial local a quien no había visto hasta ahora, pero sí tenido nota de su existencia, se encontró de pie a su lado, con una sonrisa maliciosa.
Ella, postrada en contra de su voluntad, lo miró desde abajo, sintiendo su cabeza pesada: — Pero miren, si es el respetado comandante—Trần Bảo.
—masculló, risoteando— No me sorprende—que tus subordinados hayan sido tan lamentables.
— Jamás vieron la cara de a quién perseguían.
Debería agradecerte por ensuciarte las manos con ellos —respondió Trần— Ahora puedo culparte a ti de eliminarlos.
— Y con los sabuesos muertos, al fin el encomendado hizo su movimiento.
Tardaron bastante.
— Me tomó tiempo, pero finalmente contacté a tu amigo el Director Jang.
Mira que el tipo se preocupa porque te devolvamos, desesperadamente incluso.
La joven se miró el cuerpo, sacando de su abdomen un dardo afilado, con un botón de luz roja, y luego otro más de su espalda: — Felicidades, tienen baterías de respaldo.
Bueno, supongo que el equipo de limpieza ya viene.
El comandante le puso la bota al cuello, riendo: — No, pequeño monstruo.
La limpieza la haré yo.
— Tú no eres más que un peón en un juego que no comprendes.
Sé que la Alianza no es tan fuerte como parece si tuvo que usarte a ti.
— Mi suela dice todo lo contrario.
Pero ya basta de charla.
Le chocó la cabeza contra el suelo, pero ella no demostró el dolor que sintió al estrellarse su frente al pavimento.
Levantó cabeza, arrodillada, y vio doble el cañón apuntando a su cara, y un par de esposas inhibidoras en la otra mano del oficial.
Desde la sombra, había ya alguien observándolos: — No volverás a causar más problemas.
Y tan rápido como un relámpago, dos explosiones iluminaron el muelle.
Todos voltearon, y aunque la distracción fuese mínima, Ja-yoon la uso para propia ventaja.
Cuando la atención de los captores volvió a donde estaba, ella ya se había posicionado detrás del comandante, degollándolo con su propio cuchillo de dotación.
Se cubrió brevemente con el cuerpo antes de saltar contra el siguiente, estrellándole el arma en la cabeza para derribarlo; apuñaló a dos más, pecho, espalda, giros sobre su eje, se desplazó a gran velocidad para asestar los golpes, todos letales.
Esquivó pedazos de muro lanzados con telequinesia, y lanzó la daga, rota contra la armadura de pecho de un sujetos de primera generación.
Los que quedaron fueron confundidos con explosiones de humo, y una risa repugnante, dental, se confundió en la bruma el grito ahogado del enemigo con varios golpes potentes, reventando a los desafortunados entre chispas cual supernovas en miniatura.
Aquella pirotecnia, a diferencia de la que comenzó a ser lanzada en los cielos de Phong Hai, fue muy breve, y a-yoon se mantuvo expectante, tras matar a uno más de un solo golpe al corazón, sin siquiera volverlo a mirar; pronto escuchó los ruidos de carne arrancada de su lugar.
En momentos, varios pedazos cayeron a su alrededor: — Koo Ja-yoon es tan superior a mí.
No necesita ninguna ayuda, la muy maldita.
Y tal como esperó por esa voz asquerosa, surgió de entre el humo aquel obeso fanfarrón.
Tenía las manos fracturadas, sangre manchando su cara y ropa como papilla el babero de un bebé.
Sus dedos se regeneraron rápidamente, y este, como si fuese a abrazarla, recibió su respuesta debida.
— Qué pena.
Esa cara mugrienta no se arreglaría aunque te la arrancara.
— Di lo que quieras, bruja, es hora de largarnos.
Y tan pronto como acabó de decir aquello, el almacén explotó en una bola de fuego que destruyó el techo, provocando altísimas flamas, cual tornado de fuego.
Tan grande fue, que Ja-yoon sintió estar a punto de sofocarse, aun así no se movió, ni tampoco aquel sujeto que tenía en frente.
Así, el gigantesco lote de químicos de Trần quedó destruido, mientras un humo nocivo se diseminaba por todo el muelle; quedaban meros minutos antes de que alguna autoridad acudiese.
Ark-1 vio remotamente los botes que habían estallado, y ninguno de sus tripulantes había sobrevivido; nuevamente esas auras, que sintió antes, le llamaron la atención en el quinto bote, donde aterrizó de un salto.
Para cuando aterrizó, el trabajo lo habían hecho, y las unidades armadas habían sido abatidas; pronto, aquellos a quienes espió emergieron por una grieta lateral en el fuselaje, justo al instante en que la última embarcación abrió fuego.
La muchacha pálida se cubrió con un campo de fuerza, pero cuando el bote comenzó a hundirse, no tuvo opción más que saltar de vuelta a bahía, desde donde correría para observar lo que ocurría con los desconocidos.
En segundos, cuerpos volaron en la lejanía, vidas cortadas y aplastadas, luego silencio.
El bote comenzó a acercarse, hasta ponerse a la vera del muelle, nunca dejando de moverse, en aparente lentitud hipnótica, y Ja-yoon llegó a su lado, junto con aquel chico, cuya aparición le causó perplejidad a pesar de sentirlo de antemano.
Este le sonrió, ella lo ignoró, y siguió a Ja-yoon hacia la cubierta baja.
Una vez en el puente de mando, las hermanas se encontraron con alguien.
Era una chica delgada, de cabellos teñidos de color rojizo, cual llama en ascuas moribundas bajo un oscuro firmamento.
Rasgos finos, ojos de doble parpado bellamente marcados, hoyuelos en mejillas y una sonrisa de satisfacción al darse vuelta del timón, que siguió como por sí solo manejando la embarcación.
— Así que—aquí nos tienes.
Nagong.
—dijo Ja-yoon.
En la cubierta, la penumbra perfilaba no solamente a ella, pues pronto, desde las puertas laterales avanzaron aquellos otros a quienes Ark-1 sintió antes, marcados hasta lo más hondo de sus almas bajo la luz, tras el despeje repentino de las nubes, de una impía luna roja.
Fue como si el cielo mismo los delatase por la sangre derramada en un pasado que con su hermana era obvio compartían, y si ello no fuese incriminatorio en suficiencia, los ojos de estos jóvenes se mostraron inexpresivos, pero ocultando la locura, el trauma común de la segunda generación.
Sus uniformes tácticos oscuros, encima, absorbían esa misma luz, y permanecían envolviéndolos cual pecados imperdonables.
— Puedes agradecerme luego, por ahora salgamos de este basurero.
Detesto el olor de humano quemado ¿sabes?, es como la basura.
Y así fue, el bote se alejó del festival de fuegos artificiales y drones haciendo figuras en los cielos, entre la bruma por el mar.
Pasarían por una ruta, extrañamente sin contratiempo alguno, con la baliza encendida hasta llegar a aguas internacionales, donde se perdieron, y la chica que había bajado por la borda regresó, sucia de polvo, óxido y trazas de pintura.
Al menos hasta que, con una concentración finísima, extendió los antebrazos al tiempo que caminó junto a la chica pelifuego, y estos restos se desintegraron como si se desvaneciesen de la existencia.
—Bienvenidas —dijo la chica, con una sonrisa gélida— Ark-2, largo tiempo sin vernos.
Y qué gusto conocer a tu hermana, la poderosa Ark-1.
— Tu debes ser Nagong, supongo.
—replicó Ark-1— Y reconozco al otro, pero—¿qué hay de ustedes tres?
— Pues, primero, sí, soy yo.
Segundo, ¿Estos de aquí?
Son mi nuevo equipo, Stabber.
— Yo ya me lo esperaba de ti.
—dijo Ja-yoon— Desechos inestables que hasta Jang querría ver muertos.
Por eso los envió a esta misión suicida, y seguro tú insististe en traerlos.
— Decidimos un “cambio de ruta” al respecto de lo de morir.
Y todos nosotros estamos de acuerdo en que— se acercó a Ja-yoon— Nuestro interés real es en que esta gente nos deje en paz.
— Claro, por eso quieres ayudarme, es lógico.
—miró a Nagong por encima del hombro— ¿Pero qué es lo que me ofrecerás a cambio, hmh?
— El mensaje que tenía para ti.
Ja-yoon hizo un ademán con su mano para que continuase.
— A Ark-0, su bóveda.
La movieron entera al sitio de Busan hace dos meses.
— No es posible.
La bóveda es fija, y nadie la movió de allí por lo que contenía.
Podrían despertarla.
Nagong, negó con la cabeza, sujetándose el puente de la nariz con dos dedos antes de afirmar: — Oh, Ark-2, si tan sólo hubieras sabido.
Ella ya despertó.
Todo gracias a su vínculo con—ella.
Ark-1 fue señalada, y ella a su vez se puso un dedo en el pecho, de forma tonta.
Sin embargo, conforme lo pensó en los siguientes instantes, tuvo todo el sentido del mundo.
— Sí, tú.
Cuando tu hermana fue a liberarte, comenzó a agitarse.
Tenerla en el mismo lugar, sabiendo que podrían regresar, ya no era seguro.
Miró a Ja-yoon: — Y si quieres la ubicación exacta, tendremos que ir juntos hasta allá.
Lo que hagas después no es mi problema.
— Sé que sí lo es.
Sabes por qué quiero llegar a mi madre.
Ja-yoon miró por el ventanal, hacia el horizonte, donde el mar se encontraba con el cielo nocturno, en dirección a Corea, aún lejana en esta travesía.
—Jang creerá que seguimos huyendo.
— De hecho, debe pensar que estoy llevándolas, vivas o muertas, a Jeju.
Ark-1 golpeó un puño contra su mano, con una sonrisa: — No sabe que le llevaremos la guerra a su puerta.
— Y más pronto de lo que cree.
—dijo Ja-yoon— Pero pobre de ti si esto es un engaño.
—miró a Ark-1— Ninguna de nosotras llegará a ninguna parte.
La muchacha, preocupada por esa misma posibilidad, frunció el ceño, pero espabiló, y le puso la mano en el hombro a su hermana, sintiendo la vibración de los motores del barco.
— Justo lo que quiero que ese arrogante crea.
—afirmó Nagong.
— Iremos a Busan, hermana.
—aseguró Ark-1— Encontraremos a Ark-0, y si podemos, la salvaremos también.
Todos la miraron atónitos por un momento, como si hubiesen escuchado la mayor estupidez, o mentira jamás contada, pero prefiriesen quedarse callados para no romper una ilusión pura: — Y luego—destruiremos el Cuartel General de la Yongsadan.
Hasta que no queden ni las cenizas.
La perplejidad de los otros dio paso a sonrisas y murmullos nerviosos entre ellos, en son de incredulidad.
Ja-yoon, por su lado, solamente suspiró, antes de decirle a la pelifuego: — Cuando vea el puente Gwangan frente a mí, consideraré si te creo.
El mensaje que Ja-yoon había dejado en estos meses finalmente iba a ser entregado en persona.
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