The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 La hora crepuscular
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17: La hora crepuscular 17: La hora crepuscular (19:00) Frente a Song Sanghyeon Square, ya todo estaba listo.
Una limusina rentada y una furgoneta se aparcaron a la vereda del carril sur, pero de las siete personas presentes, solamente las dos hermanas se bajaron del primer y segundo vehículo, respectivamente.
Al encontrar sus miradas, pudieron sentirse a distancia con alivio, al encontrar corrientes bravas, más bien encauzadas, en el flujo empíreo de sus auras: — Llegó la hora, Ja-yoon.
Esta se tomó de un brazo, pero manteniendo su regia postura: — Sí, creo que es—un buen momento para darte las gracias.
Sigues aquí, a pesar de lo que yo— — Está bien, entiendo todo ahora.
Yo te agradezco—por confiarme esto que te importa tanto.
Ella asintió, ya sin necesidad de más de tales palabras, pues a nivel del fuego en su interior, de los colores que para la gente eran invisibles, las cosas habían quedado claras.
Preguntó entonces: — ¿Memorizaste bien la ruta?
Sería bueno si llegas con ma—ehem, no.
Con Ark-0, antes.
— Tranquila, sé qué ductos debo seguir, podríamos demorar una media hora.
— Podrás hacerlo, hermana.
—dijo Ja-yoon, distendida— Y mantenlos bien vigilados, ¿está bien?
— Lo haré.
— ¿Estás segura de dejar a Nagong en la base?
¿Qué tal si—?
— Ella cumplirá su papel —dijo Ja-yoon, confiada— Y Mai el suyo.
Esto la alivió, como si hubiera recordado lo que siempre supo: — Mañana seremos libres, hermana.
Estaremos todos a salvo.
Por supuesto, los del Equipo Stabber presentes no entendieron realmente a qué se refería la muchacha pálida con “todos”.
Supusieron que se trataba de ellos mismos — Así va a ser.
Asintió, y esta vez, tragando saliva por los nervios que su melliza jamás había visto, puso las manos en sus hombros, y le devolvió el abrazo que ella le había dado.
Las hojas de los árboles fueron movidas por una suave brisa, igual que sus cabellos, y en aquel etéreo ambiente, se selló una alianza que el tiempo no borraría, mas pondría a prueba.
Aquella noche, y muchos días por venir.
Ja-yoon aclaró su garganta, tras unos segundos, abriendo los ojos, y se separaron.
Ark-1 acarició fraternalmente sus brazos con una sonrisa, y las dos se separaron para tomar sus caminos.
Los vehículos se separaron en la carretera, la furgoneta en sentido sur, la limusina al este, hacia sus destinos.
(19:30) Había fotógrafos, algunos reporteros con sus equipos y furgonetas de los diferentes canales ya en el lugar; SBC, TVN, SBS, MBN, JTBC y MBC, listos para cubrir un evento de claro interés nacional: — Desde 1991, la Gala Hoffenstein ha reunido a inversionistas nacionales y extranjeros para una causa común, el apoyo a las poblaciones sanitariamente vulnerables.
— Hoffen International fue fundada en 1952 por el filántropo alemán Franz Hoffenstein —informó una reportera— para dar suministros, medicinas y cobijo a las víctimas civiles en la Guerra de Corea.
— En las subsiguientes décadas, soportando la censura desde los años sesenta hasta la llegada de la democracia en 1989 —explicó otro— ha promovido la investigación, el desarrollo farmacéutico y la buena voluntad de nuestra nación a nivel internacional.
— Hoy, en su 69 aniversario, —afirmó una tercera— es una de las organizaciones internacionales más importantes para el país, promoviendo el combate contra el cáncer, Alzheimer y otras enfermedades crónicas.
La gala benéfica había comenzado justamente en ese punto, y Ja-yoon había llegado a la hora justa en la limusina, bajando con un encogimiento de hombros humilde, mirando a los lados con aparente ansia al inicio, y luego una sonrisa tímida, dignos de una actriz.
Desde dentro de los vidrios polarizados, fue vista por los gemelos desde la fila delantera, con un neutro nerviosismo, mientras Ryo-dan, de traje y pantalón, solo contempló con emoción las luces, sonriendo al ver pieles tan suaves, esperando a ser marcadas por ella.
La joven podía sentir las urgencias asesinas de sus cómplices, pero siguió caminando por la alfombra roja, como si nada, entre murmullos y el lento reconocimiento de los medios.
Los guardias en la entrada, ella los distinguió, por sus marcas, como sujetos de primera generación.
Estos estuvieron urgidos, por su rencor en común hacia ella, a detenerla, pero en tanto se acercaron, recibieron una comunicación al oído.
Uno asintió, saludándola, y revisó su invitación, dejándola pasar con pulso tembloroso.
Ella se aparecería en el salón principal, viendo sus alrededores en postura erguida, su vestido negro volviéndose muy poco destacable entre lo que llevaban puesto otros invitados, algunos de los cuales la saludaron con cierta condescendencia.
Fue cuando pasó, y entre el personal presente, incluyendo fotógrafos autorizados, se le puso en frente a una chica bajita, con chaleco azul de prensa y ojos brillando en expectativa, su teléfono en modo grabación: — ¡Hola!
—saludó, agitando la mano— ¡¿Tú eres ella, cierto?!¡¿Eres Koo Ja-yoon, del concurso “El Nacimiento de una Estrella”?!
Ja-yoon le hizo un gesto, bajando sus manos para que bajase el volumen, mientras sonreía con no tan falsa vergüenza, mas exagerada: — Shhh, está bien, no es para tanto.
— ¡¿Cómo que no?!
—respondió ella, tapándose la boca de inmediato antes de continuar— Lo siento —y afirmó— Eres la influencer más misteriosa de internet desde hace como dos años, a todos les encantaron tus canciones.
Amé la segunda.
Como si eso la joven no lo supiera, hizo como que le provocó un poco de sorpresa: — Dime, ¿en realidad es cierto el rumor de la maldición?
Ja-yoon no esperó esa pregunta: — ¿Uh?¿De qué—maldición hablas?
— Ah sí, bueno —respondió, gesticulando con una mano— Luego de que el programa se cancelase, muchos en internet comenzaron a esparcir el rumor de que tu poder tenía un lado oscuro.
Esto a Ja-yoon le sacó una risotada genuina: — ¿En serio?
— Es cierto.
Dicen que después del truco del micrófono, te obligaron a dejar el programa bajo presión tras bastidores, y que tú, en venganza, echaste una maldición sobre el canal.
Los ratings de sus series han bajado mucho desde que desapareciste del ojo público.
Ja-yoon negó con cabeza y manos: — Oh, no —se apresuró a responder, tomándoselo a broma— Esos son solamente—rumores.
De verdad —cruzó manos— todo son invenciones de internet, no tengo—esa clase de superpoder.
Seguro han hecho buenos memes con eso.
Alegre, la chica asintió, divertida: — Sí, eso es muy cierto.
— Oye —le puso la mano en el antebrazo— Por cierto, no me has dicho tu nombre, me has—parecido muy simpática.
El brillo ígneo que sus ojos escondían decía otra cosa.
— Ah, es verdad —se sonrojó, y respondió la fisgona— Mi nombre es Han Soo-young, estudio periodismo.
— Vaya, creí que ya eras una profesional —mintió— Te vi bastante segura al preguntar.
— ¿De verdad?
Muchas gracias.
Hago lo mejor que puedo.
El supervisor de planta llegó en su elegante uniforme de servicio, a pasos rígidos y rápidos, tocando el hombro de esta nueva conocida: — Señorita, disculpe, ¿tiene tarjeta de acceso?
Soo-young al voltear, se había encogido de hombros.
Entreabrió la boca, y rio de forma nerviosa, antes de recibir su advertencia: — Por favor, retírese, está molestando a los invitados.
Ja-yoon sonrió por dentro, mostrándose consternada por fuera, mientras la pobre interlocutora se explayaba: — En serio, yo tenía mi tarjeta por aquí, creo que en este bolsillo.
Dos de seguridad, con gafas y trajes, se aproximaron a ella, llevándola de los brazos hacia una puerta de emergencia, más allá de la sala en los corredores, al lado de la escalera al segundo piso: — ¡Camina!
— ¡No!¡Esperen, este es mi momento!¡Musa del Campo, ayúdame!
La mirada de la joven cambió a una de molestia, y recuerdos amargos, apenas Soo-young apartó la vista de ella, a la entrada abierta.
— Tsk.
Y mientras ella se apartaba, guiada por el supervisor hacia la mesa, un hombre con credenciales de prensa se presentaría afuera, cerca de donde la chica fue sacada a empujones.
Este estaba furioso, al serle explicada la situación por los trajeados; y Ja-yoon, por supuesto, escuchó todo con deleite extrasensorial: — ¡¿Qué estabas pensando, niña malcriada?!
— ¡Au!¡Ay!
Le dio unos carpetazos en la cabeza, y esta se sobó el golpe: — Por favor profesor, ya entendí, no siga— Levantó los folios en el aire, Soo-young se cubrió con las manos, encogiéndose: — ¡Ojalá fuera cierto!¡Encima de que te acepté como pasante por insistencia de tus padres, vienes a hacerme pasar esta vergüenza!
Más carpetazos, una finta de patada que la hizo adelantarse en trote, y se marcharon de allí ante la mirada impasible de los sujetos, de vuelta al furgón del canal para el que trabajaban.
Ja-yoon se acomodó tranquilamente en su asiento, a escuchar el discurso de apertura por parte de un representante de Hoffen por unos minutos, antes de dirigirse al baño.
Allí, sacó su comunicador del bolso, y encerrándose en uno de los cubiles, habló: — ¿Estás ahí, Nagong?
El aparato zumbó antes de que aquella respondiese: — Lista.
— ¿Comenzaste la secuencia de ingreso?
— Estoy en ello.
— Que ocurra a la hora exacta.
— Confía en mí, “jefa”, saldrá como quieres.
— Eso espero, claro.
Corto.
Salió, y se adelantó hacia el espejo, donde se miró a sí misma por unos segundos.
Se veía impecable, una lanza venenosa dirigida directamente a derribar un corazón enfermo, del imperio dentro de un imperio.
(19:45) El gran salón principal, convertido ya en un despliegue de opulencia obscena, con paneles de luces y decoraciones en sus circulares columnas color crisólito, fue escenario de los primeros aplausos tibios a alguien que, a los ojos de aquellos empresarios, financieros, políticos e ídolos, no era nadie.
Ja-yoon aplaudió en imitador entusiasmo, su mirada de obsidiana observándolo todo con extrema cautela; el incidente de hace poco había sido una brecha inesperada, que esperó no le costase todo lo que había construido a puerta del horno.
Hubo un receso para permitir el encuentro de las diferentes figuras de la fundación con estas partes interesadas, a la caza de auspicios y asociaciones lucrativos, o al menos de eso querían convencer unas partes a otras.
En cuestión de minutos, aquello se transformó en una eterna retahíla colectiva cuyos hilos a la joven le llamaron más o menos la atención, dependiendo de quien hablase con quien.
En esos momentos, caminó y conversó brevemente, con prudente elegancia, entre aquellos de la élite de Busan que habían venido, como si pagara respetos, y a la vez como si el suelo le perteneciera, rasgo el cual no tardó en ser notado por los perspicaces.
Figurando un interés en la barra de coctelería, como la “ignorante” y “chabacana” campesina que un grupo de hijos de empresarios creyó que ella era, se alejó hacia allí.
Pidió un coctel tropical azul con gas, y nuevamente se comunicó: — ¿Cómo sigue?
Nagong fue tomada de imprevisto al otro lado, haciéndose para atrás en su silla de un empujón fastidiado.
Había estado agazapada tras la consola técnica con los auriculares, sudando frío mientras su terminal remoto vibraba con el ingreso de códigos.
Y todo antes de alcanzar el bypass del token de Kang.
— Lo estoy logrando, tú sigue pavoneándote si quieres.
Estamos al 62% del proceso.
— ¿Tan lento?
—suspiró— Recuerda usar la cabeza.
Corto.
Guardó el aparatito, y sorbió de la copa con delicadeza.
Su mente se permitió perderse en el sabor, y las burbujas reventando en sus papilas gustativas.
Solamente por un instante.
— Hola.
Mi querida niña.
Y de repente, saliendo de entre los grupos de invitados cruzándose frente a su visión, apareció la razón por la cual existió, y tanto sufrió penurias; sintió cómo su sangre hervía, su aliento se entrecortaba, sus pupilas se encogían como vórtices de puro odio.
Baek Jeong-na se estaba acercando en su silla de ruedas automática, ataviada en un vestido blanco con detalles plateados, anteojos y el cabello recogido con un sujetador de plata; el contraste con el vestido negro se tornó insoportable, a pesar de durar instante de silencio bullente.
Fue así que ambas se encontraron frente a frente una vez más, que Ja-yoon juraría, iba a ser la última de todas, por siempre.
— Profesora.
—dijo, recobrando confianza— Qué gusto me da volver a verla.
La científica llevaba a mano una copa de champaña, que sorbió mientras le fijaba la vista con arrogancia, a pesar de ser no mucho más que una figura postrada, que se cruzó lentamente delante de su asiento, como si pretendiese bloquearle el camino a alguien como su creación.
Pero a la joven no le sorprendía, pues así era Sang-na, y claramente también Jeong-na demostraba esa ilusión de control, desde su propio rostro, una máscara de cirugías, su semblante sonriente, lleno desprecio, iluminado en un instante con una sonrisa depredadora.
— Koo Ja-yoon.
Quienes te criaron eligieron un nombre irónico, ¿no lo crees?
Ja-yoon no supo qué responder, no por miedo a aquella amenaza velada, sino porque, en el fondo, sabía que sus decisiones, por más necesarias que fuesen, hacían eco de las últimas palabras que su padre le dijo antes de marcharse, ciertas como estacas clavadas en su corazón.
— O debería decir mejor—Ark-2.
La verdad no lo sé, suena más apegado a la realidad.
Usaste a esos pobres ancianos para tu propio capricho infantil.
Se acercó más a la joven, susurrando con burla: — Y pensar que alguien tan penosa como tú sería la superviviente más testaruda del proyecto, ¿eh?
Se rio con saña aquella mujer de cabellos resecos y grises.
— Es precisamente alguien como yo la única que podría haber llegado hasta aquí.
Usted no pudo hacer nada ni siquiera con su guardiana, en su propia casa.
—miró a los lados lentamente, e hizo cara de preocupación— Y ¿qué cosas, no?
no me parece que esté por este lugar.
Baek cambió su cara de inmediato, pero tragó saliva antes de responder, comenzando a alejarse, ya unos cuantos guardias trajeados acercándose al bar: — Ya veremos quién llega al final de esta noche, jovencita.
No estés tan confiada.
La joven exclamó: — Fue un placer verla, que siga bien de salud.
Mis mejores deseos.
—e hizo gesto de brindis.
Los sujetos llegaron, sentándose en los asientos aledaños del bar como si fuesen clientes, pero teniéndole puesto el ojo en todo momento.
La mujer se alejó de ella, dándole una mirada despectiva de reojo, antes de reunirse con algunas otras personas cercanas, quienes la saludarían gustosos.
Ja-yoon miró a los trajeados cerca de ella, mientras se terminaba su coctel, impostando una cara angustiada que a aquellos hombres les estuvo por sacar de casillas en silencio.
(19:50) Nagong continuó rompiendo códigos, absorta en los monitores, totalmente enfocada en la composición de sus dedos sobre el teclado; no había encendido las luces, ni siquiera con su mente, hasta llegar a la penúltima fase: — INGRESE EL NÚMERO DE INVITACIÓN.
Ella lo hizo, y comenzó a sudar, cuando el siguiente ícono rezó: “SELECCIONES E INGRESE EL PIN DE VERIFICACIÓN” Números tras números que cambiaron aleatoriamente en las casillas.
Trató de detenerse en uno, pero el computador pitó, con el número titilando en rojo: — NÚMERO INCORRECTO.
Intentó de nuevo, y de nuevo, y de nuevo, pero siempre con el mismo resultado.
Este había sido el mayor problema en las simulaciones, estos códigos cambiantes que jamás había logrado atravesar.
Hasta entonces.
Se iluminó su mente, y sonrió con alivio.
— Así que usar la cabeza.
De eso se trató todo el tiempo.
Se concentró, y con su poder, se adentró en el código fuente del sistema operativo mismo, una miasma confusa de líneas y transferencias de datos constantes en un proceso nunca pensado para ser contemplado por humano normal alguno.
Ella era de los pocos en un mundo tan grande capaz de hacerlo sin enloquecer.
Fue como copiar en un examen, donde los apoyos están esparcidos por todo el predio de la escuela, y debes verlos antes de unirlos en una respuesta.
Una vez el primer símbolo fue identificado, no tardó en hallar los demás: — Bingo.
El número quedó completo, el código entero titiló en verde, y accedió a la etapa final, ya el sistema remoto completamente arrancado.
Fue allí cuando sintió la vibración de su teléfono sobre el escritorio.
Abrió la pantalla plegable, y he allí, un rostro que despreciaba, antes de tomar su llamada: — ¿Ya es la hora?
Esa fue la pregunta que le hizo ella.
— Ya es hora.
Hay que mostrarle por qué debió morir.
— Te lo aseguro.
Será más que suficiente.
Del otro lado, el hombre de cabellos largos hasta el cuello, iluminado por luces rojas en la penumbra, miró a sus propias expectativas con una sonrisa macabra.
— Esto será sólo el principio.
Colgó, y Nagong llegó a la recta final, con el código de la invitación, y finalmente, una solicitud indicando: — INGRESE TOKEN DE ACCESO.
Ella hizo tal cual en una ranura, y tras un icono de carga redondo, se pidió lo último: — INGRESE COMANDO DE VOZ PARA ACCEDER.
Con su teléfono, puso la voz de Kang al micrófono, y apareció aquello que había estado esperando.
Era un icono verde con un visto que leía: — ACCESO CONCEDIDO.
BIENVENIDO, DIRECTOR KANG.
A Nagong, por un momento en su expresión taciturna, se le iluminó el rostro por aquel éxito, hasta que sus pensamientos se hundieron nuevamente en el juego: — Jang.
Ja-yoon.
¿Quién será?
—susurró al viento.
Se dedicaría a una sola de sus pantallas, la central donde apareció una notificación rectangular con un signo de admiración.
“EL SIGUIENTE PAQUETE DE DATOS Muse201821.cnv NO ES PARTE DE LA SECUENCIA DE PRESENTACIONES EN CONVEX20221.cnv.
¿DESEA FORZAR SUBIDA EN EL SEGMENTO ESCOGIDO?” — Sí.
Presionó la tecla, y la barra de porcentaje se llenó con rapidez.
Ella envió entonces un mensaje por el teléfono.
— Listo, director.
Cuando quiera.
De vuelta en la gala, todos se habían vuelto a sentar para dar lugar al representante, filmado nuevamente por las cámaras y los teléfonos del personal autorizado, incluido el tutor de Soo-young: — Gracias a todos, una vez más, esperamos que nuestras catas de bienvenida hayan sido para su disfrute.
—se aclaró la garganta, antes de seguir— Todos aquí sabemos la razón que nos reúne esta noche, pero—¿acaso podemos sentirla en carne propia, todos los días?
Hubo murmullos entre los invitados, en tanto continuó el hombre hablando.
Ja-yoon tomó aire por la nariz, para mantener la calma.
— Seguro varios de nuestros honorables invitados habrán tenido el placer de hablar con esta persona aquí mismo.
Porque de quién les hablo efectivamente se encuentra entre nosotros, un personaje que ha generado controversia, pero también un ejemplo de resiliencia, por su lucha contra la adversidad para llegar hasta aquí, y que conmovió con su voz sin igual nuestros corazones.
Así que sin más preámbulo, quiero invitarla a pasar al escenario.
La pantalla de presentación cambió, y con un gesto sutil del presentador, una luz se enfocó sobre Ja-yoon.
Ella sintió las miradas de todos, sus emociones, su sorpresa, aires de superioridad y divertimento, dejando escapar una risotada aparentemente nerviosa, pero que ocultó el fuego bullente bajo su piel.
Encogida de hombros, oyó dictar una sentencia anticipada, como ninguna otra: — ¡Reciban todos con un caluroso aplauso a nuestra invitada sorpresa de la noche, la señorita Koo Ja-yoon!
Aquella foto era precisamente de ella tras cambiar su atuendo con el truco psíquico, hace más de dos años; todos los presentes estallaron en aplausos ensordecedores.
La música clásica, en bajo volumen, había cesado y fue reemplazada por una presentación de imágenes de Ja-yoon en el concurso de música, y detrás de cámaras, con un título ricamente enmarcado al pie.
“La Musa del Campo”.
(9:55 PM) Ja-yoon siguió este acto macabro, poniéndose de pie, inclinándose, saludando a su nueva audiencia con una mano al pecho.
Baek saboreó cada momento con una sonrisa alegre y una suave carcajada que pueda confundirse con un gesto cándido.
La joven la miró de reojo, llena de ira oculta, y se dirigió con el representante, subiendo las escaleras mientras seguía saludando.
Llegó a su lado, y tomó el micrófono de lado, diciendo con fingida ternura: — Buenas noches a todos.
Muchas gracias, lo—aprecio mucho.
Aquella era la encerrona, la gran trampa, al menos su primera parte, ella lo sabía.
Se había preguntado en qué forma, cuándo sucedería, y el resultado lo odió con todo su ser, mientras el hombre a su lado: — Hoy se une a nosotros no como artista, sino como símbolo de lucha.
Como paciente de leucemia avanzada, ella representa por qué la Organización Hoffen nunca dejará de investigar.
Las luces se apagaron suavemente, y apareció en pantalla una breve entrevista.
La joven lo reconoció de inmediato; aquel era el médico que la había diagnosticado: “Esta forma de cáncer es muy violenta.
Cuando mi paciente lo supo, ella lo tomó con mucha calma, me sorprendió.” Continuaron oyendo en silencio al médico, en tanto explicaba más cosas al entrevistador, quien no era visible.
“En etapa 4, la debilidad neuromuscular es crónica, junto con el dolor óseo y la dificultad para respirar.
Otros síntomas ya presentes en forma de sangrados e infecciones frecuentes se agravan—” La intimidad que había guardado se la habían roto en la cara de la peor manera, y sabiendo que esto estaba siendo transmitido por televisión, supo de inmediato que los Koo lo verían si pasaban al canal correcto.
El vacío ya no era de emoción, sino el agujero inacabable de la angustia que provocaría si lo veían.
“Ella me dio permiso para decirles esto, luego de que, milagrosamente, haya sobrellevado esta enfermedad mucho más allá de la esperanza de vida que le di.” Ja-yoon sonrió, sabiendo que eso era una vil mentira, aunque coaccionada.
“Que mamá y papá sepan que debo hacer esto, y dedicar mi vida y mi talento para prestar mi mano a aquellos que como yo, luchan esta guerra en su interior.” Esta jugada maestra fue no solamente de humillación, le quedó claro, sino para evitar que hiciese ningún movimiento brusco en la última hora.
Las dosis que habían consumido para ese mes habían sido las últimas; el resto debió llegar en diciembre a casa de sus padres en la granja, y esperó que ellos estuvieran bien.
Ciertamente le alivió ver que ni ellos ni Myung-hee salían en este espectáculo de autosatisfacción para una caterva de monstruos a los que pensó siempre destruir.
Una vez la pantalla se apagó, el representante habló: — Y así lo hizo.
La señorita Koo se unió a Hoffen International como nuestra Embajadora de Esperanza para miles de niños con cáncer en nuestros centros de salud aliados.
Por favor, Ja-yoon, si quisieras honrarnos con unas palabras Aplausos, más de ellos, más odio, y silencio ante ella, cuando se paró tras el estrado: — Quiero dar las gracias—a la organización por este reconocimiento, y de verdad, solamente hago lo que—creo firmemente—que es lo correcto.
La habían convertido en una “niña enferma” ante el mundo, una figura de caridad intocable pero vigilada, atándola a una narrativa de debilidad mientras el tiempo para el verdadero juicio se acortaba.
Lo que acababa de decir con sus labios, definitivamente fue sentido y sincero, pero no como la mayoría de los presentes creyó.
Nagong, frente a su computadora y con YouTube en uno de los monitores, descansaba con los pies encalcetinados sobre el escritorio, y estirándose en el espaldar de la silla.
Se la veía entretenida, viendo aquel discurso que, palabra por palabra, Ja-yoon había comenzado a improvisar; tenía una botella de agua en la mano, y con delicadeza tomó un sorbo.
La traicionera doble agente, por dentro, se sentía totalmente satisfecha con su trabajo hasta el momento, más en un prontuario que veía impecable.
“Debido a sus denodados y desinteresados servicios como voluntaria” decía el presentador, con un sobre en mano “tenemos una recompensa especial para usted”.
Ja-yoon, con inmenso asco por dentro ya, se llevó la mano al pecho, haciendo una sonrisa sorprendida, pareciendo no entender: “¿En serio?
No, por favor, estar aquí—ya es todo un privilegio—” “Espere, espere, está bien, déjeme decirle.
No me lo va a creer.” En el acto Ja-yoon apartaba la vista con una sonrisa, en tanto surgían risas entre el público.
El hombre abrió el sobre, y le dio un papel a cuyo contenido la joven fue incapaz de dar crédito, aumentando su disgusto ante aquella burla.
Dijo entonces como si le faltare aliento, llevándose la mano a la boca: “¡¿No lo puedo creer, esto es cierto?!” En pantalla apareció lo que se había ganado, y desde el escritorio, Nagong pegó una silenciosa carcajada: “¡Se ha ganado una Beca Completa para estudiar canto en la Haute École de Musique en Ginebra!” En la base, un pitido comenzó a sonar intermitentemente en la computadora, pero Nagong, ahora abriendo una bolsa con palomitas dulces, se estaba divirtiendo demasiado como para que le importase, mientras el representante sellaba con el remate: “¡Y un precontrato de grabación con JYP Entertainment, dándole la posibilidad para un debut profesional!” Ja-yoon miró a todos, sus ojos llenos de odio y furia ocultos por parpados entrecerrados y lágrimas de cocodrilo, mientras que Nagong se comenzó a hartar del pitido: — ¿Qué es lo que pasa?¿Qué— Al mirar, vio un cuadro en la pantalla lateral derecha, y un cuadro de carga: “DATOS SUBIÉNDOSE, POR FAVOR ESPERE — Maldición.
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