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The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Preparando la trampa
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16: Preparando la trampa 16: Preparando la trampa (18 de febrero) Los días siguientes fueron una coreografía de violencia silenciosa y precisión técnica.

Habían estudiado los planos de la base y la sala de conferencias durante horas aquella mañana y tarde, además de las rutas por dónde entrarían, por dónde saldrían, y a qué horas sería.

Nagong recién había salido de esta larga reunión con las mellizas, comenzando a escribir mensajes en su celular.

Era el ícono de Jang mismo, vio Ja-yoon remotamente, con una sonrisa idiota editada en IA: “Oye, Jang, tengo nueva información.” “No me digas que otra vez las perdiste.” “Encontré a uno de sus cómplices locales.

El tipo dice que planean robar el token el día 19.” “¿Dónde están tú y esos despojos?

Seguimos sin encontrar sus chips.” Nagong se tocó el cuello, con una sonrisa, antes de responderle: “Debió dañarse cuando la chica Ark-1 nos golpeó con ese escudo de energía.

Me gusta menos que a ti tener metal muerto dentro.” “Como sea, lo arreglaremos luego.

Enviaré seguridad extra, que tu equipo esté listo, reúnelos.

Le diré a Kang que vaya para allá.” “Entendido, director.” Dejó de mensajear, su aura adquirió más calma, y fue cuando Ja-yoon dejó de fijarse.

Tras entrar y subir las escaleras, se sentó cerca del hombre, ahora contestando una llamada telefónica sobre un sillón viejo, recuperándose.

Allí, en el suelo, vestida apenas con una camisa y pantalón que sacó de un contenedor cercano, dejó su tercer ojo distraerse un rato, en tanto el hombre la miraba de vez en cuando.

Este decía lo que tenía que, en tanto su secuestradora viajó fuera de su cuerpo.

La ciudad de Busan desde aquellas alturas astrales había dejado de ser para ella una sola masa indistinta, pasando a volverse muchas capas superpuestas de acero, vidrio y los múltiples pecados de crimen, corrupción corporativa, traiciones y espionaje; ella podía escucharlo en cualquier lado.

Mientras los ciudadanos de a pie caminaron desprevenidos por las avenidas iluminadas, a tres niveles de profundidad, en un almacén olvidado estaba ella, un depredador agazapado, pronto a salir por su presa; y en la cima de un edificio administrativo en el Distrito Este, ya atacaría otro.

Aquella coreografía de violencia silenciosa llevándose a cabo, a través de zancadas por ventanas, paredes, y puertas que ahora veía, solo fue acompañada por el zumbido de los servidores que tenía en la nave principal, en su realidad espacial física, y el siseo de la materia rompiéndose al otro lado.

Tales zancadas eran las de Ji-won, quien llegó por fin a la azotea del edificio por el último tramo de escaleras de emergencia.

Trató de acceder por la ventana del último piso, en que se encontraba la caja fuerte, y pudo verla desde allí, sin embargo le fue imposible; ondas inhibidoras protegían aquellos corredores además del cuarto tras los vidrios blindados del interior.

Una seguridad muy fuerte, pero a fin de cuentas una barrera que, como cualquier cerradura para ella, era algo en lo que ella no creía.

— Mas vale que sea verdad lo que dijo.

—masculló— “Aun así no tendrá importancia, él sufrirá lo que pensaba hacerte a ti, puerta vieja.” Para ella, la materia era una sugerencia, una ilusión de solidez que podía ser negociada; frente a la puerta de aquella terraza cubierta, su abrigo impermeable se agitó con el viento marino, cargado de salitre y hollín.

No usó una palanca ni explosivos, simplemente puso su mano sobre la puerta de acero reforzado, sin protección extra, que conducía a donde quería ir.

Y mientras bajó sus dedos por la forma, los enlaces moleculares de la aleación de cromo y vanadio comenzaron a vibrar.

No hubo chispas, ni explosiones, sólo transformación.

En segundos, un círculo perfecto de metal se desprendió, convirtiéndose en un polvo tan fino que el viento lo barrió antes de que tocara el suelo.

Ella sonrió con satisfacción, llena de seguridad renovada.

— Hora de empezar.

Bajó y fue moviéndose como un fantasma entre los corredores, usando su habilidad de seccionar materia para cortar los cables del generador rugiente, un modelo inalámbrico de alta tecnología oculto en el cuarto de limpieza viejo cerca de los escalones.

Aquel era el primero, y último obstáculo real entre ella y la caja.

Las cámaras de seguridad con batería interna no la captarían porque, antes de entrar en su ángulo de visión, los sensores de silicio de sus lentes colapsaron, volviéndose arena.

Los guardias del pasillo perimetral, en uniformes negros de Yongsadan, ni siquiera sintieron su paso; Ji-won se movía en los puntos ciegos de la realidad que les rodeaba, antes de dejarlos incapacitados al desintegrar su sangre misma en polvo desde dentro.

Cayeron sin ningún escándalo, y sólo entonces se adentró por las paredes de vidrio internas, deshaciéndolas sin activar las alarmas, que quedaron apagadas con el resto del sistema cerrado.

“Aquí vamos.” Ya en la sala, caminó con tranquilidad a su objetivo final, repitiendo el proceso deconstructivo; en segundos, el mecanismo de dial y los pistones hidráulicos se desintegraron en sus manos.

Antes de que el objeto entero se desbaratase, observó su premio, atrayéndolo con telequinesia.

Extrajo el token, un dispositivo negro y liso con un núcleo cristalino, guardándolo en su bolsillo.

Ji-won salió sin ser vista, las cámaras y sensores se desintegraron conforme bajó las escaleras, matando a los hombres armados de dentro.

Dejaría tras de sí un rastro de “cadáveres minerales”, no muertos por ataques físicos, sino simplemente por la ruptura en la cohesión celular de su sistema cardiovascular.

Este fue el destino de todos los atacantes que bloquearon su camino, y por ello estos quedarían allí, de pie o sentados, convertidos en estatuas de sal orgánica y carbono degradado.

No se pudrirían; si se los dejaba allí, se desmoronarían gradualmente durante las próximas horas, como ruinas antiguas.

Se escapó por la puerta de servicio trasera, en lo que alguna fue un comedor buffet.

Una vez fuera, doblaría la esquina de la siguiente cuadra para desaparecer en la oscuridad: — Misión cumplida Ji-won.

Otro trabajo bien hecho —se dijo a sí misma.

Sacó una bolsa, con arena de restos, de su pantalón.

La miró con orgullo: — Y la evidencia, claro.

Finalmente, cuando más de diez minutos después llegó el director logístico con un grupo de agentes, y sabiendo lo recientemente ocurrido, pudo fingir sorpresa luego de que estos revisaron el desastre de dentro.

— Buscamos en todos lados, no está el token.

El sargento, un hombre con un corte horizontal en la frente, se llevó los cabellos para atrás: — Demonios, esto es malo.

— Esas malditas los engañaron —dijo Kang, nervioso— ¡¿Ahora qué se supone que haremos, eh?!¡Pueden robarme—!

—mostró su mano vendada— ¡Me podrían haber matado, y ustedes inútiles, no son capaces de hacer nada!

Aquello fue frustración genuina, y el sargento le respondió, conteniendo su propia rabia: — Señor Kang, tal vez sea amigo de la profesora, pero será mejor que no tiene más a su suerte.

Su trasero irá a casa, y se quedará allí, sin hacer nada, sin decir absolutamente nada.

—llamó a sus hombres con un ademán— ¡Señores, nos vamos!

De un empujón, lo hicieron avanzar a la furgoneta en que habían llegado, y se fueron del lugar, mientras él disimuló una sonrisa por bajo, aclarando su garganta: “Oh, se lo creyeron estos tontos.

Premio de 5 millones, pronto te tendré en mis manos.” Ji-won regresaría con el objeto más tarde, ya que viajó a pie, pero con una sonrisa en el rostro.

Fue Ja-yoon quien le abrió tras haberla estado siguiendo todo el tiempo con su visión: — Felicidades otra vez, ahora dámelo.

Esta se lo puso en la mano, casi como si le estrechase la mano, pero Ja-yoon bajó el brazo, en tanto la chica le decía con serena euforia: — Nadie me vio, excepto un muy largo listado de agentes muertos de Yongsadan.

Cuánto los he detestado, no tienes ni idea cuánto esperé para hacerles eso.

Gracias por la chance.

Ji-won le dio una palmada en el hombro, y le dejó la bolsa en la otra, a lo que ella respondió: — De nada.

La chica se percató de que, en el interior, el aire estaba saturado de electricidad estática.

Ja-yoon la dejó, para dirigirse a la parte trasera de la nave industrial, tirando el polvo en el suelo.

Los tatuajes de los gemelos, brillando bajo las lámparas halógenas, estaban acabando de puentear los servidores robados; uno de ellos se levantó, limpiándose las manos e inclinando cabeza: — Bueno jefa, terminamos de instalar los servidores, tal y como lo ordenó.

— Ojalá que dejarlos dos minutos sin vigilar no haya arruinado mis planes.

En esos días, bajo su atenta supervisión, habían configurado una red espejo que interceptaría la señal de internet y televisión del Centro de Convenciones.

Sus movimientos fueron sincrónicos en estos días, casi como si los hubiesen ensayado de antemano, mientras conectaron los cables de fibra óptica a una unidad central.

Y en ese momento culmen, los servidores se encendieron en sus bordes con una luz azul suave, todos los torreones de metal y circuitos ronroneando.

—La red espejo está activa —anunció el otro gemelo, con voz cansada— Entonces, cuando interceptemos la señal en el nodo central del Centro de Convenciones de Busan a la hora— Ja-yoon asintió, pero su mente ya estaba volando en otra parte, imaginando con delicioso deseo de venganza: — La televisión nacional no verá el discurso de Baek Jeong-na, sino lo que yo quiera.

—les ordenó— Prepárense todos, debemos estar listos para la gran noche.

A continuación, la joven pasaría horas frente a las pantallas de computadora que había instalado en la parte central del cuarto de arriba, instalando y probando los sistemas operativos virtuales, así como las conexiones inalámbricas desde las discretas antenas de afuera con el resto de la red.

Prepararía ella sola los canales encriptados a través de navegadores en la Deep Web, así como de Telegram y Discord con chats que ya conocía, y links que, ya en Vietnam, había compartido.

— Probemos si funciona— En ese tiempo, los gemelos se retiraron tranquilos, y jugaron varias partidas de póker con Ji-won y el demoledor como oponentes, y tras ganar la mayoría de los juegos entre reclamos, gritos de júbilo, de frustración o enojo, se pusieron a afilar sus cuchillos, antes de ir a dormir.

Ja-yoon para ese punto se refugió completamente en el cuarto de control, sin dejar pasar ni siquiera a Ryo-dan, rodeada de pantallas que bañaron su rostro en una luz amarillenta espectral.

El canal encriptado de chat, tras comprobarlo todo, finalmente parpadeó; no sólo alguien quería hablarle por mensajes.

En este caso, sería una videollamada la que abriría, e inmediatamente escuchó una voz familiar: — Ja yoon.

Ja-yoon, ¿estás ahí?

¿Eres tú?

No veo tu cámara.

La joven la encendió, levantando un breaker sobre su monitor central: — Oye, señuelo.

Estoy aquí.

—respondió ella.

Luego activó otro comando, y la distorsión de voz de su contacto arrancó.

Mai saludó con aliviada felicidad, a través de la pantalla: — Hola, ¿qué tal?

—miró por los lados— ¿Y Ark-1, en dónde está?

— Salió a la tienda a comprarnos café.

Pero en lo que nos ocupa, supongo que lo viste.

Mai, desde Vietnam, miró lo escrito en letra pequeñita sobre el lazo de regalo con que había llegado el disco duro, y la carpeta con notas escritas en el interior: — Sí, leí tus instrucciones para entrar aquí—con el—¿terminal remoto?

—y preguntó— ¿Eres scammer ahora?

— Huh, no me menosprecies.

Más bien dime qué aprendiste.

— Pues que Hoffen International tiene dentro a gente muy mala, eso seguro.

Aún no me lo creo, cuán corruptos pueden ser.

— ¿Comprobaste lo que te pedí?

— Sí.

Seleccioné los nombres y sus datos financieros.

No entiendo por qué te interesan tanto los vinculados a un laboratorio en Jeju.

Busqué la dirección en mapa, pero dudo que allí— — Todo lo que está en esa lista tiene importancia para acabar con el origen del problema.

Confirma si reuniste la información de ADP según los pasos que te dejé.

—Confirmado —dijo la voz de Mai, filtrada por tres capas de distorsión—.

Los archivos de ADP están listos.

Veo que en su mayoría son testaferros de Jang, y de unas hermanas Baek, neurocientíficas.

No parecen tan relevantes.

— Ellos estuvieron detrás, desde el inicio.

Y ¿qué hay de las personas de Hoffen y los sitios?

— Nombres en Ginebra y los laboratorios de experimentación secundaria en Tailandia y Filipinas caerán primero.

Ja-yoon observó los diagramas de flujo del dinero entre los actores involucrados, asegurándose de que su próxima purga fuese lo más quirúrgica posible.

—¿Y las instalaciones de Mokpo, París y Múnich?

¿Modificaste la data?

—preguntó Ja-yoon.

— Quedaron intactos, tal como ordenaste —respondió Mai—.

Si alguien investiga, parecerá que esos centros son filiales médicas legítimas.

Pero— — Ya sé.

— ¿Por qué haces esto?

¿Por qué encubrir a unos, y a otros no?

Deberían caer todos.

Ja-yoon le mintió, sin miramiento: — Como viste, hay pruebas menos sólidas de sus vínculos.

Y necesito que estén ahí para investigarlos más a fondo, mientras los que claramente son vulnerables se derrumban.

Ella tenía la copia de la data completa, a diferencia de la adolescente, quien preguntó: — ¿Será suficiente esto?

¿La red de los traficantes—caerá?

Pero al menos, la joven dijo algo cierto: — Así va a ser, te lo puedo asegurar.

Ja-yoon cerró los ojos un momento.

Sabía que estaba traicionando la idea de justicia que Mai tenía en su cabeza.

La adolescente creería que estaban exponiendo el mal para destruirlo; Ja-yoon lo estaba exponiendo para promover sus propios intereses.

Los sitios que quedarían en pie—ya tenía un plan en mente para eso.

Mientras tanto, Nagong había salido al patio de nuevo, recibiendo una llamada de Jang: — “Eres una inútil, ¡robaron nuestro acceso logístico!

Ya no hay tiempo para crear otro nuevo, así que mejor soluciónalo de una vez.” — “Sé que fue Ja-yoon, pero hay más.

Sospecho que alguien entre los Stabber nos traicionó.

Si no, ¿quién más sería tan tonto de ir a avisarle, apenas les dije del plan?” Jang rio: — “¿Y tú para qué estás?

Debías apretarles la correa.

Pero descuida, porque en caso de que algo más ocurra, los cazadores irán por todos ustedes.” — “No los desperdicies, Jang.

Yo misma me haré cargo de las mellizas y el traidor con la toxina que me diste.” Sacó un vial verde de su bolsillo: — “Si no lo has hecho para cuando comience esa absurda gala, mejor será que no vuelvas.

Yo mismo recogeré tu cadáver.” El director le colgó, y ella pegó una risotada, guardando el veneno.

Mantener la ilusión de que Ja-yoon y Ark-1 seguían siendo esquivas, guiando a los cazadores a lugares donde no estaban, era algo que le divertía.

La pelifuego jadeó para relajarse, frotándose las sienes.

Entró a la bodega para hablar con Ja-yoon, quien la volteó a ver con calma apenas la oyó: —Jang está paranoico —dijo, lanzando su teléfono sobre unas mantas cercanas—.

Esto tendrá su límite mañana o pasado, es todo lo que podré hacer.

— ¿Cuándo vendrán sus perros?

— Para eso hay más tiempo, como te aseguré antes.

Ya les dije ayer que detectamos un rastro de tu frecuencia telequinética cerca del puerto.

Jang lo creyó como siempre, y envió a los Cazadores hacia el norte, a Gijang.

Se tomarán un rato buscándote.

— Bien.

Ahora ven conmigo.

— ¿Qué más quieres?

— Ya lo verás.

Tras hacerle una seña con la cabeza, la llevó al ordenador del cuarto, y allí encendió el sistema virtual de simulación, antes de hacerla sentar con una mano: — Si vas a meterte en esa sala, será mejor que no falles.

Así, la chica tuvo que practicar hasta la medianoche, bajo su mirada inescapable.

Pero como podía esperarse, llegó el punto de quiebre.

Nagong hizo el intento de romper los cifrados de entrenamiento en las fases de simulación, cientos de veces, pero con cada paso que dio adelante, fue dos para atrás, hasta el punto de reventar su cabeza con tantos comandos.

Rascó su cuero cabelludo, apretando la mandíbula a puño cerrado ante cada fallo, mostrando que, por más superhumana que fuese, sistemas como aquellos estaban diseñados para ser casi impenetrables: — ¿De dónde diablos sacaste estos?

— Los sitios que visité, claro, y los dejé evolucionar en un servidor personal.

— Deberías ser más específica.

— Como si eso fuera a pasar.

Sentada allí frente a una consola, sus dedos volaron sobre el teclado en un intento frenético por romper el cifrado de nivel 10 de la Yongsadan para la simulación de entrada.

A pesar de su astucia, de su velocidad de pensamiento, el sistema de Jang estaba diseñado por mentes que no buscaban lógica, sino redundancia absoluta.

La chica golpeó la mesa con ambas manos, antes de ladearse y masajear su frente: —¡Maldita sea!

Esta basura no se abre.

— Si no tenemos ese comando de voz perfectamente sincronizado con el token, el dispositivo de seguridad nos alcanzará antes de que pise la alfombra roja.

— Esto es irrompible, no tiene caso.

Conozco a alguien que podría, pero no llegaría a tiempo aunque lo llamara ahora mismo.

— Pues dependerá sólo de ti.

No hay forma de que te ayude, no puedo estar en dos lugares a la vez.

— Debe haber una forma de hacer una brecha en la recta final de códigos antes de meter el número de serie.

Es lo que queda.

Ja-yoon la miró con una expresión indescifrable, detrás de un par de gafas.

Le puso las manos a los hombros, dándole un breve masaje: — No necesitas romperlo, sólo que parezca que lo hiciste.

Le dijo al oído: — Sabes que el poder de Jang es su cortafuegos más débil, creyéndose con el control porque tú le das informes, pero siempre un paso atrás, por su ego.

Se topó la sien con el dedo — Haz lo mismo con esto; usa la cabeza.

Se alejó, y Nagong se quedó en silencio, pero creyó entender lo que quería decir Ja-yoon.

Aquel era un juego de ordenador más allá del monitor, donde el más mínimo parpadeo significaría la ruina del plan, y la muerte.

Un juego que practicaron juntas, observándose de cerca, hasta el cansancio.

Así el día terminó, con un equilibrio precario.

Kang había regresado a su casa, creyendo que había escapado por su astucia de un secuestro y de la furia de sus superiores, además de con mucho dinero.

Nagong, antes de dormirse, sintió el aliento de aquellos uno punto cincos en el cuello, a pesar de su lejanía siempre mantenida, en misiones suicidas tras fantasmas que ella misma había creado.

Había sido todo un baile de espejismos.

Ja-yoon miró a Ark-1, que dormía en un rincón con la respiración pesada, murmurando en sueños: — Hambre—frío—dolor—no, por favor no— —Solo dos días más —susurró Ja-yoon para sí misma, acariciando el token—.

Dos días, y el mundo verá quiénes son.

Tomaré lo que es mío.

El tiempo siguió corriendo, y en la oscuridad de Busan, la Luna Creciente ya no fue una promesa, sino una sentencia.

(19 de febrero) La última noche antes del fin del mundo, tal como lo conocían, no les trajo paz.

El almacén industrial se sintió pequeño, asfixiante, su aire estuvo cargado no solo con el olor a ozono de los generadores y servidores, sino con una presión psíquica que hizo que incluso los gemelos, usualmente de aura activa, se frotaran las sienes con irritación.

En la oscuridad, Ja-yoon observó nuevamente el organigrama proyectado en la tableta de Nagong.

Sus ojos no apartaron su vista de los nombres, sus dedos deslizaron sobre los rostros de los ejecutivos y científicos de ADP y Hoffen, marcándolos con una X roja si sabía que estaban muertos.

La luz azul iluminó sus facciones en esos minutos, dándole un aspecto marmóreo, casi inhumano; luego, marcó una X verde sobre aquellos que quedaban, cual golpe de estado silencioso.

— Es mucha gente para sacrificar —murmuró Ark-1.

La muchacha pálida la sobresaltó, observando la pantalla sobre su hombro.

Su voz sonó pequeña en la inmensidad, difuminada por rayos de luna difusos.

— No son sacrificios, hermana.

Sólo limpiaremos la maleza —respondió con una frialdad que helaba, más que el viento en Busan— Si cortamos las ramas podridas, el árbol de Hoffen seguirá vivo.

— ¿Y por qué dejarlo?

Ja-yoon suspiró: — Sólo así mantendremos a salvo lo que importa.

Nagong soltó una risita cínica desde las sombras.

Al voltear en su dirección, la vieron apoyada en una columna, dejando que la llama de un encendedor bailara frente a sus ojos.

Pasó los dedos de una mano sobre el fuego, haciendo que este jugase con su piel: — Qué poética.

Dejas que la Alianza se lave las manos con la sangre de las Baek.

Veo tu juego final, Ja-yoon.

Llegará pronto el día, cuando te sientes en su misma silla.

Las recibirán con aplausos por haber limpiado la organización, y los de afuera se calmarán un tiempo.

— Aunque así fuese, sabes que todavía faltaría una cosa importante para consolidarlo.

Y no es algo que de momento tenga en mis manos.

La chica rio por lo bajo: — Eres más maquiavélica de lo que Nobleman jamás imaginó.

Ja-yoon se sintió ensombrecida por un momento, pero lo dejó de lado y apagó la pantalla con un gesto seco.

La oscuridad se tragó las “X” rojas y verdes, pero los nombres ya estaban grabados en su memoria, en mejor o peor forma.

— No me importa lo que él imaginara.

Mañana, se presionará el botón.

La Alianza tendrá su villano en ADP y sus cómplices, nosotras tendremos el camino libre hacia la Bóveda mientras se quedan aturdidos.

Tú sólo asegúrate de que esos dos no maten a nadie que no esté tachado en verde.

— Ya me lo imaginaba.

Sabía que no eras de las que perdona.

Ja-yoon devolvió la tableta, y miró a Nagong: — Necesito a los supervivientes de la gala lo suficientemente asustados para ser útiles, y que recuerden lo que sucedió con quienes estuvieron en nuestra contra.

— ¿Sabrán que fuimos nosotras?

— ¿Y quién más los haría pasar una vergüenza así?

Ahora ve con los otros, que se preparen.

La chica, con una mueca despectiva, se dio vuelta para irse: — Como sea, ya me iba.

En aquella, la víspera del caos, el ambiente en la base se tornó eléctrico.

Los Stabbers revisaron varias veces más las armas inhibidoras en las cajas, los rifles y pistolas EM, así como los fusiles de flechetas explosivas.

Ja-yoon se encargaría de pulir algunos de los detalles para su entrada a la gala, como las poses, lo que debía decir, o la forma en que pensaba presentarse en el momento más importante.

Ark-1, en cambio, simplemente miró en dirección al hipercentro de la ciudad, observando remotamente a la gente pasar, y los rascacielos de alrededor.

Sabiendo las coordenadas esta vez, llevó su percepción extrasensorial bajo tierra, más allá de la red de desagües y alcantarillado, más profundo.

Lo vio allí, una puerta blindada, con el signo dorado de un dragón chino, hasta que fue más allá, gente moviéndose de uno a otro sector de la instalación de dos niveles, hombres de negro caminando a una cámara central.

Adentro, la Bóveda de Ark-0, una enorme pecera de líquido azuloso, reforzada con sujeciones de adamantio, cuyas luces rojas latían lento, como un corazón enfermo.

Tomó aire, y volvió, tiritando: — Ya casi es hora.

Ella sabe que vamos.

Y no está feliz.

Ja-yoon, terminando de ajustar el software de bypass, cerró su computadora portátil.

Se puso de pie, su figura recortada contra la luz de una luna despejada, que se filtró por las rendijas del techo.

—No vamos por su felicidad, hermana.

Vamos por nuestra libertad.

Y si para obtenerla Busan tiene que arder, que así sea.

Mientras Ji-won siguió afilando un cuchillo, que ya no tenía filo porque su simple presencia desintegraba el metal cuando se concentraba demasiado, y Ryo-dan tarareaba canciones infantiles mientras recargaba las baterías de sus pistolas EM y el taser, Ark-1 se alejó a una esquina, donde sus mantas y las de Ja-yoon estaban.

Miró por una grieta hacia afuera, y en pocos minutos, se había acostado y cerrado sus ojos.

No vio los rascacielos, ni las luces de neón del Lotte Hotel, sino que fue atraída hacia abajo.

En sus huesos, la Bóveda no era una estructura de concreto; era un organismo vivo, una herida infectada que supuraba frío.

La “Resonancia” estaba tornándose insoportable, y esa noche, Ark-1 pudo sentir cómo el frío de aquel maldecido lugar se subió sobre sus propias manos, creando una urgencia biológica, un clamor, en una visión morada de la cámara De repente, el almacén desapareció.

Ark-1 ya no estaba en la ciudad, sino en aquella cámara terrible, sumergida junto a su madre biológica en un líquido amniótico que quemaba como el nitrógeno líquido.

Una luz morada, densa y eléctrica, lo inundó todo en su campo “visual”.

Susurró, y sus palabras formaron una pequeña nube de vaho: — Ark-0, eres tú.

En el centro de esa luz, una silueta se retorcía en espasmos de pesadilla.

No era una mujer, era una fuerza de la naturaleza encadenada, que al sentir su presencia astral, abrió los ojos de par en par.

Extendió la mano a ella, lento, pero le produjo a la muchacha pálida un gran terror.

Igual que sus susurros, más urgentes, más grito que otras veces: “Hija, ven a mí.

Ven a mí, libérame, hija mía.

Libérame”.

El grito no fue auditivo, fue una explosión en su sistema nervioso.

Ark-1 se levantó asustada, y tambaleó hacia atrás, agarrándose de una pila de cajas que comenzaron a cubrirse de hielo bajo su contacto.

La urgencia biológica era tan fuerte que sentía que sus propias células intentaban desgarrarse para volar hacia la fuente de ese llamado.

La conexión ya no fue una simple incisión de telepatía, sino una invasión que perturbó sus corrientes áuricas hasta volverlas en un vórtice, un vacío como el que Ja-yoon solía presentar.

Sintió cómo sus dedos perdieron sensibilidad, tornándose de un color pálido cadavérico, cubiertos por una escarcha invisible que solo ella podía percibir.

Ja-yoon se acercó a ella, cerrando su computadora con un chasquido que rompió el trance de su hermana.

Se puso de pie, su figura recortada contra la luz de la luna que se filtraba por las rendijas del techo, pareciendo una deidad del inframundo lista para reclamar su trono.

— Vuelve conmigo.

Recuerda, debemos estar listas para mañana.

—¿Cómo?

—Nuestra sincronía, claro.

—Es verdad.

Olvidé que ya era hora de entrenar.

—Hmh.

—¿Segura que será suficiente?

Sé que hemos hecho esto desde Da Nang, pero— Ja-yoon extendió una mano y tocó el hombro de Ark-1.

El calor de su voluntad pareció detener la escarcha por un momento.

—Debe hacerlo.

O moriremos las dos.

Y yo no pienso morir, así que ¿qué me dices de ti?

Ambas miraron hacia el horizonte, donde el 20 de febrero las esperaba con las fauces abiertas.

El tiempo de las sombras había terminado.

Mañana, bajo la luz de la luna creciente, la sangre escribiría la nueva jerarquía de su mundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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