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The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Madre de males Parte 1
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18: Madre de males (Parte 1) 18: Madre de males (Parte 1) (19:58, Ho Chi Minh, Vietnam) Mai estaba sentada en su mesita de estudio, a oscuras.

Miró la hora en su teléfono, y volvió a la pantalla de aquella vieja laptop negra, angulosa y de grueso marco.

He allí un cuadro blanco, característico, de uno de los últimos sistemas operativos, una ISO rápida y efectiva ayudada por varios dispositivos externos, incluido el disco duro, una especie de modem juntado de piezas dispares, y un CPU extra, lleno de tarjetas procesadoras.

La adolescente miró de nuevo el teléfono, a sus mensajes: — ¿Dónde estás, Ja-yoon?

—murmuró— Vamos, di algo.

La notificación en su pantalla, mientras tanto, leía: “EL SIGUIENTE PAQUETE DE DATOS OgrEarBuggsPackage.cnv NO ES PARTE DE LA SECUENCIA DE PRESENTACIONES EN CONVEX20221.cnv.

¿DESEA FORZAR SUBIDA EN EL SEGMENTO ESCOGIDO?” “Sí”, “No”.

Sus únicas opciones.

— ¿Para qué darme esto si no lo vas a usar?

se dijo, y pensó “¿Pasaría algo, se arrepintió?”.

Fue providencial, en aquella momentánea incertidumbre, el detective Vu tocando su puerta: — Mai.

Se giró, asustada: — ¿Qué, papá?

— Haz lo que tengas que hacer y ve a dormir.

Debemos ir a tu escuela mañana.

— ¿Para qué?

No pasaré esa prueba, es demasiada materia la que debo igualar.

El hombre entreabrió la puerta brevemente, y la señaló con dureza: — Mejor será que lo hagas.

Si no, no esperes que haga nada más por ti, ¿entendiste?

No hacer nada más por ella.

Es algo en lo que pensó cuando el detective cerró de nuevo la puerta.

Ella podía cuidarse sola, más o menos.

Podía tomar sus propias decisiones.

Sus propias decisiones.

Eso la espabiló.

Y el reloj marcó las 8.

— Decido no esperarte más.

Presionó enter, y apareció la barra de carga que, desde una nave industrial con bodega en Busan, vio una confundida Nagong: — ¿Pero qué—?

La chica, detrás de su propio computador, se recostó en el respaldo, sonriendo en comprensión: — Koo Ja-yoon, maldita.

“LOS DATOS HAN SIDO TRANSFERIDOS CON ÉXITO.” Mai sonrió, asintiendo: — Ahora, sólo a esperar.

Suerte, amiga.

Apagó la computadora, y se fue a acostar ya con el móvil a mano.

Fue a YouTube, para ver la gala mediante el link, y he allí, la joven haciendo su acto de abrazar al presentador en profundísimo agradecimiento.

Le sorprendió verla vestida así; no pensó que un atuendo de esos fuese a quedarle bien, ni se la imaginó con esa actitud, era muy bizarro todo.

(20:05, Sistema de Acueductos de Seomyeon, Busan) A kilómetros de la gala, Ark-1 había llegado junto con Ji-won y el gordo frente a lo que parecía un callejón sin salida, obstruido por una caída de agua del propio arroyo debajo de ellos.

La muchacha cerró los ojos, y esta se abriría de inmediato partida a la mitad, revelando a simple vista un pasadizo de concreto reforzado en cuyo final había una puerta blindada.

Esta estaba cuidada en cada lado por dos agentes fuertemente armados de Yongsadan, que se posicionaron para el combate, sorprendidos.

Su merodeo sutil por los oscuros túneles había terminado.

— ¡¿Quiénes son ustedes?!¡ — ¡Activa la alarma, rá—!

Fue el gordo quien les disparó su arma de flechetas explosivas sin hacer más preguntas.

Dos de ellos y sus rifles inhibidores fueron destruidos, mientras los otros dos los dispararon las ondas incapacitantes cuando este pegó un brinco en medio de las aguas.

Se sintió mucho más pesado, y comenzó a caer, cuando Ji-won también saltó en espiral para alcanzarlo, y Ark-1 misma atacó con su mente los implementos, sangrando en la nariz a cambio de hacerlos sobrecargarse por un cortocircuito interno.

Ji-won lo envolvió en un abrazo por la panza, logrando que llegasen los dos al otro lado, rodando; los dos tosieron por el repentino esfuerzo, mirándose: — Creí que querías que me muriera —dijo, sonriendo en burla— Parece que hay algo más pasando.

— Cállate, sirviente —respondió molesta, levantándose— Arriba, rápido, que tenemos trabajo pendiente.

Ark-1 llegó en silencio a su lado, pasándolos caminando hasta llegar frente a la puerta.

A su diestra, un guadia tirado, gimoteando, con la espalda rota y una hemorragia mortal.

Se acercó a él, poniéndole la mano al peto, en donde decía su apellido además del rango.

— Monstruo— Es lo único que balbuceó antes de ser levantado frente a un panel, y obligado por dominio psíquico a acercar un ojo y poner su mano.

El panel chirrió en su escaneo, y el margen rojo del umbral pasó a color verde, mientras lo soltaba; Ji-won llegó con ella, se concentró y se encargó de desintegrar el mecanismo entero, que cayó cual papel quemado.

— Salida lista.

Ark-1 asintió en aprobación, y el gordo miró entre sonrisas despectivas a los caídos, antes de seguirlas al interior.

No tuvieron que andar mucho por el corredor de entrada para que la base se estremeciera.

Al llegar a la sala de control, fueron interceptadas por seis torretas automáticas que los rodearon, escupiendo munición con mecánico abandono.

La muchacha erigió en respuesta una barrera alrededor del grupo, haciendo que las rondas girasen en el sentido de las manecillas del reloj.

Explotaron simultáneamente, y las esquirlas fueron mandadas como dardos cortantes en dirección de un pelotón de agentes con lanzagranadas, corriendo presurosos.

No lograron apuntar al objetivo lo suficientemente rápido antes de salir volando en pedazos debido a la explosión de sus propias municiones, y permitirles el paso en cuestión de unos instantes hacia el resto del primer nivel.

La barrera evitó que se quemaran en las flamas líquidas cubriendo su camino mientras que corrían en dirección a su objetivo, recibiendo fuego de supresión por la segunda oleada.

Oficiales ladraron la orden: — ¡Fuego!¡Fuego!

— ¡Es Datum Point, acaben con ella!

Ya bien metidos en aquel corredor octogonal, el demoledor disparó sus flechetas por siniestra, acabando con varios, mientras Ji-won enfocó su mente hacia el grupo a diestra.

Esquivó los tiros de un salto imposible, corriendo a una rapidez pasmosa por la pared y el techo, luego saltando entre pared y pared, tocando con dos dedos debajo de la nuca de cada uno.

Para cuando aterrizó en cuclillas detrás de ellos, con brazos y dedos extendido, estos habían quedado paralizados, ciegos y mudos.

Con un gesto de estos últimos hacia abajo, cortó cual cable de alta tensión la conexión entre sus médulas espinales y cerebros.

Ark-1 hizo un gesto contra efectivos, que de lado y lado iban a interceptar a sus contingentes compañeros desde las entradas más cercanas a lado y lado.

Estos quedaron fríos en el piso, empujados hacia abajo por una fuerza invisible, permitiéndole seguir hacia la mitad abierta de la sección mientras sus esqueletos eran exprimidos por dentro.

Los alaridos de agonía fueron rápidos.

Aquel era un diseño panóptico, por cuyos 8 pasillos elevados de metal conectados al eje, más enemigos abrieron fuego en contra de Ji-won.

No reaccionó lo suficientemente rápido como para evitar varios impactos en su cuerpo, derribándola; pero si pudo entonces salvarse, al tratar de deslizarse a rastras tras la pared, fue que Ark-1 intervino.

La muchacha, quien la sintió en peligro a la distancia, lanzó los vidrios de una ventana de observación contra el enemigo, elevándolo en el aire con su telequinesia.

Los desafortunados cayeron a su muerte en el nivel del fondo, a más de treinta metros de caída.

Llegó el gordo, y azotó la cabeza de uno con el arma cuando se le atascó la munición.

Amarró la cinta al cuello de otro, y de una patada lo lanzó contra otros tres, al tiempo que estalló, dejando un manchón rojo, cual mosca aplastada.

Se apresuró hacia el centro de la planta, tirando a otro guardia a un lado, antes de enfrentarse a dos sujetos en abrigos largos que lo interceptarían por los flancos; lo asaltaron con pistolas, pero pronto demoledor se lanzó contra uno, dándole un cabezazo, para luego romperle la nariz al otro de un codazo.

Bloqueó, fue golpeado en el estómago, luego en el rostro, pero resistiendo devolvió un gancho con fuerza, y escupió para después alzar al más cercano, zarandeándolo contra la baranda.

Más efectivos, muchos más de los que parecerían caber allí como contingente de seguridad, estaban subiendo desde los niveles inferiores, varios de ellos deteniéndose e intentando disparar sus rondas EM contra el cráneo, su punto débil.

Ark-1 arrancó una de las puertas en el lado central del pasillo que había tomado, aupándola en el aire y girándola como escudo antes de mandarla volando hacia abajo, derrumbando aquel y los pasos del resto de niveles por su lado.

Muchos cayeron sin remedio, pero unos cuantos saltaron hacia el eje, trepando con agilidad sobrehumana hacia su principal objetivo.

Un viento rondó a la muchacha en tanto elevaba placas metálicas entre los escombros, lanzándolos contra sus enemigos, partiéndolos por la mitad uno a uno en tanto usaba otros fragmentos metálicos como escudos exteriores para los proyectiles desde varios ángulos delante y debajo.

Ji-won se había quedado en el pasillo, con la espalda apoyada a la pared interna y usando los cuerpos dejados atrás como sacos de arena.

Esto, junto con las armas a su disposición, formaron un improvisado nido de fusiles y granadas, que utilizó contra quienes intentaron en vano atenazarla.

Apenas se asomó uno, voló como muñeco de paja por una detonación a sus pies, obligando a los otros a disparar a ciegas por unos momentos, es al menos de un lado.

Poco a poco, al mismo tiempo, fue convirtiendo en polvo las rondas que la habían pegado y succionándolas hacia fuera con su telequinesis; su expresión era angustiosa, al bramar de dolor.

Levantó su arma con una mano devolviendo los disparos, uno menos.

— ¡Oye, tu!

Ark-1 la acababa de gritar al gordo, que le dio el puñetazo mortal a su primer oponente; este la volvió a ver entre los destrozos, lanzando una onda telequinética con flechetas de sobra para destruir a más guardias llegando hacia él: — ¡Cúbreme, y ayuda a Ji-won, ¿está bien?!

Sin más dilación, se lanzó de un salto al nivel más bajo, con el gordo apenas teniendo la oportunidad de extender la mano hacia ella, gritando: — ¡Ey, espera!

En su descenso cual bólido, reventó más de aquellos pasillos, lanzando a más enemigos por los aires, antes de rebasarlos en su caída.

Estuvo a punto de pasar el penúltimo subsuelo, antes de que una fuerza mayúscula la atacase de una tacleada, directo al centro.

Impactaron de golpe contra el centro, reventando la pared metálica, doblando columnas y rompiendo el cristal de uno de los laboratorios que se encontraban en la zona.

La muchacha apartó a su atacante de una patada, impactándolo contra una columna de soporte: Este se fue levantando den nuevo, limpiándose el blanco abrigo que llevaba encima.

Se acomodó la cabellera y dijo con una sonrisa inquietante: — No hay duda.

Debimos matar tu embrión hace 20 años.

Ark-1 seguía sentada, observándolo con una inusitada curiosidad; fue al sentir su cuerpo sutil, aquellas corrientes empíreas que le rodeaban pronto tornándose familiares para la memoria de su percepción no visual.

Como algo salido de un sueño que hubiese tenido, unido a un nombre dicho tras despertar: — Tú eres el director Jang.

Estabas en Phong Hai.

Y también en Jeju.

— Gran deducción.

Extendió los brazos, y los escombros de dentro y fuera lo rodearon, vibrando a grandes velocidades al ser disparados; en medio de su vuelo, se volvieron al rojo más vivo, casi fosforescente, antes de que Ark-1 levantase la barrera psíquica una vez más.

Grande fue su sorpresa cuando un pedazo rozó por arriba su cabeza, creando un corte horrible al hueso parietal que la hizo chillar, y otros pedazos más le atravesaron el hígado, una mano, un pulmón y la cadera.

Cayó postrada, pero al intentar regenerarse como siempre, Jang extendió una mano al tiempo que los fragmentos regresaban a incrustarse en su cuerpo como diablillos voladores de tormento.

Su ropa comenzó a arder, mientras el director, con toda la prosa, se pavoneaba en una exposición de poder delante de ella: — ¿Cómo pudo pasar esto?

Soy la gran Ark-1, el experimento perfecto de ARCO.

Oh, no, miren cómo me estoy quemando, ¿cómo es que este debilucho niño de mamá puede hacerme esto?

—se rio con desprecio antes de responderse a sí mismo— Qué pena que no podrás deducirlo igual que la lista de tu hermana —le empujó la frente con dos dedos— Pero ya que eres más callada de lo que esperaba, deja que los adultos sigamos hablando, ¿de acuerdo?

No importa si esos malditos errores de Stabber me traicionan, tu tumba será aquí, y la de ellos —miró al techo un momento, y a ella luego— aunque me decepciona, esperaba que Koo Ja-yoon se hartase de su estupidez antes de tener que tirarlos al incinerador yo mismo.

Fuera, los enemigos armados se comenzaron a tambalear, su vista tornándose borrosa, y en ello, Ji-won sintió la ventana de oportunidad para abrirle un agujero a uno de los que se asomaron mareados a dispararle.

Tomó la escopeta de combate con mucha más firmeza, y comenzó a masacrar a todos y cada uno de los que se cruzó, incapaz de apuntarle bien con sus rifles inhibidores, carabinas, pistolas; estos volaron hacia atrás con cada ronda de tiro, mutilados.

En el panóptico, tuvo que dar un gran salto, pues el pasillo que iba a usar cayó por la explosión de varias granadas, activadas por la telepatía del demoledor, que se estuvo regocijando con exterminar a golpes a sus ahora embotados adversarios: — ¡¿Qué ocurre, eh?!¡¿Ya están cansados?!

—gritó con euforia, y se rio— ¡Yo recién estoy empezando!

Le atravesó la espalda a uno tras desarmarlo de un manotazo, y lo lanzó telequinéticamente al techo, donde se incrustó como papel mojado a un techo, que se fracturó por la fuerza.

Ji-won se quedó quieta por un momento; no era algo raro para ella hacer esto, aunque su nueva jefa de campo no tuviesen idea de esto ni a Ja-yoon le importase, pero tampoco muy frecuente.

Ella lo miró, destrozando a sus enemigos, extasiada de repente, su cara seria formando una media sonrisa de labios entreabiertos; algo tan humillante, cuando recuperaba el sentido, que no lo admitiría.

El instante, roto por un tiro a su hombro y otra destrozándole la carótida.

Cayó sangrando profusamente, temblando del shock, y en su frenesí subsiguiente, desprendió varias de las luces de emergencia rojas, arrojándolas contra quien le disparó, o al menos uno de los que estuvo más cerca del mismo.

Su regeneración fue progresando pero esta no le protegía de la debilidad que la obligó a arrastrarse y rodar como una foca moribunda, su pensamiento tan disperso que las ondas resultantes golpearon a enemigos al azar, convirtiéndolos en nubes rojas de arena.

— ¡Eres una gran tonta!

Explotaron varios más gracias al demoledor, que saltó al siguiente pasillo con armas ajenas, y tras acabar con tres más, recibiendo disparos en el camino, fue interceptado por ambos lados, y lo rodearon con rifles inhibidores.

Ya postrado, no puso mantenerse ni siquiera en sus rodillas, y con la potencia al máximo, este fue derrumbado; su compañera lo vio, sintiendo en su aura cómo algo inusitado surgía, una llama invisible, un calor que subió desde su corazón desesperado.

— I—diota Ji-won lo sintió todo, extendido a cientos de metros como una alineación, cada molécula, abrumada.

Y con un sólo impulso, se puso de cuclillas, afiebrada, manchada de un lado por el carmesí, tambaleándose cual zombi, trastabillando, tomando aire con las sienes latiéndole.

— ¿Por—qué?—¿Te salva—ría?

—susurró, una risa tosigosa— Porque tú—me sirves a mí.

Miró a los enemigos, que la ignoraron al creerla acabada: — Porque—sólo yo—puedo—¡Decidir sobre tu vida!

Extendió la mano, cerrándola en una garra.

El grito fue oído fuerte y claro, antes de que todos fueran elevados en el aire, convertidos en un torbellino de partículas indistintas, como salidas del propio dominio empíreo que su propio cuerpo sutil representaba.

El halo azul, el tono de melancolía, visto por el gordo con sus ojos entrecerrados, tan infatuante que por instante no se sintió él mismo, y dibujó una sonrisa motivada.

“Ama, dice.

Besa mi trasero.” Jang para ese punto sólo se había quedado de pie, disfrutando ver cómo la muchacha pálida se incendiaba, el olor de su carne llenando sus fosas nasales y haciéndolo salivar tras su boca cerrada, su mirada perversa: — Este es tu final, Datum Point.

Nunca verás a tu madre de nuevo.

Y pasó, el pulso en sus venas se volvió más ácido, mas potente que nunca, haciendo que perdiera el enfoque.

Ark-1 misma vio cómo unos hilos de energía rodeando hasta ese momento su aura se fueron desvaneciendo, como si fuesen miles de papelitos de confeti llevados por el viento.

Puntos de energía dispersos, que solamente ella pudo ver; se concentró apenas, su propia cabeza hirviendo, sus mejillas chamuscadas, sin aire qué respirar.

— Tú sólo fuerzas a los demás—a hacer lo que dices.

— ¿Y tu hermana es diferente?

— Eso es lo que ustedes—quisieron que ella fuera.

Pero yo vi la verdad.

No lo permitiré.

— Vas a morir, Datum Point.

No puedes impedirme nada —se burló el director.

— Ella nunca será como Yongsadan.

Será mejor—y yo estaré allí—para estar segura.

Las partículas, incluidas las del viento psíquico de afuera, comenzaron a flotar como luciérnagas hacia su cuerpo carbonizado, posándose sobre su tejido negro y coráceo.

Brillaron, con cada vez más intensidad, en tanto más se acumularon, con un tono azul más amable y fatuo; el hombre miró a sus lados, preguntándose qué clase de fenómeno estaría contemplando.

Otro pulso, y vaciló en su agarre, tiritando producto del dolor, que expresó en un bramido frustrado.

La muchacha se fue moviendo, a pesar de que aquello debería ser imposible, dados sus ligamentos consumidos: — Tal vez no sé—qué es del todo la vida.

—sonrió, cubierta en azul fluorescente— Pero sé lo que no lo es.

Lo que nos han hecho—a todos.

Ella fijó su vista en los ojos de Jang, y este sintió de repente que su fuerza había sido no drenada, sino detenida en el tiempo mismo, como si la encerrasen en una funda plástica al vacío, para nunca ver de nuevo el exterior.

No se movió, sino que vibró, vibró de cuerpo entero, su propia pisada en el metal volviéndose incierta, una percepción subjetiva: — ¿Qué has hecho?

— Decidí ser humana, director Jang.

Sería la primera y última vez que lo llamaría así, así como la última vez que nadie lo haría.

— Datum—Point.

Perra.

— Ese—no es un nombre.

Y conforme pasaron los instantes, el enjambre de puntos azules rodeándola gentilmente, y aquellos sobre su figura, se fueron desvaneciendo hacia arriba, como esporas llevadas a lejanos vientos.

Mientras su piel regresaba al blanco porcelanado de la misma luna bajo el pálido cielo de la noche, la de Jang se desprendió como ceniza, un trozo de ella, luego más, incluido su atuendo manchado en la sangre de los inocentes que asesinó, vistos de repente frente a él, envueltos de rojo aún, rodeándole.

Este entró en pánico, pero fue como si una duna del desierto fuera evaporada por la erosión acelerada de una entropía encapsulada mucho mayor.

Cuando se hubo regenerado por completo, Ark-1 no tuvo nada frente a ella.

Jang, el último obstáculo, había dejado de existir, y ella misma, al verse la vestimenta chamuscada, buscó en un bolsillo; sólo debió pensarlo, antes de sacar el reloj digital.

Sonrió al ver la hora precisa “20:30” — Oye, Ark-1.

Quien bajó flotando gentilmente fue Ji-won, seguida por la caída abrupta del demoledor, todavía mareado: — ¿Y Jang?

Ya no lo siento —preguntó— ¿Acaso no estaba por aquí?

La muchacha negó con la cabeza antes de responderle, las últimas partículas azules desvaneciéndose en la nada: — Está hecho.

Volteó en dirección del laboratorio consumido detrás de sí, reventando una cápsula cilíndrica de vidrio para atraer un curioso aparato, similar a una jeringa de metal con gatillo.

Paso seguido se acercó a los dos Despiertos: — Bajemos.

Saltaron al nivel más bajo, pero solamente encontraron gente en escafandra muerta.

Alzaron la vista, contemplando la puerta final: — Es el acceso a la bóveda.

— Ark-0, ¿está allí atrás?

—dijo Ji-won.

— Debería estar aquí, puedo sentirla.

Mirándome.

— Déjame intentarlo.

— Espera…

Ji-won intentó usar su deconstrucción molecular para abrir la bóveda de Ark-0.

Quiso que la puerta entera se transformase en arena, haciéndola brillar en azul pálido, pero lo único que recibió en respuesta desde el interior fue un pulso psíquico, poderoso, que se sintió como si pelaran su alma.

Gritó de dolor al ser repelida, lanzada contra la pared, para de inmediato quedar desmayada al impacto.

— Esa mal— Ark-1 extendió el brazo para detener al demoledor de cometer el mismo error: —Solo yo —dijo— Tú ve con Ji-won.

Este asintió, resoplando con la nariz.

Contemplando aquella bóveda, la tumba en vida de quien nunca pidió estar en ella, dio un paso al frente.

Despejó su mente de todo pensamiento, hasta que la consumió el silencio, luego el zumbido, y los susurros: “Hija, ven.

Ayúdame.” Colocó su mano en el escáner.

No era una clave numérica; era su huella psicosomática, un rastro de energía que los científicos nunca pudieron replicar en dos décadas de tenerla encerrado, la razón por la que siempre la necesitaron para acceder.

Sin dejarla nunca entrar.

Eso cambiaría aquella noche.

La puerta suspiró y tras retumbar, se abrió con dolorosa lentitud, echando polvo y rechinando con vetusta angustia.

Se reveló finalmente la cámara circular, a oscuras, salvo la excepción de la iluminación en el tanque, azulada por lo que, pronto entendió, era suero regulador, en una inmensa cantidad.

En los soportes estructurales de aquel contenedor, líneas de luz roja titilaban con hipnotizante ritmo.

Ark-1 entró caminando con solemnidad, hasta llegar al borde polimérico entre ella y el líquido amniótico frío, para contemplar la figura suspendida y desnuda de una mujer, conectada a sondas y cables.

Era como un cadáver viviente, su aura oscurecida como una foto quemada, su esencia vital pulsante, yendo y viniendo con agonía sin final; no pudo evitar derramar una lágrima por una progenitora cuya tragedia había visto solamente en un rojo sueño, una pesadilla en bucle.

Era como ella, anulada, sin esperanza de escapar, aunque en tal caso de una vida que ya conocía.

Ella le miraba con sus ojos bien abiertos: “Hija” susurró, y resonó para todos esta vez “Hija mía, por fin has venido a mí.” La muchacha tragó saliva, colocando su mano en el polímero.

Su madre hizo lo mismo.

— Ark-0.

Mamá, soy yo, tu hija.

Ya estoy aquí —susurró Ark-1— Vinimos hasta acá—para sacarte de ese tanque.

Dime qué debo hacer.

“Vacía este frío.

El frío me debilita, este mar me ahoga.

Duele—duele mucho.” Con su telequinesia, activó una máquina que comenzó a chirriar.

Se disparó una alarma, y el líquido comenzó a formar vórtices desde unos desagues que se abrieron.

Poco a poco, el nivel comenzó a disminuir, y la mujer junto con este, hasta quedar gentilmente posada en el fondo.

Tiritó al principio, y con agonizante lentitud, extendió un brazo.

Haciendo fuerza en sus músculos atrofiados, se giró hasta quedar postrada; llevó su mano a la mascarilla que le permitía respirar, y se la fue arrancando, sacándose la sonda de lo profundo de la garganta.

Luego, usando solamente su propia telequinesia, se desconectó los cables, al tiempo que Ark-1, oyendo intuitivamente su instrucción, desactivó los breakers de una consola.

— Mamá —dijo Ark-1— Mamá, ¿puedes oírme?

—sonrió, compasiva— ¿Oyes mi voz real?

Ella se volteó a ella lentamente en tanto se levantó, y asintió con expresión somnolienta.

Su voz, sin barreras, solamente la de sus débiles cuerdas vocales, le respondió: — Mi pequeña.

—lloró conmovida— Eres hermosa.

Cuánto has crecido, mi ángel.

— Tú también eres hermosa, mamá.

Eres muy fuerte —asintió Ark-1 con cierta pena— Rápido, ven conmigo, debemos salir de este lugar.

— ¿Por qué tan apurada, mi niña?

— Porque quiero sacarte, porque no tenemos tiempo ahora.

Mamá, queremos tu ayuda.

Su expresión se agravó levemente, su sonrisa vaciló, sin entender aparentemente nada: — ¿Mi ayuda?

Creí—que venías a ayudarme.

Por darte—la vida.

La muchacha podía sentir un frío capturarle el aliento, el aura, la mancha de oscuridad, creciendo.

Comenzó a preocuparse, de las corrientes incoherentes del cuerpo sutil de Ark-0.

Aquello era un signo que, instintivamente, vio como un gran peligro.

— Es nuestra enfermedad.

Estamos enfermas, por eso te necesitamos.

Nos hicieron daño, ellos nos hicieron depender de un remedio temporal.

No sé si entiendes.

— Sí, hija, es en lo que me mantuvieron aquí.

— Sin eso nos enfermamos, es algo mortal.

Queremos vivir, mamá, vivir una vida normal.

Podemos ser una familia, si eso quieres.

Sólo ayúdanos.

Su mirada se perdió en una nada muy oscura y dolorosa por un momento: — ¿Qué es—lo que necesitan—de mi?

— Es tu médula ósea.

El cuerpo de la mujer tembló de repente, estremecido, como actuando por reflejo al ver algo muy tortuoso.

Negó rápidamente con la cabeza, se encogió de frío y retrocedió, abrazándose: — No, no, no, no, no más dolor.

No, no, no me hagan más cirugías.

Duele mucho, duele, duele…

— Mamá, no tengas miedo, mírame.

Necesitamos tu médula para curarnos.

Te prometo que nadie te volverá a hacer daño, ¿está bien?

Seremos felices, mami, nos iremos muy lejos de ellos— La mujer vio la aguja en la otra mano de la muchacha, y se golpeteó las sienes, bamboleándose: — No, no, no, no, ¡Los niños no deben decir mentiras!¡No me atormentarán más!

Ark-0, torturada tanto tiempo por los experimentos, finalmente había colapsado mentalmente: — Mamá, escúchame.

Los ojos de la pobre mujer se abrieron como platos, perdiendo todo el anhelo en ellos, solo una locura purulenta alimentada por dos décadas de dolor.

Su grito retumbó hasta el alma de su interlocutora, tan intenso el miedo, la agonía: — ¡Nunca te voy a escuchar!

La voz de la mujer se resquebrajó con rapidez.

Vibró su cuerpo, y entre espasmos, comenzó a elevarse del suelo en silencio, antes de que las paredes fueran golpeadas por voces múltiples como susurros de demonios, su piel emitiendo un brillo cianótico: — No, ¿me quieres usar—otra vez?

— No, nosostras no somos Yongsadan.

No queremos lastimarte, mamá, solo— — ¡¿Médula?!¡¿Curación?!

—miró al cielo, como implorando— ¡Tú no puedes ser mi hija, yo no tengo hijas!¡Las dos son monstruos!

Ark-1 negó con la cabeza, sintiendo la gravedad aplastarla, el corazón rebosándole de desesperación ajena, desesperanza: — ¡Son como ellos, tú y Koo Ja-yoon, que no se dignó ni en venir!¡Solo son parásitos, y ella una cobarde que no me enfrenta a la cara!

Ark-0 lloró amargamente, con la vista desencajada, extendiendo las manos como en una oración que jamás le fue escuchada: — La raíz de tanto tormento, el pecado por el que he estado pagando por 20 años, Dios mío— En ese instante, los inhibidores que rodeaban a Ark-0 se fundieron.

La muchacha al ver las luces rojas derretirse entendió que ella nunca había estado realmente contenida; solo estaba esperando a que alguien le abriera la puerta desde fuera.

Su madre movió, o vibro el cuello, no estaba segura, y la miró con ojos inyectados en sangre: — Son ustedes dos la causa de mi sufrimiento —siseó— ¡Cuánto las odio!¡Cuanto maldigo haberlas tenido!

Con un grito que resquebrajó los cimientos del edificio, Ark-0 se liberó de lo que, ahora quedó claro, fue una fachada.

Lo que aquella mujer vio realmente en sus propias hijas era la última pieza en el engranaje de un destino divino que quería destruirla: — ¡Este mundo debe pagar el precio de sus iniquidades!

—exclamó en ecos angelicales— ¡Ese día ha llegado por fin!

Su rostro contorsionado de dolor e ira fue seguido por una mirada al cielo, y una onda explosiva tan potente que, de no ser por la rápida reacción de Ark-1, los habría devastado a todos con megatones de fuerza en un instante.

Extendió las manos, y mientras el demoledor tenía a su compañera en brazos, quedó completamente paralizado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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