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The Witch 3: The Reckoning - Capítulo 2

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  4. Capítulo 2 - 2 La hora oscura
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2: La hora oscura 2: La hora oscura Ja-yoon había sido sacada de aquellos profundos pensamientos muy pronto, cuando su aura sintió señales de vida, y en sincronía, Ark-1 reaccionaba con un leve tiritar.

Se halló todavía a doscientos metros de tomar la carretera que la llevaría directo al puerto en Ciudad Jeju por el que tenía que fugarse, cuando finalmente las sombras de camionetas negras ronronearon de forma amenazante detrás de ellas.

Pudo sentir con su mente aquella presencia amplia, inequívocamente la de aquellos sujetos que le estuvieron siguiendo la pista desde que abandonara la casa de Baek Jeong-na; eran en realidad un grupo de aproximadamente diez individuos, sólo dos mujeres, y el resto hombres adultos jóvenes.

En el asiento trasero del vehículo más pequeño, avanzando a la retaguardia de otros dos, Jang estuvo sentado y muy tranquilo, mirando por la ventana hacia las luces de su presa.

El nuevo Director de la División finalmente iba acercándose al objetivo importante, Ark-1: — Koo Ja-yoon morirá, como debió hacerlo en Jardín-01.

Sólo ha causado problemas, y ya no nos sirve para nada.

A su lado, se había sentado Choi Jo-hyun, quien tras colocarse el chaleco de su nuevo uniforme de combate, preparó su fusil para el inminente combate: — Ark-1 también debe ser eliminada.

No me importa tu disputa familiar, sabes que es cierto.

— Sí, de acuerdo.

Ya sabes lo que necesitamos hacer antes.

— Es una idea suicida, Jang.

Nadie lo ha logrado hasta ahora.

Y tú no serás la excepción.

— Aw, ¿todavía te preocupas por mí?

Ella le puso una cara de hastío, y le miró de reojo brevemente, antes de mascullar, desatascando el rastrillo de su pistola: — Cállate.

El hombre se encogió de hombros, en una risotada, mientras volvía su vista al frente: — Todos mis hombres son como nosotros.

Uno punto cincos, del primero al último, así que no te preocupes, serán de gran ayuda.

Seguirán tus órdenes hasta que completemos el trabajo.

— ¿Seguro?

La verdad…

—y sonrió con sorna— Con Tom me ha bastado.

En los peores casos.

— Trabajamos mejor juntos, Jo-hyun.

Esta gente es mi personal más leal, y han matado a más de 200 de esos monstruos.

Tu amigo—bueno—ni siquiera es de lo nuestros.

— No deberías hablar de gente que no está en el mismo lugar que tú.

Es fácil hablar cuando nadie te puede responder.

— Fue mamá quien lo tomó prestado de nuestros rivales cuando era niño.

Un muñeco de arcilla fresca que aún podíamos moldear a nuestros ideales.

— No me importa si Hydra lo creó, él sigue siendo un agente de la División.

—fumó un cigarro, y espiró humo antes de responder— Y mi amigo.

Ja-yoon aceleró para adentrarse de lleno en el tramo final, haciendo saltar por todos lados el barro húmedo debajo de los neumáticos, que echaron humo al calentarse el caucho.

Su adversario se llevó una mano a la sien, e inmediatamente el vehículo que iba en medio de aquel convoy, una camioneta negra de cajón corto, se abrió paso por el campo en el flanco derecho.

Aceleró por un lado del camino, rebasando a los suyos hasta ponerse al lado del vehículo gris: — ¿Crees que no sé lo que pretendes?

Tsk.

—musitó la joven, sonriendo.

Sobre el cajón del vehículo enemigo se colocó de pie un hombre rubio, de profundos ojos verdes, protegido por un arnés de combate nuevo, con peto en forma de X y un collar alto de fibrogel: — ¡Oye, Koo Ja-yoon!

—gritó en desafío— ¡Cómete esto, maldita!

Pegó un aullido, y haló eufórico el pestillo de su ametralladora.

Este abrió fuego hacia los neumáticos, y ráfaga tras ráfaga, las municiones calibre .50 horadaron todo el derredor del jeep, levantando nubes de polvo que obscurecieron su visibilidad inmediata.

De inmediato, descolgó algo de sus pantalones, un visor con tres lentes verdes, y lo activó con un botón lateral, haciendo que se prendiera con un titilar ululante; parpadeó con fuerza antes de fijarse en los dos rastros de calor, y recibir un ataque sorpresivo de un par de piedras lanzadas a su cara.

Esquivó por muy poco, ladeándose peligrosamente para evitar que el segundo proyectil le atravesara el estómago: — ¡Ah, maldición!

Volvió a recargar, percatándose de que los neumáticos permanecieron intactos, a pesar de lo horadado del chasis, el asiento trasero, y las ventanas del vehículo objetivo, una de las cuales se cayó del marco en ese instante.

Disparó, despedazando incluso más la carrocería gris, que comenzó a saltar por pedazos al aire, al punto que inclusive el breve balde de atrás se rajó en parte, antes de que la mitad de este cayese, obligando al convoy a curvar de forma abrupta antes de continuar la persecución.

Y una vez la ronda hubo terminado, nuevamente era obvio que su objetivo no solo seguía moviéndose, sino que, a pesar de la potencia de fuego, el eje y el motor, parcialmente visible, seguían intactos.

Tom se halló a sí mismo visiblemente frustrado: — ¡¿Hablas en serio?!

Tiró el arma casi como en un berrinche, y tras pasarse la mano por la cara, dio un tremendo salto sobre el techo ahuecado.

Ja-yoon no tuvo que hacer contacto visual con el occidental, para paralizarlo justo cuando abrió la fibra polimérica para entrar justo detrás de ella; usando su telequinesia, lo lanzó hacia atrás más bien muy lejos de allí, hasta se perdió de vista entre la espesura.

Jo-hyun y Jang entreabrieron los labios de forma involuntaria al verlo volar muy lejos; en el rostro de la capitana se dibujó la angustia: — Mierda.

Esta, impulsada por su corazón en llamas, sacó medio cuerpo por la ventana, sentándose sobre el marco antes de abrir fuego con el fusil; se concentró, logrando que cada proyectil llegase mucho más lejos que lo natural.

Los otros vehículos negros se pusieron a un lado para no recibir fuego amigo, a la vez que su objetivo era golpeado; Ja-yoon observó a la mujer por el retrovisor, antes de que una ronda bien posicionada lo hiciese reventar.

Aquellos dos ojos, tan maliciosos a su vista, parecieron escarbar el alma de Jo-hyun, quien apretó la mandíbula con furia.

— ¡¿Qué demonios te pasa?!

—reclamó Jang.

Ja-yoon dejó salir una risa por lo bajo al ver su expresión con el ojo de su mente, pues simplemente jugó con ella, desviando cada carga del rifle con su propia telequinesis, haciéndolas curvar en arcos imposibles antes de que impactasen inofensivamente lejos de ella y Ark-1.

Jang se llevó los dedos a la sien una vez más, y en respuesta, todos sus esbirros que no estuvieron al volante bajaron sus ventanas para disparar sus pistolas, incluyéndolo a él mismo, subiéndose al techo del auto.

Los dos autos restantes encerraron al vehículo gris prontamente, el delantero aprovechando una pendiente, por la que curvó a alta velocidad para obstruirle el paso, a la vez que el del propio director lo chocaba por detrás terminando de desprender el balde.

Las balas de calibre .9 llegaron por todas las direcciones hacia las dos hermanas, pero Ja-yoon, con su nariz sangrando por el esfuerzo, pudo mantener la barrera invisible que las había estado protegiendo, reducida sin embargo, a pocos milímetros de sus pieles.

De inmediato, las municiones eran devueltas a toda velocidad, impactando a varios atacantes, pero sobre todo los neumáticos y el eje de ambos automotores; el auto de en frente sufrió un fallo en el sistema de frenado y embrague en plena aceleración.

Ja-yoon los chocó de forma súbita, haciendo que se levanten desde atrás de forma violenta, y el jeep comience a dar volteretas hasta el punto de arrancar trozos de la carrocería.

El vehículo negro quedó volteado en la peña, mientras una suerte de hoguera se encendió por debajo del eje central; los hombres dentro salieron prontamente del accidente, corriendo de vuelta a su presa gris.

Finalmente, la joven tomó la carretera por las afueras de la ciudad, con el puerto ya a la vista, y aceleró todo lo que pudo, con los cielos descubiertos sobre su cabeza comenzando a clarear en gris y azul.

Jang se levantó, con varias heridas de bala encima, e intentó no mostrarse frustrado, pero su rostro era incapaz de mentir, con ceño fruncido, y dientes cerrados en una mueca furiosa; saltó al asiento trasero de Ja-yoon, o más bien lo que quedó de él.

La joven, sin quitar sus manos del volante, y con cuatro sujetos corriendo en flanco derecho, cual manada de lobos, y la camioneta a la izquierda, miró de reojo a Jang: — Esto se acaba aquí, Koo Ja-yoon.

Se dispuso a apuñalarla en la cabeza, y quedó paralizado a medio camino; pero contrario a lo que ella esperó, el director, forzando su pura voluntad, el aura invisible a su alrededor estallando cual torbellino empíreo, volvió poco a poco a moverse en dirección de su objetivo.

— Director Jang —dijo ella— Veo que lo que decían de usted no eran exageraciones.

Uno de los esbirros trató de agarrarla por el cuello, con tal de tirarlo hacia delante y romperlo con la simple velocidad a la que iba.

Ja-yoon lo esquivó fácilmente antes de romperle el codo, chocarlo a su puerta, usar esta, desprendida, para un siguiente golpe, y cual si hiciera cascarita de futbol, rebotarla en posición horizontal antes de dispararla contra la peña, provocando que el desafortunado fuese partido en dos al impactar.

Jang aprovechó la falta de atención de su enemiga para intentar otra cuchillada, pero la joven lo bloqueó, apartando su brazo a un lado con una sola mano, antes de golpearle la quijada con el empeine de la mano.

La camioneta se había hecho hacia delante, y otros dos esbirros saltaron para atacarla, a lo que ella hizo girar el vehículo en un círculo de forma violenta, sólo su mente manteniendo la estabilidad, físicamente imposible, de aquella travesía.

Atrajo al primero con una mano extendida hacia su rostro, ladeando la cabeza para esquivar a Jang, antes de implosionarle el rostro; al segundo lo destripó contra la camioneta al chocarlo contra ella, dejando atrás un rastro de carmesí y vísceras.

— No juegues conmigo, ¡estoy aquí!

Jang tomó a la joven con una llave por detrás del asiento, apretando con todas sus fuerzas para estrangularla, para susurrarle con malicia, y una sonrisa depredadora, jadeando.

— Te haré pedazos, maldita rata de laboratorio.

Ja-yoon tomó los brazos del hombre; apretó, rompiendo sus huesos, y haciéndolo aflojar su agarre, tirándolo hacia atrás.

Jang se recuperó pronto, e intentó tomar a Ark-1, que seguía inmóvil.

En respuesta, la joven se puso de pie, ante la sorpresa ingrata de sus enemigos; el volante siguió firmemente en su ruta, guiado por manos invisibles.

— ¡Voy a arrancarte los ojos!

Uno de los hombres se abalanzó contra ella, antes de recibir un puñetazo en el diafragma; este emitió un quejido antes de que le arrancara el brazo, y le rompiera el cuello, atravesando su cabeza con un tajo vertical de su mano.

De pronto se vio rodeada por tres, incluyendo el propio Jang, quienes con toda su agilidad intentaron acertarle con sus cuchillos, tajos laterales, verticales, golpes, pero siempre bloqueados al final por la joven, quien mantuvo su semblante frío.

Observó cada movimiento antes de interceptarlo, girarse a un lado, o esquivar por debajo antes de contraatacar; un momento bastó para tomar por una llave en el antebrazo a otro, quien recibió los ataques de Jang de lleno, escupiendo sangre: — Experimentos—fallidos, van a— Intentó alcanzarla, pero con pura telequinesia, le destrozó la columna antes de arrojarlo a la carretera como un costal de basura, cubriéndose a su vez de una patada, que desvió el cadáver hacia atrás.

De repente, sintió una hoja fría atravesarle el torso, haciendo que tosiera; se sintió con un riñón destruido por el impacto, antes de ver la sonrisa victoriosa del director delante de su rostro, y antes también de que otro cuchillo le atravesara su intestino delgado desde atrás: — Tal vez le viste la cara a mi madre, Ja-yoon, pero conmigo eso no funcionará.

Sintió que su propio cuerpo quedó paralizado, vibrando de forma antinatural, antes de forzar su mirada hacia atrás, sintiendo bajo los pies que su transporte se iba frenando.

Allí tenía al otro esbirro, con una mirada mortecina, y cachetes hundidos, a la espera de una orden; no pudo, sin embargo, esperar, y su fuero interno la joven lo sentía muy potentemente: — Acabemos con ella, señor —dijo, relamiendo su labio— Hay que—cortarle las manos, seguro nos traen la buena suerte.

Jang, con disgusto, le lanzó una mirada mortífera a su subordinado, ya con el vehículo gris destruido, completamente parado e inservible: — Silencio.

Este agachó la mirada, haciendo una mueca perturbadora que poco pudo disimular.

La camioneta había bloqueado el camino atravesándose en la carretera, mientras el auto de donde Jang salió se detuvo justo detrás.

Del primer vehículo salieron dos enemigos más, al tiempo que el director se alejó, dejando su arma clavada en ella, y el subordinado detrás la bajó del resto lamentable de metal y fibra; Ark-1, por su lado, fue tomada en brazos por otro de los dos que bajaron del segundo auto.

Jo-hyun se movió de inmediato detrás de ellos, dispuesta con su pistola a acabar con el asunto: — ¡¿Qué creen que hacen?!¡Déjenla donde estaba!

Jang, quien se reunió con los suyos, miró a la capitana por encima del hombro, antes de exclamar: — ¡Espera, Jo-hyun!¡Hay algo que debo hacer primero!

Esta fue hacia él, llegando a su lado justo cuando los esbirros tiraron a Ark-1 sin ningún cuidado en el asfalto.

Ja-yoon, quien fue puesta de rodillas de dos patadas en las rodillas, ni siquiera volteó a ver a su hermana.

En cambio, miró a la persona al volante en la camioneta, mientras la capitana, con los hombros tensos, se quejó con el director: — Las tenemos aquí, terminemos con estas dos de una vez.

— Nos ha hecho pasar mucho, ¿no lo crees?

Ja-yoon miró con detenimiento el rostro de la chica al volante; era delgada, con el cabello largo teñido de color fuego.

Pudo sentir su aura, obscura, muy absorbida en el interior de su ser, al punto de que casi se le escapaba a momentos, a pesar de estar quieta allí.

Eso explicó, para la joven, que no pudiese sentir nada más en particular de ese campo energético, más allá de su género.

“Ella es parte de la segunda generación, eso es seguro.

Es más, —” Además, pensó, con aquella habilidad para ocultar su firma psíquica, debía ser uno de los sujetos Clase 1, cada uno de los cuales ella llegó a conocer, y combatir, de niña.

Aquel rostro de frente alta, mentón pequeño, y ojos de prominente doble pliegue, estaba segura de haberlo visto antes en alguna parte, hasta que pudo dar con el recuerdo, sonriendo socarronamente al hallarlo: “Claro.

¿Quién más, sino tú?” Jo-hyun apuntó su pistola a la muchacha pálida, con el dedo en el gatillo, pero sintió que su dedo era detenido por fuerza invisible: — Sí, es cierto —respondió ella— Entonces, deberíamos matarlas ahora, ¿no crees?

Jang frunció los labios: — Es verdad.

Pero como dije, debo hacer algo antes.

El director tomó a Ja-yoon del cabello, y le dio un sonoro puñetazo en la cabeza, cuya onda de choque se extendió por una hectárea de bosque, agitando los árboles, y estremeciendo a Ark-1 en su torpor comatoso.

Ja-yoon sintió el mundo girar a toda velocidad, tosiendo con fuerza, mejilla raspada contra el piso rugoso; llegó muy rápido la patada sobre su abdomen, levantándola sobre el suelo, antes de ser golpeada en el pecho, y ser lanzada a un lado.

Quedó atascada en la pared de tierra de la peña, y le tomó un esfuerzo monumental moverse hacia afuera del agujero, sintiendo poco a poco todo su alrededor hasta que lo entendió: — Ya me di cuenta—de tu juego.

—susurró.

Jang puso la mano en la oreja, burlándose: — ¿Dijiste algo, maldita muñeca de trapo?

— Los usas—como catalizadores—de tu poder.

Ja-yoon tosió, y se arrancó los cuchillos del cuerpo entre espasmos, antes de pegar una risotada, limpiándose las mangas.

Sus pasos eran débiles, vacilantes, pero nunca dejó de aproximarse al director, quien respondió: — Veo que eres muy lista.

Ella se paró con suave firmeza, con un brillo, el fuego que siempre la había arrullado, volviendo a sus ojos: — No necesito armas para matarlos —y finalizó diciendo con énfasis— Soy superior.

Esas dos palabras de la joven probaron su valor cuando enfocó su atención en su hermana melliza, y de inmediato Ark-1 comenzó a tener espasmos; pasaron un par de ellos, antes de que a su alrededor se expandiera una burbuja de luz iridiscente.

Ja-yoon aprovechó para ir adelante, hacia el que la había apuñalado por detrás, para darle un manotazo en la sien, luego pateando su rodilla hacia atrás, derribándolo justo antes de quitarle la pistola con su poder, y pegarle un tiro en la frente.

Jang se quedó sorprendido, con la respiración agitada, de que Ja-yoon pasara a su lado sin que se diera cuenta, sacándole sangre a la oreja con la que se había burlado de ella.

Por ello, miró con atención sus alrededores, pero no demostró ninguna de las debilidades emocionales que su enemiga sí podía sentir asomarse, diminutas, pero ocultando intensidad.

El director no esperó ni un instante más; asintió hacia Jo-hyun, quien le devolvió el gesto con fastidiado disgusto.

Los dos se abalanzaron sobre Ja-yoon, y la pelea pronto se convirtió en un borrón de ventiscas sobrenaturales.

Jo-hyun lanzó una patada curva, Jang un uppercut, antes de que Ja-yoon lanzara un codazo al director en la nariz, eludiendo gacha el ataque de la capitana.

La joven sintió finalmente la energía de los esbirros dividirse, ahora para dar potencia extra a la capitana, pero dándole la oportunidad que no debía desperdiciar, al tiempo que recibió un manotazo de Jo-hyun que le estrelló la nuca al asfalto.

Se levantó de inmediato, dando un backflip antes de acuclillarse y lanzar a Jang, que se lanzó a su vez con un golpe, directo al mamotreto gris, que se terminó de despedazar, quedando sólo escombros regados.

El motor fue una granada improvisada, que con su mente conectada a Ark-1, fue fácil hacer explotar contra dos de los uno punto cincos, los de delante.

Estos ni siquiera fueron capaces de sentir sus propias muertes, instantáneas por la explosión, contenida y girada cual tornado flamígero alrededor de ellos mediante la telequinesia.

La chica que los había llevado no reaccionó para nada al ver a sus compañeros volar en pedazos, sino que se mantuvo observando detenidamente la escena.

Y es que la pelea continuó contra Jo-hyun primero, quien trató de acertarle con su cuchillo, arriba en el corazón, luego abajo en la pantorrilla o aplicarle una llave, sin éxito.

Ja-yoon le dio un golpe a mano abierta en la quijada, rompiéndole la mandíbula y varios dientes; la capitana, sorprendentemente, resistió su insoportable dolor para darle una patada al costado, bastante potente.

Esta liberó ondas expansivas, antes de que los dos subordinados restantes pudiesen apuñalar a Ark-1 en el suelo, mandándolos como explosión para atrás y desarmándolos.

El director se puso de pie, recolocándose la pierna de un retorcijón, y un brazo con la mano, antes de comunicarse, mirando a la conductora allí sentada sin hacer nada: “¿Qué crees que haces, eh?” La chica pelirroja se llevó los dedos a la sien al escuchar la estática en su cráneo, respondiendo: “Te dije que te ayudaría a encontrarlas, no a matarlas.

Ese fue nuestro trato, director.” “Nagong, maldita—” “Si te preocupa morir, descuida.

Quiero que vivas para cumplir el resto del acuerdo.” Esta finalmente se bajó, tomándose su tiempo, mientras Ja-yoon y Jo-hyun intercambiaron más golpes de artes marciales.

La capitana retrocedió más y más con cada golpe que le llegó; hasta ahora, los tiros que habían intentado darse a quemarropa habían fallado todos, y finalmente, la joven logró quitarle la pistola de la mano con un puntapié al codo.

Tiró la pistola que había robado hacia su oponente, pero esta esquivó antes de volver a la carga.

Ja-yoon sonrió burlona, antes de darle un gancho al rostro, fracturando su cráneo.

Jo-hyun cayó desequilibrada y sangrando profusamente por la nariz y la boca.

Se detuvieron en un momento, al escuchar a Ark-1 toser sangre.

El tiempo para vencer o ser vencido estaba a nada de agotarse, así que las dos volvieron a mirarse, esperando por fracciones de segundo el siguiente movimiento de la otra.

Nagong llevó a un malherido Jang, con venas negras quemándole el interior del cuerpo, nuevamente a su auto, y se puso al volante, intentando arrancar.

El embrague parecía haberse malogrado, así que, concentrándose, se abocó a la tarea de repararlo, mientras iba maldiciendo su suerte entre dientes.

Pero pronto sonrió, a pesar de su predicamento, cuando sintió desde la lejanía un rastro de poder psíquico fluir en su dirección.

Ark-1 se comenzó a despegar del suelo, flácida, con los ojos en blanco, los ríos de energía empírea rodeando el área del domo psíquico.

Los dos subordinados, todavía mareados, se intentaron lanzar contra la muchacha pálida una última vez, antes de que un par de puertas de la camioneta fueran arrancadas y girasen hacia ellos, decapitándolos.

Había sido Ja-yoon, quien logró detener a la capitana de una sola muñeca, mientras paralizó el resto de su cuerpo.

Los dos trozos de metal se clavaron delante y detrás del auto del director, en señal de advertencia para quienes estuvieron allí dentro.

Luego de eso, la atención de Ja-yoon volvió a la capitana, a quien dijo, echando veneno en sus palabras despectivas: — Es verdad lo que te dijeron.

Yo asesiné a tu padre, y con gusto volvería a hacerlo, mil veces más.

Jo-hyun sintió sus ojos hincharse de lágrimas mientras gemía y gruñía llena de dolor en el corazón.

— Él nunca pensó en cómo nos sentíamos, ¿sabes?

Pero créeme, a mí sí me importa.

Estará muy feliz de que le mande a su amada hija al infierno.

Jang había entrado en una especie de crisis, con las venas negras haciéndolo remover lleno de agonía hasta lo más profundo de su esencia, entre gritos ahogados, incomodando a Nagong en su labor.

— Sí, fue él quien mató a Baek Sang-na.

—dijo la joven, mirándolo de lejos— Me quitó la oportunidad de ajusticiarla con mis propias manos, y lo hice pagar por eso.

Jo-hyun sintió cada hueso de su cuerpo fisurarse, cada órgano desparramarse lentamente, a la vez que iba mascullando: — Maldito—monstruo.

Ustedes—son menos que bestias.

— Choi se ganó su destino, igual que tú.

— Entonces—¿qué esperas, Koo Ja-yoon?¡Má—tame!

Esta asintió fríamente, y sin pensárselo dos veces, le rajó profundamente el cuello, antes de dejarla caer entre convulsiones.

Ja-yoon se perdió en el vacío frío por unos instantes, antes de sentir la tibieza proveniente de su hermana, y voltearse hacia ella.

La vio flotar aún, y en un acto de concentración, extendió su mano a ella, logrando que cerrase los ojos, descendiendo suave cual copo de nieve.

La tomó, y a paso raudo se subió a la camioneta que Nagong había dejado, dejándola en el asiento trasero.

Pronto arrancaron, acelerando a toda velocidad para terminar su trayecto; los árboles parecieron moverse como borrones verdes, y rebasaron las señales de tránsito, ignorando los autos que pitaron a su paso.

Con el motor rugiendo, el chasis chirriando, abrió cual ariete las puertas enrejada del muelle, que se apartaron como dos magnetos de igual polaridad.

Se detuvieron frente a un bote grande, diseñado para llevar pasajeros en tours, pero completamente vacío.

Ja-yoon bajó a su hermana, y de un salto se subió a la borda, ingresando por una de las puertas de vidrio tras romperla con la mente.

Desde lejos, sintió que Jang ya llegaba, aún a más de cien metros de su posición, y la chica pelirroja conduciendo con dificultad el auto sobrecalentado.

Finalmente, Ja-yoon llegó a los asientos delanteros del bote, y la cabina de mando.

Rápidamente colocó a Ark-1 sobre varios asientos; revisó los monitores, el panel y observó lo más lejos que pudo a través del parabrisas y las ventanas laterales.

Volvió al timón, y miró por última vez a su hermana, para cerciorarse de que, al menos por ahora, estuviese ilesa; ella misma volvió a revisarse, y sí que encontró varias heridas, ya cerrándose, en su pecho, abdomen y brazos.

Arrancó el motor, desatascando el ancla con el pensamiento antes de arrancar y comenzar a adentrarse en el mar.

El auto de Jang llegó al puerto aún somnoliento, el auto frenando de golpe cuando Nagong se dio cuenta de que no tenía la potencia suficiente para saltar sobre la embarcación.

El director, una vez detenidos, fue el primero en bajarse, y se adelantó hacia donde su objetivo se veía escapársele entre los dedos, tras haberlo tenido en sus manos: — Huyes ahora, Koo Ja-yoon —dijo Jang al aire— Pero irás hacia donde yo quiero al final.

El auto se quedó allí, a un lado del muelle, al tiempo que Jo-hyun salió de segunda, apurada y molesta.

Avanzó a paso presuroso hasta el borde del agua, antes de tirar sus armas vacías al suelo de concreto.

Y para dejar de contemplar el bote alejándose en la distancia, con el amanecer a punto de asomarse, se volvió hacia Jang, quien se bajó con rostro calmo, y una sonrisa a labio cerrado.

— ¡Infeliz, las dejaste escapar!

Volvió echando humo hacia él, encontrándose ambos a medio camino.

Ella lo tomó por el cuello del abrigo, y este a su vez puso las manos lentamente sobre las muñecas de su compañera, sin aparentar tensión alguna.

Mucho más atrás, Tom fue trastabillando para alcanzarlos, con la mano en el costado izquierdo: — ¡Jefa!¡Espera, no te vayas sin mí!

Jang observó a la capitana Choi, quien miró al rubio por encima de su hombro.

De a poco, puso cara de pocos amigos, antes de susurrarle a la mujer al oído: — ¿Segura de que sólo es tu amigo?

Ella lo apartó, pero fue él quien se la quitó despacio de encima, tomándola de las muñecas y bajándoselas, siempre con aquella sonrisa, aunque sus ojos llameasen.

Jo-hyun, cerrando sus ojos, volvió a recuperar la compostura, antes de retroceder unos pasos; apartó la vista hacia su colega, girando sus doloridas articulaciones, y sobándose las manos: — ¿Ahora qué, director?

—preguntó sin verlo— Esas dos se están alejando, ¿qué hacemos?

— Aún no han llegado a donde quieren, como ya te diste cuenta.

— ¿Y a qué esperamos?

Vayamos allá antes de que lleguen.

Debimos hacerlo desde el inicio.

— Su meta es el sitio de Shanghái, pero es seguro que esperarían vernos allá.

No, Jo-hyun, es seguro que se desvíen a otra parte primero.

—y con las manos cruzadas tras la espalda, la encaró— Y es vital saber dónde.

Se comunicó tocando su sien, y en segundos, una aeronave de doble hélice pareció materializarse en el aire, sin hacer ningún ruido con sus motores.

Poco a poco se aproximó, y fue aterrizando cerca de ellos en vertical, hasta rebotar ligeramente con su tren de aterrizaje sobre la superficie.

Los rotores se detuvieron gradualmente, y en la última parte de su apagado, se pudo escuchar su zumbido de la nada, con un brillo iridiscente rodeando cual burbuja la aeronave.

Con una sonrisa satisfecha, el director continuó hablando, en tanto la capitana le acompañó, ya junto al rubio, quien estaba más adolorido que interesado en lo que se dijo: — Estuve dispuesto a sacrificar recursos, mi dulce Jo-hyun.

Todo con tal de hacerles creer que no sé lo que harán, y que tampoco ellas sospechen lo que pienso hacer.

La capitana hizo cara de asco antes de responder: — Así que dulce— masculló Tom, y señaló a Jang, sonriendo —La verdad era difícil creer que usted se fijaría en alguien como Jo-hyun, ¿sabe—?

La aludida le dio un codazo en el otro costado, sacándole aire, y haciéndolo toser, antes de responderles a ambos: — Cualquier cosa que digan y no nos sea útil, mejor guárdensela en sus traseros.

Todos los hombres del director se miraron entre sí, fríos ante aquella afirmación dicha tan ligeramente, según ellos.

Sus vidas habrían estado selladas en una tumba si se hubiesen atrevido a decir siquiera una fracción de lo que esa mujer acababa de echar por la boca.

Tom más bien, para bajar hierro, se aclaró ruidosamente la garganta, e hizo la pregunta esperable, por más sosa que sonase dicha en voz alta: — Y lo que va a hacer, director Jang, ¿qué sería, exactamente?

— Pronto lo verán.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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