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The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 19

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19: Madre de Males (Parte 2) 19: Madre de Males (Parte 2) (20:25, Centro de Convenciones) Y mientras en Vietnam, Mai comenzó a bostezar, en Corea Ja-yoon se acomodó en la silla una vez más, tras escuchar al gerente administrativo, importante miembro de la mesa ejecutiva, hablar de los logros de Hoffen a lo largo del último año.

Aplausos sentidos, imitados con precisión milimétrica por la joven, antes de que su corazón latiese con más rapidez, sus pupilas dilatándose tan sutilmente, entreabriendo los labios apenas cuando el silencio volvió, y el presentador volvió: — Y esperamos que la Organización pueda continuar su labor confiable y certera para el bienestar de la humanidad en los años venideros —hizo brindis con un vaso con agua— Salud por ello.

Con la cortesía que podía esperarse, el público le respondió todo, incluyendo ella misma, sin levantar nada: — Salud.

— Y ahora, tenemos a una invitada especial, que ha dado a la investigación neurocientífica varias contribuciones, así como décadas de trabajo para hallar la solución a las enfermedades neurodegenerativas.

¡Demos la bienvenida a nuestra prestigiosa miembro de la mesa directiva, expresidenta mundial de Hoffen International y asesora permanente de Neurociencias, la profesora Baek Jeong-na!

Ja-yoon sonrió con maliciosa delicadeza.

El reflector sobre la científica la siguió mientras avanzada por la rampa lateral del escenario, y llegaba al centro, escoltada por dos ayudantes en abrigos negros.

Al lado del podio, le pasaron un micrófono, al que dio un par de topes antes de hablar, con un carisma que la joven no esperó de ella, aunque de manipulación en las palabras sí que supiese: — Buenas noches a todos, y gracias por haber asistido a este evento tan importante.

Todo lo que ha construido ADP Pharmalabs, con el generoso patrocinio de Hoffen, ha sido en nombre de la salud y el entendimiento entre las personas mediante el servicio.

Ese axioma se convirtió para mí en una regla de vida para mí desde que era muy joven.

Una imagen apareció en la presentación de la pantalla; era Baek misma de niña, quizá de unos 4 años de edad, abrazada a su gemela.

— Vimos a nuestra madre luchar contra un cáncer cerebral desde muy temprano, de un tipo muy raro, al punto de que ningún médico pudo salvarle la vida.

—su aura se tornó grave, pero bajo control— Falleció cuando teníamos 7, y este hecho golpeó con mucha fuerza a nuestra familia.

Papá, que en paz descanse, fue quien se encargó de criarnos; vivimos tiempos muy duros entonces…

Las imágenes se correspondieron con fotos familiares, con su madre en pijamas ligeras, con y sin cabello.

Luego otras con su padre, claramente en el funeral.

Era aquel un hombre muy ordinario en apariencia, usando ropas sencillas, asistiendo a su pase de la primaria junto con otros que parecían sus familiares.

También una foto de la graduación de ambas, abrazadas a él.

— Fue eso lo que me hizo empatizar con las necesidades de aquellos que son menos afortunados, de los niños y la gente mayor.

Me prometí a mí misma que no descansaría jamás, al ver tanta—vulnerabilidad—hasta que ningún niño en el mundo padeciese de enfermedad, o hambre en este mundo.

Ja-yoon dijo, en voz baja, y miró la hora.

Las 8:30 PM exactamente: — Caíste.

Las siguientes imágenes fueron lo que dejó boquiabierto a todo el público.

Fotografías de la instalación, oculta en pleno centro Da Nang y sus diferentes áreas, fechada a inicios de 2020, meses antes del ataque de Ark-1.

Todos pudieron ver el área circundante, en aquellos suburbios de mala muerte, y la gente murmuró sin entender lo que ocurría, mientras el presentador, confundido, pasó cada archivo con el mando, una a una, fueron visibles las puertas, imágenes de bodycam de gánsteres recibiendo dinero de maletines.

Un rostro en particular los dejó a todos helados: — Eh, ah—esto, bueno— Baek balbuceó, y miró con los ojos abiertos como platos, y comenzó a tiritar al ver su propia cara en aquel registro tan claro.

Los siguientes fotogramas mostraron justamente lo que más ella había temido; personal en escafandras llevando a niños a punta de tolete, fotos de los infantes en pijamas rudimentarias con numeraciones, las jaulas con ellos dentro, durmiendo en hacinamiento.

Junto a los sicarios armados en camiseta y chanclas, los uniformados con máscara llevaban en sus hombros el logo de un solo lugar; ADP Pharmalabs.

— No, esto no—ehm, esto no es lo que— Una señora de cabello esponjado le gritó, con el rostro rojo de aversión: — ¡¿Qué se supone que es, entonces?!¡Es inhumano!

La mano temblorosa señalando la pantalla, la media sonrisa desencajada, la frente sudorosa de Baek la delataron mucho antes que sus palabras.

Los fotógrafos y camarógrafos delante de ella estaban enloquecidos por el potencial sensacionalista de todo aquello, haciendo sus tomas exclusivas de lo inverosímil, lo horripilante; desde su propio teléfono, Soo-young quedó perpleja.

Las pantallas mostraron los horrores de ADP, y otras de sus instalaciones, con etiquetas de coordenadas, fechas y horas.

Documentos escaneados, con recuadros rojos en cantidades transferidas desde y hacia cuentas de Bangkok, transferencias bancarias de las Baek.

Las fotos, los videos, de cadáveres pequeños, pero lo peor de todo, sus órganos, su sangre, guardados en paquetes, fueron el último clavo en un ataúd.

El representante se había tornado pálido.

Sus piernas apenas lo sostuvieron, y debió apoyarse de codo en el podio, con una mano en el corazón.

Era aquel, después de todo, un burócrata con don de verbo, y nada más.

— ¡Monstruo!

— ¿Qué es esto?

— Vámonos.

— Indignante.

— Me da asco.

La indignación se apoderó del salón, y las personas comenzaron a retirarse, varios de ellos en silencio, ansiosos o más apurados de lo normal; la mujer de cabello esponjado miró con verdadero desprecio a la científica antes de irse.

Los datos de los laboratorios y del tráfico humano inundarían las redes en pocos minutos, y ya las noticias comenzarían a hablar de algo que era imposible de tapar, demasiado público para silenciar o controlar, no al menos sin sacrificar fichas en la partida.

Aquel statu quo había durado muy poco cuando fue derrumbado, cuando Baek tomó su auricular para comunicarse en voz baja, consumida por la adrenalina de alguien que se quedó sin nada qué perder: — Alerta máxima, envíen a los cazadores.

El ventanal reforzado de la sala estalló simultáneamente, los furgones de noticias afuera fueron lanzados hacia el interior, y en uno de ellos, la estudiante de periodismo giró golpeándose con fuerza hasta quedar inconsciente, con huesos rotos y varias heridas.

Estos se estrellaron contra el interior del lugar, arrollando a muchos de los asistentes, que fueron aplastados entre gritos; por su lado, Ja-yoon se había puesto a hacer una performancia magistral, hiperventilando y dando un chillido, escondiéndose bajo su mesa.

No fue necesario desviar ninguno de los bólidos de metal, pues ninguno le había sido apuntado, y ella era perfectamente consciente de ello, cuando sintió la presencia de los gemelos entrar con una zancada al lugar desde atrás Baek ya estaba siendo llevada por sus guardaespaldas por otro lado, bajando de la tarima para dirigirse a la primera puerta de emergencia; la joven los vio, e hizo derrumbarse la escalera para bloquear su salida.

Quedó atrapada del lado distal, con tres de sus hombres destrozados por aquella antinatural caída; la científica miró a los lados con desesperación e ira, antes de ver cómo caía un trozo de techo delante de su avance, impidiéndole pasar también por ese camino.

Esta gritó de desesperación a los que le quedaron: — ¡Idiotas, sáquenme de aquí!¡Hagan algo útil!

Uno de los gemelos había irrumpido desde el pasillo en el lado contrario, a través del almacén y las cocinas, blandiendo uno sus cuchillos llenos de sangre, al igual que sus pisadas, el fusil a la espalda.

El otro blandía sus pistolas EM, y buscando a los objetivos marcados en la lista con la vista y su percepción, andaría como si nada, llegando a sus víctimas, postradas, heridas, o tratando de escapar.

Y de nada les sirvió, pues entre degollamientos, puñaladas por la espalda, y tiros a la cabeza, aquellos dos disfrutaron de las sumarias ejecuciones, con las miradas frías de los lobos cazando, y de los buitres oliendo la carroña.

Aquellos uno punto cincos que Jang llamaba los cazadores llegaron entonces, bullendo en venas negras, bajando del techo con un impulso telequinético; cayó uno sobre el primer gemelo, arrancándole la cabeza con un pseudópodo salido de su mano.

En un acto reflejo final, su adversario ya lo había golpeado, tirándolo como proyectil contra uno de los furgones; el otro gemelo, gruñendo de dolor en su cabeza, se sujeto las sienes antes de espabilar, y llenó de plomo al asesino, que se removió como un muñeco hecho de gelatina.

El enemigo se hizo para atrás, antes de enderezarse y lanzarse en una finta sobre él, al mismo tiempo que uno de los suyos atravesó el corazón del joven.

Llegó otro más de los depredadores con apéndices negruzcos y babosos, haciendo con los otros una encerrona en triángulo alrededor, golpeándolo con saña, para hacerlo gritar, y sentir el mayor dolor posible antes de matarlo.

Justo el momento que Ja-yoon había estado esperando.

Respiró hondo, ojos bien enfocados.

Aplastó a uno de los cazadores con dos pedazos de furgón, neutralizando su cuerpo humano, pero no la cosa repugnante y de olor terrible que se retorció entre el metal comprimido.

Tomó todo el alcohol en la barra, derramado en parte e intacto en otra, haciéndolo volar hasta convertirlo en un vapor que no dejó morir antes de chocar dos trozos de piedra entre sí para formar una chispa.

El gemelo fue consumido entre aquel tormento, pero también la cosa que había aplastado, y dos revividos más; sólo uno pudo separarse en dos mitades, que tomaron formas inhumanas.

Se salvó en parte de las llamas aunque aún estuviese quemándose, y las mitades, más parecidas a arañas con cuerpo de ciempiés, sacadas de una alucinación, la atacaron entre saltos coordinados.

Ella tiró la mesa contra una de las abominaciones, y luego las astillas afiladas de otras dos, al mismo tiempo que esquivaba los tentáculos con garfios de la otra; le dio un puñetazo telequinético al cráneo.

Aquello, que se había transformado en boca de dientes afilados, se desintegró por completo, quedando aturdida y atacando a ciegas, con la otra tomando el relevo de un salto a su espalda.

Ja-yoon la apartó con su telequinesia dirigida cual onda expansiva, destrozando su vestido por detrás, pero revelando la camiseta y delgadísimo chaleco camuflado debajo.

— Ya me cansé de ustedes.

Con la mente, abrió las tapas y derramó la gasolina de los vehículos, para que se uniese al fuego de fuera.

Ella retrocedió de un enorme salto, corriendo por el armazón de acero sobre el escenario para ir tras bastidores.

La explosión subsiguiente envolvió todo, reventando la techada vidriosa en un boom que causó un corte eléctrico localizado.

— ¿Dónde estás?

Por los diferentes cuartos, las puertas secundarias, Baek y sus guardaespaldas habían logrado llegar al corredor central delante del ascensor de servicio: — Señora —dijo uno— Revisaré el elevador, ustedes dos, a la derecha, y ustedes dos a izquierda.

Al unísono dijeron: — ¡Sí!

Se diseminaron, pero la científica no esperaría a que volviesen.

Comenzó a darse vuelta y avanzar, pero no pudo hacerlo ni por un metro cuando escuchó un tumbo en el techo.

Luego otro, otro, y otro más, antes de que los disparos iniciasen.

Primero un grito de uno de los hombres, y luego tiros en silencio sucedidos por boquidos ahogados.

La científica volvió la vista para atrás brevemente — Bola de tontos.

Pero no seré yo quien— Luego fueron dos impactos más, saliendo del techo, esta vez sucedidos por sus propios gritos.

Se llevó la mano de forma histérica, en silencio, a los agujeros que quedaron en su cuerpo.

Tosió, sujetándose a los reposabrazos, mirando sin saber de dónde había provenido el traicionero ataque.

Un par de paneles cayeron al suelo detrás de ella, y volvió a su huida patética, mientras por donde se habían separado un par regresaron corriendo, heridos, magullados.

Y Ja-yoon tiró su arma descargada al suelo.

Primero fue uno, su arma arrebatada de su mano antes de pegarle un tiro a quemarropa en el mentón, y luego el último, que recibió disparos en la rodilla, el bazo, un hombro y luego la frente, sin que siquiera se dignase en verle la cara.

Gimoteando, Baek iba acelerando en su silla, y por aquel pasillo trasero, una puerta de emergencia entreabierta con rampa hacia el estacionamiento.

Tan cerca, pero tan lejos, su vista se volvía borrosa debido a que estaba perdiendo mucha sangre por la subclavia perforada por la bala.

Una sombra se estuvo perfilando ya detrás en penumbras bajo focos titilantes, zumbando con chispas furiosas: — ¿A dónde va?

—canturrearía Ja-yoon, dando pasos lentos— Todavía no le han entregado su premio; vuelva aquí, por favor, no sea tímida.

Caminó tranquilamente, su aura llena si no de paz, de un alivio potente como una droga, sus ojos destellando resentimiento hacia una Baek Jeong-na que pronto quedó paralizada de cintura para arriba en su silla.

Esta, permitida por su captora, pegó un chillido casi simiesco cuando sus brazos se contorsionaron en lugares incorrectos, y los gritos proferidos llenaron de ecos fantasmales la planta entera cuando su espinazo le fue partido a distancia, doblándose como una botella aplastada.

Sus ojos, sus orejas y boca sangraron por los órganos que le comenzaron a exprimir con la mente, mientras su silla retrocedía sola: — Lamento decepcionarla, pero la “Musa del Campo” deja de existir a partir de hoy, profesora.

Baek solamente pudo bramar, como una vaca siendo desollada en el matadero, antes de ser derribada de un empujón por la mano de la joven, quien estaba sonriente, con la mirada desencajada de perversa felicidad vengativa: — ¿Qué pasa?¿No te gustó tu recompensa?

—rio ahogadamente— No pensaste que te dejaría hablar como hice con tu hermana, ¿o sí?

Esta no pudo moverse, y ni siquiera el sudor le bajó de la frente, allí tirada en el suelo como un costal de arroz derramado.

Ni siquiera fue capaz de despegar la mejilla, o los brazos, mientras Ja-yoon, con los ojos húmedos, decía con la voz llena de ira: — Hoffen se deslindará de ti mañana, vieja maldita.

Y yo—cuidaré muy bien de tu preciosa herencia para la humanidad.

La elevó gimoteando en el aire como un pez enganchado a un anzuelo, y apuntó la pistola en la frente.

No pudo evitar una lágrima solitaria recorrer su mejilla: — Espérame en el infierno.

Los ojos de la científica, llenos de frustración y miedo al ver algo que su gemela vio también.

Era el vacío, que había devorado a su creación, listo para absorberla a ella también en eternas tinieblas.

Con un movimiento de sus dedos, la silla de ruedas comenzó a acercarse a su cuerpo, y ponerse encima de ella; el dolor fue insoportable, pero nada antes de comprimirse sobre ella como una moneda acuñada.

Sólo entonces, Ja-yoon dio el tiro de gracia, mirando a sus ojos moribundos, volviéndose vidriosos de a poco; su sangre hirvió como nunca, porque creyó ver un destello final, una mofa en el remate.

— Huh— Su expresión volvió a la sonriente melancolía, cuando todo quedó en silencio.

Dejó caer el cadáver, y el arma, antes de salir caminando.

Era como un sueño que no se podía creer, como el despertar repentino de una terrible pesadilla.

“Esto ¿es cierto?” Otra lágrima recorrió su rostro muerto, mientras salía del Centro de Convenciones.

“¿En verdad—la agonía que me hiciste padecer al darme esta vida miserable—al fin ha acabado?” Ryo-dan sintió el peso de aquella aura desde la sala de control y dejó de sentir la esencia vital de Baek.

En un espasmo propio, sentada frente a monitores que sólo arrojaban estática, comenzó a reír, reír y reír.

Carcajadas que la hicieron doblarse hasta que su diafragma dolió.

Pero nunca tanto como aquellos flashbacks grises, el filo y los recuerdos de su cabeza siendo abierta, su turno de jugar negado.

Y la tierra tembló.

(20:33) Ark-1 sudó sangre allí de rodillas, con las manos extendidas hacia Ark-0, cuya figura ahora estaba levitando como si siguiese flotando en el tanque, sus cabellos cual halo negro alrededor de su cabeza, la distorsión espacial a su alrededor una nausea giratoria e irreal, mas insoportable.

La muchacha jadeó, su cuerpo, toda la materia a su alrededor vibrando, la base misma temblando, tensiones repetidas tan frecuentes la estaban resquebrajando, paredes, suelo, techo, los últimos pasadizos colapsaron detrás de ella; el demoledor observaba con horror, todavía inmovilizado.

Estuvo cubriendo con su cuerpo a Ji-won, pedazos del concreto cayendo sobre él, quisiese ello o no; esta, de repente, tomó aire con algo más de intensidad, antes de abrir los ojos de para en par sin entender lo que había sucedido, y miró todo derrumbándose de lado y lado de su campo visual.

— ¿Qué—está pasando, por qué—estás encima de mí, mugriento degenerado?

Los huesos de la muchacha no pudieron resistirlo mucho más; comenzaron a fisurarse igual que la estructura de concreto misma, y luego a fracturarse, con una intención dolorosa, claramente maligna procedente de aquella aura corrupta, totalmente nublada en un vórtice de oscuridad atroz.

Supo al sentir sus nervios quemarse, como si les hubiesen lanzado un barril de ácido, que no soportaría ni un minuto más; debía soltarla, o si no, no sólo ella sería destruida, sino que aquellos que la ayudaron a pesar de su maldad, y todo el sitio de Busan entero colapsaría sobre ellos en segundos.

Sin un margen para escapar, nada de todo lo que había hecho hasta este tramo final habría valido la pena; la vida que tanto había querido conocer, aunque en sus pocos momentos felices satisfactoria, y de gran tibieza al sentir el calor de ayudar y ser ayudada, no podría seguir siendo conocida.

Sabía que no podía ser todo lo que tuviera la vida, era intuición.

Y quería saber más, ahora que tenía una hermana junto a la cual caminar.

“Yo—debo matar a esa perra Ark-0.

¡¿Cómo se atreve a ignorarme cuando lo hablo?!

Considéralo un favor.” El demoledor miró a Ji-won a los ojos y, haciendo un esfuerzo monumental que rompió sus ligamentos y huesos cada vez que se regeneraban, llevó una mano a su bolsillo, y sacó un detonador: — ¡No!

Ji-won quiso arrancharle el aparato, pero de inmediato quedó paralizada por Ark-0, cuya mente sintió meterse como los tentáculos de un pulpo dentro de su cerebro al instante.

Su rostro quedó con la boca abierta, su cuerpo recostado completamente esclavizado por la voluntad de algo que hizo que su corazón si emitiese un susurrado alarido de terror.

Pero el gordo sabía lo que había hecho; recordó como con cada lanzamiento de granada, cada giro inesperado y paso supuesto en falso, había potentes cargas explosivas en flechetas sueltas, ahora incrustadas, listas para estallar.

Ark-1, sin embargo, fue más rápida que su pulgar.

Las cargas no pudieron dispararse sin que antes la muchacha pálida soltase su agarre psíquico, siendo empujada por la potente telequinesia descontrolada de su madre.

La mujer se elevó más en el aire, y haciendo para atrás la cabeza violentamente, con los ojos completamente blancos, arqueó la espalda en un espasmo antes de desaparecer en un destello azul como un relámpago.

Ark-1 cerró los párpados con fuerza, tapándose con una mano al levantarse de codos, delante de sus compañeros, que al desaparecer su enemiga se sintieron ligeros nuevamente, y pudieron moverse: — ¡Datum Point, ¿porqué la dejaste— El gordo fue mandado de un manotazo contra una pared al oírle mencionar aquel nombre, y Ji-won se arrodilló con las manos juntas sobre la coronilla: — Por favor, perdónalo.

No fue su intención, es un tonto.

Llévanos contigo.

Un crujido, y la bóveda colapsó, lanzando una nube de tierra y escombros.

Un crujido más sobre sus cabezas, y enormes trozos de concreto cayeron, junto con tierra y piedras de debajo del suelo.

Uno cayó muy cerca, reventando en fragmentos que podrían haberlos matado de no ser por la telequinesia de ambas.

Estos se hicieron arena, o rebotaron por la telequinesia de Ark-1.

El demoledor dio una zancada de vuelta a ellas para evitar que parte del techo con tierra le cayese encima.

El mismo eje comenzó a ladearse con un tercer crujido y, deduciendo la técnica de Jang, sintió su aura, sus corrientes, sus colores, y en armonía, o cuánto de ella pudo, trasfirió energía empírea a las chispas vitales de los dos.

Estos sintieron cómo de repente sus nervios eran llenados por una energía azul celeste, como cuando recibían suero pero más explosivo, y sus irises adquirieron un destello momentáneo del mismo color.

La muchacha asintió a ambos, y estos como por intuición la siguieron a una velocidad que nunca soñaron conseguir.

Dieron zancadas en tanto las flechetas de demolición estallaron por alrededor, pegando brincos e impulsándose en los fragmentos de la infraestructura en derrumbe.

El pasadizo de entrada seguía intacto, dado que era parte de los acueductos normales pensó Ji-won, mientras corrieron a toda prisa fuera de aquel lugar, que lanzó su deslave de tierra sobre la caída de agua por la que esta vez se mojaron.

Convertido en fango, y sintiendo que las fracturas los iban a alcanzar, siguieron huyendo de la zona, hasta que encontraron una salida a través de una tapa de alcantarilla.

Ji-won la hizo polvo sobre su cara por el apuro que tuvo de no morir, perseguida ahora por una riada de lodo con piedras, y saltó seguida por Ark-1 y el gordo sujeto, que se aupó del filo justamente en el segundo final.

Miraron a su alrededor, y pudieron apreciar la magnitud de hundimiento del suelo en aquel cruce de avenidas; los postes de luz se habían caído, varios autos se habían precipitado al cráter, explotando al chocar un jeep que no pudo frenar a tiempo.

Los edificios tenían parte de sus vitrales destrozados, y había gente tirada en el suelo, muerta o herida producto de la caída de escombros.

— Estas personas no tienen nada que ver —musitó la muchacha.

Entonces a toda voz, pegó un grito que toda la gente, incluida la que seguía en la terraza e incluso dentro de los rascacielos de pantallas destrozadas y banners electrónicos en cortocircuito, pudieron oír: — ¡Deben salir todos de aquí!¡Hay un ser muy peligroso suelto!¡Abandonen este lugar, será destruido!

Las personas murmuraron entre sí, hubo sollozos entre los oficinistas y los pocos transeúntes, así como gritos de pánico, antes de la estampida de gente que se precipitó por las escaleras al hacer caso la advertencia.

Era al otro lado de la tierra partida donde a continuación se enfocó Ark-1; al lado de un poste partido en dos, y delante de un auto vacío surge a la superficie, pudo ver a la figura de Ark-0 envuelta en una luz azulosa muy débil, sutil al punto que sólo sus sentidos aumentados eran capaces de verlo.

Por un momento, se acordó de sí misma, y sintió lástima al verla acuclillada, abrazándose a sí misma no solamente contra el frío físico, sino también ante un golpe de sobreestimulación psicosensorial tan grande que la hacía tiritar con virulencia, entre gruñidos y gemidos.

Si a ella le había enloquecido por un momento los ruidos de una ciudad a lo lejos, no pudo ni imaginar qué sentiría su progenitora tras tanto tiempo de aislamiento, y ahora de repente recibir cada ruido y visión del centro de una de las ciudades más populosas de Corea.

“No es bueno.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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